rafael-villafuerte1583025906 Rafael Villafuerte

Nos encontramos en el siglo XV de nuestra era. En vísperas de comenzar una de las batallas más brutales del sur del continente americano, el inca aconsejado por los sabios amautas ha enviado doce hombres liderados por Hatun, el valiente e intrépido capitán cuya misión será espiar al poderoso ejercito Chanca y recolectar información valiosa que será deciciva para la batalla.


Acción Sólo para mayores de 18.

#honor #acción #perú #andes #paisajes #valor #guerra
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Hatun y sus doce guerreros habían marchado durante varios días soportando el duro clima de los andes, estaban exhaustos y sus provisiones casi se habían agotado, sus cuerpos estaban cubiertos por picaduras de mosquitos y algunas llagas. Sin embargo seguían albergando la convicción indestructible de que cumplirían con su misión aunque eso les significara la muerte, el destino del naciente imperio incaico dependía de ellos.

El capitán tenía 40 años y era un veterano guerrero, su madre había muerto al darlo a luz, criado solo por su padre, un vasallo de inferior rango sin posibilidades de escalar en la rígida sociedad incaica, creyó que también ese era su destino. Pero a los seis años una anciana ciega lo detuvo cuando cargaba un atado de leña para preparar la comida, esta le tomó las manos y palpandoselas un rato le predijo que su destino no era el ser un sirviente, sino más bien algo más grande y glorioso.

Algunos años más tarde fue reclutado para el ejercito del soberano, gracias a su valor ascendió rapidamente hasta convertirse en uno de los guerreros más prestigiosos del Cuzco.

El grupo se detuvo por trigésima vez desde que partieron, estaban en una ladera de montaña cubierta por enormes árboles, era un lugar ideal para acampar sin ser descubiertos.

Encendieron una pequeña hoguera con leños que habían por los alrededores, cocieron unos de los pocos cuyes salados que les quedaban , lo sazonaron con ajies, tomates y harina de choclo. Y degustaron una copiosa cena, también tomaron agua que habían encontrado en un richuelo cercano, no sin antes hervirla previamente.

A era de noche asi que los hombres se dispusieron a dormir en el suelo envueltos en gruesas mantas de lana y cuero de oveja. Dos de los soldados fueron escogidos como centinelas, durante tres horas estos caminaron en circulos en torno al grupo que dormía, pasado ese tiempo los centinales eran relevados.

La noche paso sin mayor sobresalto pues no hubo lluvias. Despertaron descansados y tras un desayuno breve caminaron sigilosos en fila con una distancia de un metro y medio entre cada uno. De pronto Hatun ordenó al grupo agacharse pues había escuchado a lo lejos voces humanas, miró con sigilo y confirmó sus sospechas, eran los Chancas, los temibles enemigos que gustaban de desollar a sus víctimas aún vivas, raptar doncellas, saquear y destruirlo todo.

Debían ser por lo menos cincuenta hombres fieros ,armados con macanas de piedra y plata adornados con puntas filosas en su extremo más ancho, estas eran capaces de destripar a un hombre, también poseían escudos de madera.

Los guerreros del inca a su vez tenian sus macanas, aunque estas eran más delgadas y ligeras en cuyo extremo había una piedra en forma de engranaje.

Al igual que los chancas también poseían un escudo de madera pero además portaban hondas y boleadoras, estas últimas con dos bolas de bronce de más un kilo cada una, las cuales en manos expertas eran temibles.

El capitán y sus hombres comprendieron que la retirada era imposible, no podían escabullirse porque ya era de día y los Chancas los verían fácilmente.

Los trece hombres prepararon sus hondas y las cargaron con redondeadas piedras que cogieron y seleccionaron cuidadosamente en los ríos que habían cruzado. Sabían que tenían que dar el primer golpe si querían sobrevivir, también sabían que algunos de ellos morirían inevitablemente.

El enemigo estaba a por lo menos cien metros indiferente a lo que se iba a enfrentar, avanzaban lentamente disponiendose subir la montaña, súbitamente varias priedras llovieron sobre sus cabezas, diez chancas cayeron al suelo ,se escucharon horribles alaridos de dolor, cuatro de ellos murieron al instante mientras que seis agonizaban y se sujetaban la cabeza en un inútil intento de calmar el dolor. El fiero enemigo estaba atónito pero no tardó en reponerse, empuñaron sus garrotes y atacaron con un grito salvaje a los guerreros incas, la batalla fue brutal, los Chancas repartían sus pesadas macanas con gran fuerza y rabia. Los guerreros del inca se defendían valientemente aunque habrían sido aniquilados rapidamente de no ser por sus armas superiores, con un potente grito el capitán ordeno a sus soldados sacar las boleadoras con bolas de bronce que traían colgadas en sus cinturas, estos obedecieron y las arrojaron con todas sus fuerzas contra los chancas. Diez de ellos cayeron muertos o heridos.

