SE7EN TALES Seguir historia

ammon Aamon .

En este escenario veraniego un joven se encuentra con un grupo pintoresco, cada uno con una historia de vida diferente que contar pese a que algunas se parecen. Este encuentro mágico lo hará repensar lo que entendía por Amar ya que es un sentimiento complejo y caótico, pero que, aun así, sigue vigente y presente en cada uno de nosotros.


Historias de vida Todo público.

#adolescente #humor #drama #comedia #258
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MiMi

El sudor recorría su cuerpo mojando su buzo siendo pegamento para la arena en sus piernas, de esta forma se encontraba atravesando el verano más caluroso registrado, por suerte el agua se encontraba la mayor parte del tiempo fresca y tranquila lo que permitía sacar la arena sin sacarse la ropa. Luego de refrescarse por unos minutos, calzaba sus chancletas en la mano y proseguía a recorrer los médanos del lugar de forma casi salvaje. Al terminar de recorrerlos por completo no quedaba más que nadar para no aburrirse a lo que terminaba durmiendo sobre su ropa luego de un chapuzón refrescante, por ese motivo muchos de sus amigos lo comparaban con un koala. Al caer la noche, un fogón bien armado con sus llamas en lo más altos y sus chispas que parecían destellos de fuegos artificiales en el manto oscuro y pobre de estrellas, se encontraba rodeado de personas las cuales lo invitaron a sentarse y compartir un momento con ellos. Entonces con mucha paciencia, se dedicó a escuchar toda clase de historias de amor, cada una muy diferente de la otra, aun así, eran historia de amor con la misma pasión y con el mismo frenesí.

Llegada la hora de contar su historia todo indicaba la posibilidad de que su mente se quedara en blanco ya que su boca hizo un silencio sepulcral por unos cuantos minutos sin que se le ocurriera que poder contar. Cualquiera podía sentir las miradas de cada uno de los presentes clavada en su espalda al igual que las espinas pese a saber que no era por mala fe, sino más bien por ansiedad y curiosidad de cuál sería su historia. Al cabo de unos minutos empezó a hablar con tanta naturalidad y seriedad que todos quedaron en silencio escuchando absortos de la historia que les traía esa noche estrellada, donde el viento corría a su favor sin molestarlos.



Entrabamos en un nuevo siglo y su padre había recibido una herencia antigua de un difunto familiar, con quien solía perder el tiempo durante el verano. Era un militar retirado que tuvo la desdicha de ir a su última misión de reconocimiento sin saberlo, allí sufrió un accidente que lo había dejado incapacitado para realizar ciertas tareas de campo, pero esa sería otra historia no la que él contaría.


Volviendo a la actualidad, con esa herencia su padre decido comprar un terreno en algún lugar tranquilo y silencioso, jamás había sido de grandes ciudades por lo que después de una larga e intensa búsqueda llegaron a un pueblo pequeño, tan pequeño, que solo había ochenta y cinco habitantes; en otras palabras, eran menos de seis manzanas sin contar la plaza y la iglesia. Su madre solía quejarse siempre por las decisiones apresuradas que tomaba su esposo sin consultar, solo que ese día dos de sus hermanas también se unirían a la protesta ya que no querían estar apartadas de sus amigos. Sin embargo, él continúo firme con su decisión debido a todos los años que había aguantado la ciudad y así fue como pese a la resistencia fallida de sus hermanas y su madre, se mudaron a un nuevo hogar. Durante los siguientes meses se quedaron únicamente los hombres de la familia en esa casa abandonada que doblaba el tamaño de la otra y necesitaba muchas renovaciones por ese motivo en su tiempo libre su hijo menor recorría cada rincón con la esperanza de encontrar algo interesante y raro que lo saque de la rutina, pero lo único que encontró fue una araña al abrir la puerta del altillo. Esta parecía simpática al darle la bienvenida, a él, a quien le aterraba ese tipo de criaturitas y en un parpadeo se encontraba tapado hasta la cabeza con una frazada vieja que encontró al lado de lo que parecía ser un ropero viejo. Luego de unos minutos en silencio sacudió el polvo de todo lo que lo rodeaba allí y con mucho esfuerzo llegó a la ventanilla, la cual estaba injustamente bastante alta como para alguien de su pequeña condición. Terminado el ventilar ese lugar, revolvió todo lo que veía con la esperanza de encontrar algo terrorífico con lo que asustar a sus hermanas cuando volvieran aunque no tuviera éxito, una vez que había terminado de investigar su nuevo escondite aislado de todos sin tener que alejarse de nadie, se dedicó a arreglarlo para él, con todas sus cosas, inclusive colocaría un colchón en el suelo para quedarse allí y deleitarse con largas siestas silenciosas.


