Luz de Vela Seguir historia

sugarlinn Camila Jornet

La guerra puede traer un gran cambio a una nación, pero también grandes desgracias. Tres hermanos huérfanos que trabajan por su comida y han de cuidarse entre ellos para lograr sobrevivir. Sobretodo cuando deciden hacerse cargo del desenlace de tal horrible guerra. Y del destino de toda la comarca... Juego: The elder Scrolls V Skyrim. [No necesitas jugarlo para entender esto.]


Fantasía Medieval Todo público.

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Pesadillas

Mi alrededor se tornaba oscuro... Ni cielo, ni tierra, ni aire, ni agua. Sólo oscuridad.

No había viento, ni sonido alguno...

Sólo... Sólo podía observar con detenimiento la superficie por la cual yo caminaba. Hasta que topé con una pared. Pared de color negro, al igual que todo.

-Encerrada...- Murmuré.

De pronto, escuché pasos. Pero no unos pasitos casi inaudibles. Oh, no. Nada de eso.

Escuchaba unos estruendos ensordecedores. Pasos de gigante. Así sonaban, eso parecían. Pero a pesar de tales repentinos sonidos, me limité a mirar a mi alrededor, intentando prepararme para, quizás, un ataque.

-¡Christer!- Se escuchó a lo lejos, alguien me llama...-¡Christer!... ¡Despierta ahora mismo!

Abrí los ojos de golpe. La luz me cegó, a lo que inmediatamente volví a cerrarlos.

Sólo fue un sueño...

-Christer... -Volví a escuchar.- ¿Qué te crees aún durmiendo? Debo ir a cazar, y Jon no puede cuidarse solo. ¡Ya hablamos de esto!

-Mh... -Me quejé para aclarar mi garganta, estirándome levemente mientras le dirigía la mirada a mi enfadado hermano mayor.- Si Alof... Yo también te quiero mucho... Y me alegro de que hayas dormido bien.- Dije sarcásticamente. Sentándome en el catre.

-Ajá. Como dije, debes levantarte, ya viene siendo hora de comer y...

-Debo cuidar a Jon... Lo sé.- Terminé la frase por él.- Lamento haberme quedado dormida.- Dije mirándolo a los ojos, notando cómo su mirada de reproche se transformaba lentamente a una más compasiva.

-Pequeña... Sé que es duro todo este cambio...- Comenzó a decir.

-Al, esto no es necesario. Estoy bien, sólo que la caza nocturna me dejó agotada. No te preocupes...- Desvié levemente la mirada.- Ya me levanto para que puedas irte.

-Christ...

-Shhh.- Lo callé para levantarme rápidamente, e irme de mi
habitación. Para dejar a mi hermano tranquilo.

-Hermana...- Una vez estando un poco alejada de mi anterior posición. Escuché una voz detrás de mí, una voz aguda, débil y somnolienta.

-Hermanito...- Respondí girándome para ver al pequeño niño que se dirigía a mí.

-¿Alof ya va a ir a cazar?- Preguntó Jon casi en un murmuro. Al parecer también estaba recién despertando.

-Sip.- Dije revolviéndole el cabello, esbozando una leve sonrisa.- El grandulón irá a buscar comida para nosotros.

-¿Por qué no vas con él?...- Volvió a hablar con el mismo volumen de antes. Casi inaudiblemente.

-¿Por qué debería?- Me agaché para quedar frente a él.

-Porque...- Me dirigió la mirada, luego la desvió hacia el suelo.- Soñé algo, soñé que Alof era atacado. No recuerdo por qué o por quién... Sólo recuerdo ver su cuerpo sin vida en el suelo.

Hubo un silencio incómodo.

¿Alof siendo atacado?...

"Sólo recuerdo ver su cuerpo sin vida en el suelo." Esa frase retumbó en mi cabeza. No es precisamente lo que un niño de siete años debería decir.

-¿Has estado leyendo cuentos de miedo?...

-Sabía que preguntarías eso, y no, no lo he hecho. Así que por favor Christ, ve con él.- Volvió a mirarme a los ojos, esta vez con una expresión desesperada y preocupada.

-¿Ir con quién?- Dijo el mayor acercándose a nosotros. A lo que yo me levanté para quedar a su altura.

-Jon tuvo pesadillas de nuevo...- Dije seriamente.

-Oh, no... ¿Esta vez qué fue?- Preguntó mirándonos a ambos.

