No hay honor entre piratas Seguir historia

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Daniel Abeleira


Una historia corta que he escrito en media hora, a modo de práctica. Como inspiración he usado el generador de ideas de la aplicación iDeas para Escribir, de Literautas (https://www.literautas.com/es/apps/ideas-for-writing). Si este pequeño relato recibe buenas críticas, no veo por qué no convertir esto en una costumbre, así que decidme si queréis leer más historietas de práctica como esta. ¡Disfrutad de la lectura!


Cuento No para niños menores de 13.
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No hay honor entre piratas

El contramaestre corrió hacia el barco con el tesoro escondido en la casaca. Solo le faltaban un par de metros hasta llegar a la escalera, y poder así huir con el botín. El avezado marinero estaba muy orgulloso del plan que había ideado. Tras descubrir el tesoro por accidente, había colocado un rastro de pistas falso que conducía a una pequeña cueva en mitad de la isla, a medio día a pie de la costa. Les había dicho a los demás que él se quedaría para vigilar el barco, y más tarde había sobornado a un par de piratas más para que se quedaran con el y le ayudaran en su huida. Unos días después, cuando todos habían partido, se apresuró a coger el tesoro y salir corriendo hacia la embarcación. En verdad, podría haber ido andando, ya que la isla estaba desierta, en teoría. Sin embargo, durante los últimos días, varios marineros habían aparecido asesinados por las noches, lo que provocó que la mayoría de la tripulación pensara que la isla tenía algún tipo de maldición o que habitaba en ella algún ser oscuro. El contramaestre, que no era supersticioso, lo achacaba a los indígenas tarados que seguro vivían en la isla, pero no se habían dejado ver. Aun así, decidió salir de allí por patas, con ansias de volver al barco y empezar a aprovechar su recientemente adquirida fortuna.

Al llegar al barco, hizo un gesto a los dos marineros, que le estaban esperando en cubierta, para que se pusieran manos a la obra, mientras él corría hacia el timón. Sin embargo, no tardó en advertir que, apoyado en el timón del barco, había un hombre con una larga barba gris y una sonrisa de suficiencia: era el capitán. En ese momento, al contramaestre se le cayó el alma a los pies. Dejó caer el tesoro al suelo, y acto seguido se arrodilló y empezó a suplicar clemencia. De nada le sirvió, pues pronto sintió como dos bucaneros, a quienes había sobornado pero que probablemente no se atrevían a contradecir al capitán, lo agarraban de los hombros y se lo llevaban bajo cubierta. Luego lo ataron y más tarde, en el viaje de vuelta, lo tiraron al agua con los tiburones.

Lo que el contramaestre nunca supo es cómo el capitán había sabido que estaría allí e intentaría huir con el tesoro. Lo cierto es que la Fortuna es una dama caprichosa y con un sentido del humor curioso, cuanto menos: al igual que el contramaestre había descubierto el tesoro por accidente mientras investigaba la isla, el capitán, a su vez, lo había descubierto a él por coincidencia, mientras miraba con su catalejo desde el barco. Tras averiguar lo que se traía entre manos, el capitán decidió que dejaría al contramaestre seguir con su plan, con un ligero cambio: el que iba a volver con el tesoro al puerto no iba a ser el contramaestre, sino él. Había vigilado al contramaestre durante unos días, e incluso se había visto forzado a asesinar a un par de miembros de la tripulación que lo habían pillado con las manos en la masa mientras evaluaba el botín. Finalmente, había despistado a los integrantes de la partida de búsqueda, quienes ahora probablemente le estarían buscando a él en vez del tesoro, y había vuelto al barco, donde había prometido a los bucaneros cómplices del contramaestre el doble de lo que este les había ofrecido.

Poco antes de llegar a tierra, el capitán se deshizo de todos y cada uno de los marineros que lo acompañaban mientras dormían, como había hecho con los de la isla. Así volvió al puerto, con las manos manchadas con la sangre de una docena de hombres. Sin embargo, los dioses no quisieron castigarle por su falta de humanidad, y vivió el resto de su vida como un rico marinero, se casó y tuvo un hijo, que —tras la muerte del capitán— descubrió cómo había obtenido este la fortuna familiar, y acabó por convertirse en el pirata más temido de todos los tiempos.

15 de Febrero de 2020 a las 11:25 0 Reporte Insertar 0
Fin

Conoce al autor

Daniel Abeleira Estudiante, nacido en 2004. De niño leía mucho, a veces incluso un libro al día, ahora ya no tanto. Maestría en castellano, nivel muy alto de inglés y nivel intermedio de alemán y francés. Las mejores obras que he leído han sido las de Isaac Asimov, Terry Pratchett, Cristopher Paolini, Laura Gallego y Rick Riordan. Siempre dispuesto a recibir críticas y comentarios y a conocer gente nueva.

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