De repente, mientras terminaba de pintar las paredes de su nuevo bunker, escuchó el sonido estridente de la puerta de un auto cerrarse y supo que su paz finalmente había acabado, pero no por su familia, sino que debido a sus vecinos. Esta era una familia bastante ruidosa, cuando no discutían los padres, el chico escuchaba música cerca de la pileta como si estuviera solo mientras vaciaba sus latas de cervezas; en cuanto a los más chicos de la familia, se la pasaban fuera jugando o, mejor dicho, torturando a su perro o a los vecinos. Luego estaba ella, se pasaba todo el día a fuera con sus amigas y regresaba tarde sin tener que escuchar los reclamos de sus padres por dicha actitud lo que le generaba algo de envidia; aunque no era únicamente eso, también se destacaba físicamente por lo que su envidia y admiración luchaban como titanes en su cabeza, pese a saber que dicha lucha era en vano ya que sabía que estaba fuera de su liga y no lograba llamar su atención, ya sea sacando la basura o ordenando su cuarto que daba al suyo, así que tenía asumido que ni siquiera sabía que existía; hasta que una tarde todas esas ideas se esfumaron de su cabeza.


Había ido a la tienda en busca de algo de helado y escapar del trabajo forzado, cuando la vio esperando a que sus amigos terminaban sus cervezas cuando sus ojos se cruzaron, y como idiota sonrió, aunque rezo para no haber puesto la cara de gil que su hermano le dijo que hacía frente a ella. Rápidamente pasó a la tienda y se concentró en lo que tenía que hacer, comprar algo para comer y algunos materiales que faltaban para terminar la entrada y el recibidor. En ese momento siente la presencia de alguien en su espalda y cuando volteó, ahí estaba ella, mirándolo como si hiciera un esfuerzo en reconocerlo de algún lado así que esperaba que no tuviera éxito, y cuándo al fin parecía tenerlo en la punta de la lengua, una de sus amigas la llamó a gritos por la prisa que llevaban sin más remedio que dejarlo pasar por esa vez.

Terminadas las compras se dirigió a su casa para poderle fin al trabajo ya que su madre venía el fin de semana y recién estaban a jueves. Para su sorpresa a mitad de camino la encontró esperando en la parada del autobús, pensó que tal vez a alguna amiga, pero cuando lo vio saltó del asiento y se apresuró a abordarlo.


- Eres el chico raro de al lado, verdad. – indagó con tono curioso y expectante.

- ¿Raro? – pensó preocupado cuando le había dado tan pésima impresión.

- Si alguien te asechara por una pequeña ventana lo pensarías así, créeme. – contestó sarcásticamente. – pero dime chico raro, cómo te llamas.

- Al menos podrías quitarle el “raro” del nombre. – atinó a decir algo.

- Como quieras, chico. – respondió de inmediato.

- Luka.

- Luka… - Thompson. – Thompson. – repitieron como si fuera un dictado.

- ¿Y tú? – aprovechó la oportunidad para saber su nombre.

- Anne, L’Bridge. ¿Qué haces? – se volvió curiosa.

- ¿Además de comprar? – le mostró las bolsas sin animó.

- Además de comprar. – repitió en respuesta.

- Ayudo a mi padre y hermanos a tener la casa pronta para cuando vengan ellas. – habló con toda la naturalidad posible, pero tenía miedo de que el nerviosismo lo hiciera quedar como idiota.

- Así que pronto tendremos toda una gran familia como vecinos. Espero que la mía no les moleste. – empezó a seguirle el ritmo mientras caminaban.

- ¿Puedo preguntarte algo? – se atrevió a hablar sin tener que responder primero.

- Claro. – veía su expectativa en el rostro.

- ¿Por qué estás aquí? – notó que caminaba rápido como de costumbre así que disminuyó sutilmente la marcha, además de que eso le daría tiempo para conversar con ella.

- Porque no podría. – respondió sin entender su duda. – acaso tengo que solicitar permiso.

