shadi_kh Shadi K H

En un planeta inmenso, lleno de miles de razas y criaturas, destaca la historia de Kinori, un joven que por apariencia es humano, pero dentro de si lleva un poder único, la sangre de dragón. Él es uno de los 4 hijos de dragón con este poder, ya que los dragones fueron extintos hace mucho tiempo. Por eso mismo un grupo desconocido de villanos esta tras ellos, y para que el protagonista pueda defenderse, necesitara la ayuda de humanos que ven a los dragones como demonios.


#17 en Acción No para niños menores de 13. © Atribución de Creative Commons (CC)

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Zares.

En un universo completamente diferente, se sitúa un inmenso planeta en el que viven incontables seres vivos y miles de razas, donde se encuentra situado en el hemisferio norte una pequeña ciudad amurallada, llamada Argen. Es una metrópoli bastante pequeña, habitada por aproximadamente mil personas, y la mayoría son ancianos, ya que la natalidad es escasa por culpa de la pobre economía.


Entre los ciudadanos destaca una pequeña familia donde pertenece nuestro protagonista, Kinori. Es el hijo menor, con 13 años. Su carácter es rebelde y juguetón, ya que, siempre que él y su madre iban de compras, distraía a los comerciantes correteando o haciéndoles señas. Como los vendedores ya estaban acostumbrados, desde el momento en el que veían a los dos acercándose a su local, les saludaban diciendo, “¡Hola!, ¿qué tal está mi pequeñito preferido?”.


La apariencia del niño es única en la aldea, tiene el pelo liso, largo y recogido en una coleta, el color es un blanco puro, la piel es del mismo color solo que un poco más oscura y además los ojos son verde claro. Es por eso que los aldeanos, la primera vez que lo vieron, pensaron que era un elfo o algo por el estilo, pero los padres confirmaron que él era un humano normal.


Su familia vive en una casa pequeña, la cual tiene 2 puertas exteriores, una que da al pequeño huerto donde Kinori siempre ayuda a recoger las hortalizas y frutos que crecen, y otra, que tiene un camino que sigue recto y donde se puede ver casas vecinas rodeándolo. En cuanto al interior, esta tiene un comedor, una cocina, un pequeño baño y la habitación de sus padres.

Kinori duerme con su hermano en el salón, donde cada noche preparan sus camas de paja. En cuanto a sus padres, ellos usan su propia habitación, es pequeña con una cama grande y una ventana donde se puede ver el huerto.


Una de las cosas que más le encanta hacer a Kinori es visitar a Yuki, un monje, ya que él siempre le cuenta historias sobre hazañas de samuráis legendarios, algo que le entusiasma, siempre sueña con ser un gran guerrero samurái. A veces el monje mismo viene a visitarlos y siempre se trae con él unas galletas caseras que le encantan a Kinori: son redondas, dulces y crujientes.


Entre su familia esta Zares, el hermano mayor de Kinori, con 19 años. Es alto, con el pelo negro, largo y liso recogido en una coleta de caballo. Además, tiene la piel un poco morena y los ojos negros.

Él ya está preparado para la próxima guerra. Los guerreros de la aldea son entrenados desde los 12 años, con lo que Zares ya tiene 7 años de experiencia. Aunque realmente podría ya haber batallado con 18 años su primera guerra, obtuvo una guerra amistosa entre los soldados de Argen en su lugar. Y Kinori estaba celoso de ello, a él le apasionan las batallas, y siempre sueña en participar.



—Que envidia, tú podrás ir a una guerra antes que yo, —Dijo Kinori poniendo cara de envidia mientras miraba al suelo. Luego dirigió la mirada a Zares. — y con lo hábil y fuerte que eres, seguro que te ascienden rápido de rango.



El pequeño está junto con su hermano yendo de vuelta al hogar. El mayor lleva puesto la armadura samurái, ya que la hora para partir a la guerra se está acercando, además tiene en su mano la bolsa de la compra que encargó su madre, y Kinori tiene otra pequeña bolsa con unos gramos de harina. El hermano se detuvo para contestar a Kinori.



—Todo va a su tiempo, querido hermano. —Contestó Zares sonriendo mientras apoyaba su mano derecha en el hombro izquierdo de su hermanito.



— Oye, mira lo que tengo para nosotros. —Entonces comenzó a rebuscar su bolsillo para poder sacar algo. Del bolsillo salieron dos colgantes, y a Kinori le colocó uno, el cual tenía la parte blanca del famoso amuleto Yin y Yang como accesorio, la parte negra se la puso Zares.



