randuril Romy de Torres

[Ranma ½] Luego de un pequeño accidente, Akane Tendo descubre que está casada con Ranma desde hace cuatro años pero ella... ¡¿no lo recuerda?!


Fanfiction Anime/Manga Todo público.

#romance #amor #pareja #matrimonio #amnesia #Akane #Ranma #Ranma-½ #humor
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«Ese es un pasado

que no ha de volver

por algo los sabios

dijeron amén».

. . .

. .

.


(I)


Akane Tendo cerró con fuerza la cortina del probador. «Estúpidas mujeres chismosas», pensó, aunque sabía que no era culpa de ellas. ¿Por qué a su tía se le ocurría hacer esa clase de comentarios?, ciertamente era una mujer peculiar y decía cosas peculiares (cosas que nadie se atrevía a cuestionar si no quería verse expuesto al filo de una katana), pero ¿era necesario? ¿Nodoka Saotome hacía eso para hacerla enfadar? ¿Lo hacía a propósito? Empezaba a creer que sí.

La cosa le pareció extraña desde el principio, pero no le dio importancia, últimamente en su vida solo pasaban cosas raras. Nodoka quería hacer unas compras y como Kasumi le había pedido a Akane que trajera algunas provisiones para la cena fue natural que la mujer le propusiera ir juntas. La muchacha accedió sonriente, probablemente Nodoka hubiera arrastrado a Ranma con ellas, solo que él se había ido a un viaje de «entrenamiento» con su padre. Últimamente hacía eso a menudo, desde que volvieron de China y ella había aceptado casarse; a Akane le resultaba divertido como él siempre estaba atento a lo que ella hacía, pero en cuanto ella lo miraba (como indicándole que sabía que le estaba prestando atención) le rehuía. Y a veces estaba tan silencioso, como si reflexionara profundamente sobre algo. Akane conocía su secreto, lo había descubierto en Jusenkyo, él la quería, aquel día pudo sentir esa emoción atravesándola mientras él lloraba y la abrazaba. Que no hubiera obtenido la confesión (ni siquiera a la fuerza) no la preocupaba mucho, no por ahora, ella tampoco estaba preparada para soltarla sin más, era algo importante ¡y había tantos problemas aún! Pero ella lo sabía y se esforzaba por pelear menos con él y controlar su temperamento, aunque no era nada fácil, y no solo con Ranma. Ahora mismo le estaba resultando muy difícil dominarse.

Después de comprar los alimentos, Nodoka quiso ir a una tienda para que Akane se probara algo de ropa, quería regalarle algo para su cumpleaños. La muchacha se rehusó amablemente, pero la mujer insistió.

—Tú serás la esposa de mi hijo —sentenció sonriendo—, quiero darte algo especial.

Se encaminó hacia una tienda de lencería y Akane la siguió, presintiendo lo peor.

—Por supuesto que cuando se casen te compraré algo especial también —siguió Nodoka. Akane se aclaró la garganta con nerviosismo cuando vio que una mujer se acercaba a atenderlas.

—Algo para la noche de bodas, ¿qué te parece? —continuó muy alegre la señora Saotome—. Será para ti, pero también lo va a disfrutar él —la chica no sabía hacia dónde mirar mientras Nodoka se ponía a revisar algunos conjuntos de ropa interior diminutos—. ¿Qué te parece este? Creo que te quedaría bien, ¿le gustará a mi hijo?

Akane miró el conjuntito de encaje rojo y abrió la boca pero las palabras no le salían, con el rostro de todos los colores se puso a buscar la salida con la mirada.

—Señora, ¿puedo ayudarla? —intervino la vendedora sonriendo—. ¿Buscaba algo en particular?

Nodoka se volvió hacia la mujer.

—¿No piensa que puede quedarle bien? —preguntó mostrando el mismo conjunto, y poniéndolo muy cerca de la jovencita de cabello corto, dando a entender quién sería la favorecida de usarlo—. Realmente me gusta, Akane.

