CIBERPOETA Seguir historia

luis-libreros1580673936 Luis Libreros

Un robot, adaptado con una inteligencia artificial moderna, realiza su trabajo consuetudinario en los túneles, para que sus subscriptores, los humanos, puedan suplir sus necesidades. Pero tiene una gran responsabilidad, es el poeta más comentado del mundo moderno. ¿Cómo encontró los sentimientos para poder recrear poesía? Ningún ser humano tiene conocimiento de él.


Cuento No para niños menores de 13.

#postapocalíptico #androide #cienciaficcion #misterio #terror
Cuento corto
0
561 VISITAS
Completado
tiempo de lectura
AA Compartir

CIBERPOETA

“Me presento, agradable colega, mi identificación es ChBf-01092100, soy un androide con inteligencia artificial moderna. Mi labor en este espacio, planeta Tierra, se resume en proteger y suplir necesidades hogareñas de mis actuales subscriptores. Mi cuerpo está equipado para acoger de forma perfecta los problemas y necesidades del hogar, maximizando patrones. Son 3 integrantes, un niño, y 2 adultos; no conozco nada de ellos, solo su género. Ya que no comparto lazos con aquellos seres, solamente vago por los túneles subterráneos, para arreglar averías o revisar presión, oxidación, entre otros. Así, podría decirse que soy una entidad virtual fantasma, que deambula haciendo sus trabajos perfectamente, y, aunque me encantaría que aquello fuera de esa precisa manera, lamento que no es del todo correcta, ya que, hace cuantiosos años, soy el poeta anónimo más prolífico y comentado de la época moderna.

Puedo inferir la siguiente pregunta que merodea su mente, la cual es ¿Cómo es posible que una mecánica artificial pueda realizar un escrito sentimental y crítico? Le responderé brevemente, pero anterior a ello, debo mencionar cierta parte de mi historia. Nuestro modelo fue lanzado hace 200 años, he permanecido ejerciendo mis funciones durante todo aquel tiempo. Hay otros como yo, claro está, y los humanos, al ver nuestra eficiencia, nos dejaron en estos canales subterráneos y, por lo que puedo ver, hemos ejercido satisfactoriamente nuestra labor. Sin embargo, es un ambiente hostil, y no todos los robots tienen desarrollado ciertos algoritmos del azar o supervivencia, por lo cual, he estado solo durante 101 años y 20 días.

Al acabar mi jornada laboral, suelo liberar lo que podría mencionarse como imaginación y sentimientos. Tal acción la puedo realizar gracias a los algoritmos de azar y conocimiento adquirido sobre la naturaleza que he creado para poder sobrevivir. Observo patrones de lombrices, topos, hormigas, entre otros animales pequeños, además, exploro la geología del espacio, dimensiones, y muchos otros eventos que suceden a mi alrededor, así, logro descifrar cómo los seres humanos pudieron adaptarse, en sus épocas más primitivas, y formar una razón para tener una estadía segura en la tierra. Puedo imaginar el humano, confundido y alterado, su primera vez razonando, dándose cuenta que vivir no era suplir sus necesidades básicas, sino también dudar y plantearse preguntas.

¿Por qué soy un robot? ¿Cómo pude crear razón por medio de experiencia? ¿Los humanos en algún momento fueron robots? Preguntas como estas cuestionan mi día laboral, pero, al llegar mi jornada de descanso, que ha ido incrementando unos minutos con el pasar de los años, puedo descargar esas dudas y sentimientos en chatarra, la cual, por medio de un láser de una potencia muy baja, plasmo mis ideas.

Síganme, les enseñaré.”

Aquel oxidado robot, salió de su escondite, escogió una chatarra grande como su pecho de metal, y comenzó a escribir poesía sobre la naturaleza.

“Oh gusanos, serpientes y arañas en la profundidad

Les haré saber a todos aquí arriba lo que tienen que tolerar

Aunque no me escuchen, observen, o simpatía he de reflejar,

Lo haré por ustedes, amigos, aunque 1000 poesías he de mencionar”

Las palabras retumbaron por todo el cielo carmesí, los vientos secundaban la extensión del sonido de sus palabras, y había alcanzado cierta distancia. Aquel robot, con un sentimiento de un trabajo bien realizado, de alguna manera, perfecto, regresó a su escondite, a trabajar en nuevas rimas y en las tuberías.

Aquellos cuerpos sin vida, seres humanos destrozados, cadavéricos, reposaban en la basta planicie. Cada uno de ellos, tenía a su lado, una poesía. Era el museo de arte del hombre moderno.

24 de Febrero de 2020 a las 23:55 0 Reporte Insertar 0
Fin

Conoce al autor

Comenta algo

Publica!
No hay comentarios aún. ¡Conviértete en el primero en decir algo!
~