Aquí Estamos Otra Vez Seguir historia

sylviarodriguez Silvia Rodríguez

La joven madrileña Miriam Montero, la estrella del momento, regresa a su país natal. Después de vivir, trabajar y estudiar, por una larga temporada en EE.UU. se muda a España para estar más cerca de su familia y amigos. Nadie dijo que fuera fácil encontrar un piso que compartir con compañeros que la traten como a una chica corriente. Junto a Gonzalo, Jon y Guillermo, sus nuevos compañeros, tendrá una vida diferente que nunca se hubiera imaginado. Otro de sus mayores deseos es encontrar a un chico que la trate como se merece y que la quiera. ¿Lo conseguirá algún día, a pesar de toparse con muchos que lo único que quieren es tener sus minutos de fama por tener algo con una mujer tan deseada como Miriam?


Romance Romance adulto joven Sólo para mayores de 18.

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Capítulo 1

Miriam era una exitosa bailarina e instagramer que luchó y trabajó muchísimo para llegar a donde estaba. Eran muchas las personas que la admiraban, que querían fotos con ella y autógrafos suyos. Incluso tenía un público que no le gustaba mucho, ya que se trataba de personas que se la hablaban por otras cosas. A más de uno le gustaría tener ciertos encuentros íntimos con ella. Porque además de ser bailarina, modelaba para marcas de ropa, campañas de baile y revistas.


Hasta mediados de diciembre estuvo viviendo en Estados Unidos. Desde aquel entonces regresó a residir en Madrid, en su pueblo natal. Vivió en casa de su familia la época entera de Navidades. En cuanto terminó, la joven bailarina se puso en busca de un apartamento en el centro de Madrid. Fueron muchos los que vio, pero ninguno le gustó. Si no era por el lugar, era por los inquilinos. Uno de los pisos que visitó se sitúa en el Barrio de Salamanca, en el que vivían tres hombres. De los cuales dos la atendieron, con normalidad a pesar de ser muy conocida. Esto hizo que se sintiera cómoda por primera vez, desde que empezó este proceso.


-Ya tenemos compañera de piso. -notificó Gonzalo mirando su teléfono móvil.


Miriam quedó en decirle a Gonzalo si se mudaba a vivir con ellos. Jon, el otro chico que estuvo en la visita de ella a la casa, le encantaba la idea de que la chica viviese con ellos. Ese sentimiento se lo transmitió a Miriam en seguida. Lo que le dio un poco de miedo a Gonzalo, creía que por eso no querría alquilar la habitación. Aun así, a Miriam le cayó muy bien Jon.


-Genial, pensé que nunca conseguiríamos alquilar esa maldita habitación. -se alegró Guillermo, al mismo tiempo que dejaba su taza de café en la barra que tenían como mesa, unida a la encimera de la cocina con la que formaba una C, a la que estaba sentado.


Guillermo es un joven de 30 años, que fue vecino de Miriam en su infancia. Este chico no pudo estar presente en la visita de ella, debido a uno de sus múltiples viajes. Amaba viajar a todos los rincones del mundo e inmortalizar la belleza de cada lugar con su mejor amiga, la cámara de fotos. A la pequeña Miriam le encantaba Guillermo cuando eran infantes. Y en su adolescencia también, tanto que se llegó a obsesionar un poco. Pero normal, un chico tan apuesto, alto, rubio y con ojos azules, que hipnotizan a cualquiera, quién no se fijaría en él. La última vez que se vieron eran tan jóvenes que a lo mejor ni se reconocerían. ¿Qué pasaría cuándo se vieran? Guillermo no sabía nada acerca de su nueva compañera de piso. Los chicos le contaron que se trataba de la conocida Miriam Montero, pero él no sabía quién era, o eso es lo que creía.


- ¿Te ha dicho cuándo vendrá? -preguntó Jon mirando con intriga a su amigo Gonzalo.


-Mañana a la hora de comer. -informó Gonzalo nuevamente.


-Sí que está ajetreada. -se sorprendió Guillermo abriendo los ojos por completo.


-Seguro que se la pasa en la cama. -soltó Jon jugando a la Play Station. A lo que Gonzalo y Guillermo miraron anonadados a su amigo.


Al poco tiempo los tres amigos empezaron a reírse por el comentario. Jon se sentía como un niño, porque iba a compartir piso con la famosa Miriam Montero. Pero los chicos le bajaron a tierra diciéndole que debía esmerarse en la limpieza, debido a que tienen la idea de que las chicas son unas maniáticas. Por lo que a Jon casi le da un patatús al imaginarse a Miriam detrás de él para que limpie absolutamente todo. Soñó despierto que sería la cenicienta del apartamento.


