Reinicio Seguir historia

saley Sabely Leyva

Dolor, una palabra que encierra un significado diferente para cada persona. ¿Pero, qué pasaría si una pareja que lleva muchos años de casados nos explicara qué significa para ellos? Si el estar prácticamente destruidos por dentro empieza a minar su relación. A veces vivir un aburrido matrimonio lleva a la gente a cometer las mayores locuras de su vida, la frustración es capaz de acabar con las personas, arrasa con la vida de todo el mundo, ¿Pero, es realmente una relación que está por terminar? ¿Será que un evento pueda cambiar las cosas? ¿Es verdad que las cosas pasan por algo? ¿Qué un momento de reflexión y mirar hacia atrás ayuda a reflexionar sobre lo que tenemos y que no valoramos a veces por un ritmo de vida tan estresante y demandante? Pues Rose y Fred Smith nos contarán su historia, como es que todo esto afecta a las parejas y si hay o no esperanza de recuperar la felicidad de la vida y ser uno mismo en cada etapa de la vida. ¿Y sí? La pregunta que pone en perspectiva la vida de una persona y la hace evaluar su entorno, que le da sentido a lo que hace y lo más importante, al mirar al pasado y ver que tanto se ha avanzado, los ha ayudado a tomar la decisión definitiva. Reinicio, una palabra interesante. Una relación al borde del colapso, un evento detona que se vuelvan a amar, recordar por qué se casaron, qué los mantiene unidos y por qué vale la pena luchar día tras día por su relación. Esta historia es mía, tanto los personajes como los escenarios son producto de mi imaginación. Prohibida la copia total/parcial de la obra.


Romance Romance adulto joven Sólo para mayores de 18.

#esperanza #tristeza #amargura #dolor #amor
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Capítulo 1: Dolor

¿Cuántas veces hemos escuchado la palabra “dolor” o la hemos pronunciado? Son incontables, pero tiene una significado diferente para cada persona, no es lo mismo sentir que el dolor te hace sentir que tu mundo se acaba porque has perdido a un ser amado, o porque la frustración de no lograr o tener x cosa se hace presente, a pensar en el “dolor” que podría causarte ejecutar x acción o no hacerlo.

Rose y Fred pasaban un momento terrible en su relación, después de diez años de casados las cosas no iban de la mejor forma y precisamente ese día todo iba muy mal, la ciudad de Nueva York un lugar tan bello como problemático, llovía, el cielo estaba gris, el tráfico parecía imposible y dentro de sus calles viajaban en un auto una pareja que empezaba una larga lucha por su relación, que cada día que pasaba algo la hacía irse a pique, todo parecía sin sentido para ambos, los días eran interminables, el simple hecho de verse en la tarde en ocasiones parecía más un encuentro con una máquina de tortura que con el ser amado.

Rose una bella mujer, de treinta y cinco años, de cabello castaño, piel blanca y ojos verdes como una esmeralda, su mirada era profunda y firme, con una expresión siempre seca, como si todo le molestara, no muy alta 170 cm de estatura y una hermosa figura de reloj de arena, pero cuando sonreía simplemente contagiaba a todo el mundo, su inteligencia y determinación la llevaron a ser corredora de bolsa en Wall Street, se sentía ahogada en esa relación, constantemente se preguntaba si valía la pena mirar a Fred a los ojos y decirle “te amo” o besarlo, pero había algo que la impulsaba a hacerlo, sin embargo entró en una crisis existencial sobre si era amor o costumbre.

Fred, un tipo carismático, guapo, alto 198 cm, de piel blanca, cabello negro, ojos negros como la misma noche, con una mirada firme y decidida, pero también chispeante, sus manos perfectamente cuidadas invitaban a tocarlas, su rostro parecía haber sido esculpido por los dioses, inteligente, sagaz, persistente y divertido, siempre sonriente y bromista, CEO de una prestigiosa consultoría de software, estaba entre aburrido de su relación y luchar por el amor de su esposa, todos los días le eran prácticamente iguales, salir muy de mañana a la empresa, resolver los asuntos que le competían y volver por las noches a casa, donde lo esperaban su esposa y la ama de llaves, a veces se tomaba cinco minutos en el auto antes de entrar a casa.

