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La vida puede traernos un sinfín de sorpresas, tanto malas como buenas, nos presentan muchas adversidades, pero siempre recuerdos que nos marcan de una u otra forma. "Me llaman Qiu" "Soy Sebastián" Deseando volver en el tiempo, volver siete años atrás, en esa noche de fiesta y estar nuevamente gafo a esa fogata con él, abrazándolo y amándolo


Paranormal Todo público.

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Bajo la Fogata

La vida puede traernos un sinfín de sorpresas, tanto malas como buenas, nos presentan muchas adversidades, pero siempre recuerdos que nos marcan de una u otra forma.

La vida me trajo aquí, en una noche de bebidas y risas, de sexo y bailes, en medio de adolescentes hormonales, una cálida fogata es la protagonista, y aquí me encuentro, sentado con cerveza en mano, viendo la danza de las llamas, hipnóticos, el ambiente adornado de música estruendosa pero agradable para un baile, las risas de mis compañeros, las platicas y los gritos que callan de vez en vez los gemidos de aquellos que hacen el acto sexual, algunos haciendo porras a los que calenturientos, otros reclamando por el voyerismo de sus compañeros.

Mis cansados ojos castaños se posan en una persona, una que nunca había visto en mi vida universitaria, su piel blanca, tan hermosamente perlada, sus ojos grandes y almendrados soñadores y tan oscuro como la misma noche, unos hermosos labios de color cereza, su cabello algo largo, tan oscuro. No puedo evitar verlo, no puedo evitar desear acercarme.

Nuestras miradas se cruzan y en ese mismo momento una corriente eléctrica pasa por mi espalda; no sé si fue por el alcohol o por algún ente que me poseyó, pero al darme cuenta, estoy a su lado, hablándole, preguntando y respondiendo sus preguntas, no me dice su nombre.


"Me llaman Qiu", su voz es suave como la brisa de verano, gentil como el roce una flor y cálido como la flama de aquella fogata.


"Soy Sebastián", me presento, sonríe, haciendo que mi corazón lata tan fuerte que juro que hasta esta hermosa persona lo puede oír.


Estuvimos hablando hasta entrada la madrugada, viendo como poco a poco mis compañeros se iban y sin darnos cuenta éramos solo nosotros dos, aun manteniendo una amigable conversación. El clima se estaba poniendo fría, la fogata aun llameante, minuto a minuto nos acercamos para si mantener nuestro calor.

Entre bebida y bebida, sentimos que nos acercábamos más, y sin imaginarlo sentí como esos delicados cerezos que tiene por labios rozó los míos, dándome cuenta lo dulces y cálidos de estos, y sin perder tiempo nos perdimos en un beso cálido al principio y al paso del tiempo se había convertido en una necesidad, ambos demandando más cercanía, más contacto, más pasión.

Mientras nuestros labios seguían unidos en un fogoso beso, nuestras manos comenzaban a recorrer el cuerpo ajeno; sintiendo así sus manos delicadas, en toques tímidos pasar por mis hombros y espalda, bajando con la misma timidez hasta mi pecho y así llegando hasta mi vientre, quedándose ahí dudando si bajar más. Por mi parte no perdí tiempo, gentil como pude, deslizaba mis manos por sus piernas, apretando sus muslos, casi llegando en aquella zona tan intima y prohibida, recorriendo, luego, sus brazos, pecho y vientre, deleitándome por aquellos suaves jadeos que soltaba por causa de mis toques, en un pequeño y sutil movimiento, sentí un peso en mi regazo, terminando en tener a mi amante por esta noche entre mis brazos, fundiéndonos mas en el fuego del placer.

Los besos calientes y la excitación ganaban mas peso a los paso de los minutos, ambos deseando mas contacto, sintiendo nuestras prendas estorbar, los jadeos y suspiros no se hicieron esperar, y poco a poco la ropa comenzó a desaparecer de nuestros cuerpos.