Como todos los viernes, los chicos salieron a tomar unas cervezas con su grupo de amigos. En una ronda, a Jon no se le ocurrió otra idea que contar a sus amigos que ya tenían compañera de piso, la cual es mujer y muy conocida. Ninguno lo adivinó, estuvo a punto de decir quién era, pero Guillermo le paró los pies. A él no le pareció justo que tuvieran que dar detalles de la nueva inquilina, aunque él no la conocía por el momento.


Gonzalo tenía que irse el fin de semana a la casa de su familia. Por lo que pidió a su amigo Guillermo que se encargase de recibir a Miriam, ya que no se fiaba de Jon. Guillermo respondió a esto con una pequeña risa. Deseaba ir a la casa de sus padres, pero alguien debía estar en el piso cuando llegase Miriam. Guillermo no iba a hacerlo gratis. Gonzalo tenía que pagárselo de algún modo, y qué mejor manera que invitándole a una cerveza.


Después de que cerraran el bar en el que estaban, se fueron a una discoteca. Un par de chicas se acercaron a Guillermo, quien bailó con ellas, pero nada más. Se trata de un chico muy guapo que atrae muchas miradas. Guillermo con su apariencia es similar a un príncipe, a diferencia de que es muy serio. Es complicado sacarle una verdadera sonrisa.


Al igual que del bar, salieron del local a la hora del cierre. Nada más llegar a casa, los chicos se bebieron un litro de agua cada uno. A continuación, se fueron a sus camas a descansar, en las que se metieron únicamente con su ropa interior, debido al calor que sentían.


Gonzalo tuvo que ponerse una alarma, no podía llegar tarde a la reunión familiar que tenía en casa de sus padres. Los otros dos siguieron durmiendo hasta que llamaron a la puerta del apartamento. Jon se despertó de muy mal humor maldiciendo a quien había llamado. En cuanto a Guillermo, se despertó sobresaltado y con un gran dolor de cabeza. Ambos chicos se levantaron de la cama y salieron de sus dormitorios. Jon fue directo a la cocina a prepararse un café. Y Guillermo fue a abrir la puerta encontrándose a Miriam en el rellano.


-Bonitos calzoncillos. -comentó Miriam aguantándose la risa. Los calzoncillos de Guillermo eran blancos con la cara de Chewbacca por todas partes.


- ¿Qué? -Guillermo se quedó con expresión de extrañeza mientras se frotaba la cara con su mano derecha. Continuaba dormido.


Su cabeza empezó a despertarse y se miró en un espejo de cuerpo, que tienen en el salón al lado de la puerta del apartamento. Salió corriendo a su dormitorio para vestirse. Miriam se sorprendió por la reacción del chico y entró a la casa con sus maletas. Cerró la puerta tras ella y al girarse vio a Jon sentado a la mesa tomándose el café. Quien bufó después de dar un trago.


-Hola, Jon. -Miriam saludó a uno de sus nuevos compañeros. Este no se percató de la presencia de ella, hasta que la tuvo delante.


-Hola, cariño. -Jon se puso en pie para saludarla.


-Por lo que veo, usar solo calzoncillos para dormir en invierno están de moda en esta casa. -Miriam se giró hacia otro lado, enarcando una ceja.


- ¿Te gusta lo que ves, nena? -en cuanto Jon se insinuó a Miriam, salió Guillermo de su dormitorio y ella se giró hacia el primero.


-Uno, no soy tu nena, y dos, esos calzoncillos no juegan a tu favor. -Miriam se rió golpeando el torso de Jon. Quien vestía ropa interior con dibujos de los Minions.


- ¡Menuda leona! -se asombró Jon regresando a su asiento.


A Guillermo le hizo tanta gracia, que tuvo que aguantarse las ganas de reír por la escena que presenció. No se esperaba que Jon recibiera tal corte. El rubio ayudó a la joven a dejar las cosas de ella en el dormitorio vacío. Se fue al salón para reunirse con su amigo.


-Tío, esa chica me suena mucho. -comentó Guillermo sentándose al lado de Jon. Agarró la taza de café de él y le dio un trago.


- ¡Eh! Hazte uno si quieres, este es mío. -quitando la taza a Guillermo- Debería de sonarte, es Miriam Montero, una de las bailarinas más conocidas de España, aparte de ser una famosa instagramer.


-Ni idea. -negó Guillermo con la cabeza- Me suena por otra cosa, pero no sé de qué. -este se quedó pensativo.