-Te atacaban mientras cazabas...- Dijo Jon entrecortadamente.

-Oh, Jon. No llores... Sabes que odio verte llorar...- Dije acercándolo a mi, a lo que se me aferró, dejando su cabeza en mi pecho y sus brazos rodeando mi cintura.

-P-perdón...- Murmuró el menor.

-Shh...- Lo callé para tranquilizarlo, acariciando su mejilla. Para luego mirar a Alof, parecía preocupado.

-¿Crees poder arreglártelas para cocinar con lo que tenemos? Será mejor que evite salir. Y... Tú sales a cazar de noche...- Dijo el mayor.

-Eso creo...- Respondí.

Solté un pesado suspiro, mirando a mi hermano mayor y a mi hermano menor. La vida, la fortuna y los Dioses no nos dieron mucha suerte en estos días.

A grandes rasgos, puedo decir que la guerra nos arrebató a nuestra familia.

Mi padre y mi madre eran orgullosos nórdicos. Nacidos y criados en Skyrim, de ellos salieron tres hijos: Alof, Christer y Jon. Tres fuertes nórdicos como sus padres.

Alof, el mayor. Tiene 19 años. No es muy alto... Es casi de mi mismo tamaño, de cabello castaño medianamente oscuro, y ojos azules como los de su padre. No es precisamente un chico muy musculoso, pero tiene suficiente fuerza como para cazar a un gato sable.

Yo, Christer, la del medio. Tengo 14 años. Soy medianamente bajita, de cabello color castaño claro y ojos azules, casi grises. "La copia viva de su madre." Suele decir Alof.

Jon, el menor. Tiene 7 años. Tiene una estatura normal para su edad, [Me llega hasta un poco más abajo de mis hombros.] su cabello es castaño claro y ojos azulados. Es muy temeroso, tímido y sensible. Pero bastante irascible a veces. No puede quedarse solo, y a veces tiene sueños... Sueños que se cumplen.

Lo que ocurrió, fue que un día papá fue a pelear con los Capas de la Tormenta a defender los derechos de todos los de su raza. Y bueno... Fue asesinado ahí. Mamá, por otro lado. Fue asesinada mientras preparaba un ataque sorpresa a un campamento imperial... Supongo que esos Imperiales fueron más inteligentes...

De esos acontecimientos no han pasado ni dos meses, pero hemos tenido que seguir adelante. Alof caza de día, yo de noche. Jon se limita a estudiar y a avisarnos si tiene algún sueño raro.

Mi hermano mayor ha asumido la mayor parte de la responsabilidad que conlleva tener una casa y dos bocas más que alimentar. Según él, soy demasiado pequeña para algunas cosas, y eso es lo que más me molesta de él...

-Christer.- Su llamado de atención me sacó de mis pensamientos, a lo que lo miré haciendo un sonido para indicar que lo escuchaba.

-¿Mh?...

-Tenemos... Bueno, ven a ver tú.- Hizo un movimiento de mano, luego salió del salón, entrando a la cocina. Que no era más que una vieja mesa con cuencos de madera sucios, junto con algún que otro pichel.

Seguí a mi hermano mayor, aún con la cabeza en las nubes, los recuerdos, la situación, el aprieto en el que nos habíamos metido sin quererlo ni esperarlo... Y... Las pesadillas.

¿Estaba bien hacer completo caso de tales sueños? ¿Es correcto temerles? Bueno, a estas alturas, lo peor que podría ocurrir es que uno de nosotros muriera, creo que eso nos arrebataría esperanza alguna.

Nos quitaría la poca que nos queda.

Las repisas dejaban ver un poco de comida. Patatas, puerros, coles, mantequilla, pan, manzanas, etcétera. Observé en silencio tales alimentos. Pensando en qué podría hacer.

-Un guiso... De manzana y col.- Dije dirigiendo mi mirada hacia él.- No se me ocurre mucho más que hacer...

-Tú eres la chef, hermanita. Haz lo que puedas hacer.- Respondió desordenándome el cabello.

-Ve con Jon, se fue a su habitación después de mencionar su pesadilla. No quiero que esté mal, Alof...

-Sí, lo sé... Iré con él. No te preocupes por eso ¿Está bien?- Dijo él, disponiéndose a ir con nuestro hermano pequeño.