No sé si fue por el alcohol o por lo que sea, pero bajo a esa fogata, me entregue en el mar del placer con aquella persona que apenas y sabia su nombre, haciéndolo mío, pero en esa noche nada importó más sólo nosotros dos, entregándonos mutuamente, sintiéndonos tranquilos, en paz, sintiéndonos, aunque por esta noche, amados, acompañados y deseando que el día no llegase.
Inevitablemente el día llegó y para mi mala suerte, me encontraba dormido, en posición extraña, cuando abrí mis ojos, esperanzado de poder encontrarme con Qiu, mas fue mi gran sorpresa de no verle, lo busque por todos lados, pero no había rastro alguno, camine desilusionado hacia la ya apaga fogata, recogiendo mis cosas es ahí lo que encontré, una nota con una linda caligrafía.


Querido Sebastián, siento no poder estar a tu lado cuando despiertes, me he tenido que ir con urgencia, pido disculpa.

También darte las gracias por hacer que esta noche haya sido una de las mejores de mi vida, eres un chico fantástico, la pase realmente bien a tu lado, y lo que hicimos nunca lo olvidaré.

Sé que no podré volver a verte otra vez. Realmente lo siento.

Atte. Qiu.


Con aquella carta en mano, sentí mi pecho doler, aunque no lo conocía de nada, aunque no sabia su nombre verdadero, ni su edad o donde estudiaba o de donde venia, sentí una conexión.

Ya han pasado siete años desde aquella fiesta de fogata, siete años desde que nunca más vi a Qiu, me encuentro comprometido con una linda chica, amable y realmente talentosa violinista, aunque sea feliz con ella, nunca pude sentir aquella sensación como lo sentí con Qiu.


"Cariño", me llama al momento de pasar por una de las múltiples fotografías de aquel museo posee, "mira, ¿No crees que es hermoso?"


Yo simplemente veo en donde ella me indica, mis ojos se agrandan y mi corazón deja de palpitar por segundos, mi mente no quiere procesar lo que mis ojos ven, pues en aquella foto tan antigua, en blanco y negro, se encuentra un joven de pálida piel perlada, labios delicados, ojos grandes y negros, su cabello oscuro largo recogido en un descuidado moño, aquella figura que poseía como vestimenta un simple hanfu, aquella delgada prenda puesta tan desordenada.


"Aquí dice que este joven fue la ultima concubina hombre perteneciente a un gran político chino", escucho a su novia, ambos vemos con asombro las diferentes fotografías de aquel joven, "Se dice que su padre se enteró de lo que hacía su único hijo, y por castigo por deshonrar a su familia, su padre mandó a que le cortaran los brazos", no podía creer lo que aquellas placas contaban, no podía creer que esa personas se pareciera a Qiu, "Dice que aquel chico, nombrado Qiu, fue vendido posteriormente por su padre, el comprador era un gran político que se enamoró perdidamente de la gran belleza del chico, su amor fue tan grande que se volvió una obsesión, así acabando con la vida del joven en un ataque de ira. Pobrecito, no tenía la culpa de nada, cariño, él nunca pudo ser feliz, ¿Cariño, porque estas llorando?"


En ese momento no me había percatado de mis lágrimas, hasta que sentí las manos de mi novia en mi mejilla, miré su rostro afligido, no podía creerlo, me era imposible, mi vista se fijo en otro lugar y ahí estaba, Qiu, mirándome, con un hanfu a medio cubrir, dejando a la vista su falta de brazos, su mirada estaba triste, pero en sus labios se dibujaba una sonrisa tierna y tenue. Quise ir hacia él, pero rompí en llanto, deseando volver en el tiempo, volver siete años atrás, en esa noche de fiesta y estar nuevamente bajo a esa fogata con él, abrazándolo y amándolo.

Y por una última vez, lo vi desapareciendo, susurrando y sin poder escucharlo, me despedí de él.


"Gracias, Sebastián..."



FIN.

22 de Enero de 2020 a las 01:02 0 Reporte Insertar 0
Fin

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Necher Kmtrm Escritor e ilustrador amateur. Intentando de combinar mi dos pasiones.

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