Pero ese día todo había sido crítico, para ella las cosas no habían salido nada bien en el trabajo, vendieron acciones de una empresa que no debían y su equipo era responsable de eso, sentía que su cabeza rodaría sino hacía algo pronto, le esperaba una larga noche sin dormir, trabajando en ese problema. Para Fred las cosas tampoco iban bien en su empleo, pues precisamente ese día el Data Architect había cometido uno de los errores de novato más estúpidos, por no poner atención y estar coqueteando con una nueva Project manager borró una base de datos pilar de la empresa, los servidores fallaron y Fred debió solucionar ese problema, buscando el respaldo de esa información, lo peor es que John no se había tomado la molestia de hacer respaldos, pues era bastante holgazán y dejaba todo a la suerte, pero ya conociéndolo Fred tomaba sus precauciones con él.

Rose salió de su empleo y se encontró con su esposo según lo acordado en un supermercado cerca de su casa, hicieron las compras como cualquier aburrido matrimonio que va cada semana a hacer esos menesteres, subieron todo al auto y al salir de ahí comenzó a llover, el tráfico que parecía interminable, se volvió lento con la tormenta, la gente estaba malhumorada y Fred no era la excepción.

-Qué día más horrible, está lloviendo a cántaros, el tráfico apesta, esta maldita ciudad apesta ¿En que estaba pensando cuando decidí mudarme aquí? Quizá era feliz en Londres y nunca lo valoré.

-Fred, ¿Por qué dices eso? ¿Acaso te pesa tanto vivir en Nueva York? –Ella lo miraba con ternura y un tanto asustada por su violenta reacción.

-Rose, ¿Acaso no lo ves? Esta ciudad es una mierda, mi empleo es una mierda. ¡Todo cuanto me rodea es mierda! Estoy tan cansado de lo mismo, ¿No entiendes lo difícil que es para mí levantarme cada día a hacer lo mismo? ¿En que varía mi vida? Si hoy hay más o menos tráfico, si el transporte público no es asqueroso, ¿por qué es tan difícil llegar a la oficina en carro? considerando que a veces es más rápido el metro que esta ¡Porquería! –Empezó a sonar el claxon con tanta furia que sus palabras y acciones daban miedo, ella guardó silencio y empezó a ver por la ventana. La lluvia incrementó, como si así pudiera ahogar sus pensamientos, pero Fred solo se puso más histérico.

<< ¿Qué le ha pasado a este hombre? Cuando nos conocimos no era así, su dulzura y buen humor predominaban, siempre estaba radiante, pocas cosas le causaban conflicto. Ahora por todo se enoja, no hay forma de hablar con él que no se enfade o empiece a vociferar, nada parece importarle. Últimamente todo se ha tratado de dinero, como si eso fuera un problema. Pero todo, absolutamente todo le causa problemas, que si la gente, que si el clima: de todo se enfurece, a veces me pregunto si vale la pena estar a su lado, como hoy; realmente me pregunto ¿Qué me hizo casarme con él? ¿Qué hago aquí? Tengo todo para dejarlo, ¿Qué me hace quedarme? ¿Será que lo amo demasiado? ¿Será costumbre? ¿Quiero realmente algo diferente? No lo sé, es que sí lo amo, peor hay días como hoy que de verdad no lo entiendo y sobre todo no lo soporto ¿Será que algo muy malo le sucede y no quiere decirme? ¿Y si la del problema soy yo? Ay no sé, odio mi vida, pero tampoco sé cómo cambiarla o si quiero hacerlo>>.

-¿Sabes amor? Me gustaría que mañana saliendo del trabajo fuéramos a cenar a un lugar diferente, paso por ti y vamos ¿Te agrada la idea? –Le sonreía con dulzura, buscando en sus ojos algo que la hiciera pensar que valía la pena estar con él.