- No, no lo tomes a mal, me pareció que tus amigos llevaban prisa. – le reveló su sorpresa ante tal situación.

- Ellos siempre están apurados con algo, el día que no lo estén ve a buscarlos a un cementerio. – se burló sin levantar la vista.

- Pensé que tendrías algo más importante que hacer por eso mi duda.

- Mas importante que conocer a mi nuevo vecino, mmm, lo dudo. – sonrió brillantemente.

- No es necesario las burlas. – respondió al pensar que se burlaba.

- No lo hago, lo digo en serio. Siempre te veo tranquilo en tu altillo, disfrutando de una paz envidiable. – cuándo escuchó eso no pudo evitar reírse a lo que ella no supo cómo reaccionar.

- Perdón, no era mi intención ofenderte. – le explico rápidamente mientras contenía su risa – por eso es que yo pienso lo mismo.

- ¿Lo mismo? – hasta ese momento podía seguir el ritmo.

- Como es posible tener tanta libertad, eso es lo que me resulta envidiable ya que puedes salir tranquilamente a donde quieras. – ella lo miró por unos segundos mientras caminaban en silencio y luego actuó igual que el anteriormente.

- No sé si llorar o reír por nuestra ignorancia. – respondió dejándolo perplejo y con la guardia baja. – qué haces ahí parado, se derretirá el helado si no te apuras. – lo llamó alegremente mientras caminaba de espalda.

- Ten cuidado, puedes caerte. – reaccionó luego de esa sorpresa.

- Entonces apúrate, o lo seguiré haciendo. – lo provocó.


A partir de ese día chateaban cada vez que no podían estar juntos para jugar y reír ya sea en su casa o en la de él, inclusive después de que su madre y sus hermanas vinieran. Cuando no estaban conversando, él buscaba algo para hacer debido a que tenía mucho tiempo libre y no iba a la escuela, así cuando ella volvía sabía cómo perder el tiempo con estilo. Inclusive contaba que un día se propuso aprender a manejar y al cabo de unas semanas tenía permiso de conducir, por lo que una vez fue por ella a la escuela y la tomó por sorpresa. Sin embargo, los meses pasaban sin que se atreviera a preguntarle para salir y no como amigos, en su casa sus hermanas empezaban a molestarlo por ello mientras que sus hermanos le daban consejos y muchas revistas, pese a ser más revistas que consejos. Con el paso de los días seguía estancado sin saber cómo hacerlo, hasta que un día ella lo invitó a un baile en su escuela, si bien él no era un alumno, ella podía ir con quien quisiera por lo que no dudo en invitarlo, pero para Luka habían sido once años sin pisar una escuela, lo que implicaba tener que revolver el pasado y eso lo aterraba por otro lado, no podía negarse y tampoco quería hacerlo. Con días de anticipación trato de meditar y dejar su mente vacía para cuando llegara el día de ir a buscarla en el auto de su padre hasta que consiguiera uno.


El día había llegado, y cuando se bajaba del coche ella salía de su casa con un vestido rojo hasta sus rodillas el cual ayudaba a resaltar el verde de sus ojos, y su cabello bien arreglado cayendo por un costado. Todo ese espectáculo lo dejo sin habla y perplejo en la puerta de su coche, a los padres de ella mirando como dos viejas chismosas desde la ventana al igual que los suyos desde la otra ventana y sus hermanos realizaban una apuesta para ver como salía todo al final.


- ¿Qué pasa? ¿Me veo mal? Yo sabía que era demasiado pese a que ellas insistían en que estaría espectacular – él podía ver como sus mejillas absorbían el color del vestido, pero eso solo hacía que su cerebro no pensara de más.

- No, estas… estas… - sus palabras no salían, hasta que vio a través de la ventana a sus hermanas haciéndole una seña de muerte si metía la pata, por lo que cerró los ojos, respiró profundo y prosiguió – Estas hermosa, por primera vez debo agradecerles a esas locas por lo que hicieron. ¿Vamos? – extendió su mano luego de abrirle la puerta.

- Gracias – respondió aliviada.

- Ten cuidado. – tartamudeo felizmente y se fueron con cara de tontos a la fiesta.


