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G. P.S.


Esta es la historia de cómo inició mi obsesión. En ella están relatadas las primeras horas que pasé con la persona que desencadenó toda mi locura. ¿Estuvo bien o estuvo mal? Nunca lo sabré. Solo te diré que desde ese día, mi mundo se volvió patas arriba y temo que nada volverá a ser igual. Tengo miedo de lo que esto pueda desencadenar, pero a la vez me intrigo por saberlo. Esta es mi nueva vida, te invito a que seas parte de ella. GPS.


Erótico Sólo para mayores de 18.

#JUEGOSEXUAL #MICAMA #ella #erotico
Cuento corto
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Los inicios de mi obsesión.

Ansiedad. No hay otra palabra para describir lo que siento en este momento.

El cuarto está en total oscuridad, solo se escuchan los susurros de nuestra conversación. Me cuesta seguir con la charla, mi corazón bombea fuerte en mis oídos y siento como retumba en mi cabeza; hacía tiempo no me sentía así. Es extraño, pero a la vez se siente tan bien, había olvidado esta sensación. No puedo mirarla a los ojos, no quiero cometer una locura.

Sí me lo preguntas, el día fue un poco raro entre todas las bromas y risas. ¿Esas eran bromas o hablamos en serio? Ahora me parece que sí. ¿Seré capaz de seguir adelante? No lo sé, veamos cómo se desenvuelven las cosas.

Toca mi mano accidentalmente, el corazón se me detiene a la expectativa, pero nada sucede. Me hago constantemente la pregunta de si ¿todo estará en mi cabeza? Me intriga conocer la verdad, pero no hace un movimiento decisivo, entonces busco calmarme.

Reímos, hablamos, escuchamos música; la estamos pasando bien. Pero yo solo puedo pensar en si me va a besar. Malditos nervios, me hacen sentir como si estuviera de nuevo en la pubertad.

Es algo nuevo para mí, tengo las manos frías y siento un sudor incómodo en mi piel; afortunadamente nunca estuvo en mi naturaleza acobardarme, pero… ¿estará en la de ella? Malditas dudas. - Piensa en algo que te ayude a resolverlas - me digo constantemente.

Empieza a hacerme cosquillas. ¿Lo hace apropósito? ¿Sabe ella lo excitante que encuentro que me acaricie de esa manera? No lo creo, es muy joven para saberlo… ¿o acaso estoy teniendo muchos prejuicios? ¡Basta de cosquillas!, estoy perdiendo la cabeza y no puedo pensar con claridad, voy a terminar cometiendo una locura.

Tengo que detenerla, no puedo hacerle esto. Tan solo tiene 19 años. No puedo confundirla de esta manera. Ella no se lo merece, yo no puedo darle más que una noche, no puedo ser de ella aunque me muera de ganas. Merece algo mejor y yo no lo soy.

Me distrae constantemente con sus caricias. Mis pensamientos pierden el hilo cada que me toca la espalda y el cuello, ¿estará mal disfrutar tanto de ello? ¿Sabrá ella lo que estoy pensando en estos momentos? ¿Se asustará o me corresponderá? Ya no puedo pensar con claridad, por mi mente pasa solo un pensamiento - bésame o no respondo -. Cuento hasta diez lenta y pausadamente. No puedo perder los estribos; es tu amiga, no compliques las cosas.

La cercanía me consume y me hace querer estar encima de ella, la necesidad fluye como el agua del río y ella parece no darse cuenta. Tienes que poner distancia o la vas a asustar.


Empezamos a jugar. Tiene que ser una broma. ¿Apuestas? Mejor lánzate encima mio de una vez. No hay nada más caliente que una apuesta en esta situación. Pero bueno, hasta un simple juego de adivinanzas se me haría caliente en este momento. Creo que no estoy bien, mejor me voy a mi habitación antes que pase algo de lo que me pueda arrepentir más adelante.

Intento incorporarme, pero mi cuerpo no me responde. Traicionero. Ya ni mi mente me pertenece; cuerpo, mente y alma le pertenecen al momento. He perdido la cordura.