-Jum. –Se encogió de hombros y miró con rabia el tráfico. –Como quieras, de todas formas esto apesta. –Su mal humor parecía haberse incrementado con la petición de ella, siguió sonando la bocina con tal enojo que Rose se asustó y él lo notó, lo que le hizo considerar que estaba actuando mal. –Lo siento amor, ha sido un día de mierda, no quise asustarte. Es solo que a veces esta maldita cuidad me desespera, además sabes que odio la lluvia, es como si el clima se pusiera en mi contra o algo.

-Bien, pasaré por ti a tu oficina y vamos a Central Park por algo rico y luego damos un paseo. Te amo. –Le lanzó un coqueto beso. –Sabes que siempre vas a contar conmigo, sin importar nada ¿Cierto? –Lo miró con amor, su sonrisa lo contagió, era como si al verla sonreír todo se iluminara, pero al volver la vista al tráfico ese momento de emoción y ternura se esfumó y su rostro se tornó molesto una vez más.

-Bien, como digas. –La respuesta tan seca la hizo pensar otra vez que tanto realmente conocía a ese hombre.

La frustración en ella aumentó considerablemente, suspiró y siguió mirando por la ventana, en un auto vecino había una pareja de jóvenes que le recordó lo felices que eran hace unos años, estaban besándose y riendo, como si su vida fuera perfecta y tal vez lo era, tal vez no.

<<Su vida es perfecta, seguramente llevan poco tiempo de estar juntos, no saben lo que les espera al correr de los años. Si tan solo alguien me hubiera advertido que así iban a ser las cosas quizá no me hubiera casado. Lo que no entiendo es por qué Fred cambió tanto, no solía ser así, cuando nos conocimos acababa de llevar a Nueva York, era brioso, quería comerse al mundo de un bocado, recuerdo aquella tarde, estábamos por empezar el cierre del día y un estúpido servidor falló, al llegar se puso al tanto de todo en un instante, luego de que todo acabó me miró de una forma extraña y me enamoré de él, aunque no sabía si volvería a verlo, al salir estaba en la puerta, parado como si esperara a alguien, cuando me vio se me acercó coqueto y me preguntó mi nombre, de ahí todo se volvió maravilloso, nos hicimos amigos y luego empezamos a salir…>> sus pensamientos fueron interrumpidos por la voz de él estaba gritando y maldiciendo a alguien, con la intensa lluvia se había producido un accidente, chocaron varios autos, pero estaba tan metida en sus recuerdos que ni siquiera advirtió el ruido, miró a su alrededor todo se volvió lento, Fred gritaba como loco, mientras tocaba la bocina con furia, de los demás autos salían sonidos parecidos, como si en lugar de ver una desgracia y que muchas personas estaban en peligro los demás solo vieran un estorbo en sus caminos.

Ella se bajó del auto, estaba impactada por lo sucedido, sacó de su bolsillo el teléfono y marcó a emergencias, la llamada duró casi un minuto, para Rose fue eterno, se acercó a los autos de atrás del siniestro y había una pareja herida, siguió caminando y los otros autos estaban bastante dañados, en el penúltimo auto estaba una familia que se habían quedado atrapados por el impacto, ella desesperada quería ayudar, la lluvia no cesaba, la desesperación se apoderaba de ella mientras describía a la persona que la atendía en el teléfono la situación, se escucharon sirenas, de repente sintió como unos fuertes y familiares brazos la cobijaban, era Fred que la abrazó asustado.

-Fred mi amor, ¿estás bien? ¿Estás herido? Esto es un desastre, debemos ayudar a las personas, no pueden quedarse ahí.

