marymarcegalindo Marymarce Galindo

San Valentín para muchas personas significa más trabajo y soledad. Pero no siempre tiene que ser así. Dejen que Michele Crispino les cuente su historia. Disclaimer: Los personajes no me pertenecen son tomados del anime Yuri on Ice creados por Kubo Mitsurou y Sayo Yamamoto. La historia es mía. Arte de la portada: Minanami.


Fanfiction Anime/Manga No para niños menores de 13.

#Michele-x-Emil-YOI #YOISanValentin
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Bombones y Flores

San Valentín en Venecia.

La llaman la ciudad del amor, su arquitectura tan peculiar, sus canales, sus puentes, sus estrechas calles y las puestas de sol la convierten en la joya del Adriático. Una joya en la que despierto como cada madrugada y camino durante diez minutos para recibir las flores que venderé ese día a los miles de turistas que pasan por la ciudad.

Supongo que este catorce de febrero venderé más. Por eso Adrianno mi proveedor más importante me espera en el canal principal cercano al negocio que mi hermana Sala y yo heredamos de nuestros padres.

Compruebo que todo el pedido tenga la calidad que necesito para que las ragazze y ragazzi que hoy me ayudarán en la floristería puedan armar los ramos más hermosos que los enamorados corazones se animarán a comprar para expresar sus sentimientos. Y por cierto Leo de Iglesia estará a cargo de diseñar la presentación de cada ramo.

Cargamos con los hatos de flores por tres cuadras y con un apretón de manos y un "va benne" Adrianno y yo nos despedimos hasta el día siguiente. Adentro todo está igual, la misma distribución que desde hace tres años Sala y yo le dimos a la tienda no ha cambiado. Las vitrinas de exhibición y los pedestales siguen siendo los mismos. Los adornos con los que llenamos los casilleros tras la ventana tampoco cambiaron de lugar.

Desde que Sala decidió ir a vivir a Roma con su novio Giaccomo, yo me quedé sin ganas, sin ilusiones y sin ideas para desarrollar los sueños que teníamos juntos. Habíamos pensado en tomar un pequeño préstamo y avalar la apertura de dos sucursales más para así abarcar todos los puntos más importantes de la ciudad y no solo este barrio turístico. También pensamos en desarrollar nuestros propios cultivos en las tierras que mis padres heredaron de los suyos y ampliar los viveros donde hacíamos combinaciones especiales para sacar flores con colores distintos a los tradicionales. Habíamos estudiado botánica en la universidad con ese propósito.

Todos esos planes se hicieron humo cuando Sala siguió el mandato de su corazón y partió con la maleta llena de ilusiones tras el fotógrafo y tras un sueño infantil, convertirse en modelo.

Y yo me quedé durante estos tres años al frente de un negocio que desde hace cuatro generaciones marcó la vida en mi familia. No es que no me guste cultivar y vender flores, pero mi entusiasmo inicial decayó y ahora me encuentro solo y estancado.

Leo llegó como siempre a las siete y cuarenta y cinco de la mañana, las ragazze llegaron cerca de las ocho y treinta y como cada día, tras compartir una taza de café y pan dulce, nos proponemos hacer los mejores ramos de flores y vender todo el pedido de esa jornada. Habíamos estado ensayando durante los días de carnavales para mejorar las presentaciones este año. Así que todos ingresaron al taller de confección de arreglos florales en la parte posterior de la tienda y yo me quedé al frente dando los últimos toques de limpieza para abrir y atender al público, en especial a los turistas.

La campanilla instalada en la puerta me sacó de mis pensamientos y vi a un hombre que con el celular en mano me hace un pedido de rosas rojas ─las que más se venden hoy─ me dice que yo elija el mejor decorado, que es para su novia que llega de sorpresa y que está camino a su departamento. Pagó con tarjeta, no dejó de hablar por el móvil y de moverse de un lado a otro de la tienda. Cuando le entregué el frondoso ramo y lo despedí con una sonrisa y un feliz día del amor, él solo hizo un movimiento de cabeza, tomó las flores de cualquier manera y salió a prisa en dirección a Piazza San Marcos.

Si así iba a ser mi día de San Valentín, lleno de hombres presurosos y extraviados, en verdad me esperaba un día pesado y amargo.

Media hora después de haber atendido pedidos especiales y que los chicos repartidores que contraté para ese día llevaban a toda prisa a diferentes casas, oficinas, hoteles, palazzos y restaurantes, ingresó al negocio una pareja muy especial. Por su acento supe que el más alto era ruso, un ruso de rostro juvenil, sonrisa contagiosa y particular cabello cano. Junto a él un tímido muchacho oriental de ojos marrones observaba las vitrinas y las muestras expuestas del hermoso trabajo que hacían mis colaboradoras en el taller. El ruso le hablaba al oído y él, no sé si coreano o japonés, se sonrojaba todo el tiempo.

─Buongiorno e benvenuto. ─Esa siempre ha sido mi clásica manera de recibir siempre a los turistas.

