La mujer que lloraba en la noche Seguir historia

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David Quintana


Cuando Cesi LaPuente se entera que su hijo se ha perdido, se embarca en una angustiosa carrera por encontrarlo. Acompañado de su hermano, viaja al poblado de La Cosecha, dispuesta a enfrentarse a su irresponsable ex esposo, sin creerse lo que le cuentan, hasta que entenderá que las leyendas se preservan no para quitarte el miedo, sino para evitarte la muerte.


Paranormal Sólo para mayores de 18.
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Asuntos Familiares

- ¿La llorona?

- Eso me dijo.

- Pero eso es una leyenda, Cesi. Ese hijo de p** lo que no quiere es responsabilizarse por el patojo.

- No sabes lo arrepentida que estoy de haberme casado con ese estúpido.

- No te culpes... la mayoría de veces nunca sabemos que tan basura puede ser la gente.

El pequeño carro azul avanzaba por la carretera 45 de la región de Las Colmenas, buscando alcanzar su destino antes de las seis de la tarde. La música había dejado paso a la voz del presentador, que hablaba despacio y ronco, quizá queriendo parecer sensual, mientras hablaba de tal artista y su canción para lamentarse de las heridas del amor.

- Tu música me enferma - dijo Cesi, inquieta en el asiento - Apuesto a que es por la Mariana.

- Mariana es historia - Sergio miró por el retrovisor y lo acomodó con una mano - No soy hombre de repetir plato.

Al bajar la tapa de la guantera, Cesi levantó una foto y se la tiró a Sergio en el pecho.

- ¡Oye!

- No solo repites plato - le dijo - sino con platos que dan mal gusto.

La foto de Sergio y Mariana, sentado en una banca del parque, cayó entre las piernas del muchacho.

- Estamos en lo de tu hijo - dijo Sergio buscando la foto con una mano mientras intentaba conducir con la otra y seguir viendo al frente - Deja mis asuntos.

Se le veía colorado y un poco molesto.

- Se que tuvieron sus diferencias, pero no me echés la culpa.

Cesi se encogió de hombros.

- Ando con un humor del diablo - dijo - es todo. Y si queres que no te pillen suspirando por la Mariana, deja de meter sus fotos en la guantera y guardátelas en el calzoncillo.

Sergio soltó una pequeña risa.

- yo no suspiro por la Mariana - Halló la foto y la colocó en una parte de la puerta del piloto, en el interior, donde había un cúmulo de dulces, papel higiénico usado y enrollado, y monedas. - ¿Nos paramos a comer algo?

- No tengo hambre.

- Pero yo sí.

El carro se desvió a la derecha para entrar a un autoservicio.

- Sos un bruto - dijo Cesi - Como pensas que voy a comer con este lío encima.

- Porque si tengo que partirle su madre al Arnoldo, lo voy a hacer con el estómago lleno.

Después de hacer su pedido, Sergio buscó su billetera en su pantalón solo meneando la cabeza.

- ¿Cómo pensó que íbamos a creer el cuento de la llorona para justificar que perdiera a José? Es que es la cosa más tonta. Nada le costaba decir que lo había descuidado.

- Yo creo que andaba con una arrastrada - Cesi miró hacia afuera y los ojos empezaron a humedecerse - Pero eso no me importa. Por mí que le abra las piernas a quien quiera. José me interesa más, y te prometo que voy a avergüar qué pasó.

- ¿Y tía Toña?

- Ella dice no quiso dejarlo en su casa. Que la amenazó con que era su hijo y tenía derecho a tenerlo con él. Pero mirá las cosas. A ella la fue a buscar cuando José no apareció. Tía Toña me llamó asustada. No puede ser, Sergio. Yo estaba sacando una taza de café del microondas y se me aflojaron las manos.

Sergio pagó y tras poner la comida atrás, maniobró para regresar a la carretera.