-Está bien...- Dije en un suspiro, al escucharme, se fue. Me acerqué a la repisa a sacar los tres ingredientes que necesitaba. Coles, manzanas y sal.- ¿Por qué me hace cocinar a mí?... Él sabe mucho más que yo.- Me dije a mi misma, lo que me hizo recordar un comentario de el mismo individuo: "Porque de la cocina deben encargarse tú y mamá." Bufé al volver a escuchar tal frase. Como si sirviera sólo para eso.

Tras lavar minuciosamente la comida, me dirigí al espetón que estaba a unos pasos de la mesa, puse los ingredientes y comencé a cocinar.

Jon se asomó en el portal de la puerta en cuanto el olor a comida se impregnó en el aire, con una actitud tímida se acercó y tiró levemente mi ropa para llamar mi atención.

-¿Ya está listo?...- Preguntó.

-Déjame servir y podremos comer.- Le dije pasando mi mano cariñosamente por su cabello.

El pequeño asintió, para luego acercarse a la mesa y tomar los tres cuencos de madera que habían allí, acercándomelos para que sirviera.

-¿Por qué no vas a llamar a Alof para que venga?- Le dije llenando el primer cuenco.

-Voy.- Dijo enseguida.

Dejé el cuenco en la mesa, llené el segundo, lo dejé a un lado, y con el tercero lo mismo.

Tras haber dejado todo medianamente ordenado, los dos varones aparecieron, y tras ver la mesa, se sentaron. Yo los imité.

Alof probó la comida mirándome con desconfianza, como si pensara que envenené su comida.

-Mh...- Hizo un sonido de "degustación" mientras cerraba los ojos.

-¿Y bien?- Dije, habiendo probado ya mi comida.

-Está bueno, pequeña. Gracias.- Me sonrió.

-Gracias...- Dijo también Jon, absorto en su comida.

Sonreí, a pesar de la situación por la que estábamos pasando.

-Espero que Jon no vuelva a soñar algo para mañana...- Dijo el mayor en un murmuro.

El pequeño se quedó en silencio, como si no lo hubiese escuchado, así me pareció a mí.

Tal silencio se mantuvo un rato, hasta que aclaré mi garganta para hablar.

-Igual, si pasa algo, iré a cazar yo.

-Christ...

-No, no me repliques. Creo que ya soy lo suficientemente mayor como para salir a cazar dos veces al día y ayudar a mantenernos.

-Oye, sabes que no es necesario...

-No, no. Tú sabes que es sumamente necesario, no podemos comer sobras del día anterior.

Alof suspiró, este tipo de discusiones son bastante habituales en nuestro día a día.

-Está bien... Podrás salir a cazar las dos veces en el caso de que ocurra algo así de nuevo. Pero...

-¿Pero?

-Debes cuidarte muchísimo...

Su mirada se tornó tierna, preocupada y sus ojos brillaron levemente.

-Creo que es una de las pocas veces en las que me dices algo tan lindo, hermano.- Sonreí levemente.

-Cállate y dime que te cuidarás, mocosa.

-Y la tenías que cagar...-Suspiré.

-¡No digas groserías!- Me regañó Jon. A lo que sonreí levemente.

-Está bien, lo lamento, pequeño.- Dije para luego mirar a mi hermano mayor.- Alof, prometo cuidarme...

-¡Más te vale! ¡Porque si te pierdo...!- Algo lo hizo detenerse. Carraspeó y tomó su cuenco ya vacío para luego levantarse, tomar el de Jon y el mío.- Ya, al atardecer saldrás...

Lo miré en silencio y me levanté, sabía que esa interrupción en la frase era algo rara, pero opté por decir nada respecto a eso.

-Iré a leer, quiero mejorar mi arquería... Cualquier cosa, estaré en mi cuarto.- Dije comenzando a caminar.

-Está bien...- Murmuró Alof en cuanto salí de la habitación.

Entré a mi cuarto y busqué en mi estantería llena de libros viejos y rasgados el nuevo tomo que había comprado... Bueno "nuevo" ya que era un libro usado y en bastante mal estado.

Tampoco puedo ir gastándome el poco dinero que tenemos.

Al tomarlo, me senté en la pequeña silla al lado de mi catre, me crucé de piernas y abrí el libro.

-Y... Fin...- Suspiré cerrando el grueso libro. La verdad es que no pensé que lo terminaría en una sola tarde... Miré la ventana, el sol ya se estaba escondiendo entre las grandes montañas nevadas que se veían a lo lejos.- Creo que ya debería salir...

