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UNO

En el mundo existían varias peculiaridades sin una explicación concreta. El destino iba abriendo paso a sucesos impensables. Tal era el caso de los metamorfos, criaturas que años antes solían correr por Forks. Había pasado mucho tiempo desde la última transformación.Aun así, la magia antigua seguía presente en los alrededores.

Kassia, nombre que a ella se le había permitidoelegir, era una entidad libre con una tarea muy específica: vigilar a la tribu Quileute y a los fríos. El tratado entre ellos y los Cullen se había hecho con sangre, lo cual implicaba la presencia de alguien ajeno a ambos grupos custodiando los términos establecidos hace ya demasiado tiempo. Ella no recordaba su pasado cuando había habitado la Tierra como mortal, solo sabía que su paso por el mundo humano había sido muy efímero. Pero la nobleza de su corazón la habían hecho merecedora de un trabajo como aquel. Se le había presentado la tarea apenas había fallecido. Ella había aceptado sin dudar. La vida que había tenido había estado llena de injusticias para su tan corta edad. Algo le decía que debía estar agradecida por no recordar a la perfección esos días oscuros.

Para ella, los días transcurrían en un abrir y cerrar de ojos. A veces sin suceder nada y a veces con aventuras que la hacían sentirse plena. Ella no poseía un cuerpo físico, era más bien un aura que recorría el bosque. No estaba confinada, a veces salía a observar a los humanos. Aún le costaba trabajo entenderlos. Los años traían consigo muchos cambios. La tecnología avanzaba cada vez más rápido. Pero su existencia no se limitaba a deambular por allí, cada cierto tiempo, se le permitía adoptar forma humana. Esas semanas eran divertidas. La última vez, se pasó todo ese tiempo bailando los distintos ritmos que había podido.

Su semana había estado muy calmada hasta la llegada de los Cullen. Eso le dio de nuevo una tarea fija de vigilar la línea del tratado. Las primeras noches, se limitó a estar cerca de su objetivo. Nadie podía verla y ella no acostumbraba más que pensar. Los animales del bosque parecían escucharla, pero eran los únicos.

Una noche cualquiera, Kassia percibió que uno de los vampiros tenía intenciones de cazar un ciervo. Tuvo poco tiempo para avisar a su amigo que era el blanco de un monstruo. Ella casi deseó que los miembros de esa familia se alimentaran de humanos, pues no se había encariñado con ellos tantos como con los animales de ese bosque. Ahuyentó cada presa marcada por el castaño. Lo cual comenzó a parecerle extraño al inmortal. Ella lo siguió varios kilómetros al sur para verlo alimentarse. Allí no pudo hacer nada, ya que esos animales no la reconocieron y ciertamente no los apreciaba como los que estaban en el bosque donde estaba asignada.

Kassia podía leer los pensamientos de los humanos, así como le era fácil leer las expresiones faciales. Algo en la actitud de ese vampiro le llamó la atención. Parecía estar permanentemente abatido. Y ella quiso saber el motivo. Decidió seguirlo hasta su casa. Los demás miembros de la familia estaban allí, pero ellos lucían diferente, no se veían tristes. Todos sonreían entre sí, casi como una familia normal de humanos.

El ente femenino estuvo pendiente de las palabras que compartieron los vampiros. Así se aprendió sus nombres. La familia se reunió para ver una película y luego cada uno se enfocó en sus asuntos. Fue fácil seguirle el paso al castaño, Edward Cullen, ya que él solo fue hasta su habitación, tomó un libro de su armario y se sumergió en la lectura hasta el amanecer. Nada de lo que vio allí pudo explicar la actitud del hombre.

Una vez que otro día nublado comenzó, los hermanos Cullen se prepararon para ir al colegio. A Kassia le llamó la atención que el hermano rubio pareció mirar en su dirección, como si notara la presencia de algo extraño. Ella se acercó más para estar frente a frente con el vampiro, luego él movió la cabeza a los lados y se alejó. Entonces, ella regresó al bosque.

Paseó varias veces por la línea del tratado. No hubo nada llamativo en ese lugar ese día. Un grupo de excursionistas cerca de la cueva de un oso llamó su atención. Kassia tuvo que interceder para que el animal gruñón no decidiera atacar a los intrusos que estaban en su territorio. Todo salió bien.

Dos noches después, Kassia percibió la presencia de dos de los hermanos Cullen, Edward y Jasper. Ella los siguió de cerca.

-Te digo que percibo algo -habló el rubio-. Es casi como una emoción.

Como si tuviera un cuerpo físico, el ente femenino se escondió detrás de un antiguo árbol.

-Yo también he notado sucesos extraños -lo apoyó el castaño, mirando con atención en todas las direcciones.

Si el ente femenino hubiera podido contener el aliento, lo habría hecho en ese instante. Era imposible que se estuvieran refiriendo a ella. En todos esos años, jamás había llamado la atención de otro ser que no fueran los animales con los que les gustaba pasar el tiempo.

Se divirtió espantando a las presas de esos vampiros. Los hizo tener que ir muy lejos para cazar algo. Luego los siguió de regreso a su casa. De nuevo, Edward fue el que se quedó solo la mayor parte del tiempo, esta vez estuvo pasando sus largos dedos por el piano. La suave melodía hizo querer bailar a Kassia, logrando que se meciera de un lado a otro en su lugar.

21 de Febrero de 2020 a las 22:03 0 Reporte Insertar 0
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