- ¿No te lo vas a comer? - Preguntó Cesi.

- Sí - dijo Sergio - Pero quiero pasar a la gasolinera antes. No quiero quedarme sin gas.

Cesi asintió.

- Va y la bruta de Verónica me ve pálida y llama a mi jefe. Yo no quería hablar con nadie, solo salir de allí y tomar un taxi, un bus, lo que fuera.

- Si, Esteban me llamó y me dijo que estabas histérica. Que estabas gritando que te ibas.

- Si - Cesi buscó en su bolso algo con que limpiarse las lágrimas. Llevaba todavía el uniforme del almacén de ropa. Tenía 23 años, pero se sentía más vieja. y sola. A pesar de que Sergio iba con él. - Rodrigo salió y me preguntó que tenía. Medio le expliqué pero me dijo: "Tranquila, Cesi, llamemos a la policía, veamos primero.." y solo me acuerdo que le grité que no quería nada de la policía.

- Le gritaste "la policía no sirve ni para ni m****. Para cuando hagan algo esos haraganes mi hijo va a aparecer muerto en cualquier parte". Esteban me lo dijo.

- Lo sé - dijo Cesi. - Pero a pesar de todo tuve que esperar a que llegaras. Porque quisiera o no Rodrigo tenía razón, no podía salir corriendo de una vez sin saber que iba a hacer. Por eso te llamaron. y bueno, tengo que admitir que Rodrigo no es mal jefe. Me adelantó medio sueldo y mis vacaciones.

- Igual me dijo Esteban que si llamaron a la policía, tomaron datos y todo.

- Eso no hacen nada - dijo Cesi - que los llamen si quieren. Pero allá vamos a ser solo Arnoldo y yo.

- Voy a echar gas.

En la gasolinera, mientras Sergio hacía todo, Cesi se paró detrás del carro y se recostó sobre el baúl a ver pasar los vehículos de la carretera. Todos iban tan tranquilos, tan serenos. El sol iba cayendo detrás de las montañas, y el aire se iba enfriando con rapidez. Los de la gasolinera le echaban miraditas mientras hacían su trabajo. Cesi no se consideraba una chica bonita, al menos no como algunas de sus compañeras en el almacén. Quizá por eso siempre se preguntó qué había visto Arnoldo en ella. Pero ya habría tiempo para pensar en eso. Le dolió ver a una familia llegar a la gasolinera junta. El niño en los brazos de su barbudo padre, y la niña llorando por un helado con su mamá. ¿Por qué su destino no fue así?

Se acordó de Gamaliel y todo lo que ese muchacho luchó por ella. Pero ¿Por qué no podía quererlo? No sabía todavía. Arnoldo había logrado atravesar la vastedad de su corazón con más facilidad que el buen Gamaliel. O talvez ese era el asunto. Gamaliel era muy bueno, pero Arnoldo era o parecía salvaje. Gamaliel llevaba saco y corbata, delgado y alto, atento, un poco tímido, pero Arnoldo era bajo, con pantalones de lona y playeras de colores oscuros, seguro, parecía jefe aunque no lo era, y siempre sabía qué le gustaba. Eso le encantaba de Arnoldo, siempre sabía cómo hacerla reír. y Gamaliel... parecía siempre demasiado esforzado por hacer las cosas bien. No sabía como describirlo.

Parecía una tontería que añorara al Arnoldo galante cuando estaba a punto de abofetear al Arnoldo estúpido. De pronto notó que había sonreído con tristeza,casi con melancolía, pero borró su sonrisa y se mostró molesta.

- Sergio, ¿Cómo va eso? ¿Ya llenaste?

- Si, ya casi - dijo Sergio, sacando la pistola de gasolina.

- No me quiero demorar mucho - dijo Cesi, regresando a su asiento - Esta va a ser una noche muy larga.


10 de Febrero de 2020 a las 20:56 0 Reporte Insertar 0
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