jocelyne-rios-rivera1579069241 Acwellen Infame

Una nueva versión de los personajes del fantástico libro "El Principito" sintiendo el peso del mundo actual. Antoine de Saint-Exupéry es el autor de libro original.


Cuento Todo público.

#idealoca #rosa #Saint-Exupéry #drogadicción #narcotráfico #Princpito
Cuento corto
0
854 VISITAS
Completado
tiempo de lectura
AA Compartir

La rosa del Principito

Nota: Esta es una idea que tuve hace un tiempo y terminé usándola para un trabajo escolar hace dos años, así que básicamente sólo es sólo una pequeña parte de lo que planeaba hacer realmente. Tal vez desarrolle más esto a futuro, mintiéndole los personajes que faltan, modificando varias cosas y detallando aun más otras.

Los derechos de autoría de la obra original del libro "El Principito" pertenecen aAntoine de Saint-Exupéry.


En una ciudad cualquiera y en una fecha sin importancia; el primer llanto de una pequeña, desencadena un coro de lamentos, súplicas y sollozos dentro del apartamento B600.

El Señor Almagro llora desconsoladamente sobre el cuerpo de su amada, sintiendo como éste pierde el calor poco a poco, ajeno a la presencia del niño que sostenía a la criatura en sus brazos, quien observaba la escena con ojos vidriosos.


Pasaron los días y las lágrimas del padre no cesaron, el encierro fue su actividad predilecta y las botellas de alcohol formaban una montaña que aumentaba su tamaño con el paso de los días.


¡Pobre señor Almagro! Solo se hundía en la desgracia, bebiendo descontrolado para olvidar terminó perdiendo a su única familia, sus dos hijos.


Pasado un mes, la custodia de Javier y Rose Almagro (hijos), quedó a cargo de su tío Antonio, pues nadie más querría encargarse de un niño de 10 años una bebé con apenas un mes de nacida.


De vez en cuando, los niños podían ver a su padre quien en muchas ocasiones llegó a la casa del tío Antonio en estado de ebriedad. Antonio al ver esta situación le ofrecía dinero para que se retirara y éste lo aceptaba.


Así pasaron 4 años con muchas dificultades superadas, pero un nuevo suceso vino a cambiar su vida. Antonio Almagro, fue herido de muerte durante un asalto.

En esta ocasión las autoridades no se ocuparon sobre la custodia y cuidado de los niños quienes quedaron desamparados a su suerte.


Javier abandonó sus estudios para trabajar y así cubrir sus gastos y las necesidades de su hermana menor.


A partir de ese día, todas las mañanas se veía a Javier en el mismo sitio: una esquina de la tienda de zapatos; era fácil reconocerlo porque a todo el que pasaba le hacía las mismas preguntas:


- ¿Necesita ayuda?, ¿Puedo hacer algo por usted? ¡Lo que sea!


A decir verdad, era difícil era difícil negarse a recibir su ayuda aún si no la necesitabas; solo bastaba con ver su mirada suplicante, además no es como si estuviera robando, él se ganaba el dinero honradamente con los trabajos en que lo ocupaba la gente.


No importaba qué fuera lo que le encargaran, él aceptaba sin chistar.

Era demasiado ingenuo, inocente e incluso curioso; eso lo llevó a involucrarse en algo más grande que él, algo que le daría beneficios económicos inimaginables a cambio de un terrible final.


Todo empezó cuando un hombre que se hacía llamar Alejandro Zavala, le encargaba distintas cosas. Primero, le solicitó cargar sus pertenencias y entregar correspondencia; después, le pedía que hiciera sus compras y las entregara en su casa, hasta que llegó a solicitarle que entregara algunos paquetes de manera muy confidencial en diferentes domicilios y recogiera la paga por ellos, la cual era en grandes cantidades.


Al joven Almagro, quien era muy curioso, le intrigó el contenido de los paquetes. Nunca tuvo el valor de abrirlos para ver su contenido por el miedo a ser pillado por su contratante y perder su confianza y su trabajo.


Tardó medio año en descubrir el contenido de estos misteriosos paquetes.


- ¿Se encuentra el señor Molla?


La mujer que se asoma a la puerta apenas entreabierta, lo miró con recelo.


- Te has equivocado de dirección niño – le contesta a la vez que intenta cerrar la puerta.


- ¡Que pena! El señor Zavala le envía té de limón y azúcar – respondió Javier con preocupación fingida pues ya le había ocurrido esto en otras ocasiones y Zavala le aconsejó que dijera eso.


- ¡Oh, una entrega del señor Zavala! ¡Pasa por favor – su actitud cambia inmediatamente al escuchar a Javier y se retira de la puerta indicándole que puede pasar.


A Javier le extraña que lo haga pasar pues siempre que ha entregado los paquetes le dan el dinero y se retira; aun así, sigue a la señora al interior del domicilio quien lo instala en la sala de estar.


- ¡Siéntate por favor, el señor Molla vendrá en breve!


Javier asiente con la cabeza y se sienta en el sofá mientras observa como la mujer desaparece por la puerta que la conduce a otra habitación de la casa.


Pasaron 5 minutos y no había señal de la mujer ni del señor Molla, eso lo puso nervioso y estuvo tentado a salir del lugar.