Una última apuesta, la gané yo. Le pido que decida el premio. Está renuente. Pero yo necesito saber que nuestros pensamientos fluyen en la misma dirección. Se toma su tiempo y me cambia el tema. Me rio mentalmente. Es tan dulce. Ya sé que quiere lo que yo, así que la presiono para que actué al respecto. Me dice: hay cosas que no se piden. La miro y sonrío con ternura. Puedo hacer algo para ayudarla, pero no quiero. Estoy disfrutando de la situación, su incomodidad me resulta muy entretenida. Va a tener que hacerlo sola.

Busca confianza en sus siguientes preguntas, yo se la doy. No puedo ser tan mala gente. Al fin de cuentas, yo también lo quiero.


Siento cuando se llena de confianza y solo espero que se volteé y me dé un beso.

¡VAYA!

Todo es muy intenso, intento controlarme pero no puedo.


La tengo encima de mí. Pierdo la cabeza. Mis intentos por calmarme se fueron al garete. Los brazos me traicionan y la abrazan. Nos empezamos a besar con más ganas. Nunca hubiera imaginado que ella lo quisiera incluso más que yo, me sorprendo. Sus ansias me parecen muy lindas, me da un poco de risa. Me escucha reírme e intento calmarla para que no piense nada malo. Le digo que se relaje y disfrute. Al fin de cuentas, ya me tiene, no me voy a ir a ningún lado.

Todo está pasando muy rápido. Intento calmarla un poco pero me dice: tienes miedo. La seguridad en sus palabras solo me hizo querer demostrarle lo contrario. Sin saberlo, me toca una vena sensible.

¡Ya fue suficiente! Es hora de tomar el control de la situación. Lucho un poco hasta que me logro poner arriba. Me encanta esa posición. Le beso el cuello y disfruto como ella se retuerce debajo de mí. Cada vez que le muerdo la oreja siento como su respiración se entrecorta. Me encanta llevar a las personas al límite, y eso es algo que está a punto de descubrir.

Me divierte ver su reacción a mi toque, así que lo hago constantemente mientras nos besamos. Empiezo a desnudarla de la cintura para arriba. Siento anticipación por ver su reacción, solo quiero volverla loca como lo hizo ella conmigo durante todo el día.

Al fin la tengo desnuda de la cintura para arriba, es hora de desquitarme un poco. Soy un ser cruel, lo sé. Pero lo disfruto tanto que no me molesta. Quiere hacerme lo mismo, se ve tan desesperada debajo de mí que no lucho mientras me voltea.

Me desnuda y empieza a torturarme. Un pezón a la vez. Por poco pierdo el norte. Respiro y hago uso de todo mi autocontrol para calmarme. No quiero que la noche termine rápido. Además, ya me había decidido. Esta noche iba a ser para ella solamente. Quiero darle lo que se merece para que nunca más acepte menos de lo que hoy yo le ofrecí. ¿Es un pensamiento poco modesto? Seguramente sí, pero no me importa.

No quiere perder el control, me cuesta un poco volver a estar arriba y tratar de mantenerla quieta. Por fin puedo inmovilizarla un poco y le digo que deje de luchar contra mi. La beso mientras que con mis pulgares rozo sus pequeños pezones hasta ponerlo duros. He descubierto que los mordiscos la vuelven loca por lo que dirijo a su oreja derecha y le muerdo levemente el lóbulo. Sonrío cuando descubro que mi simple caricia le ha puesto la piel de gallina. Estoy apunto de aullar, qué mujer tan receptiva.

Me meto un pezón a la boca y escucho como intenta ahogar un gemido de sorpresa. Sabe tan bien. No quiero dejar de besarla nunca. Lo lamo, muerdo y succiono hasta que la escucho quejarse. Pero antes de continuar bajando, me ensaño con su otro pezón.

Empiezo a descender por su abdomen, pero la noto reacia a que continúe. Me detengo y vuelvo para mirarla a los ojos y a garantizarle que si no quiere, no tiene que pasar nada. No quiero se sienta incomoda. Le aseguro que en cualquier momento que quiera parar, yo lo haré de inmediato. Me asegura que si quiere pero puedo sentir su indecisión sobre si dejarse desnudar por completo. Me dice que también quiere hacerme lo que yo a ella, pero yo le digo que no y me mantengo que mi posición. Me discute y yo le pido que sea un poco más egoísta y que disfrute de lo que yo le puedo ofrecer.

A regañadientes acepta y yo vuelvo a descender para quitarle el pantalón. Esta casi desnuda para mí, pero antes de quitarle las bragas la torturo un poco hasta notar su desesperación.