Cuando llegaron a la puerta él no podía levantar la vista o salir del auto debido al nerviosismo que traía encima, ella por su parte no entendía que pudo pasar en su anterior escuela que le dejó una herida que se notaba que aún estaba presente y algo punzante, por lo que sin dudarlo mucho puso su mano sobre las de él, le sonrió sin decir una sola palabra o sin preguntarle nada mientras sus amigas desde la puerta avisaban que se apuraran, pero ella desde el auto les hizo una seña para que entraran primero ya que pudo notar que no saldrían de inmediato por lo que un poco tistes entraron con sus parejas dejándolos solos en el estacionamiento de la entrada.


- Puedes ir yendo, solo necesito vaciar mi mente. – respondió con un hilo de voz.

- Cierra tus ojos. – le ordenó Anne y él la miro raro. – no voy a comerte, solo hazme caso.

- Eh – no estaba seguro de que decir, pero le hizo caso – ¿Así está bien?

- Veamos, no debes abrir los ojos. ¿Cuántos dedos estoy mostrando?

- Lo siento, todavía no soy Clark Kent. – bromeó.

- Bien, mantenlos así hasta que te diga que los abras, quiero mostrarte un lugar antes de entrar. – se bajó del auto y luego lo ayudó.

- Sabes que mientras los tenga cerrado tú no puedes abandonarme, verdad.

- ¿No puedo? Qué pena, así arruinaras todos mis planes. – le siguió lo corriente mientras lo guiaba.

- ¿Dónde vamos? – preguntó sin estar seguro de querer saber la respuesta.

- Ten calma y confía en mí, o me dirás ahora le temes también a la oscuridad.

- No, solo a donde me lleves. Mira si buscas violar – ella le tapó la boca antes de que terminará de hablar.

- Quieres que te deje tirado en la mitad de la nada. – su voz sonaba algo molesta y nerviosa.

- ¿Ya puedo abrirlos? – no obtuvo respuesta inmediata – ¿Estás ahí?

- Ábrelos. – susurró. Cuando lo hizo se encontraba dentro de la escuela enfrente de la vitrina con trofeos.


Al momento que se dio cuenta donde estaba, buscó como escapar ya que parecía que el aire abandonaba sus pulmones de forma inmediata; sin embargo, ella tomó su mano para evitar su temblor. Estaban de pie frente a esa vitrina como si quisiera mostrarle algo que deseaba hacer hace tiempo, él por su lado trató de no pensar en su pasado para poder conocerla tal y cual era entonces se le acercó tímidamente.


- Esto es hacer trampa – le recriminó con lo que recuperó de voz.

- No recuerdo haber insinuado que era un juego.

- No, bueno – tenía curiosidad de saber porque estaban allí – ¿Este es tu lugar en el mundo? – preguntó con un tono más serio lo que llevo a que pestañara asombrada.

- “Lugar en el mundo”, suena demasiado no crees. – su voz parecía querer hacer un chiste, pero su rostro decía lo contrario.

- Mi mejor amigo siempre me lo recordaba: “¿Luka, es este tu lugar en el mundo?” es lo que siempre me decía cada vez que me ponía nervioso por algo o las cosas se acumulaban en mi cabeza. – su voz aún estaba quebrada por el miedo.

- Me gustaría conocerlo.

- Esta complicado, el cementerio queda en el centro de la ciudad. Nos tomaría tiempo en ir a verlo, ah, pero cuando regresemos te lo presentare aún conservo una foto suya. – luego de escuchar esas palabras con toda la naturalidad que pudo, no tuvo más respuesta que sonreír.

- A veces me pregunto si lo tuyo será contagioso.

- Bueno, según el médico, no. Pero uno nunca sabe verdad – los dos rieron tomados de la mano sin que esta le temblara.

- No sé si es mi lugar en el mundo, pero quizás sea el de él. – señalo a un jugador de basquetbol que parecía estar en el último año, pero llamó su atención que este parecía tener los mismos ojos que ella.

- No me digas. Es este el chico que te gusta y aún no sabe – le apretó fuertemente la mano con la esperanza de que se callara. – perdón.

- No, el chico que me gusta irónicamente es lo opuesto a él. – Luka lo miró atentamente sin encontrarle una explicación – así que lamento desilusionarte, pero él es mi padre.

- Mucho gusto señor, lamento ser yo el que trajera a su hija a una fiesta, pero descuide que la llevare antes de las diez – logró modular de forma instantánea y sincera que ella no podía decir si bromeaba o si hablaba en serio – no lo sabía, perdona si te ofendí. – se volteo a verla más calmado.