—¡Guau qué chulo, es lo que siempre queríamos!, muchas gracias. — Dijo Kinori abrazando a su hermano.



—De nada. —Contestó Zares acariciándole el pelo al pequeño. — Este collar representa nuestros sueños, porque, cueste lo que cueste, los dos lo cumpliremos. —Continuó sonriendo y mirando a Kinori.



—Pero el Yin Yang no representa realmente eso, ¿sabías hermano? —Contestó el niño admirando su collar.



—Jajajajaja, ya sé que tú eres muy listo y te encantan las leyendas, seguro sabes más que yo sobre los amuletos. —Contestó el mayor poniendo su mano en la parte trasera de su cabello. — Pero yo quiero que represente ese sentimiento, ¿entendido?, los dos conseguiremos nuestros objetivos. —Sonrió Zares.



—¿Me lo prometes? —Dijo Kinori sacando el meñique mientras sonreía.



—Te lo prometo. —Contestó Zares juntando su meñique con el de su hermano.



Entonces siguieron su camino a casa conversando y carcajeando.

Al llegar, en el portal del hogar, le esperaba su padre junto a un grupo de hombres con armaduras samurái montados a caballo.

El padre es bastante alto, con el pelo y un bigote típico samurái de color negro, y con piel morena. En cuanto a su actitud, esta es seria como su mirada, y se considera uno de los mejores guerreros samurái de la aldea. Su nombre es Etis.



—Zares, ¿estás preparado? —Dijo Etis mirando seriamente al hijo mayor. — Finalmente vas a experimentar una guerra de verdad, espero que no me decepciones. Despídete, es hora de irnos.



Etis es siempre directo al hablar, usando pocas palabras para expresar lo que quiere.



—Kinori, —Siguió el padre mirando a su hijo menor— tu próximo entrenamiento es dentro de poco, quiero que cuando vuelva de la guerra el entrenador me informe que has hecho lo debido.



—Si, padre. —Respondieron los dos hermanos.



Luego Zares procedió a despedirse de Mizuki, su madre, con un fuerte abrazo, y ella le expresó unas palabras:



—Recuerda hijo mío, —Como Zares era más alto, ella tenía que alzar la mirada, y con sus dos manos en las mejillas del hijo, siguió— mejor morir con honor que ser un cobarde. Nunca tires tu arma ni escapes de un duelo, no te rindas tan fácilmente. Un verdadero samurái no muestra su miedo, al contrario, lo convierte en determinación para seguir la batalla.



Mizuki es de estatura mediana, tiene el pelo liso, largo y de color negro puro como sus ojos, es de carácter humilde y siempre sonreía con firmeza. La aldea la respeta por tener una mirada misericordiosa.



—Si madre, prometo no decepcionarte. —Contestó Zares seriamente, luego procedió a despedirse de su hermano.



El mayor se arrodilló para abrazarle, pero a Kinori se le cayeron las lágrimas.



—¿Qué ocurre hermanito? —Preguntó preocupado Zares.



Kinori miró a su hermano, pero él no paraba de llorar, aunque intentará, el pensamiento que consumía su cabeza no le dejaba.



—¿Seguro que no morirás? —Preguntó finalmente Kinori.



Zares sonrío y puso su mano izquierda sobre el hombro derecho de Kinori, entonces dijo:



—Siempre estuve a tu lado, ¿recuerdas lo que nos prometimos hace tiempo? Prometimos vivir lo máximo posible juntos, para así compartir nuestras historias. Y una promesa no se rompe. —Contestó Zares secándole las lágrimas a su hermanito. —Cumpliremos nuestros sueños juntos, pase lo que pase.



—Entiendo… — Contestó débilmente Kinori.



—¡Hey, mírame! —Insistió Zares. Entonces Kinori alzó la mirada y vio los ojos de su hermano llenos de determinación— Nuestra aldea ganará la batalla.



—¡Seguro que sí! —Contestó el pequeño decidido.



Entonces Zares, satisfecho de haber tranquilizado a Kinori, subió a su caballo y dirigió una sonrisa a él y su madre.



— Un momento — Exclamó Mizuki sonriendo — Te llevas algo que necesito.



Zares se dio cuenta de lo que se refería. La bolsa de la compra que le pidió ella, aún la tenía en su mano.



— Disculpa madre, se me olvidó completamente. —Contestó Zares riendo.



La madre se acercó para recoger la bolsa y darle un saludo más antes de irse. A continuación, él junto a su padre y sus compañeros de batalla, partieron a la zona de guerra. Cada vez no se les veía, se escuchaba el ruido del galope de los caballos y de las armaduras cada vez menos.



