stanger23 Doctor Sa7an

Wayne, un joven adolescente decide formar parte de un gran proyecto de su amigo Evan. Un proyecto nunca visto hasta ahora, capaz de viajar en el tiempo. El problema es que el amor también fluía en aquellos tiempos, de hecho era mucho más fuerte que ahora. Por desgracia, Wayne se encontró en el lugar y momento equivocados, cosa que dejará una gran huella en su corazón.


Romance Romance adulto joven Todo público. © Baychev

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Cuento corto
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Perdido en el tiempo

Os cuento esta pequeña historia acompañado de un corazón que nunca tuvo que romperse, un corazón que estaba diseñado para el siglo XXI y no para el anterior. Si le tuviera que señalar al principal culpable de este hecho, sin duda mi dedo señalizaría a Evan, el maldito inglés que me metió ahí...


Conocí a Evan en cuarto de ESO, en aquel entonces él ya estaba trabajando en la máquina del tiempo que su padre diseñó antes de morir. Me acuerdo que cuando lo vi por primera vez, me eché a reír, pues tenía toda la pinta del friki antisocial virgen. Varias veces fui un poco cruel con él, pero esto cesó con el paso del tiempo, ya que me empezó a dar pena y decidí cambiar de chip en cuanto a mis intenciones hacia el pobre. Nos hicimos muy amigos, de hecho se lo presenté a mis otros colegas, todo muy normal hasta que... Hasta que a finales de curso, el friki va y me suelta de que está montando una máquina del tiempo, a lo que yo evidentemente contesté de forma burlesca. Recuerdo empezar a cuestionar su sanidad mental en aquel momento, pero ese mismo día me llevó al trastero de su casa y me enseñó "aquello". A simple vista parecía un viejo armario de madera, de unos 2 metros aproximadamente, pero una vez que lo abrió mis ojos se iluminaron. Montones y montones de engranajes inmovilizados por el momento, cables iluminando diferentes colores y una especie de ¿generador transparente?


Todavía no está acabado, dame este verano y lo estará. Te lo aseguro Wayne , me dijo en aquel momento Evan y efectivamente tuvo la razón.


Una semana antes del inicio del curso nuevo (Bachillerato), me llamó para ir a su casa de inmediato, su voz parecía la de alguien que acababa de ganar la lotería.

Aquel 9 de Septiembre era frío y lluvioso, algo extraño dado el mes y el inevitable calentamiento global, cosa que me obligó a coger el autobús, aunque su casa fuera a 10 minutos andando.

Cuando llegué al portal de su casa, Evan ya estaba fuera esperando mientras aguantaba la puerta principal , le saludé y sin mediar muchas palabras bajamos al trastero.


Está lista Wayne, finalmente lo está... , dijo y en sus ojos pude distinguir, ¿lágrimas?


Días antes de mi despegue, Evan había experimentado con una cámara con temporizador y el modo ráfaga (tomar fotografías continuamente) para ver lo que era capaz de captar. Cuando me enseñó los resultados me quedé completamente asombrado...

Ante el objetivo de la cámara posaban una pareja de adolescentes, nada raro diréis, si, pero no, su estilo de vestir, peinado, no pertenecían a nuestra época, sino más bien se adaptaban a los años 50. Estaban tumbados en un largo campo verde, abrazados y llenándose de besos, ninguno de los dos pareció haberse percatado de la presencia de la cámara.

Al principio pensé que simplemente había sacado la foto de Internet, pero cuando vi que las múltiples fotos mostraban el proceso del viaje, me convencí. No os podría describir el contenido de algunas fotos, porque simplemente me es imposible encontrar las palabras adecuadas para satisfacer la mente humana.


¿Quieres probar? , me preguntó Evan con una amplia sonrisa de oreja a oreja.


No contesté...


Me dio un pequeño empujón y me insistió.


Finalmente acepté. ¿Qué podría pasar? La curiosidad me mataba. Aunque había visto las posibles pruebas, todavía quedaba alguna duda en mí sobre la veracidad de esta cosa.