- No es para tanto solo quería presentártelo.

- Pensaba que lo habías hecho en tu cumpleaños. – se sentía algo perdido – Por cierto, luce bastante gracioso.

- Ese es el padre de mis hermanos. Mi madre se enamoró perdidamente de mi padre cuando eran jóvenes e hicieron hasta lo imposible por estar juntos hasta que un día mi madre le contó que estaban esperando un hijo, sintieron como si sus esfuerzos fueran bendecidos por todos, pero una semana antes de que yo naciera él tuvo un accidente y nunca más lo volvieron a ver. A mi madre le tomó cinco años empezar de nuevo antes de conocerlo y formar esta familia que vez hoy en día.

- Pero se llevan bastante bien. – murmuró procesando la información esperando que no lo escuchara.

- Qué esperabas, una familia disfuncional como en las novelas. – preguntó sorprendida. – aunque sé que a veces discutimos, no significa que seamos de novela.

- ¿Qué? No, no era a lo que me refería. – no sabía cómo arreglar el posible malentendido, del cual ella parecía gozar.

- Solo bromeaba, relájate. Entiendo lo que dices y a mí me sorprende a veces, pero recuerdo que tanto Roger como yo no tenemos ninguna relación más que la que dicta el papel y sin embargo comprendo cuando dicen que a veces eso solo es necesario para formar una familia. – le explicó mientras veían la fotografía.

- Supongo que este es el momento en el que nos ponemos nostálgicos y contamos nuestro mejor secreto. – bromeó para aliviar sus nervios al recordar donde se encontraba.

- No, pero si quieres. Ven, sígueme. Te mostraré donde podemos hablar mejor. – de la mano lo llevó hasta su salón de clase pese a tener prohibida la entrada. – Aquí es donde vengo todas las tardes mientras tú me esperas en ese altillo, y aquí – tomó asiento en la última silla al lado de la ventana – aquí duermo de día para poder jugar toda la noche.


Había pasado tanto tiempo desde que estuvo en un salón que le parecía estar regresando a esa época oscura, plagada de pesadillas; dio un paso dentro del salón y cerró los ojos mientras que su corazón dejaba en evidencia el nerviosismo que traía encima en cada latido. En ese momento ella se levantó y puso sus manos en su cara con la esperanza de tranquilizarlo, luego comenzó a respirar lento esperando que la escuchara y pudiera seguirle el ritmo, y al cabo de unos minutos las manos de Luka dejaron de sudar y su corazón se calmó un poco. Abrió sus ojos para mirarla desde tan cerca al punto que podía sentir como sufría un incendio por vergüenza y timidez en su cerebro, pero todo quedo de lado cuando empezaron a escuchar el ruido de los fuegos artificiales.


- Oh, es la primera vez que veo a tanta gente divertirse por un poco de pólvora. – Luka se asomó a la ventana entusiasmado.

- Oh, es la primera vez que veo como un niño contagia con tanta euforia al resto. – respondió ella con sarcasmo.

- Lo siento, y gracias. – contestó.

- No hay por qué. – lo miró a su lado.

- Por lo visto me tocó el confesionario. – bromeó para aliviar tenciones.

- ¿No te gusta? Puedo ofrecerte la dirección, aunque dudo que en este momento esté desocupada.

