La última puerta del gran salón Seguir historia

aoshin-kuzunoha Aoshin Kuzunoha

Cuando se mezcla lo histórico con la fantasía en un mundo donde los engreídos dominan sobre los humildes, queda claro lo difícil que es la vida; pero el alma es invisible, casi imperceptible y nunca desaparece. El hijo del duque de Klauzen, un noble del reino de Hungría, utiliza su posición privilegiada para alcanzar una única meta en su vida, que conlleva el crimen de asesinar a una mujer joven que habita en sus dominios. Para ello está dispuesto a manipular a Robert Montbleur, quien es solo un peón en los planes del noble para volver real lo sobrenatural. Cada ser humano debe afrontar el hecho de que nada estará con nosotros para siempre. Ni siquiera lo que más apreciamos, amamos y tratamos de proteger. Esta es una historia sobre la vida, la muerte y los espíritus que provienen de épocas antiguas. La fantasía se hace presente a lo largo de las páginas de este relato, al igual que el amor, la locura y desde luego la muerte.


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Prólogo

“La vida es un aprendizaje de renunciamiento progresivo, de continua limitación de nuestras pretensiones, de nuestras esperanzas, de nuestra fuerza, de nuestra libertad.”

Henri-Frédéric Amiel (1821-1891).


La familia es el núcleo, el origen y el aspecto más determinante en la vida de cada ser humano. Nos marca desde el nacimiento y nos moldea a partir de su peculiaridad. Algunas son más grandes, pero a fin de cuentas, los vínculos no se miden por cantidad sino por calidad.

Hablando de familias grandes, el apellido Montbleur es un caso particular, al ser ostentado por ciento veintiún miembros consanguíneos. Una centena parece poco para una familia del siglo XVIII; si se tratara de una familia como cualquier otra. Lo cierto es que todos ellos habitaron en el norte de Francia hasta el año de 1778. Todos y cada uno de ellos vivieron en el mismo pueblo, siendo vecinos, pendientes del devenir de los demás.

Aunque la tierra llega a convertirse en una atadura con el paso de las décadas, algunas circunstancias los obligaron a marcharse. Pese a ser su patria, los elevados impuestos y la hambruna que azotaba el reino francés les llevó a dejar todo atrás, e iniciar una travesía hacia los reinos del este.

La numerosa familia viajó en una caravana de migrantes durante varias estaciones. Hasta entrar al poblado de Klauzenburgo fue cuando encontraron un lugar tranquilo para vivir con sus miembros más recientes, los mellizos Robert y Ariane. Los pequeños llegaron al mundo durante la expedición, sin saber nada sobre la tierra que dejaron atrás. En aquel momento los Montbleur decidieron iniciar juntos una nueva vida en el poblado húngaro[1]. Su nuevo hogar.

Con el dinero que cargaron en una carreta, compraron los derechos de construcción para ocupar un lote de tierra dentro y fuera del pueblo. Con la ayuda de todos se construyeron cuatro casas y dos talleres. Luego se repartieron los edificios, según la decisión unánime de la familia.

El padre de Robert y Ariane se desempeñaba como herrero, con grandes cualidades en la forja de herramientas. La madre de los mellizos siempre tuvo un gusto especial por la cocina y la pastelería, por lo que ayudaba económicamente a su esposo con la venta de postres.

La familia en general contaba con todo tipo de profesiones. Uno de los tíos de los pequeños era carpintero, otro era pescador e incluso algunos de sus parientes se dedicaban a la agricultura, a la cría de ganado, y por supuesto más de uno era un holgazán que vivía a costa de los demás. Pero eso no representaba ningún problema para los Montbleur, o al menos hasta llegar a Klauzenburgo.

Con el paso de los años las habilidades de la madre y del padre de los mellizos trajeron grandes beneficios. Lo cual fue muy positivo para la gran mayoría, pero no para todos. Algunos familiares tuvieron celos de los éxitos ajenos, por lo que en un momento se les empezó a reprochar el hecho de ser avariciosos. Siendo esto falso.

—Mientras ellos se forran los bolsillos con táleros[2], nosotros los más pobres nos rompemos la espalda en los campos. Deberían preocuparse por los demás, todos somos una familia, pero su codicia es quien los tiene cegados. —Reclamaba un Montbleur, ante un grupo de envidiosos.

Las disputas en la familia empezaron a desquebrajar los lazos que los llevaron hasta aquel pueblo al este de Hungría. Varios de los que se dedicaban a la agricultura empezaron a trabajar en el arte de la forja de hierro, con la intención de imitar el éxito ajeno. Al tiempo, otros familiares se fueron del poblado, dejando atrás a sus seres queridos. Los vínculos se rompieron cuando sus corazones se llenaron de odio, envidia y codicia.

Varios años más tarde, cuando Robert y Ariane cumplieron diez años de edad, su hogar se mantenía por el dinero que ganaba su madre vendiendo pasteles. Nadie del pueblo confiaba en el trabajo de su padre. ¿Pero a qué se debe esta actitud por parte de los pobladores? Se preguntaba el señor Montbleur. La razón era evidente incluso para el joven Robert. Las otras herrerías atraen a los clientes con mejores precios y gran palabrería, mientras que del mismo modo se esparcen rumores sobre su taller, como si se tratara de un pozo de agua envenenada al que deben evitar.

El quinto día del mes de enero de 1793, cuando los jóvenes Montbleur cumplían trece años, en el pueblo de Klauzenburgo solo quedaban cuatro de sus familiares. Su padre, su madre, su abuela paterna y un primo de los mellizos, quien pasaba todo el día holgazaneando. Los demás se marcharon con el viento, sin despedirse y sin mirar atrás.

—La vida no es fácil, nunca lo ha sido, ni lo será. Nuestra familia ha caído en la desgracia. La envidia nos alejó en poco tiempo, pero no por eso nos debemos dar por vencidos. Si todos trabajamos en la pastelería podremos vivir sin ningún problema. —Expresó de forma motivadora el señor Montbleur, durante la cena en honor al cumpleaños de sus hijos.

—Sin duda eso es lo que debemos hacer. Mis pasteles se venden cada día sin demora, y muchos me llenan de halagos al probarlos. De todo el poblado, mis pasteles son los más famosos y los más deliciosos. —Dijo orgullosa la señora Montbleur, mientras la abuela sonreía con las encías, tras ver su entusiasmo.

—Los niños deberían aprender cómo preparar tus pasteles, puede que logren superar la receta. Así se continuará el legado de los Montbleur. —Dijo la abuela, para luego tomar cucharadas de su sopa.

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[1] En la actualidad Hungría es un país de Europa central, situado en la llanura panónica. Su historia se puede rastrear hasta el siglo VIII de nuestra era. Aún así los territorios que comprende fueron habitados desde la antigüedad.


[2] El Tálero fue una moneda de plata importante en el comercio en el este de Europa. Es originaria de Alemania, Austria y Bohemia. Desde el punto de vista lingüístico: el Tálero, el Tólar esloveno y el Dólar, proceden de la misma raíz.

21 de Febrero de 2020 a las 00:01 2 Reporte Insertar 1
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Sebastian Silvestri Sebastian Silvestri
Me gusta como está ambientado. Voy a seguir leyendo!
February 29, 2020, 20:05

  • Aoshin Kuzunoha Aoshin Kuzunoha
    Investigué un poco sobre la época y tiene algunos detalles históricos. Sin embargo debe tener bastantes errores, ya que solo soy un aficionado a la historia y no un experto. Espero que la disfrute! Y gracias por el comentario. February 29, 2020, 22:25
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