Justo cuando ya estaba a punto de irse, un hombre que rondaba los 50 años de edad; atravesó la puerta. Al verlo, Javier se incorpora de su asiento.


- ¿Señor Molla?


- El mismo – respondió con una sonrisa mientras le extiende la mano y Javier se la estrecha rígidamente por los nervios.


Sin decir nada el señor Molla se sienta en el sillón al lado de Javier.


Javier pone el paquete en la mesa. En ese momento la mujer regresa cargando una báscula y la coloca sobre la mesa, y se sienta al lado del señor Molla mirándolo, y este gesto es el indicativo con el que solicita la autorización de algo; el señor Molla asiente y enseguida la mujer toma el paquete y lo abre.

El señor Molla interroga a Antonio.


- ¿Dime niño, eres nuevo?, nunca te había visto y además regularmente Alejandro es quién trae mis pedidos.


- Sí señor, soy nuevo y tan solo llevo un mes trabajando para el señor Zavala – contesta Antonio.


- Ya veo... dime hijo ¿Cómo terminaste en el negocio?


- ... ¿Negocio?


- ¡Sí, cómo te contrató el señor Zavala! , me pareces muy joven.


- Pues... yo estab... - no pudo terminar la frase, la sorpresa y el miedo no se lo permitieron. Estaba en shock.


Drogas, eran drogas lo que había en el paquete.


- ¿Por qué esa cara? Pareciera que nunca hubieras visto la mariguana o la cocaína – lo mira con burla.


- Yo...yo... yo no sabía que...


- Que lo que transportabas era drogas – su rostro adopta un gesto serio y continúa diciendo:


- Ya veo... ese puede ser un problema – se gira dirigiéndose a la mujer y dándole una instrucción – Martha, no lo dejes salir.


Después de esas palabras el destino de Javier quedó sellado, solo tenía dos opciones; cerrar la boca y seguir trabajando para ellos, o negarse y que lo mataran. La respuesta de Javier fue más que obvia pues estaba decidiendo sobre su vida. Eligió vivir.


Durante 5 años trabajó para ellos logrando ascender de puesto según se iba ganando su confianza, pero como en todo trabajo no era irremplazable. Su inocencia se fue marchitando y cada vez participaba en actividades que lo comprometían más.


Para Javier, la única luz que daba sentido a su vida era Rose, su pequeña hermana. Por ella dejó de estudiar, por ella se mudó al antiguo departamento de su padre y por ella aceptó ese trabajo.


Javier estaba dispuesto a hacer de todo con tal de proteger y ver feliz a su hermana.


Rose tenía especial aprecio por un libro "El Principito", Javier lo sabía y cada noche sin falta le leía un fragmento al regresar a casa.


Su departamento era el B6 y curiosamente Javier lo asoció con el Asteroide B 612 del que según se relataba en el libro de Antoine Marie Jean-Baptiste Roger, Conde de Sant-Exupéry, era de donde venía el Principito. Javier tuvo la idea de colocar un número 12 completando la numeración de su departamento convirtiéndolo en el B 612 para darle gusto a Rose y fantasear que estaban viviendo en ese codiciado asteroide.


Él quería ser su Principito y deseaba que Rose fuera esa única y amada flor a la que siempre cuidaría y entregaría su vida.


Ver la sonrisa de Rose hacía que se olvidara por un momento de deudas, su trabajo y sobre todo de su adicción; algo a lo que desgraciadamente fue tentado y no pudo controlar.


Él empezó a consumir algunas drogas por un tiempo para sobrellevar el hambre y escapar de los problemas y el peso de la responsabilidad que tenía; ahora dependía de ellas.


Tenía un amigo llamado Iván, a quien cariñosamente él apodaba "Zorro", era como su hermano, quien lo aconsejaba y en alguna ocasión lo llevó a un centro de rehabilitación, pero desafortunadamente no pudo recuperarse.


Iván, a pesar de ser un contrabandista fue su mejor amigo, quien se preocupaba y cuidaba de él y de Rose; había desarrollado un instinto paternal hacia ellos.


El tiempo y las circunstancias no fueron buenos aliados, a su paso los problemas de Javier crecían, como los Baobabs del Principito, que destruían sus esperanzas y alimentaban la idea de que las drogas era la única manera de olvidar, por momentos estando intoxicado sentía que volvía a su mundo en la infancia, cuando se sentía protegido, cuando tenía una familia.


La adicción de Javier llegó a tal punto que sus viajes cada vez eran más frecuentes y prolongados. Un día en uno de esos viajes y embelesado en los recuerdos del mundo que tanto extrañaba, se perdió; no encontró el camino de regreso. Igual que el Principito, las drogas fueron su serpiente.


Rose quedó al cuidado de Iván. Al menos la rosa de nuestro Principito logró salvarse y estar lejos de los corderos que podían devorarla.


Esta es la historia de un Principito cualquiera; la cual se repite una y otra vez en algún lugar sin importar la fecha, el lugar o simplemente como resultado de alguna circunstancia del destino.

13 de Febrero de 2020 a las 06:49 0 Reporte Insertar 0
Fin

Conoce al autor

Comenta algo

Publica!
No hay comentarios aún. ¡Conviértete en el primero en decir algo!
~