─Ah, buenos días disculpe ¿habla usted inglés? ─El ruso me quedó mirando algo apenado y sonriente.

─Por supuesto señor, ¿en qué puedo atenderlo? ─Lo vi recuperar la compostura.

─Me gustaría saber qué tipo de flores puedo regalar a mi novio para decirle que mi amor será eterno. ─El ruso hablaba con total tranquilidad de su relación; el otro joven se quedó paralizado y con el rostro completamente encendido por el bochorno bajó la mirada.

─Las camelias representan el amor eterno en oriente y su novio es nativo de...

─Japón, es nuestro primer San Valentín juntos y quiero pasar un día maravilloso con él. ─Los ojos del hombre reflejan amor puro y sincero, era tanta su felicidad que me abrumaba con sus comentarios hasta que se decidió─. Entonces que sean camelias.

─Florencia un ramo de camelias rojas para el señor.

Pronto el ramo adornado con papel oropel estuvo en brazos del ruso, él me entregó su tarjeta y pude ver su apellido, Nikiforov. Al terminar de hacer el pago agradeció el consejo y tomó a su novio de la mano. El japonés agradeció y se despidió con la clásica venia, para ese momento todas las chicas estaban tras mío y sin excepción suspiraban por la pareja.

─Son muy lindos.

─Se ven felices.

─Parecen muy enamorados.

Cuando salieron se quedaron unos segundos más parados en la puerta y pudimos ver por el vidrio que el ruso se puso de rodillas y le hablaba mirándolo con fervor. El chico japonés cubrió su rostro con sus manos. Después de unos minutos atrayendo las miradas de los curiosos, el muchacho asintió y el hombre de cabello cano se puso en pie. Ambos se abrazaron con mucha emoción y las camelias quedaron en los brazos del oriental.

Esa fue la primera estampa de amor de San Valentín, luego todos volvimos a nuestra rutina; la mía, atender a los atropellados italianos que entraban a prisa y pedían cualquier ramo, Flo atendiendo los pedidos en el teléfono y Leo organizando todo adentro.

Tras un par de horas de un loco ir y venir en la floristería por fin tuvimos unos minutos de descanso, en ese preciso instante mi teléfono móvil sonó, era Sala que seguro tenía un tiempo libre en su nuevo proyecto en las playas de Saint Tropez.

─Mickey buongiorno com'è la tua giornata. ─Su voz manifestaba su completa felicidad.

─Lleno de trabajo y atendiendo pedidos sin parar, de hecho, acabamos de despachar varios ramos para un hotel y estamos tomando un respiro, ¿cómo vas tú? ─Extrañaba su alegría y su buen humor.

─Bien terminaré al atardecer y luego tendremos una cena romántica en un hermoso restaurante cerca de la playa. ─El bullicio del lugar hacía que Sala eleve el tono de su voz─. ¿Saldrás con alguien esta noche?

─No ─Qué más podía decirle.

─Vamos Mickey es el día del amor, deberías buscarte una linda novia con quien salir a cenar, ir a un concierto o a bailar. ─Ella era tan feliz con su novio que deseaba que todos lo fuéramos.

─Estas son fechas inventadas hermana y hasta ahora no se presenta alguien que en verdad me interese, además tengo mucho trabajo hasta tarde ¿Quién esperaría a un florista que debe cerrar el negocio cerca de nueve de la noche? ─En verdad no había encontrado una linda novia en mucho tiempo, todas las chicas lindas se juntaban con hombres más interesantes y exitosos que yo.

─Mickey no quiero que estés solo, te amo mucho y quiero que también seas feliz ─Escuché que alguien la llamaba—. Tengo que dejarte fratello pero te llamaré en cuanto me desocupe. Aún quedan muchas horas para que encuentres una novia o invites a la dulce Angélica a salir contigo.

Una carcajada entre los dos fue la manera de decirnos adiós. La dulce Angélica es una anciana que vive frente a nuestra casa y que siempre suele traerme dulces y postres para compartir, la mujer se siente muy sola, sus hijos viven lejos, uno en América, otro en la India y el menor se fue a trabajar a una base militar en medio oriente, así que lo único que le queda es compartir unos minutos en la noche con los vecinos de la cuadra.

Cuando terminé de atender a mi hermana y regresé a vigilar la entrega de pedidos una linda pelirroja de ojos azules entró a la floristería y en un perfecto inglés, pero con acento ruso me preguntó.

─Buenos días, quería llevar un gran ramo de rosas rojas, pero mi amiga me acaba de decir que esas flores las regalan por lo general los caballeros a las damas y este año soy yo la que quiere regalar las flores y no sé qué darle a mi novio. ─Sus ojos repasaban todas las muestras de la vitrina sin detenerse en alguna de ellas.

─Depende qué quiera expresarle a ese hombre que usted ama tanto, señorita. ─En todos estos años administrando y cultivando ciertas flores especiales he aprendido el significado profundo que ellas poseen.

─Quiero que sepa que le soy fiel, que nunca más vuelva a dudar de mi amor. ─El rostro de la bella se eclipsó por unos segundos con una expresión de tristeza.