—Tenemos muchos otros modelos, señora. ¿Buscan algo para una ocasión especial? —la empleada hizo un guiño.

—N-no… tía… —tartamudeó Akane.

—Ciertamente —Nodoka siguió sin prestarle atención a la muchacha—. Mi futura nuera debe verse muy hermosa, y también muy provocativa, el día de la boda. Creo que aquí vamos a poder encontrar lo indicado, ¿verdad, Akane? ¡Oh, Ranma va a morir al verte!

Mientras tanto, la muchacha buscaba una grieta en el suelo para poder esconderse allí.

—Su hijo es muy afortunado, señora, ella es una chica preciosa —comentó la empleada mientras las guiaba a otra sección del local.

—Sí que lo es, pero él es muy varonil, ella tiene suerte, ¿verdad, querida? —se giró un momento para hacerle un gesto tierno a Akane, que venía detrás de ella, y continuó—. Hacen una bonita pareja, se llevan tan bien.

Akane frunció el ceño.

—Me parece increíble que se casen tan jóvenes, hoy en día es muy raro ver eso —siguió charlando la vendedora, deteniéndose en un mostrador donde había varios conjuntos para elegir (todos demasiado atrevidos, en pensamientos de Akane).

—Bueno, el amor todo lo puede —dijo Nodoka como al pasar, y sin embargo Akane creyó ver un brillo especial en sus ojos cuando la miró por un segundo.

Entonces lo supo: Nodoka Saotome se divertía a su costa, disfrutaba de ponerla en vergüenza frente a extraños. ¿O había otra cosa? ¿Sería…? ¿Era posible que la mujer supiera lo que ocurrió en Jusenkyo? ¡Pero ¿cómo? Si nadie había dicho nada, ellos no habían contado nada. ¿O acaso Ranma le había contado a su madre…?

La jovencita se puso pálida de golpe y después roja como un tomate, cosa que las otras dos mujeres no advirtieron porque estaban muy entretenidas hablando sobre las tradiciones, las bodas y el varonil hijo de Nodoka. Y para colmo, otra dependienta del local había terminado de atender un cliente y se unió a la charla.

Akane tuvo miedo, si Nodoka sabía lo que había pasado en China podrían obligarlos a casarse y de verdad ella y Ranma no estaban preparados aún, había problemas, había mucha gente involucrada, había demasiadas cosas que hablar primero. Si los obligaban, Ranma la odiaría. Sí, la odiaría, porque después de todo ella fue la primera en ceder cuando volvieron a Japón.

—Felicidades, vas a ser una novia preciosa —le dijo a Akane la recién llegada.

Ella atinó a inclinarse un poco en agradecimiento. «¡Que dejen de hablar de la boda! ¡No hay ninguna boda de la que hablar! Por favor, no me hagas esto, tía».

—Pero… —empezó a decir, luego se aclaró la garganta para que la voz le saliera con rotundidad—. Pero, tía, no hay ninguna…

Nodoka le daba la espalda en ese momento así que ni siquiera la escuchó hablar.

—¡Mira! Pruébate este —dijo de pronto volteando a ver a la chica. Tenía en la mano un conjunto blanco, con puntillas, bastante más recatado que los anteriores.

—Pero… —empezó a decir Akane nuevamente.

—Para que sea tu regalo de cumpleaños, cielo —comentó bondadosamente su futura suegra—. Ya sé y no te preocupes, para cuando sea la boda volveremos a la tienda a ver algunas cosas un poco más atrevidas —le sonrió con picardía mientras en la frente de Akane empezaba a saltar una vena sin ningún disimulo—. Puede ser, ¿verdad? —agregó mirando a las vendedoras, que continuaban a un lado de ellas.

—Absolutamente, señora —respondió una inclinándose.

—¡Oh! Me encantan las bodas —comentó la otra con ojos soñadores—. Sí, por favor, regresen, tendremos mucho gusto en atenderlas.

La hija menor de Soun Tendo apretó los dos puños con fuerza.