Antes de mandarme, Evan me entregó una especie de traje de protección que parecía de anti-contagio y una gafas de sol a través de las cuáles no veías nada. Me explico que una vez que haya llegado ahí ,dónde me iba a mandar, ya me podría quitar las gafas y el traje, pero no deshacerme de estos, porque volvería como cenizas. En este momento me entró un poco de miedo, pero no me iba a echar hacia atrás, quedaría como un cobarde y no era mi intención.


Cuando ya me estaba poniendo las gafas, me dio un mando que presentaba únicamente un gran botón verde y una pantalla. Antes de que me dijera para que sirve, yo ya lo sabía, la luz verde para volver y la pantalla para algún mensaje quizás.


Me metí en el armario, Evan cerró las puertas y el proceso empezó.


Al principio escuché una especie de pitido que penetró en mis oídos, seguido de una luz muy intensa que me hizo apretar todavía más los ojos. A cabo de aproximadamente un minuto todo cesó y fue cuando empecé a sentir la sensación de estar cayendo al vacío a una velocidad muy rápida. Esto, por desgracia duró más de un minuto...


Finalmente caí de culo encima de algo duro que parecía madera, pero que no pude afirmar con certeza, debido a que estaba a oscuras. A cabo de un rato, me quité las gafas y me di cuenta que entraba una especie de luz a través de un pequeño agujero que tenía enfrente, así que decidí actuar.


Antes de salir de ahí, toqué lo que tenía enfrente y me dí cuenta de que no era ninguna pared, era una puerta de madera la cuál no dude en abrir en seguida. Múltiples voces invadieron mis oídos y antes de darme cuenta yo ya estaba fuera y delante mía tenía a unas treinta cabezas giradas para contemplar mi presencia...


¡Estaba en una clase por Dios!


Todos iban en uniforme propio del siglo anterior y cuando vi el calendario colgado al lado de la pizarra lo pude confirmar. Efectivamente estaba en el año 1964....


Las chicas iban con un polo gris y una falda a cuadros, en cambio los chicos llevaban un polo negro y unos pantalones verdes. Juzgando por su físico diría que tenían mi edad, pero uno nunca sabe, al fin y al cabo eran otros tiempos.


Salí de dónde había llegado y de inmediato me giré para ver que no era nada más y nada menos que un armario de madera, parecido al de Evan. Sin mediar ni una palabra y con aquellos ojos clavados en mi, me quité el traje y empecé a caminar hacia un espejo que había al lado de la pizarra, todavía incrédulo. Me miré en el espejo para comprobar que había llegado entero, me eché el pelo hacia atrás y les devolví la mirada. En la primera fila estaban las chicas, en la segunda los chicos y así sucesivamente hasta el final, el profesor todavía no había llegado supuse. Me di cuenta de que algunas de las chicas iban maquilladas, pero evidentemente al estilo de los sesenta, centrado en los ojos y marcándolos mucho. Una de las chicas habló, pero no logré entender nada, debido a que hablaba en ¿francés?


América, les dije y algunos se echaron a reír. Me sentí como un inútil hasta que escuché una dulce voz proveniente de mi izquierda...


¡Encantada de conocerte! , se escuchó el fuerte, pero sensual acento francés. Pertenecía a una chica delgada, rubia y de unos ojos azules grandes, una de las criaturas más bonitas que he visto. Cuando vio la sorpresa en mi rostro, no dudó en sonreírme dejándome totalmente bloqueado y sin saber que contestarle. Aquella situación incómoda pudo conmigo, así que con el traje en la mano, salí del aula seguido por aquellos ojos azules brillantes. Detrás mía escuché que las risas aumentaron, seguramente se creyeron que les gastaba alguna broma o algo, parecían no haberme tomado en serio.


Mejor, me dije a mí mismo, pero esta chica me tenía algo alterado, su rostro se me quedó grabado.


Por el pasillo, me encontré posiblemente al profesor de aquella clase, un hombre bajito y gordo, quien se me quedó mirando fijamente y con cara de loco mientras corría.


Yo seguí mi camino hasta llegar a la entrada del colegio, dos puertas de madera recién pintadas esperaban mi salida. Cuando ya estaba por dar el último paso, escuché un rabioso grito, del cuál sólo pude entender un nombre...


¡Celineeee! , repitió el eco del pasillo, seguido de una voz femenina con un acento familiar:


Espera, americano...