─Fidelidad... claveles blancos, esa es la mejor manera de decirle a ese caballero "confía en mí". ─Le sonreí y su rostro pareció volver a iluminarse con mi explicación, afirmó muy contenta y yo ordené a las chicas que preparen una cascada de claveles blancos y las combinen con pequeños racimos de flores de lluvia moradas.

La dama contempló con mucho amor el ramo, parecía estar imprimiendo sus mejores sentimientos en él, agradeció y muy sonriente salió hacia la plaza San Marcos.

Un minuto después que la bella dama salió de la tienda, un hombre alto y delgado de cabello corto negro y rostro muy masculino ingresó y preguntó.

─Por favor señor, hace un minuto mi novia salió con un gran ramo de flores blancas y quería saber si le mencionó para quién eran o la vio firmando alguna dedicatoria. ─Era el desconfiado.

─Me parece que la dama compró ese ramo para un hombre que duda mucho de su amor y que ella ama con el alma, le sugerí que le lleve esas flores porque simbolizan la fidelidad y espero que puedan ser suficientes como para que su novia lo convenza señor. ─No quise sonar grosero, pero alguien tenía que decirle a ese hombre que su linda novia solo pensaba en él.

─Le pido disculpas...

─A quien debe pedirle disculpas es a su novia, ella espera que usted pueda creer en su amor...

─¿Con qué flores puedo decirle "lo siento"? ─El joven, ruso también por la forma masticada de pronunciar las erres en inglés, se mostraba muy apenado por la situación.

─Le recomiendo que lleve estas rosas azules, son muy especiales no solo por el color sino también porque es significado de la confianza en el afecto, será la mejor manera que tendrá de pedirle perdón y comprometerse a cuidar sus sentimientos. ─Vi al hombre contemplar las flores y sonreír con ternura, seguro pensaba en ella ese momento.

Tomó el gran ramo que mandó preparar, muy agradecido y lleno de ánimos otro corazón enamorado abandonó la floristería.

Un poco más allá del mediodía un hombre alto y muy apuesto, de dorados cabellos cortos y ojos verdes ingresó a la tienda. Todas las muchachas suspiraron al verlo. Él las observó y coqueto les guiñó el ojo.

─Benvenuto signore. ¿En qué puedo ayudarlo? ─Me miró y muy coqueto me sonrió, se acercó al mostrador y me pidió que le muestre la mejor manera de expresar toda su pasión por la persona más importante en su vida y a quien quería sorprender esa noche. Ambos son suizos y estaban de paseo romántico por Venecia.

─Bueno si usted en verdad desea sorprender y expresar sus deseos apasionados por la dama le recomendaría rosas rojas, sé que son muy comunes en esta época, pero es la mejor manera de expresar sentimientos tan efusivos. ─Las rosas son infalibles con las mujeres, la experiencia propia y la de mis clientes me enseñó que ellas adoran las rosas.

─Entiendo, pero en este caso no quiero sorprender a una ella, si no a un él y por eso recurro a usted, porque un amigo mío me dijo que aquí no solo te venden ramos de flores, sino que también te orientan en la forma de usarlas.

Me quedé sorprendido por el comentario, aunque sabía que el suizo tenía razón, se hizo algo más que complicado escoger las flores adecuadas capaces de expresar pasión por un hombre. No podía imaginarlo, pero luego de pensarlo bien creo que encontré la mejor manera de hacer que ese suizo apuesto pueda decirlo a través de los colores y el aroma de una flor.

─Las orquídeas son la mejor manera de decir cuánto lo ama y también de hacer referencia a lo provocativa que le resulta su compañía, la belleza exótica de estas flores las convierten en verdaderas representantes de la sensualidad signore. ─Le mostré una de las más lindas orquídeas que tenía en la floristería, de delicados pétalos en rojo intenso en la parte interior que se va desvaneciendo en las puntas hasta alcanzar un pálido color rosa.

─Quiero siete orquídeas, de diferentes tonalidades y tamaños, una por cada año que seguimos juntos ¿Puedo contar con ellas? ­─El hombre observaba con particular atención los pétalos de la flor, yo pensé que tendría que mandar por el resto a mi propiedad en la zona continental de Venecia.

─Tengo que enviar por ellas al vivero, si usted me deja una dirección atenderemos el pedido en dos horas si le parece bien. ─Esperaba que tenga ese tiempo.

─No tengo problemas, solo deseo que esta noche en la habitación del hotel donde nos alojamos estén presentes las orquídeas. ─Aceptó el trato económico por este pedido especial y yo hice la orden de inmediato. Tendríamos que llevar los maceteros decorados con cintas y lazos rojos a Palazzo San Clemente.

El suizo dejó órdenes para que mi personal ingrese a su habitación y pueda ubicar las flores en los lugares señalados en un croquis de la suite que dibujó en un papel.

¿Tal podía ser el deseo de ese hombre de expresar su apasionado amor tras siete años de relación? La mayoría de las parejas muestran algo de cansancio, pero él parecía un adolescente encendido y muy enamorado. Me pregunté ¿cómo será sentirse así junto a la persona que amas? Nunca me enamoré de esa manera, así que no podía saberlo.