Estoy a punto de bajarle las bragas.

Mi corazón late tan fuerte que creo que ella es capaz de oírlo a la distancia. Me detengo por un momento y levanto la mirada a sus ojos para asegurarme que los dos queremos esto. Parece entender mi gesto, me sonríe tímidamente y lentamente asiente con la cabeza.

Nunca había sentido tanto alivio. Me acababa de dar carta blanca para la noche. Por Dios que no la olvidaría jamás, de eso me encargaría yo.

Me detengo un segundo a contemplarla desnuda. Es tan hermosa. Decido que tengo que prolongar un poco más mi tortura. Me encanta volverla loca con besos y mordiscos, me tomo mi tiempo hasta llegar a los dedos de sus pies. Ella chilla de la desesperación y yo me muerdo los labios para evitar reírme.

Me pongo encima de ella y la beso hasta dejarla jadeando. Y cuando menos se lo espera, deslizo mis dedos por su sexo. Gemimos al tiempo. No puedo creer lo mojada que está si apenas la he tocado.

Ella gime con cada toque de mis dedos, me hace perder la cabeza. Empieza a rotar sus caderas para profundizar mi toque. Yo la inmovilizo con mi cuerpo y cedo a sus deseos. Los gemidos son cada vez más fuertes, la beso para acallarlos, puede despertar a alguien.

Esta a punto de llegar al límite, lo sé. Llora y me pide que haga algo más con ella. Sé lo que quiere, pero no puedo dárselo, le prometí que esta noche iba a ser solo para ella.

Rápidamente desciendo por sus caderas hasta llevar mi rostro por encima de su sexo. Sin darle tiempo para asimilar lo que vendría a continuación la beso mientras introduzco dos dedos de golpe en su interior. Siento como se curva a mi caricia y se pone rígida. Ha tenido su primer orgasmo. Es tan hermosa cuando se viene, sus gemidos de placer me hacen perder la razón. He descubierto que me gusta escucharla lloriquear mientras la toco y alargo su orgasmo.

Con mis dedos y mi boca la hago venir muchas veces. Ya he perdido la cuenta. Procuro dejarla extenuada para que no me exija nuevamente algo que no puedo darle. Tengo que cuidarla de mi, no puedo hacerle daño.

Levanto mis ojos a su cara y mis labios dibujan una sonrisa de satisfacción cuando la veo respirando con dificultad. Me muevo lentamente, como un gato, y me regodeo de mi buen trabajo. Empiezo a acariciarla con las yemas de mis dedos y disfruto como su piel se eriza con mi toque. Siento mis dedos fríos, por eso me rio cuando acaricio su pezón y este se pone duro al instante.

Tiene sueño, sé que está agotada aunque me lo quiera ocultar. Me decido por dejarla descansar un poco, es muy tarde y sé que debe madrugar a estudiar. Ha perdido todo el día por andar bromeando conmigo.


Halo la sábana y nos cubro con ella, sin pedírmelo la abrazo y le acaricio la espalda mientras espero que el sueño la atrape. Siento como su respiración se vuelve constante y pesada, me relaja sentirla dormida mientras está abrazada a mi. A pesar de eso no puedo conciliar el sueño. La culpa me recorre, al menos no hice nada de lo que me pueda arrepentir más adelante, ¿cierto?.

Me consuelo en la pobre excusa que lo que hice fue por ella, le mentí diciéndole que está noche solo iba a ser para ella. Cuando sé que para ella no solo va a ser está noche. Siente algo por mi, lo sé; pero yo no la puedo amar, ya le di mi corazón a alguien más hace mucho tiempo, y nunca me lo devolvió. Lo peor es que creo que no sabe que lo tiene, ¿cómo va a saberlo? Si nunca se lo dije...

Cobarde. Me repito a cada instante esa palabra en mi mente.

No pretendo negar que no siento una fuerte atracción hacia la mujer que yace desnuda entre mis brazos. Solo pensar en ella y pierdo la cordura. Pero nunca le podré corresponder de la manera en que ella quiere. Es tan joven, no quiero que lo que pasó esta noche la lastime. Solo espero que sepa entenderme y que no espere cosas de mi que no puedo ofrecer.