En cuanto me levanté, y me dirigí a la estantería. Mi puerta sonó, a lo que yo me acerqué a abrirla, Alof me miraba con un sentir de resignación, o eso parecía.

-Ya se está escondiendo el sol... Será mejor que salgas.- Dijo.- ¿Qué hacías?

-Leía. ¿Acaso crees que saldré a cazar sin estar preparada en los conceptos y consejos de arquería? No quiero que la cena escape.

-Esto sería tan fácil si tuviésemos dinero para comprar...- Suspiró.

-Oye... Si sientes que es necesario trabajar... Yo podría...- Comencé a decir, pero me interrumpió.

-No, ahí me niego rotundamente.

-Oh, vamos. ¿Por qué?

-No voy a cargarte con tal cosa. Si alguien trabajará, seré yo.

-¿Y dónde lo harás?

-En el aserradero.

Rodé los ojos, suspirando.

-Esto lo hablaremos después.- Dije en un tono seguro, Alof bufó.

-¿Quién te crees que eres?

-Calla, y sal de mi habitación, debo ponerme la armadura.

-Querrás decir mi armadura.- Respondió haciendo énfasis en el "Mi."

-Si, si. Tú armadura... La única que tenemos al fin y al cabo. Así que no te andes quejando.

-Mocosa malcriada...- Murmuró.

-¿Perdón?- Dije molesta.

-Nada, nada.- Respondió dándome un pequeño golpecito en la frente.

-Ya sal de aquí, enano.- Dije empujándolo para así cerrar la puerta. Solté un pequeño suspiro al hacerlo, luego se formó una tenue sonrisa en mis labios. Me hacía gracia este tipo de situaciones.

Me dirigí al armario, al abrirlo, pude ver una armadura de piel para hombre. Si, es de mi hermano, pero como él es bastante bajito para su edad, a mí también me queda. Además de el hecho de que no me importa usar ropa de mi hermano mayor.

Me quité el atuendo que llevaba puesto, estaba algo desgastado y sucio, pero hemos tenido que vender algunas prendas... Y a mi no me queda mucha ropa y así... Pero bueno. Me coloqué la armadura, unos brazales de piel y unas botas de hierro. Tomé mi arco de caza, flechas de hierro y salí de mi habitación.

-¿Ya te vas?- Dijo inmediatamente mi hermano, que estaba sentado al lado del espetón.

-Si, deséame suerte.- Dije en un murmuro. Disponiéndome a salir de la casa.

-¡Suerte, hermana!- Escuché de parte de Jon.

-Gracias, pequeño...- Dije para luego salir, cerrando la puerta a mis espaldas.

Inmediatamente sentí el frío viento recorrer mi cuerpo, ya estábamos acostumbrados, Ventalia es uno de los lugares más fríos, o eso escuché. Al fin y al cabo esto no es Elsweyr, no hay climas tropicales, ni brisa caliente. Aquí hay viento, nieve, hielo, etcétera.

La casa vecina se veía tranquila, el viento resoplaba, haciendo sonar un tenue silbido, sonreí, son pequeños placeres de la vida.

Bajé las escaleras, luego doblé a la derecha y subí otros pocos escalones, quedando en frente del Palacio de los Reyes. Suspiré. Ahí se regocijaba Ulfric, Jarl de Ventalia, el que se autodenominó "Rey Supremo" al haber derrotado a Torygg, el anterior rey supremo. Lastimosamente para él, fue acusado como asesino...

Que injusto. Él debe estar calentito en su Palacio, con comida, bebida y mujeres... Mientras que nosotros, un trío de huérfanos, debe salir dos veces al día a cazar porque no tienen dinero suficiente como para comprar carne, sólo pan y algunas verduras.

Solté un suspiro de molestia, haciendo que saliese un poco de vapor de mi boca. Seguí mi camino dejando las casas detrás de mí. A medida de que me acercaba a la gran puerta de la comarca, más recordaba mi pesadilla.

Un gigante... Oscuridad... ¿Qué podría significar?

Finalmente, empujé la gran puerta. Ignorando al guardia que me decía que si necesitaba ayuda.

La nieve resonaba bajo mis botas, mi aliento se condensaba cada vez que exhalaba, y el silencio dominaba el lugar.