- No te molestes, así está muy bien. – Anne esperaba su confesión la cual llegó pese a la demora. – Cuando era pequeño, mientras jugábamos con mis hermanos me caí en un pequeño riachuelo que había cerca de nuestra casa, y con las rocas de este me golpeé fuerte en la cara por lo que debí usar unas vendas que cubrieran y protegieran el daño, así como también horas sobre una mesa de cirujano plástico para ayudarme porque no se trataba solo de estética, sino que también de salud. Sin embargo, parecerse a una momia tiene su precio y eso implicó toda clase de comentarios maduros y productivos de parte de mis compañeros de clase. Pero todo se volvió hostil y peligroso cuando al sacar la basura del salón de clase terminara en el depósito junto a una chica que por sorteo le había tocado acompañarme. Eso no les impidió hacer lo que tenían pensado sin medir las consecuencias de sus actos y por ello la escuche llorar desesperadamente, responsabilizarme por lo ocurrido mientras me lanzaba todo lo que tenía a mano. En ese acto de euforia logra golpearme nuevamente en la cabeza dejándome inmóvil en un rincón hasta que vinieron por nosotros, para cuando volví a despertarme ya me encontraba otra vez en el hospital con nuevas vendas en mi cabeza y mi madre a mi lado sosteniendo mi mano. Mi hermana mayor me cuidaba con una mirada arrepentida y en ese instante supe que ella probablemente habría cooperado con los chicos para encerrarme y que además parece haber sacado a la chica mientras que a mí me dejaron allí unas horas más sin preocuparse y sin saber que mi herida se había abierto. No volví a hablar con ninguna persona, incluyéndola. – la miró a la cara y sonrió – debes estar pensando que además de idiota fanfarroneo demasiado, pero para que sepas, el golpe en mi cabeza no afecto mi coeficiente lo que permitió que me saltara de ir a la escuela como el resto. – hizo una pausa profunda y concluyó – Por ese accidente es que no hablo mucho con mis hermanos, especialmente con Cristina, mi hermana gemela quien los ayudo.

- Imagino que aún no la has perdonado, quizás el trauma es mucho más complicado de lo que parece. Sin cura, es una pena. – sonaba desafiante y sarcástica. – Por eso no sabes de lo que te pierdes al no venir a la escuela. – lo observó detenidamente – Pero si lo hicieras, en qué año estarías. Tal vez en el último, igual que yo. Te imaginas ser compañeros de clase también. – él la vio sonreír bajo la luz de los fuegos y sus palabras le llevaron a pensar darle una oportunidad a interactuar con otras personas.

- Posiblemente, no lo sé.

- No te estaba obligando, solo te avisaba lo que podría suceder. – actuó como si lo que hubiese dicho no fuera importante.

- Yo aun no confió en las personas. – sus ojos parecían ir perdiendo vida mientras se perdía en sus recuerdos a través del vidrio.

- ¿Tampoco en mí? – su silencio le dejó prever que tenía razón – bueno es de esperarse luego de todo lo que me contaste.

- No lo tomes a mal, no es tu culpa, es solo que aún tengo miedo y eso que en este momento estoy haciendo mi mejor esfuerzo por estar aquí contigo, aunque no lo parezca.

- ¿Y por qué lo haces? – preguntó anticipando la respuesta, pues parecía que quería escucharlo decirlo.

- ¿Como?

- Si, porque es que estas aquí. Sabías a donde veníamos y sabías también que yo buscaría la manera de hacerte entrar en ella, entonces porque lo haces.

- Porque, yo, ah, eh, yo. – no estaba seguro de cómo responder.

- Relájate, tampoco debes recitar todas las vocales, quiero creer que puedes más que eso, simplemente cierra tus ojos y trata de relajarte para que las palabras salgan solas.

- Yo quería estar contigo un rato más, haciendo algo más especial.

- ¿Por qué? – preguntaba guiándolo hacia la respuesta que él quería dar y ella parecía querer escuchar.

- Porque, porque – su mente estaba hecha un desastre y sus palabras se quedaban en la punta de su lengua, hasta que los fuegos artificiales otra vez lo asustaron y se agacho con las manos en sus oídos y sus ojos cerrados.

- ¿Qué te sucede? ¿Estás bien? – ella nunca lo había visto así por lo que se asustó – respira conmigo, trata de respirar conmigo y mirarme. ¡Mírame, Luka! – él siguió cada una de sus órdenes y trato de relajarse. – eso es, mírame. Ves que aún estoy aquí, no me he ido y no pienso hacerlo a menos que me lo pidas. ¿Quieres que me vaya Luka? ¿Quieres?

- ¡No! – agarró su mano tan fuerte como pudo – no es necesario, no lo quiero. Si tuviera que pedirte algo seria lo contrario. Te diría: quédate. – el vio como su gesto se volvía más suave, más relajado, como si lo que hubiera estado esperando escuchar por fin lo hacía y con un movimiento de cabeza ella asintió.

- ¿Estas mejor ahora? ¿Nos vamos? – Anne extendió su mano para salir del lugar.

- ¡Si por favor! Hagámoslo, me gusta esa idea.