—Bueno, es hora de ir con el sensei. —Dijo Mizuki mientras le limpiaba la cara a su hijo— Ya escuchaste a tu padre, no le decepcionarás, ¿verdad?



—No, madre. —Dijo el niño — Ya voy yo al dojo.



La madre intentó cogerle de la mano a Kinori, pero él no quiso. Ya estaba harto de ir cogido de la mano como alguien pequeño, quería ir solo esta vez.



—Cuantas veces te dije que ya he crecido. — Se quejó intentando apartar su mano de la de su madre. — Además, esta vez iré solo, como aprendí, y me lo prometiste.



—Bien, pero, ¿seguro que te sabes el camino? — Dudó la madre.



—Pero si siempre me has llevado, me lo se de memoria. —Contestó yendo ya de camino al dojo.



—Perfecto hijo — Dijo, luego alzó la voz — ¡Mucha suerte en el entrenamiento!



Kinori alzó la mano para despedirse mientras seguía su camino. Aunque la madre estuviera preocupada por si se perdía, ella sabía que nunca llegaría a ocurrirle algo malo, toda la aldea conoce su familia y si él llegará realmente a perderse, los aldeanos le ayudarán a encontrar el camino.

El dojo se encontraba unas cuantas manzanas lejos del hogar de Kinori, con lo que le tomó unos minutos de camino, pero, en medio de la caminata, decidió correr.



—Vaya, otro día yendo solo, ¿eh pequeño? — Comentó un comerciante que vio correr al chico — Seguro tú serás el siguiente de los mejores guerreros.



El niño siguió su camino, y al pasar una manzana más, se paró un momento y dirigió la mirada a una calle que dirigía al hogar de uno de sus únicos amigos. Como la mayoría de habitantes en Argen eran ancianos, no había realmente muchos niños de su edad.«Espero que no tarde mucho»Pensó. Entonces se puso a esperar unos minutos mientras daba vueltas y pensaba en la guerra.



—¡Kinori! —Se escuchó una voz proveniente del hogar de su amigo. — Ves corriendo, ya te pillo.



El chico escuchó sus palabras, y siguió su camino corriendo. Mientras seguía trotando, se escuchaban pasos fuertes detrás suya, al girarse vio a su amigo esprintando hacia él para empujarle. Pero Kinori consiguió detenerlo usando una de las técnicas que le enseño Etis, no la tenía muy dominada, así que terminó haciéndose daño él también.



—Jajajaja, maldito —Comentó el amigo de Kinori tumbado en el suelo y tratando de respirar. El sprint que hizo le dejo casi sin aire. — Otro de los trucos de tu padre.



—Si —Burló intentando cubrir el pequeño fallo que hizo, luego estiró su mano para ayudar a levantar a su compañero — Bueno, será mejor que sigamos nuestro camino, Vibarl.



Él acepto su mano, y se levantó con la ayuda de Kinori, entonces hizo otro sprint.



—El último será el que limpie el dojo — Comentó Vibarl mientras corría. Kinori le siguió la corriente y fueron los dos corriendo las manzanas faltantes.



Al llegar al dojo, ahí había muy pocos jóvenes esperando al sensei. Todos estaban ordenados en dos filas, con lo que Kinori y Vibarl se colaron en una de las dos filas. Como eran solo seis, contándolos a ellos dos, las filas eran perfectas.

Mientras todos esperaban unos minutos, finalmente apareció el entrenador, y comenzó con la presentación. Era la rutina de siempre.


Tres horas pasaron, los alumnos ya salían del dojo para volver a sus casas, entre ellos estaban Vibarl y Kinori comentado el entrenamiento de hoy, los dos fueron juntos a sus hogares. En la calle donde estaba la casa de Vibarl, se despidieron, y Kinori siguió su camino.

Al llegar al portal de su hogar, abrió la puerta y entró, no sin antes avisar a su madre de que era él, diciendo:



—Madre, soy yo, Kinori, ya llegué del entrenamiento.



Todo estaba más silencioso, normalmente se escucharía la voz de Mizuki y Etis hablando, o la de Zares saludando a su hermanito, pero esta vez, solo se escuchaba el ruido de unos platos moviéndose y agua cayendo de un cubo.

Kinori se dirigió al baño para lavarse las manos y la cara, y luego fue a la cocina donde su madre estaba fregando unos platos.



—¡Hola cariño! —Dijo Mizuki sonriendo. — ¿Que tal fue el entrenamiento?



—Como siempre, hoy hemos seguido con las posiciones de la katana —Contestó.



