Cuento corto
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Our love is like our music; It's here, and then it's gone

Anoche soñé con una chica cuyo nombre era una canción de los Rolling Stones.

Estábamos en la cumbre de una suntuosa fiesta celebrada en un terreno baldío.

El cielo era una sucia lona llena de agujeros de diferentes tamaños; el suelo era una alfombra irregular de maleza natural y tierra árida; y todo lo que había en medio estaba envuelto con sedas de colores brillantes y perfumadas con gardenias y vino: las mesas, las sillas, los floreros, la orquesta y las mujeres... millares de mujeres.

Yo estaba (para no contradecir a la realidad) sentado y solo, paseando de peinado en peinado; imaginando que los rizos de aquella mulata me corrían por el rostro, o que con el lacio dorado de esta rubia me confeccionaba una bufanda.

Estaba a punto de iniciar una fogata con lo bucles de una pelirroja cuando la chica Rolling Stone se plantó frente a mí.

De inmediato sus largos cabellos napolitanos atenazaron mi garganta con fuerza, impidiéndome respirar. Sus ojos boscosos no dejaban de soltarme ganchos: en la cabeza, en el corazón, en los bajos.

Inclinó su cuerpo para colocar sus florecientes labios junto a mi oído. Me preguntó si quería bailar.

—No, estoy bien —contesté con un grito debido al estruendo de la música; música que, naturalmente, no podía descifrar.

«Ni en tus sueños tienes las pelotas para arrogarte al centro de la acción. ¡Eres una vergüenza!», escuché que gritaron desde el fondo de mi inconsciente.

La chica Stone me miró con indecisión y luego, con soltura teatral, me levantó de la silla con un tierno movimiento de su mano y me guió a través de las mesas a reventar de alcohol, labial rojo y faldas.

Me llevó hasta el rincón más fúnebre de la fiesta, dónde las luces apenas nos tocaban y el tumulto era una vocecilla distante.

Pensé que estábamos solos, pero no era así; allí había otra persona: un hombre como de mi edad (22 años).

Sus facciones parecían estar sometidas a un bucle de destrucción y construcción. Una parte se derrumbaba y otra se alzaba, pero toda ocurría tan rápido que no podía verlo clara mente; ver una imagen completa.

De complexión no era ni muy alto ni muy bajo, ni muy flaco ni muy gordo; ni muy nada de nada.

«¿Qué hace este pendejo aquí?», volvió a entrometerse la voz en mi inconsciente.

La chica Stone desató sus dedos de los míos y se acercó al extraño.

«Hasta aquí, en tus propios dominios, las chicas te dan la espalda. León, eres simplemente patético», Esa pinche voz me estaba haciendo enojar; pero no tenía argumentos con que callar sus burlas.

Al fin y al cabo así funcionaban las cosas. Si no podías ofrecer tan siquiera un estúpido baile, no podías ofrecer nada.

Pero para mi sorpresa, las cosas tomaron un rumbo diferente.

La chica Stone recostó con suma delicadeza sus manos sobre los hombros del extraño y, después de una sonrisa traviesa, le atravesó los testículos con un rodillazo.

El extraño cayó de inmediato al piso. Se retorcía de manera demencial sin dejarse de sobar los cojones.

No emitió ningún sonido; ningún chillido, ninguna queja, nada.

Eso me gustó; me gustó al punto de arrancarme una sonora carcajada.

La chica Stone volvió a mí hecha un festival de alegría.

Se colgó de mi brazo y alzó su rostro para encararme.

—¿Quieres bailar conmigo? —Volvió a preguntarme.

—Hasta el amanecer, nena.

Corrimos de regreso a la inagotable pista de baile. Nos abrimos paso entre reinas del siglo XXVI, flappers, vendedoras de Radioshack, prostitutas, amigas de mi hermana mayor, esgrimidoras, Virginia Woolf, etc, etc, etc, etc.

Llegamos al centro de la pista.

Mientras le daba vueltas a la chica Stone podía sentir cómo una famosa actriz intentaba verter sobre mí la tentación de su aliento; cómo una vieja amiga de la infancia me rozaba la espalda con intenciones lujuriosas.

Todas nos miraban horrorizadas; llenas de furia, de rencor, de celos. Me sentía como el maldito amo.

—¡Váyanse todas al carajo! —grité— Estaré con Lady Stone hasta el amanecer.

Y así fue, para mi gran pesar.

Mierda, las mañanas siempre son la peor parte.


All the dreams were held so close
Seemed to all go up in smoke


19 de Enero de 2020 a las 03:21 0 Reporte Insertar 0
Fin

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E. Guerra Maya ¨Las palabras son lo único que tengo para jugar¨

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