-Tranquila, ya viene la policía, no podemos hacer nada vamos al auto. –La miró como si pensara que podía perderla y la abrazó con más fuerza, no podía creer que se hubiera bajado así del auto y fuera corriendo a ver qué estaba pasando. –Tu nobleza me impresiona, siempre haces lo mismo, ayudas a todo el mundo sin esperar nada a cambio, pero debes entender que salir así es peligroso, está lloviendo, te puedes enfermar, además no sabemos si algún auto tiene algún daño que pueda provocar una explosión o algo por el estilo. Vamos a casa, estás empapada.

Ella lo miró con la misma admiración que cuando eran novios, amaba que la protegiera de esa forma, su mal humor parecía haberse esfumado, también estaba empapado, asustado, se le abrazó con fuerza y caminaron hacia el auto, el tráfico empeoró y Fred se calmó solo por verla tan asustada, se subieron y los policías llegaron para sacar a todo el mundo de ahí, ellos solo miraban el desastre, sacaban personas heridas de los autos, todo era tan confuso, se limitaron a mirarse y se tomaron de la mano, pasaron los minutos y parecían interminables, no se dieron cuenta cuanto tiempo pasó antes de que el tráfico volviera a la normalidad, era casi la media noche cuando volvieron a casa, se miraron aliviados y descargaron todo del auto en total silencio, se bañaron y se fueron a dormir como pretendieran olvidar lo que pasó esa noche.

Rose en lugar de irse a dormir se metió al estudio y sacó su computadora, empezó a trabajar en lo de la compra de las acciones y después de horas, logró recuperarlas, a un precio más económico de lo que fueron vendidas, lo que dejaba claro que seguiría habiendo problemas, con lo que no contaba era que su jefe estaba en línea viendo lo que todo el equipo estaba haciendo para resolver el problema y se dio cuenta que ella y otro miembro estaban trabajando a toda marcha para recuperar lo perdido.

La noche fue caótica por demás, estaba cansada, con las manos entumidas y sin ánimo de seguir, así que cuando lograron la recuperación respiró como si el alma le volviera al cuerpo, su jefe les dio el día libre por su esfuerzo y arreglar el problema en que los demás los habían metido. Para cuando se resolvió a medias el problema eran las 6:00 am.

A la mañana siguiente la rutina tapó ese trauma, ella estaba en bata en el comedor con el desayuno servido y con una taza de café en una mano y en la otra un plato de fruta, él salió de la habitación muy arreglado como siempre, al verlos cualquiera pensaría que ni siquiera habían dormido juntos en mucho tiempo.

-Hola Rose, buenos días. Gracias por el desayuno. –La miró de reojo y comenzó a comer a toda prisa, para beberse el café casi de un trago.

-Buenos días Fred, te ves muy bien hoy. Espero que te guste el desayuno. –Él la miró y siguió comiendo sin responder, luego salió a toda prisa de su casa sin despedirse como los últimos dos años, ella solo lo vio salir y se desplomó en una silla.

-¿Qué nos ha pasado? Ahora te vas sin decir adiós, yo solo no me siento con valor para reclamarte nada, de alguna forma he contribuido a que esto suceda. –Estaba murmurando mientras le daba pequeños sorbos a su café, luego sonó como abrieron la puerta, ella se acercó creyendo que él había regresado, pero era Mina, la ama de llaves.

-Buenos días señora Rose, creí que estaría camino a su trabajo. –La miró con sorpresa.

-Buenos días Mina, no hoy no iré al trabajo, me quedaré a arreglar unas cosas.

-Muy bien señora, ¿Tiene algo en mente para hoy? O ¿Todo será como siempre?

-Será como siempre, tu hazte cargo de la comida y de todo, estaré en mi escritorio por si me necesitas, por cierto ayer trajimos lo del supermercado, si hace falta algo dime. –La miró con calma y Mina asintió con la cabeza, para después ponerse a trabajar en silencio como siempre, Rose estaba muy enojada vociferando al teléfono, algo no había salido nada bien y no era ni el medio día y estaba caminando de un lado a otro como león enjaulado mientras regañaba a alguien al teléfono.

7 de Febrero de 2020 a las 15:17 0 Reporte Insertar 0
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