—¡De una vez por todas…! —trató de hablar por tercera vez. Y nuevamente Nodoka hizo como si no la escuchara.

Se le acercó un poco tomando una de sus manos para darle la ropa interior y le habló en voz baja.

—Al menos pruébatelo, Akane. Si no te gusta luego podemos ir a otro local, o buscar otra cosa. Pero… bueno, ¿sabes?, a veces me hubiera gustado tener una hija para poder hacer esta clase de compras con ella, y ahora tú eres lo más cercano a eso que tengo. Sé que es una molestia para ti, pero ¿no me harías ese favor? ¿No me darías una pequeña alegría?

La muchacha se sintió reducida al tamaño de una hormiga, con el peso del mundo aplastándola. Aquí estaba esta pobre mujer que había pasado tantos años sin su familia, sin poder ver crecer a su hijo, sin tener más que una continua preocupación, ofreciéndole su cariño incondicional y pidiéndole un pequeño e insignificante favor que ella era perfectamente capaz de cumplir. Esta mujer solo quería alardear de las proezas de su hijo frente a otras personas, como hacen todas las madres, únicamente quería la felicidad de que la elogiaran por las virtudes de la sangre de su sangre y ella, Akane Tendo, se mostraba tan egoísta y se enfadaba.

Sintió vergüenza de nuevo, pero esta vez de su propia actitud, y agachó la cabeza con humildad.

—Lo haré, tía —accedió sumisa.

—Que bien, querida —Nodoka le acarició la mejilla de manera maternal—. Te quedará hermoso, de seguro.

Akane suspiró y se dirigió a los probadores. Cuando estaba por entrar, una de las vendedoras exclamó:

—¡Oh!

Y la otra comentó:

—Qué bien se llevan, parecen madre e hija. Ese muchacho es muy afortunado, de verdad.

Habían escuchado toda la conversación, por supuesto.

Akane Tendo entró al probador y cerró con fuerza la cortina. «Estúpidas mujeres chismosas», pensó, aunque sabía que no era culpa de ellas. ¿Por qué a su tía se le ocurría hacer esa clase de comentarios? Estaba totalmente decidido, lo hacía a propósito y no había vuelta de hoja. Aunque por un lado, tenía razón, ¿qué le costaba a ella probarse la ropa?... ¿o hacer como si se la probara y luego decir que no le había gustado, o que no le quedaba bien, o que prefería ir a otra tienda? Sí, podía hacer eso. Se quitó el bolso y lo dejó colgado de una de las perchas. Miró con mayor atención el conjunto, no era ostentoso o recargado, de hecho era sencillo, muy del estilo de la demás ropa interior que tenía. ¡Rayos! Probablemente incluso se lo hubiera llevado si estuviera comprando bragas. ¿Y ahora… qué podía hacer? Tal vez… podría simplemente probarlo y ver si…

¡Un momento! Mientras ella tardaba ahí dentro la madre de Ranma continuaba hablando con las empleadas y solo Kami sabía lo que podría estar contándoles.

Akane tiró la prenda al suelo y jaló el bolso para desprenderlo del gancho que servía de percha, al mismo tiempo que abría la cortina y daba un paso afuera. Toda esa serie de acciones llevó a que resbalara con algo (ni siquiera se enteró nunca con qué) y cayera al suelo. Se golpeó con algo, lo supo, pero no sabía exactamente cómo ni por qué y de pronto tuvo consciencia de que estaba acostada.

Tenía los ojos cerrados pero estaba despierta y supuso que se encontraba en el piso de la tienda. Aún sin abrir los ojos escuchó, un poco lejana, la voz preocupada de una de las empleadas:

—¡Señora Saotome! ¿Qué ocurre?

«Algo le pasa a la tía», pensó inmediatamente Akane y abrió los ojos incorporándose. Se encontró a Nodoka arrodillada a su lado observándola atentamente.

—¿Estás bien, hija?