Para la tarde ya estábamos bastante cansados y nos quedaban muchas horas de trabajo por delante. Tuve que hacer un pedido extra de rosas rojas y de dalias y esperaba que lo atendieran pronto porque las que teníamos en la tienda empezaban a escasear. Es increíble el prestigio que las rosas rojas tienen. Son bellas, pero no son las únicas capaces de expresar amor y deseo. La gente no suele preguntar por el significado de las flores solo ordena los ramos y sale con ellos a toda prisa porque tienen el tiempo exacto para la cita.

El tiempo exacto para todo. El tiempo exacto para ir de la casa al trabajo, el tiempo exacto para abrir y responder el correo, el tiempo exacto para atender los asuntos de trabajo, el tiempo exacto para almorzar o cenar con un amigo. El tiempo exacto para amar.

Estaba terminando de atender a un anciano muy particular, un hombre de negocios que no dejaba de comprar un ramo de lilas todas las semanas para su esposa, este día tampoco fue la excepción, compró las lilas, pero el ramo fue más grande. Siempre las lleva con cuidado y amor, su señora es una dama muy atenta a la que mis padres conocieron desde que se mudaron a este barrio y yo conocí desde que nací. Ella ya no reconoce a nadie.

Decía que terminé de atender al anciano cuando ingresó a la tienda un muchacho que me llamó mucho la atención. Casaca negra de cuero con parches y toperoles, jeans rasgados, una camiseta blanca muy pegada al cuerpo, lentes oscuros y un aire de villano. Yo me preocupé un poco, claro que lo hice en vano. Cuando el anciano se fue y otros clientes salieron se acercó a mí, con voz serena y rostro serio me preguntó.

─Amigo quería pedirle un consejo ¿qué tipo de flores se le puede regalar a una persona muy especial que significa mucho para uno y que siempre anda de mal humor? ─El muchacho se veía muy decidido, pero a pesar de su desarrollado y musculoso cuerpo parecía un niño extraviado.

─Déjeme ver necesito saber qué quiere decirle usted a esa persona. ─Era difícil hacerme una idea de lo que el necesitaba con la explicación que me dio.

─Que la quiero mucho y que siempre estaré a su lado y que no importa cuántas veces diga odiar al mundo o diga palabras sucias, contará con mi amistad. ─El chico me miraba esperando una solución mágica.

─Es su amiga... bueno a una amiga se le regala generalmente flores de color rosa...

─En verdad es más que eso para mí y quiero que ahora lo entienda.

─Aaaaah, comprendo quiere que ella sepa sus sentimientos.

─Uuuum... sí. ─Sus ojos reflejaban ansiedad, parecía que quería decirme algo más pero no se atrevía. Bueno tampoco debía abrir el corazón con un extraño.

─Déjeme ver amigo. ─Comencé a revisar algunos catálogos cuando sonó su teléfono móvil y pronto se puso a hablar en ruso con ella, parecía que le dirigía o le daba su ubicación de la floristería porque me preguntó en qué lugar exacto cercano a puente Rialto nos encontrábamos.

Cuando le acerqué el catálogo de fotos el chico dejó en el mesón su celular y pude ver el rostro de su amiga, enamorada o compañera, rubia de intensa y amenazante mirada color esmeralda. Con una chica así cualquiera estaría nervioso, pensé.

─Creo que un ramo de rosas blancas estará bien porque representan el amor puro, la amistad, la lealtad, el encanto y la dicha que se siente por estar junto a ella. Las rosas blancas son ideales para quienes se están empezando a conocer o sienten el amor por primera vez. ─El joven miró los modelos de ramos y escogió uno muy hermoso, pocas flores que se acomodaban sobre un suave papel plateado, formando un ramillete en degradé. Las chicas pronto lo prepararon y envolvieron con cuidado.

Cuando Flo salió portando el ramo, la campanilla de la puerta sonó con fuerza, todos volteamos a ver quién entraba de manera tan apurada y se paraba a contemplar agitado al joven de los lentes oscuros.

Era la rubia o... el chico rubio. Yo ya estaba muy confundido con su apariencia. El muchacho de los toperoles tomó el ramo con cuidado y con todo el cariño que se puede expresar con la mirada al ser que amas con todas las fuerzas de tu corazón le entregó el ramo lleno de rosas blancas, muchas de ellas aún estaban en capullo. El jovencito ─en ese instante ya supe que era hombre por la gravedad de su voz─ bajó la cabeza y se puso muy azorado, luego en un movimiento inesperado bajó su mochila del hombro y sacó la estatuilla de un pequeño oso fabricado en vidrio Murano y que estoy seguro lo compró en alguna de las tiendas de recuerdos del sistiere donde estamos ubicados.

Los dos intercambiaron sus regalos y el rubio abrazó con fuerza al moreno, las rosas quedaron en medio y por poco las ajan todas. Agradecido el muchacho de la casaca de cuero negro se despidió y los dos salieron muy felices rumbo al puente.