Ellos se fueron de la fiesta antes de que terminara, pero nunca llegaron a sus casas, él quería detenerse por un lugar antes. Este era un pequeño autobús abandonado sobre un peldaño que parecía haber sido arreglado como una casa rodante con anterioridad, y él se tomó su tiempo para arreglarlo un poco más. Allí apartados de todos y de todo, bajo el manto estrellado de la noche, los dos jóvenes se declararon su amor mutuo y conciliaron su unión como uno, sin importarles que tan torpe podrían haber resultado.

El ruido de los pájaros no les interrumpía su dulce momento ya que ellos aún dormían abrasados bajo una manta. Anne se despertó primero y volteó a ver lo tierno que parecía mientras dormía en ese momento la alarma empezó a sonar y trató de apagarla, pero no tenía caso cuando sus ojos se cruzaron y ella no pudo evitar sonrojarse al ver su torso desnudo de tan cerca; por su parte Luka intentó actuar seguro cuando la acurrucó más cercar suyo y besó su frente. Ellos sentían que nada era real en ese momento hasta que un mensaje de su hermano mayor Nick los trajo primero a la realidad y luego los despertó del todo para que volvieran de inmediato a la casa antes de que sus padres despertaran, ellos subieron al auto de apuro y a medio vestir. Él no encontraba sus llaves y su hermano seguía escribiéndole, ella se detuvo un momento a pensar con calma y cuando tenían todo puesto; las llaves puestas, los teléfonos a mano, el auto encendido, le escribieron a sus hermanos para que inventaran alguna escusa en caso de que no llegaran a tiempo. Había dejado claro que solo irían a una fiesta en la escuela lo que significaba salir temprano y volver temprano, pero ya era el día siguiente, esto le dio para preparase mentalmente ante lo que estaba por venir. Cuando llegaron, apagó el auto para no despertar a nadie y la acompaño hasta la ventana de su cuarto, la cual el su hermano habría dejado sin traba para que entrara clandestinamente. Una vez que Anne estaba dentro de su cuarto, se despidieron y corrió a hacer lo mismo, pero sus hermanos se olvidaron por lo que él tuvo que escalar por unas rejas escondidas en la parra hasta llegar a la ventanilla del altillo el cual rezaba que estuviera abierto y que su cuerpo pudiera atravesarla, para su suerte así fue. Allí adentro pudo cambiarse con calma y acostarse un rato mientras pensaba en la noche que había vivido con ella dejando pasar las horas, sin importarle la tormenta que se aproximaba cuando decidiera comunicarles su intención de volver a la escuela. Era consciente de que si quería estar con Anne, debía ser capaz de poder compartir con ella cualquier cosa, aunque eso significara estar rodeado de extraños.

La idea de la escuela no le parecía mala solo que debía contársela a su familia para poder anotarse, y sin esperar tanto al momento que lo llamo su madre para desayunar bajo decidido a explicar su repentina decisión.


- ¿Qué fue lo que has dicho? – le preguntó su padre con el diario caído.

- Que estoy pensando en volver a la escuela. ¿No era lo que querían? – tomó una tostada y le untó manteca.

- Claro que si cariño – expresó su madre aun sin poder creerlo – pero no queremos que lo hagas por obligación o porque alguien te lo pida constantemente. Después de todo papá y mamá siempre apoyaran tu decisión. – sus hermanos escuchaban sin participar de la conversación.

- Es cierto lo que dice tu madre, no lo hagas por presión.

- No lo hago. Lo estuve pensado desde hace ya un tiempo y hablando con Anne ayer volví a recordar porque había decidido ir a la escuela en primer lugar.

- Así que ahora iras a ligar en clase – bromeó su hermano mayor, Jay.

- Por lo menos liga, no. – respondió en su defensa su primera hermana mayor Larise.

- Gracias por su preocupación, pero no iré a ligar ya que tendría que saber qué es y cómo se hace, y la verdad no me importa. – les respondió convencido.

- Luka – cuando fue a opinar Cristina se levantó y se fue de la mesa luego de que la noticia estaba dada.

- Ten paciencia Cris, ten paciencia. – colocó su mano Larise sobre la de ella.

- Cariño, lo cuidarías por nosotros en cualquier situación. – le había pedido su madre porque solo así estaría tranquila.

- No tienes que estar encima de él, pero si podrías mirar por el de vez en cuando. – concluyó su padre, a lo que ella asintió sin dudar.

- ¿Entonces está decidido? – preguntó Jay.