Giré la cabeza y entonces fue cuando la vi... era la chica de antes, corriendo hacia mi con sus pelos rubios saltando en el aire y aterrizando en su espalda baja, su falda levantándose dejando así en evidencia sus finos muslos, su rostro hermoso acercándose a mi. Dio un pequeño salto y se plantó delante mía, la luz solar se reflejó en aquellos ojos.


¡Hola, soy Celine! ¿Y tú? En este momento, yo ya supe que estaba empezando a jugar con fuego, pero no me importó seguir, en aquel instante no me importaban las consecuencias.


Me presenté como un americano cuyo primer día en un colegio de Francia no le fue muy bien, por suerte no me pidió más explicaciones, sino que se lo tomó con mucho humor. Pasamos casi todo el día paseando por la ciudad de Toulouse, mientras yo contemplaba alucinado como vivían en aquella época, los habitantes contemplaban mi extraño modo de vestir. Celine no paraba de cogerme de la mano cada vez que quería enseñarme algo, cosa que me acercaba cada vez más hacia el fuego. Dándome cuenta y sin hacer nada al respecto, yo me estaba enamorando tontamente de aquella criatura que no correspondía a mi época. Nuestro punto final fue un largo campo en las afueras de la ciudad, un campo verde incontaminado que me recordó a aquellas fotos de pareja que me enseñó Evan en su primer experimento con la máquina. Nuestra situación era parecida, pero todavía no eramos pareja, ni lo íbamos a ser debido a unas circunstancias claras. Nos pasamos el rato tirados en la hierba hablando sobre como creíamos que iba a ser el futuro. Qué ironía, ¿no? Varias veces nos quedamos mirando fijamente uno al otro, sin ninguna explicación, acabando siempre con unas risas nerviosas. Ninguno de nosotros quería precipitarse, queríamos esperar el segundo día en el que nos íbamos a encontrar, aunque yo ya sabía que no iba a llegar nunca.


Wayne, me tengo que ir. ¿Te veo mañana en el "collège"? Tengo más planes para ti en esta ciudad, jaja... , dijo y me dio un beso en la mejilla mientras sujetaba mi mano para después lentamente soltar.


Contesté con un estúpido y simple "sí" para ver como se alejaba cada vez más. En aquel momento, quería poseer otro traje, otro para ella... quería llevarla conmigo por Dios...


Me quedé un rato ahí, sentado como un estúpido al quien el tiempo le acababa de robar su primer amor. Cuando estuve a punto de tirar tanto el traje como el mando en el río y quedarme para siempre en aquella época creando una paradoja o un fallo en "Matrix", el mando sonó... Era un mensaje de Evan que dictaba:


"Wayne, en unos momentos te abro el portal, ya llevas un tiempo ahí, puede hacerse peligroso para ti, debido a que la máquina parece estar dando fallos. ¡Ponte el traje y colócate bien las gafas ya!"


Decidí obedecer.


Una vez listo, me quedé mirando la hierba para darme cuenta de que había un par de pelos rubios descansando sobre esta. ¡Eran suyos! No dudé en cogerlos y entonces se abrió el portal dándome la bienvenida al mundo actual, que yo tanto despreciaba. Me puse las gafas, apreté los pelos de oro y entré, dejándonos a mí y a Celine con la ilusión...


Cuando llegué a la época actual, aparecí de nuevo en el trastero de Evan, quien me esperaba con los brazos abiertos. Me dio un fuerte abrazo y habló:


¡Lo logramos Wayne, te lo dije hermano! , euforia era poca palabra para describir su estado.


Le devolví una falsa sonrisa y le contesté con una pregunta:


Evan, ¿sería posible que me vuelvas a mandar al mismo lugar y época algún día?


Él me soltó, se quitó las gafas y con una amplia sonrisa y tono burlesco, me contestó:


La probabilidad de que acabes en el mismo sitio y época es idéntica a la que tienes de ganar la lotería hermano.


Miré mi mano y vi que los pelos se habían quemado por completo, al igual que mi posibilidad de verla de nuevo...











21 de Marzo de 2020 a las 01:42 0 Reporte Insertar Seguir historia
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Doctor Sa7an Si el ser humano se considera un animal... ¿Por qué está mal visto comérselo?

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