La última pareja que llamó mucho mi atención fueron unos muchachos asiáticos. El más alto tenía el cabello negro y la piel muy blanca, vestía una tenida algo seria, tan seria como su rostro. El otro era un ragazzo de piel morena y sonrisa encantadora, todo el tiempo que estuvo dentro de la floristería se dedicó a tomarse selfies junto a todos los pedestales con ramos de flores que esperaban ser repartidos.

Después de varios minutos de algarabía, el alegre joven se acercó y me pidió un ramo de lilas, el bello color morado tiene significados especiales para quienes los regalan y depende de la intensión que se ponga en el presente.

Las lilas pueden representar la sensibilidad e inspiración sin límites, pero también pueden incitar a un encuentro amoroso que provoque las más intensas fantasías de tu mente. En su suave tonalidad morada, estas flores son capaces de activar la mente y la imaginación.

─Las lilas representan un periodo de transformación y es que él y yo solíamos ser muy buenos amigos hasta hace poco, pero un accidente de moto nos unió mucho más hasta llegar a entender que nuestros sentimientos se habían trasformado y comenzaban a ser románticos ─el muchacho no dudó en sacarse una foto más junto al ramo que pidió hacía un rato─, así que con estas flores le quiero decir que sigamos adelante en esta nueva etapa de nuestras vidas sin ningún temor.

Ese muchacho fue una de las pocas personas que tenía alguna idea del significado verdadero de las flores y de sus colores. No pude conversar con él por más tiempo porque junto con su novio tenían que ir a recorrer los canales en góndola.

[...]

San Valentín en Venecia.

Los galanes apurando los pasos para volver a ver la sonrisa de las dueñas de sus corazones, las parejas recorriendo por las delgadas calles, caminando tomados de la mano a su propio ritmo en la Piazza de San Marcos o en Piazzale Roma, perdidos en sus miradas mientras navegan en alguna góndola por los canales, tomándose mil sefies en los puentes.

La noche comenzaba a cobrar forma en la isla, estaba seguro que cientos de enamorados se encontraban contemplando el mar y jurando sus más puros sentimientos frente a la puesta de sol.

Yo todavía estaba en el negocio, apurando los últimos ramos que debíamos llevar a un crucero que atracó cerca a la Estación Marítima y donde muchas parejas festejarían este día, tan especial, tan comercial, tan solitario.

No podía pedirles a las ragazze que se queden un poco más en la floristería, ellas también tenían sus propios planes, también deseaban una cena romántica, un poco de vino y muchos besos repartidos en el rostro y en los labios. Ellas también anhelaban las palabras salidas del corazón, por eso apuraron los últimos pedidos que los ragazzi repartidores llevarían a las direcciones que colgaban de los carteles puestos por Florencia en cada pedestal y cada oasis donde acomodaron las flores.

─ Hasta mañana Michele.

─ Cierra de una vez la tienda Michele.

─ Gracias por las flores le gustarán mucho a mi madre.

─ Michele ¿hay algún pedido más para llevar? ─Leo también tenía que marcharse, su trabajo hoy fue como siempre impecable y le agradecí mucho que pidiera permiso en el instituto donde estudia para ayudar por la tarde en la tienda.

─ Ese arreglo se ve muy pequeño Leo, tenemos muchas flores frescas que puedes usar para llevarle un buen ramo a tu chico. ─Un latino enamorado hasta la médula de un menudo jovencito llegado de China con el que comparten aulas y pequeñísimo departamento en Mestre, la zona continental de Venecia.

Leo se quedó quince minutos más y salió portando un gran ramo de colores, es así como ama Leo a Guang Hong, sí creo que así se llama el píccolo ragazzo. Un amor puro como los crisantemos, un amor que celebra la belleza como las alegres flores de Hibisco, un amor sencillo y optimista como las margaritas, noble como el espíritu de las magnolias, puro como la imagen que semejan los lirios, alegre y apasionado como los claveles rojos.

Son muchas las formas con las que Leo le dirá te amo, tantas como los aromas combinados del último ramo que salió con él de la floristería.

─ Grazzie mille Michele fue un gran día hoy. ─Me dio la mano para despedirse y revisó su teléfono móvil cuando sonó el timbre de un nuevo mensaje─. No tardes mucho en cerrar, buona notte.

─ Fino a domani Leo, puntual como siempre ¿sí? ─Quedé solo a terminar de sacar las últimas cuentas.

[...]

Solitario San Valentín en Venecia.

Nunca como ahora lo había sentido tanto, antes no me daba cuenta pues tenía a Sala para pasarla bien, cenando con los amigos, mirando algunas películas antiguas, saliendo a bailar con los primos y primas. Con los años todos tomaron sus propios caminos y finalmente Sala partió también tras su destino.