Pasada media hora los chicos decidieron pedir unas pizzas para comer, ya que no tenían ganas de cocinar. Al poco, Miriam salió de su dormitorio bastante arreglada. Vestía un traje de color verde menta y un body negro cuyo escote llegaba hasta el ombligo de la chica. Sus labios fueron pintados por un rojo pasión permanente y sus pestañas eran más largas. Jon se giró hacia atrás, sentado en el sofá, para mirarla. Se le desencajó la mandíbula y sus ojos se abrieron como platos. Jon era incapaz de retirar la mirada a la deslumbrante Miriam. Ella fue a la cocina, abierta, para servirse un vaso de agua.


- ¿No coméis chicos? -Miriam los miró, acercándose el vaso a la boca.


-Sí, hemos pedido unas pizzas. ¿Te unes? -le contestó Jon sin quitar la mirada al escote de Miriam.


-Jon, mi cara está más arriba. -sonrió Miriam descaradamente, tras beber del vaso. Por lo que a Guillermo se le escapó una pequeña risa- Gracias por la invitación, pero ya he quedado para comer. Por cierto, no me he presentado, soy Miriam. -dirigiéndose a Guillermo.


-Encantado, yo soy Guillermo. -este se levantó y le ofreció la mano para un buen apretón como saludo.


-Gracias por ayudarme antes. -le sonrió amablemente.


-No es nada.


Y como siempre, Guillermo seguía serio. Lo que le creó un poco de incomodidad a Miriam. Nunca había visto tanta seriedad en un rostro tan bonito. Giró sobre sus pies, limpió el vaso y lo guardó en su sitio. Regresó a su dormitorio para coger el abrigo y bolso. Se despidió de los chicos con una sonrisa en sus labios y se marchó. Una amiga de Miriam le estuvo esperando en su coche para que se fueran con sus amigas, con quienes habían quedado para comer. Sandra, quien había esperado a Miriam, es una amiga suya de la infancia, quien vivía en la urbanización en la que se criaron. Al llegar las chicas al restaurante, el resto del grupo ya estaba sentado. Hablaron de sus semanas y como todas sabían, ese día Miriam se había mudado a su nueva casa.


- ¿Qué tal tus nuevos compañeros? -preguntó Rocío, una joven de pelo castaño y tez blanca.


- ¿Son guapos? -intervino Marina un tanto curiosa.


-Hay uno que es bastante guapo, me suena un montón y no sé de qué. -comentó Miriam, acordándose de Guillermo.


- ¿Quién? -Sandra se sorprendió bastante por la respuesta de su amiga.


-Guillermo.


-Ve a por él entonces. -la animó Rocío.


-Es un poco raro y muy serio. Aún no le he visto sonreír.


-Pero está para trincártelo ¿no? -los ojos de Miriam se abrieron por completo debido a lo que dijo Rocío. Quien preguntó pícaramente.


Todas las chicas se rieron de la última intervención. Miriam le dijo que estaba loca. Normal, no es el chico con el que querría tener algo, a ella le gusta rodearse de gente alegre. Es por eso por lo que le gustaba la presencia de Jon, aunque la comiese con la mirada. Sinceramente le hacía mucha gracia. Miriam sabía que no se iba a aburrir en ese apartamento. Aquel fin de semana lo pasó en casa de sus padres. Al día siguiente tenía la celebración del cumpleaños de su hermano. Como todas las mañanas, antes de desayunar salió a correr por la Casa de Campo. Le encantaba correr por esa zona, era muy tranquila y estaba rodeada de naturaleza. Finalizó su ejercicio por la parte de arriba de la urbanización. De una de las calles de la zona por la que entró, salió una pareja con su hijo, más o menos de la edad de Miriam. La mujer de la pareja la vio y saludó, por lo que Miriam tuvo que pararse a saludar. Primero a ella y después al marido. En cuanto vio la cara del chico entró en shock, era Guillermo.


-Hijo, ella es Miriam. De pequeña andaba enamorada de ti. -le comentó la madre de Guillermo a su hijo. La joven se puso muy colorada, ella sabía que de pequeña le gustaba muchísimo un niño de la urbanización, pero en cuanto descubrió que era él, deseaba que le tragase la tierra.


Justo en ese momento, Miriam fue salvada por el politono de su móvil. Vio que se trataba de una llamada de su madre. Les dijo que se tenía que marchar a casa. Pero no se libró de la situación, ya que la familia también bajaba la urbanización. Quería salir corriendo tal y como había hecho durante las dos horas que estuvo por la Casa de Campo. Desafortunadamente los padres de Guillermo la preguntaron por su vida durante el camino. Miriam no era la única que quería desaparecer. Guillermo también lo deseaba. Ahora sabía quién era esa chica.