- Si es lo que quiere. – respondió su padre.

- Pero. – no pudo terminar su idea cuando lo interrumpieron.

- Lo sabemos Jay, cariño, es su decisión y en algún momento tendrá que madurar y aprender de los demás también ya que no es el único en la tierra. – respondió su padre que lo veía alejarse con dudas.

- Yo lo cuidare en la escuela padre – le respondió Cristina.


Todos parecían estar algo incomodos luego de que se fuera sin escuchar lo que ella tenia para decir. Sus hermanos mayores se prepararon para la universidad, mientras que su padre para ir a trabajar; en cuanto a su hermana lo esperó para ir juntos con su madre ya que había que inscribirlo. En un principio no quería ir con ellas, pero sabía que debía hacerlo por ahora así que se subió rápido y en silencio al asiento de atrás.


Hacía mucho tiempo que no estaba en contacto con otras personas de su misma edad por lo que había cosas que no lograba entender, eso lo llevó a esmerarse en aprender rápido para no molestar ni ser molestado por nadie además de que esta vez no estaría solo como en el pasado. Su madre lo dejó allí con ella y se fue con orgullo de que su hijo había decidido afrontar ese miedo que le impedía relacionarse con las personas.

Ya estaba inscripto y con su mochila en el hombro debido a su ansiedad, pero primero debía hacer unos exámenes para que supieran que tan avanzado estaría, así como también para saber cuántos exámenes debería realizar para ponerse al día, luego su maestra lo guiaría hasta el salón para presentarlo a la clase. Unicamente que en su cabeza sería más rápido todo ese proceso evaluativo, jamás creyó que estaría sus vacaciones cursando materias del último año. Todo iba bien hasta ese día que tuvo que estar de pie frente a tantos desconocidos que lo miraban cómo si lo escanearan y sacarán sus propios informes sobre su persona entonces su mente se quedó en blanco, podía tener dieciocho años, pero eso no le impedía sentirse presionado o nervioso con tantos ojos viéndolo. En cambio, Anne se sentía feliz de verlo entre la multitud pese a que lo notaba mal, su miedo se le notaba y se sentía, así que intentó intervenir para que se pusiera más cómodo.


- Luka – lo saludo con entusiasmo desde el fondo.

- Anne – estaba sorprendido y a la vez feliz de por lo menos no estar solo. Ella le hizo una seña para que continuara. – buenos días, mi nombre es Luka Thompson. Es un placer conocerlos, espero que nos llevemos bien. – su forma de hablar era tan formal que los chicos estaban sorprendidos y algunos no pudieron evitar sonreír.

- Ven siéntate aquí que no hay nadie. Bienvenido. – le regalo una sonrisa tan delicada que todo su temor desapareció en un pestañar.


Entre risas ella se levantó de su silla y le golpeo en la cabeza a su amigo Jared, quien se volvería su mejor amigo inclusive en la universidad más adelante, luego fue por Luka y le tomó de su mano para llevarlo con ella hasta su asiento que estaba a su lado y pudo ver de primera mano como todos se comportaban de acuerdo a su edad; bromeaban al respecto, molestaban al de adelante, pasaban mensajes entre ellos y se copiaban en los exámenes. Aun luego de unos meses él se sentía como si le faltara un poco el aire, ella por su parte trataba de ayudarlo como mejor podía y no permitía que nadie le de una experiencia como las que ya había vivido, inclusive para ayudarlo le cedió su silla que estaba contra la ventana y de la cual podía ver todo como el campo, la cancha y una parte de la ciudad.


Perdido en sus pensamientos durante la clase de historia comenzó a pensar en que sería un trabajo duro el que vendría por delante y que le costaría adaptarse al lugar nuevamente los compañeros de clase no eran tan malos como creía pese a que estaba Jared, Cris y Laura una amiga de su hermana, quienes a veces bromeaban con él o de él. Él entendió todo lo que tenía por delante cunado comenzó a interactuar con ellos y observo como se divertía en la escuela la chica que le gustaba, como si fuera una niña chica en un gran patio de juegos. Supo en ese momento todo lo que debía trabajar con tal de no darle una mala impresión o pasar por un idiota cunado se relacione con otros; así fue como su nueva vida comenzó junto a su lado y su familia se lo agradecía.




Fin

24 de Enero de 2020 a las 03:57 0 Reporte Insertar 0
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