La extraño tanto. Extraño sentirme acompañado, extraño hablar con alguien mientras ceno o decirle y recibir los buenos días. Nunca había imaginado que sentirse solo en San Valentín era tan difícil, tal vez después de ver esas muestras de amor de todas las parejas que entraron a la floristería, me hizo sentir un poco abandonado. Siempre pensé que el catorce de febrero era una fecha inventada para vender regalos, bombones y flores, para tener algo más de movimiento comercial y para tratar de pasarla bien.

Ahora estando solo a punto de cerrar el negocio y con el único plan de ir al departamento para calentar una cena pre cocida y dormir muy cansado luego de un día agitado, sentí que me empequeñecía y que me habría gustado tener a alguien esperando por mí en algún restaurante, en un teatro o en casa.

Ingresé al taller para dar una última revisión de las cosas y observé una caja sobre una esquina de la mesa de trabajo. Estaba a punto de retirarla con fuerza cuando noté que debajo de ella había algo. Levanté con cuidado la caja, encontré un gran ramo de rosas rojas preparadas y observé que tiene una etiqueta con un nombre.

¡No puede ser!

Los chicos olvidaron llevar este pedido. En la tarjeta reza la dirección y el horario de entrega, lo observé bien y sentí un gran pálpito en el cuore. Tal vez si apuraba el paso podría llegar con el ramo, esperaba que no sea demasiado tarde, la dirección donde debía entregarla es un edificio de oficinas profesionales y de proyectos para la ciudad, tan solo a cuatro o cinco calles de la floristería. Tomé las flores, las atomicé con agua, cerré el negocio con la mayor rapidez que pude, puse las alarmas y salí de prisa.

En medio de mi carrera comenzó una llovizna ligera, esto no me impedía sortear a todas las personas que corrían a los negocios y los vaporettos para refugiarse. Por fin llegué al edificio y observé algo aliviado que no habían cerrado aún la puerta. Ingresé y busqué la oficina número veintitrés, estaba ubicada en la segunda planta, subí a toda velocidad las gradas y me choqué con una pareja de ancianos que me regañaron por mi torpeza, les pedí perdón y sequí con mi búsqueda.

En el pasillo no había nadie más que un hombre barbado de ojos celestes y cabello desordenado, que parecía cerrar la oficina número... ¡veintitrés!

─Perdón signiore pero tenían que entregar este ramo de rosas en esta dirección ─a pesar de estar agitado pude explicarle mi predicamento─, los chicos repartidores no repararon en él y espero no sea muy tarde para entregarlo.

─Oh, las rosas. ─El hombre me miró y llevó su mano hacia la nuca, parlaba en italiano con un acento extranjero─. Perdóneme usted yo debía haberlas recogido hace dos horas, pero... ja, me cancelaron la cita.

─Ah, qué lástima yo... ─No sabía qué decir en ese momento─, no se preocupe no quiero importunarlo.

─Disculpa, pero creo que debo pagar por ellas están listas y te diste la molestia de traerlas. ─El joven sonrió y yo me sentí apenado por su situación.

─No, insisto. Si este ramo no tiene destinatario es mejor retornarlo. ─No sabía qué más decirle, él también la pasaría mal ese día.

─Te tomaste la molestia de venir a dármelas en medio de esta lluvia, permíteme llevarte al restaurante o al lugar donde seguro debes tener una cita con tu novia esta noche, será una forma de devolverte la cortesía. ─Sus ojos vivaces parecían ser tan convincentes.

─No, no tengo cita ni novia que me espere en algún lugar. ─¿Por qué se lo confesé?, ¡era un extraño!─. De hecho... yo me retiraba a casa.

El me quedó mirando y reparé que sus vivaces ojos se clavaron con fuerza en los míos, mi corazón empezó a palpitar con fuerza, ¡qué diablos me estaba pasando!

─Tu sin novia y yo cancelado, si no tienes algo más que hacer como ir a tu casa y pasar una noche aburrida ¿puedo invitarte a cenar? ─Suspiró y no dejó de mirarme en forma fija─. No me gustaría estar solo ahora.

─Claro gracias. ─No sé qué ocurrió conmigo, no pude negarme a su invitación─. ¿Dónde iremos?, perdón no me dijiste tu nombre.

─Hay una pequeña trattoría donde me llevaron hace un par de meses mis compañeros de trabajo, me parece un ambiente cálido y tengo la reserva hecha. ─Comenzó a caminar y yo le seguí con el ramo en la mano─. Debes conocerla tal vez, está cerca al puente de La Academia y mi nombre es Emil Nekola, el tuyo...

─Michele, Michele Crispino. ─Oí que dijo cerca al puente de La Academia─. Me parece algo lejana la trattoría para llegar a ella, lo digo por la lluvia y el ambiente muy fresco.

─Tengo un bimotor techado que me dio la compañía, así que no te preocupes por el transporte ni por el tiempo. ─Bajamos las escaleras y salimos rumbo al embarcadero que sirve de estacionamiento para los navíos particulares.

Seguía lloviendo y el extranjero abrió un gran paraguas donde nos cobijamos los dos. Caminamos con algo de prisa y pronto nos encontramos frente a la pequeña lancha de la compañía de Restauri y Ricostruzioni Véneto, muy conocida por intervenir en la reparación de las estructuras más importantes de edificios históricos italianos.