Akane pestañeó un par de veces y se levantó despacio.

—Estoy bien —dijo—. Solo fue un accidente. Soy… un poco torpe.

—¿Estás segura? —Nodoka no perdía detalle de su rostro, ya estaba también de pie y a su lado—. Creo que te desmayaste.

—No, de verdad. Estoy bien —insitió Akane. No entendía por qué la mujer se preocupaba tanto por un asunto insignificante.

—Volveremos a casa, ya es algo tarde —sentenció Nodoka. Hizo una reverencia a las empleadas y les agradeció. Luego condujo a Akane hacia la salida.

—No, pero… —empezó a decir la muchacha pero en seguida se dio cuenta de que finalmente estaban saliendo de la tienda—. Bien.

—Será mejor que volvamos en taxi —siguió la otra. Detuvo un coche e hizo entrar a Akane.

—No es necesario —protestó la muchacha extrañada—. ¡Los encargues de Kasumi! Las bolsas quedaron…

—Yo tengo todo aquí —anunció Nodoka desde el asiento delantero y le dio instrucciones al conductor.

—¿Estás bien? —preguntó un rato después.

—Perfectamente —respondió Akane con una sonrisa, para aliviarla.

—Me alegro —replicó la mujer, también sonriendo.

Akane se la quedó mirando y suspiró. Se recostó suavemente en el asiento.

. .

.

.

Tardaron poco en llegar al dojo Tendo. La madre de Ranma bajó con todas las bolsas y paquetes y aunque Akane se ofreció a llevarlos, ella se rehusó.

—Creo que tendrías que ir a recostarte un rato —sugirió mientras entraban a la casa y se anunciaban.

—No, no es para tanto, de verdad, no me pasó nada.

—Bienvenidas —saludó Kasumi al escucharlas entrar.

—Aquí está todo, Kasumi querida —dijo Nodoka y le entregó algunas bolsas, con otro par se quedó en las manos. A Akane le pareció que habían comprado más cosas y que quizás su tía había olvidado algo en la tienda, pero no pensó más en eso cuando la escuchó hablar de nuevo.

—Por favor, Akane, no voy a estar tranquila si no descansas un momento, por lo menos hasta la hora de la cena —dijo.

—Pero… —empezó a protestar Akane.

—¿Qué pasó? —preguntó Kasumi.

—Akane se desmayó en la tienda.

—¡No me desmayé! —exclamó la muchacha.

—Igualmente, debes tomártelo más en serio.

—La tía tiene razón —comentó Kasumi suavemente—. Hermanita, por favor.

—¡Pero, Kasumi…!

—Hola —saludó Ranma entrando a la casa desde la parte de atrás. Tenía puestos sus pantalones de siempre y una camisa negra de tirantes, traía una toalla alrededor del cuello.

Akane se extrañó de verlo.

—Hola, hijo, por favor trata de convencerla, ¿quieres? —pidió Nodoka y se fue a la cocina.

—¿Qué pasó? —preguntó Ranma.

—¿Tú cuándo llegaste? —le preguntó Akane.

—Hace como media hora —dijo él—. Estaba practicando un poco en el dojo.

«¿Viene de un viaje de entrenamiento directo a entrenar? ¡Vaya!», pensó Akane con el ceño fruncido.

—Parece que Akane se desmayó en la tienda —respondió Kasumi.

—No me desmayé, solo fue un accidente, tropecé… o resbalé con algo, no sé.

—Típico —comentó Ranma—. Eres un desastre.

—¿Y quién te preguntó? —dijo Akane de mal humor ante tanta insistencia por algo tan trivial. Se dio la vuelta y decidió subir hasta su habitación.

Escuchó a su tía comentando desde la cocina:

—Sí que se desmayó, yo misma lo vi.

Akane resopló y se detuvo frente a su habitación, cuando estaba poniendo una mano en el picaporte miró distraída la puerta y vio que el cartel de madera con forma de patito que tenía pintado su nombre no estaba. Miró hacia el suelo con la tonta idea de que quizás se hubiese caído. No estaba. Volvió a mirar la puerta asombrada.