—Ya veo. Oye, ¿qué te parece esto?,— Dijo Mizuki secándose las manos en el delantal. — Cuando termine de limpiar, vamos a visitar a Yuki el monje, seguro que tiene una nueva leyenda que contarte.



—¿Yuki? ¡sí, qué ganas! —Contestó el niño sonriendo. Escuchar el nombre de Yuki le hacía feliz, porque ya sabía que se lo pasaría genial con él.



La sonrisa del niño se contagió a su madre, entonces al cabo de unos minutos, ellos fueron de camino al hogar del monje.

Cuando llegaron a su casa, entró la madre diciendo:



—Con permiso, Yuki, somos nosotros.



El monje salió para saludarles: abrazó a Kinori y saludó a Mizuki. Él es ya anciano y vive solo en su casa humilde. Sus ojos son grises claros, le falta bastante pelo en la cabeza y su barbilla esta oculta por una gran barba gris.



—Pasad, ¿qué tal están mis invitados favoritos? —Invitó Yuki con una sonrisa. Luego vio que Kinori estaba un poco triste. —¿Por qué esa cara tan decaída mini-samurái? —Como al pequeño le encantaban los samuráis y le entusiasmaban sus leyendas, el monje le puso el apodo de “mini-samurái”.



El chico miró preocupado a Yuki, y al entrar al salón y acomodarse, le explicó poco a poco el porqué. Mizuki solo se quedaba mirando felizmente a los dos mientras bebía el vaso de té que les ofreció el monje.



—¿Conque tu hermano ya se fue a la guerra, ¿eh? —Dijo Yuki.



—Sí y seguro que ganarán... —Dijo Kinori apretando flojamente el vaso de té, y luego levantó la mirada con decisión. — Él y mi padre son los mejores guerreros de Argen.



—Es bueno tener esperanzas. —Contestó feliz Yuki— Bueno, hoy te contaré una leyenda que trata de Takeda Hideyoshi, un shogun legendario que derrotó a miles de demonios.



El monje comenzó a contar una leyenda mientras Kinori le miraba con ojos de asombro e interés.

Cuando cayó el sol, Mizuki y Kinori fueron de vuelta a su hogar, la madre casi tenía que llevar a rastras al pequeño, estaba agotado.



—Vamos Kinori. ¿Cuántas veces te digo que no me hagas esto cariño? —Dijo ella.



Al llegar, el chico se tiró en la cama de sus padres y la madre le arropó.



—Conque hoy quieres dormir aquí, ¿eh? —Preguntó Mizuki mientras le arropaba.



—Si. No quiero estar solo. —Contestó con ojos cansados Kinori.



Entonces Mizuki le contó una pequeña historia para que se durmiera. Mientras la historia era contada, el niño iba cerrando sus ojos cada más hasta dormirse. Y la madre, ya tranquila, se tumbó también, y se durmió en unos minutos junto con Kinori.


15 de Enero de 2020 a las 19:55 5 Reporte Insertar Seguir historia
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Continuará…

Conoce al autor

Shadi K H Siempre me ha fascinado la idea de crear mi propio manga, pero lamentablemente no se dibujar algo así. Es por eso que me dedico a escribir la novela "Sangre de Dragon" ya que es la única forma que tengo de publicar mi historia. Mi sueño es que algún día llegue a tener un manga.... No se como ocurrirá eso, pero tengo la esperanza. Seguirme en Instagram: @shadi_kh_escritor

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Nicolás Alejandro Nicolás Alejandro
Me gusta cómo vas construyendo contextos y diálogos entre tus personajes. Te seguiré para estar atento a tus historias, podrías seguirme de vuelta y leer lo que publique, me gustaría tu opinión. Para ir mejorando en mi historia que aun esta en proceso
April 13, 2020, 16:48

  • Shadi K H Shadi K H
    Ok, claro; Gracias por tu animo. April 13, 2020, 16:51
Wanis Karbal Wanis Karbal
Me a gustado ❤️😊.
April 08, 2020, 15:05
salamander owaratori salamander owaratori
Me gusta mucho este cuento
April 06, 2020, 10:17
Galo A. Vargas Galo A. Vargas
¡Hola! Somos del equipo de verificación de historias de Inkspired, y quisiéramos dar por verificada la tuya. Pero para hacerlo, necesitamos que por favor hagas ciertas correcciones de gramática, ortografía, puntuación y tildes. Por favor, revisa tu texto, y cuando hayas corregido estos pequeños detallitos, responde este comentario para revisar y verificar tu historias :) ¡Mucha suerte!
February 03, 2020, 18:43
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