En tan solo diez minutos a través del Canal Grade estuvimos cerca de la trattoría que a pesar de ser pequeña tiene un gran prestigio entre los locales y también algunos turistas.

Dejé el ramo de rosas en el yate junto a una gran caja de bombones que se encontraban apoyados en uno de los asientos de la nave. Sería extraño que dos hombres ingresen a cenar juntos en San Valentín y uno de ellos porte un gran ramo de rosas rojas.

El ambiente cálido y el aroma de los potajes me devolvieron la vida en esa noche algo fría y mojada. La música sonaba suave en el fondo y las voces de mis compatriotas repicaban con la fuerza y el vigor con el que siempre parlamos los italianos. Todos se veían felices brindando y comiendo con gran gusto. Hombres vestidos de traje y damas ataviadas con atuendos de seda luciendo sugerentes escotes.

El camariere nos llevó hasta la mesa reservada donde esperaba ya una botella de vino tinto. Sugirió la especialidad del día mientras nos entregaba las inmensas cartas forradas en cuero negro.

En Italia tenemos la costumbre de consumir opíparas cenas, esa noche no dejamos de lado esa tradición. Para aperitivo un vermut no tan dulce. Como antipasti pedimos un carpaccio de salami que compartimos mientras traían el primo, algo de pasta para mí y risotto para él.

Como secondo Emil pidió una Baccalà alla vicentina, en el que pruebas un delicioso bacalao con tomate, alcaparras y cebolla. Y yo un típico Sarde in saor que no son otra cosa que sardinas fritas cubiertas por cebollas, piñones y pasas. Magnífica comida que acompañamos con ese delicioso vino; fuerte, con cuerpo y fragancia contundentes. Por supuesto que pedimos el dolce y ambos coincidimos en el tiramisú. Y para cerrar la magnífica cena una taza de café negro, intenso y sin una pizca de azúcar.

─No creo que seas uno de los chicos repartidores de la floristería. ─Emil tenía una forma especial de saborear el vino, cada vez que iba a tomarlo movía bien el líquido rubí en la copa, aspiraba su aroma y bebía en pequeños sorbos.

─Soy el dueño, por eso fui el último en cerrar y fue cuando me fijé en el ramo. ─Una distracción gracias a la cual estaba cenando en una tradicional trattoría junto a un agradable extranjero─. ¿Y tú trabajas en el negocio de la reconstrucción?

─Si soy arquitecto y hace dos años me contrataron para ser parte de un equipo que viene interviniendo cinco edificios en las cercanías de la laguna, ya sabes que ahora es el lugar más afectado por las mareas. ─La camisa azul acero resaltaba tanto sus ojos que recién en ese momento me fijé bien en su color, de inmediato sentí que estaba siendo muy impertinente con mi mirada y me ruboricé como un adolescente. Definitivamente hoy me sentí muy extraño.

─Yo heredé la finca y la tienda de mis padres junto con mi hermana y también cultivo diferentes tipos de hibridación de flores y las vendo, es un buen negocio que me gusta. ─Un negocio que desearía tanto desarrollar─. ¿De dónde eres Emil?

─Nací en la república Checa, pero he vivido en muchos lugares desde niño, antes de llegar a Venecia estuve trabajando en Budapest allí también tienen problemas con sus edificios históricos, sobre todo por la contaminación de la lluvia ácida. ─Entendí que a pesar de su juventud Emil tenía mucha experiencia─. ¿Tú eres veneciano?

─Sí, aunque un tiempo viví con mis abuelos en Verona hasta que debía entrar al liceo y desde ese momento vine a vivir a la isla y a pesar de todos sus problemas no quisiera irme de ella, pero si quiero crecer tendré que hacerlo. ─No sé por qué el tiramisú me supo mejor esta noche.

─Cuando no estás detrás del negocio ¿qué sueles hacer? ─Emil sirve un poco más de vino en las copas.

─Suelo hacer montañismo en los Alpes, pero en estos dos últimos años no me di tiempo para practicarlo ¿y tú? ─El vino también me sabía mejor.

─El alpinismo me encanta, pero también hago algo de rappel y parapente. ─Eso sí que es extremo, pensé.

De pronto escuchamos en el fondo Com te partiro, los dos callamos atendiendo la versión de Sara Brigthman y los vellos del cuerpo se me erizaron. El momento del coro volvimos a mirarnos y sus ojos azules mostraban el brillo del océano.

─La voz de Brigthman parte el corazón, pero prefiero la versión de Bocceli. ─Cerró los ojos y parecía disfrutar cada nota de la canción.

─Lo vi un par de veces en vivo, su voz y su interpretación tan emotiva te hacen vibrar. ─Yo también disfrutaba de la magnífica pieza.

─Hasta las lágrimas. ─Su sonrisa abierta y franca se abrió paso entre el bullicio del lugar que casi ha desaparecido porque parecía que todos estábamos inundados de ese bello himno al amor─. Lo escuché en el Colosseo Romano.