—¿Qué pasó? —se preguntó en voz alta. ¿Sería una broma de Nabiki?

—¿Qué haces ahí? —habló de pronto Ranma detrás de ella—. Vamos, mamá me contó todo. Por lo menos quédate quieta en el cuarto y así también dejarán de fastidiarme a mí.

—¿Qué pasó con mi…? —pero Akane no pudo terminar la pregunta porque Ranma ya la jalaba suavemente para que siguiera caminando.

Ella se dejó llevar, extrañada. Se detuvieron frente al cuarto de él y Ranma abrió la puerta corrediza y la hizo pasar. Después entró él y la volvió a cerrar.

La muchacha se quedó de piedra por un momento. En mitad del cuarto, contra la pared del fondo, había una cama matrimonial con los cobertores bien alisados. Esa era una cama que obviamente antes no estaba allí y el primer pensamiento de Akane fue preguntarse cómo habían hecho para meterla a la habitación.

—¿Qué es eso? —preguntó casi ingenuamente.

Ranma la miró raro. Tiró la toalla que traía en una canasta que estaba en un rincón del cuarto.

—Una cama. ¿Qué más va a ser?

—¡Ya lo sé, bobo! Lo que quiero decir es desde cuándo está esa cama en esta habitación —se irritó la muchacha.

—¿Eh…? —Ranma frunció el ceño—. ¿Qué te ocurre? ¿Por qué haces preguntas tan tontas?

—¡¿Cómo te atreves a… ? —Akane levantó un brazo con el puño apretado para mostrar su enojo, pero Ranma la interrumpió tomándola del codo.

—Ven —la empujó suavemente hacia la cama—. ¿Te golpeaste la cabeza? Estás diciendo cosas muy raras.

—Yo no… —Akane se detuvo, no sabía a ciencia cierta si se había golpeado, creía que no—. El raro eres tú. ¿Por qué me trajiste a esta habitación?, ¿y por qué hay una cama… ah… ¡ya sabes! una cama de matrimonio? ¿Qué… qué planeas? ¡Pareces Kuno!

—¡Oye! ¡No me compares con el idiota de Kuno! —exclamó Ranma ofendido.

—Bueno, ¿y qué tendría que pensar de todo esto? —contraatacó Akane elevando el tono.

—¡No tienes que pensar nada! Mamá dijo que te desmayaste en la tienda y solo te traje a nuestra habitación a descansar un rato. ¡Discúlpame por tratar de ser amable! —terminó ofuscado.

—¿Qué… qué dices? —la muchacha dio un paso hacia atrás—. ¿Cuál «nuestra»? —preguntó realmente confundida.

—Akane, me estás preocupando —Ranma se acercó y le puso una mano en la frente para comprobar si tenía fiebre.

Ella se hizo hacia atrás nuevamente, alejándose del contacto, comenzando a sentir miedo.

me estás preocupando —comentó—. ¿No serás tú el que se golpeó la cabeza? ¿Por qué dices que es nuestra habitación? Este es el cuarto de huéspedes, es el que usan con el tío Genma. Yo tengo mi propia habitación —trató de aclarar.

Ranma se puso alerta, pero trató de hablar calmadamente.

—Eso era antes, ahora es nuestra habitación.

Akane lo miró unos momentos sin ningún gesto en el rostro. Aunque entendía las palabras, para ella no tenían ningún sentido.

—¿Por qué íbamos a tener una habitación nosotros? —preguntó.

Ranma se encogió de hombros y levantó las manos.

—¿Porque estamos casados? —respondió como si fuera una obviedad.

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8 de Marzo de 2020 a las 22:25 1 Reporte Insertar 2
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Noham Theonaus Noham Theonaus
Está historia es un clásico del fandom de Ranma, imperdible para cualquier fan. Me alegra verla aquí publicada.
March 08, 2020, 22:43
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