Bajé las últimas escaleras, casi resbalé por el hielo, y el chico de los establos soltó una pequeña risa. Opté por ignorarlo, si lo miraba, me iba a sonrojar de la vergüenza.

Lentamente, me alejé. Mi rumbo iba hacia la Arboleda de Kynes. Un lugar en el que pasaban unos cuantos conejos, y un par de venados de vez en cuando.

Aunque como el lugar estaba habitado. A veces no había muchos animales para cazar. En ese caso, toca alejarse un poco más.

-Un gigante... Oscuridad...- Murmuré una vez me vi sola en el apedreado y un poco congelado camino.- Por aquí no hay un campamento de gigantes cerca... O sea... Pasado de la Arboleda... Hum...- Mis pensamientos fueron interrumpidos por el sonido de pasos, pasos diminutos, casi inaudibles. Me agaché, desenvainé el arco, tomé una flecha y tensé mi arma hasta lo máximo que me permitía.

En mi visión se interpuso un conejo...

Tomé aire y lo aguanté, apuntando con lentitud y delicadeza, hasta encontrar el tiro perfecto. Al hacerlo, solté la flecha de hierro. Clavándola en la cabeza del conejo. Solté el aire y fui a buscar a mi presa.

-Necesitaré más si voy a alimentar a dos hombres...- Sonreí levemente, divertida.

El sol ya se había escondido completamente, por lo que no había mucha luz. Tampoco tenía una antorcha para iluminarme y el hacerlo espantaría a los animales.

Escuché otros pasos, más fuertes, más pesados...

Un venado...

Tomé nuevamente una flecha tras haber guardado la carne del conejo. Tensé el arco hacia dónde escuché tales sonidos, y solté la flecha. Escuchando un gemido de dolor del animal y luego el estruendo de cómo se desplomó. Corrí hacia él, y le clavé con rapidez una pequeña daga en la cabeza, para evitar que sufriera. Suspiré y comencé a sacar su carne con delicadeza.

Nuevamente oí pasos... Pero estos no eran pasos diminutos... Ni pasos de venado, ni de ciervo, ni de zorro...

Eran pasos de un gigante...

El sonido era estruendoso, cada vez lo oía más cerca. Pensé en gritar, pero ¿Quién me oiría? Estaba a metros de Ventalia.

Me giré, y vi su figura, era un gigante, no había duda. Empuñaba su arma por encima de su cabeza mientras corría a gran velocidad hacia mí. Al llegar, y yo sin poder moverme de lo atónita que estaba, hizo un ademán con su arma para aplastarme, a lo que yo logré zafarme de pura suerte.

Resbalé con la nieve, y el gigante dio un segundo golpe, el cual falló, pero al haberlo dado justo a mi lado, me hizo volar lejos, cayendo en la nieve y alejándome aún más de la comarca.

Jadeante, tomé mi arco que cayó a mi lado y comencé a correr, la nieve me quitaba mucha velocidad y la oscuridad me impedía ver.

¿Serán estos mis últimos momentos?...

Envainé el arco y me giré hacia el gigante, no iba a vencerlo, pero podría intentar aturdirlo...

Rápidamente lo ataqué, de mis manos salieron llamas, quemándole el torso. No soy maga, pero este hechizo básico ha de servir de algo. Soltó un ensordecedor bufido, seguido de otro ataque que esquivé a duras penas, pero llegó a hacerme una herida en el brazo. Ardía como los mil demonios.

Habiéndole rodeado mientras le lanzaba fuego. Volví a correr hacia Ventalia, quizás llegaría para que los guardias me ayudaran.

O quizás...

El gigante golpeó el suelo detrás de mi, haciéndome caer hacia adelante.

O quizás muera en el intento...

12 de Enero de 2020 a las 03:03 2 Reporte Insertar 1
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Waldo Vincens Rey Keenan Waldo Vincens Rey Keenan
¡Wuau! Me ha encantado esta historia, el como se desarrolla hasta dejarte atrapado en un carrusel de emociones y sentimientos, espero que sigas así! *Agita su colita de perro y se acuesta en su camita uwu*
January 18, 2020, 01:52
Facundo Castillo Facundo Castillo
Bastante interesante y ese final... Tengo que admitir que es un buen 'cliffhanger' que atrapa. Espero que en el proximo capitulo, la protagonista no vuele por el aire...
January 12, 2020, 16:40
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