Emil alzó su copa y topó la mía mientras suspiraba para luego brindar por Bocceli.

Me dijo que trabajará un año más en Venecia y luego no sabe dónde lo llevará la vida. Yo le digo que pienso desarrollar el negocio en una ciudad más grande y que tal vez me mude a Roma en un par de años.

Me dijo que le gustan mucho los automóviles deportivos, otra de mis pasiones. Y hablamos durante una hora más sobre coches. Coincidimos en elegir al Lamborgini como la mejor marca, solo que él prefiere la versión Veneno y yo el Galliardo. El Bugatti nos parece muy bello, pero el Corvette es más sensual y por supuesto no podíamos dejar atrás el Ferrari y su espectacular diseño aerodinámico.

Cerca de la media noche y con los ojos cansados a pesar del ánimo de nuestros espíritus decidimos retirarnos.

─Por favor deja que te lleve a casa. ─Me dijo con tanta amabilidad que no acepté de inmediato.

Pasamos por varios puentes y rodeamos la ciudad, la gente aun festejaba su día del amor y también bailaban por los carnavales, muchos estaban ataviados de trajes y máscaras antiguos dando vueltas por las calles, ebrios de felicidad y de alcohol.

Una noche que parecía ser sombría y solitaria se convirtió en un momento especial, el latido de mi corazón me dice que esta noche será inolvidable. Tras veinte minutos de esquivar chalanas, yates, góndolas y ferris, la lancha de Emil aparcó cerca de casa.

El momento de despedirse había llegado.

─Gracias Emil pasé una noche muy agradable. ─Lo correcto era decir una noche maravillosa.

─Gracias a ti Michele. ─Me alcanzó las flores para que las llevara conmigo y me acompañó a popa.

Miré el ramo de rosas y supe que no me pertenecían, que mejor se verían junto a él. Rosas rojas, suelen decir que evocan ante todo el sentimiento de amor. Pero también tienen otros significados. Nos hablan de la energía de la vida, de la pasión que pones en todo lo que haces, de la sensibilidad con la que debes ver el mundo, de la elegancia de nuestra presencia y nuestro trato, del respeto hacia los demás.

Pero no podía negarlo sobre todas las cosas nos hablan del amor.

─Quédatelas aún es San Valentín y conmigo estas rosas pierden sentido. ─Estiré los brazos y se las brindé con la emoción apoderándose de cada milímetro de mi rostro.

─Me parece que estos bombones tampoco deben quedarse conmigo, espero que te gusten. ─La enorme caja de chocolates apareció frente a mí, me pareció que desde antes de llegar a mi destino tenía planeado dármela.

Reímos juntos y luego la risa se transformó en miradas de anhelo. Quería seguir conversando durante horas con ese hombre a quien acababa de conocer. Sentía mucha afinidad con él y me gustaba mucho la manera cómo pronunciaba el italiano.

─Michele ¿podemos vernos otro día? ─Contuve la respiración.

─Claro me gustaría seguir hablando de los Maserati. ─Mi voz sonó extraña.

─¿Me das tu número de móvil? ─Sacó el suyo y comenzó a teclear sobre la pantalla mientras yo le dictaba las cifras.

─¿Y el tuyo es? ─Mis dedos volaron sobre los símbolos y comprobé si su nombre estaba escrito de forma correcta, él confirmó.

Apretamos nuestras manos y nos regalamos una sonrisa.

Entonces lo abracé y él a mí, no sé por qué lo hice, fue un mandato inesperado que salió desde lo más profundo de mi ser. En medio del abrazo nos deseamos un feliz día.

[...]

San Valentín en Venecia.

Es un día hermoso y especial. ¿Qué si es comercial?... eso qué importa.

Mientras tengas alguien con quien compartir, mientras puedas abrir tu corazón a otra persona, mientras puedas sonreír y ver la sonrisa en sus labios y sus ojos, mientras una copa de vino adquiera un significado mayor, mientras una canción inunde de inspiración tu alma. Lo demás no importa, el mundo puede seguir girando. Tú caminarás y vibrarás en otra frecuencia porque sabrás que junto a ti alguien más vibra y camina al mismo ritmo, alguien habla tu mismo idioma y alguien te abriga con su mirada.


FIN

Notas de autor:

Gracias por leer.

Este es un fic que hice hace dos años atrás y lo comparto hoy porque es mi manera de expresar mi sentir en una fecha tan especial.



14 de Febrero de 2020 a las 23:07 1 Reporte Insertar Seguir historia
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Fin

Conoce al autor

Marymarce Galindo Hola a todos soy ficker desde hace cuatro años y mis inicios fueron con el fandom de YOI. Tengo muchas historias que compartir sobre sus personajes, pero también estoy interesada en publicar historias de otros fandoms y en algún momento algunos originales. Espero nos llevemos bien y bienvenidos a mi perfil y mis historias.

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zhangeDidiaini zhangeDidiaini
Me encantó esta muy lindo aveces sin buscar el amor nos encuentra ❤️💗.
February 15, 2020, 01:04
~