En cuanto llegó a casa toda su familia la estaba esperando. Había sido el cumpleaños de su hermano y lo iban a celebrar. Subió a arreglarse. Durante la ducha no pudo pensar en otra cosa que no fuera Guillermo. “¡Qué vergüenza más grande!” se le pasó por la cabeza. Guillermo era el chico por el que se pilló cuando fue una pequeña niña. Y lo peor de todo es que se obsesionó de él en su adolescencia. Nunca le llegó a hablar, pero le seguía en redes sociales. Como a cualquier cuenta le daba likes cuando subía alguna publicación o añadía algún instastory. Pero el chico la bloqueó de la red social y ella no entendía por qué. No le apetecía mucho regresar al apartamento y verle. Prefería quedarse en casa de sus padres, podía hacerlo, pero en algún momento debía afrontar la situación. Y mejor pronto que tarde.


Cuando todos se fueron a sus casas, el hermano de Miriam la acercó al apartamento en coche. ¿Qué haría cuando volviese a ver a Guillermo? Al entrar al piso vio que Gonzalo y Jon estaban cenando en el sofá y viendo una película en el televisor. Miriam se relajó al ver que el tercer inquilino no estaba. Se fue a su dormitorio para coger sus cosas para el cuarto de baño y poder ducharse. Salió de la ducha y se untó bien de crema. Jon se levantó sigilosamente del sofá y se asomó por la puerta entornada. Miraba embobado cómo Miriam deslizaba sus manos hidratando su piel. Guillermo entró al apartamento y fijó su vista en Jon. Soltó una pequeña carcajada acercándose a su amigo.


- ¿Qué haces? -susurró Guillermo a Jon, quien no quitaba la mirada del cuerpo tonificado de Miriam.


- ¡Joder! -Jon se sobresaltó, abriendo de golpe la puerta del cuarto de baño.


La cara de Miriam tomó un color escarlata y se tapó rápidamente con su toalla verde. Los tres se miraron, intercambiándose miradas. Gonzalo que no había prestado atención a lo que había sucedido, se vio obligado a intervenir. Llamó la atención a Jon, diciéndole que tenía que acatar las normas y más cuando compartían con una mujer. Guillermo no dijo absolutamente nada, no pudo quitarse la imagen de Miriam desnuda de su cabeza. Incluso llegó a tener un sueño húmedo con ella. Se despertó sudando una hora antes de que le sonara la alarma. No podía dormir más, por lo que decidió darse una buena ducha fría para bajarse el calor del cuerpo y despertarse. Su amiguito estaba más despierto que él. Menos mal que era el único que estaba en pie a esas horas. Después de la ducha salió a la cocina a tomarse un café, a ver si de ese modo conseguía despejar su mente. Estaba sentado a la mesa que tenían, tapado de cintura para abajo con una toalla. La puerta de uno de los dormitorios se abrió, pero Guillermo seguía navegando en sus pensamientos. Continuaba con Miriam en la cabeza.


- ¡Qué pronto te has levantado! -comentó Miriam mirando a Guillermo, al mismo tiempo que se dirigía a la cafetera.


-No podía dormir más. -Guillermo no sabía a quién estaba contestando.


-Guillermo, ¿estás bien? -Miriam se preocupó un poco por su compañero, lo veía abstraído. Le preguntó colocando una mano en el brazo de él.


-Sí. ¡Miriam! -gritó mirándola, ya se había despertado.


-Esa soy yo. -afirmó ella riéndose.


- ¿Por qué estás despierta tan temprano?


-Tengo que entrenar antes de los ensayos.


- ¿Entrenar? ¿Ensayos? -Guillermo no estaba entendiendo lo que le decía la chica.


-Por lo que veo no sabes a qué me dedico. Soy bailarina profesional.


-Es por eso por lo que tienes ese cuerpazo. -pensó Guillermo en voz alta.


-Sí, es mi herramienta de trabajo. -Miriam se mordió el labio inferior, después de reírse.


-Perdón, no quise decir eso. -Guillermo abrió los ojos por completo, al darse cuenta de que no lo había dicho para sí mismo.


Miriam miró la hora de su reloj y se bebió rápidamente el café. Se abrigó y cogió su mochila para salir del piso. Ninguno de los dos se despidió. Él se sintió un poco avergonzado por decir lo que dijo. Y ella seguía avergonzada porque Guillermo descubriera quién era realmente Miriam. A pesar de no ser la misma chica de hace unos años. Mientras iba de camino al gimnasio, pensaba que lo que hizo cuando era pequeña tampoco estaba mal. Era una cría.

21 de Febrero de 2020 a las 23:12 0 Reporte Insertar 0
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