Ahora el enemigo tenía treinta hombres contra once del Inca incluyendo al capitán, pues dos de sus soldados habían perecido y sus cabezas yacían reventadas en el suelo de tierra en un gran charco de sangre que empezaba a ennegrecerse.

El capitán esquivó hábilmente el garrotaso de un chanca, y rápidamente incrustó su macana con puntas de piedra cuadrada en el hombro de su atacante, reventándole músculos y huesos dejándolo gravemente herido.

Mientras tanto sus soldados se batían como pumas contra el enemigo, tres guerreros incas más habían muerto pero a cambio se habían llevado consigo a siete Chancas al Uku Pacha o mundo de los muertos.

Los soldados de ambos bandos estaban bañados en sangre, a los pies de estos yacían los muertos con ojos apagados, mientras que los heridos gimoteaban lastimeramente, cabezas rotas, huesos fracturados, sesos y tripas esparcidas adornaban macabramente el paisaje.

Finalmente los Chancas huyeron no sin antes gruñir a sus enemigos como bestias, pronto se perdieron entre los árboles. Los guerreros incas los dejaron marcharse pues estaban al límite de sus fuerzas, además también estaban heridos.

En total 35 chancas habían muerto, mientras que diez estaban muy mal heridos. En tanto que en el bando del capitán cinco hombres habían muerto y todos los demás presentaban heridas de consideración pero no mortales.

Deberíamos seguirlos y matarlos y de paso matar también a los prisioneros-dijo el segundo al mando del grupo de soldados incas-

Seguiremos a los cinco fugitivos mañana -dijo Hatun-, estan tan mal heridos que no irán muy lejos y pronto tendrán que acampar para reponer fuerzas, en cuanto a eliminar a los prisioneros sería necio aserlo, porque de ser capturados nosotros por el ejercito Chanca que debe hallarse a dos o tres
días de aquí, seríamos torturados sin consideración, si tratamos bien a los prisioneros existe la posibilidad de hallar una muerte rápida y honorosa.


El segundo asintió como un niño al que acaban de reprender y junto a sus compañeros empezó a curar las heridas de todos los enfermos lavándolas con agua y desinfectándolas con chicha muy fermentada. Drenaron los hematomas con sangrías y al igual que muchas culturas del continente cocieron las heridas con las cabezas de las hormigas picadoras.

Los huesos rotos eran difíciles de tratar pero los acomodaron y entablillaron envolviéndolos con hojas de plantas medicinales.

En algunos casos fué necesario amputar por lo que utilizaron pequeños y filosos cuchillos llamados tumis, aplicando ungüentos en las zonas afectadas.

Aquel grupo de hombres también habia sido adiestrado en las artes de la medicina.

Después de varias horas de fatigosa labor Hatun se levantó mirando las estrellas que empezaban a verse en el firmamento, convencido de que cumpliría con su misión a como de lugar. Después de todo él era el enviado del Inca ,el enviado del soberano del universo, el enviado de un dios...

(Continuará).

Una anotación: al hacer este relato me inspiré en las historias de Conan el Bárbaro, cuyo autor Robert E. Howard era un verdadero genio, imaginaba un mundo prehistórico habitado por guerreros sedientos de sangre, hechiceros y criaturas devoradoras de hombres y de almas, además de una multitud de otros misterios, las páginas de sus historias estan repletas de una sola cosa, aventuras, al leerlo te transportas a una era olvidada por el tiempo, en la que el peligro acecha en cada rincón, nada es dejado azar por este gran escritor.

Cualquier relato de Conan el Bárbaro te atrapará, puedes comenzar si quieres por "Villanos en la casa".

sin nada más que decir hasta la próxima.








27 de Junio de 2020 a las 23:56 1 Reporte Insertar Seguir historia
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Continuará…

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Nicolás Alejandro Nicolás Alejandro
Hola don Rafael , me encanto la forma en que va generando un contexto e hilo narrativo en donde la historia no se vuelve densa y pues, termina enganchando al lector ! Maestro, estoy escribiendo también una historia y me encantaría su opinión en especial en mis últimos capítulos, para seguir aprendiendo. Te seguiré para estar en contacto , también eres bienvenido a seguirme maestro !
July 02, 2020, 21:35
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