En medio de la madrugada me despierta un beso de necesidad. Me cuesta unos segundos darme cuenta dónde estoy. - Me dormí -, es lo primero que puedo pensar.

Se ha aprovechado de mi. Lo puedo ver en su mirada de triunfo. Empieza por quitarme lo que queda de mi ropa mientras me distrae con sus caricias. Estaba a punto de bajarme la cremallera del pantalón cuando la detengo. Por poco y se me olvida lo que le prometí, al menos tengo que mantener mi promesa. Aunque ella no quiera.

Como puedo, me giro velozmente hasta que la tengo bajo de mi cuerpo. Le sujeto las malos a cada lado de su cara y me rio de ella mientras escucho sus quejas.

Silencio sus labios con un beso y no paro hasta que no cede ante mi. Apenas puede respirar cuando me pide que le suelte las manos, pero yo no me fío de ella.


Irónico. Cuando es ella la que no debe confiar de mi.


Paso mis labios por su cara hasta llegar a las orejas. Me encanta torturarla, y sé que ahí lo voy a lograr. Me dedico muy diligentemente a besar, morder y chupar cada centímetro de su cuello y sus orejas. Ya no lo puede soportar más y me exige que pare, que no la siga torturando así. Pero no soy una buena persona, por ende no cedo ante sus suplicas.

Juego con sus labios, los muerdo, los lamo, pero no los beso. Me excita verla desesperada. Ella intenta negar lo caliente que está, pero a mi no me engaña, lo puedo ver. Sus pupilas están dilatadas, su respiración entrecortada y su piel sonrosada por la excitación. Ella me desea, y le gusta lo que estoy haciéndole, no me puede engañar.

Desciendo hasta su pecho y juego con sus pezones, la llevo al borde y ella me suplica. Entonces sé que es el momento correcto para calmarla. Me pego a uno de sus pechos y lo empiezo a lamer, succionar y morder hasta que se retuerce debajo de mi cuerpo. En ese momento sé que la puedo soltar, sé que no va luchar contra mi para ponerse encima.

Me agarra del cabello y me pega más a su pecho mientras curva la espalda. Sonrío. Gané esa pequeña batalla, otra vez.

Con mi mano acaricio su otro pecho. Lo pellizco suavemente y lo halo un poco, para después sobarlo con ternura. Eso la vuelve loca, sus gemidos me lo comprueban. continuo haciendo lo mismo como si fuera una rutina hasta que paso mi boca a su otro pecho y repito la tortura con mi boca y mi mano. Sé que no lo aguantará más, sus gemidos se confunden con sus lloriqueos por la insatisfacción. Cada vez se retuerce con más fuerza. Paso la mano que me queda libre por su abdomen, esperando que mi caricia la haga calmar un poco, hasta que la poso en su sexo. Se quedó paralizada. Yo aprovecho para frotar en círculos su clítoris con mis dedos.

Sus gritos de placer son cada vez más fuertes, pero a mi ya no me importa que puedan escucharnos. No puedo controlarme.

Me separa de su pecho y me hala la cabeza para que acerque su cara a la mía. Sin dudarlo la beso sin dejar de tocarla con mi mano aún en su sexo y la otra en uno de sus pechos. Estoy tan caliente que pierdo la razón y me empiezo a frotar con su pierna. Ella pasa sus manos a mis nalgas y me empuja hacia ella para que pueda profundizar mi roce.

Estamos a punto de venirnos. No puedo creer que me vaya a llegar con los pantalones puestos, pero ya no puedo controlarme. No quiero.

Ella se viene primero que yo. Callo su grito de liberación con un beso. También estoy llegando al orgasmo, mi cuerpo se tensa para luego liberarse con fuerza. Sigo frotándola para alargar su orgasmo un poco más mientras me dirijo rápidamente abajo y poso mi lengua y mis labios en su clítoris. Rápidamente empiezo a succionar mientras introduzco tres dedos de un solo golpe. Están tan mojada que se resbalan sin problemas en su interior. Los muevo un par de veces antes de notar como es arrojada al orgasmo nuevamente. Está vez no estoy ahí para silenciarla y grita. Tengo la seguridad que alguien tuvo que haberla escuchado, sin embargo ya no me importa. Solo me importa ella y su placer. Así que la hago mía una y otra vez.

26 de Enero de 2020 a las 22:43 0 Reporte Insertar 0
Continuará…

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