Hijos de Gaia 1. Omega Seguir historia

lumeriel Lumeriel Benítez

La Ley de la Manada es clara: solo existe un Alfa de Licia y solo su hijo mayor se convertirá en Alfa a su muerte. Cualquier otro hijo varón será el Omega de la nación. Duncan Nyktelios no solo es el Omega Lykegenes; sino que es un Lobo Medianoche, signo de mal augurio entre los licanos. Sin embargo, su inteligencia y belleza comienzan a atraer demasiada atención y provocan que su hermano, el Alfa Luciano, busque un modo de atarlo a su voluntad. Mientras Duncan sueña con revelarse contra el destino que la Ley de la Manada le marca y Luciano reniega de los sentimientos que plagan su tranquilidad, un juego terrible se juega sin que los gaianos lo sepan: los Dioses, los Señores de la Guerra de Gaia, usan a sus hijos como peones. Advertencia: Esta historia NO es Omegaverse.


Fantasía Sólo para mayores de 18.

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Prólogo

Escucha, kurós* que aún no empuñas la lanza ni abates tu primera pieza. Escucha, koré* de cabellos destrenzados y mejillas sonrojadas. Escuchen, ustedes que están aprendiendo a escuchar, lo que antaño cantaban las musas, lo que todavía murmuran las náyades en las linfas de las fuentes y susurran las dríades en lo profundo de los bosques. Esta es la historia del mundo.



Al principio, solo fue Khaos. Ni hembra ni varón. Principio y fin de todo y de sí mismo. Era el todo y la nada. De Khaos nació Gaia, la tierra que sostiene la vida. También emergieron Tártaro, el profundo abismo y Ouranos, el cielo que se eleva sobre Gaia. De sí mismo, Khaos engendró también a Nyx, la noche primera y a Erebos, la oscuridad. Nyx y Erebos se unieron y dieron vida a Hemera, el día y a Aither, la luz, y por primera vez el universo se iluminó.



Pero mucho más prolífera fue la descendencia de la fecunda Gaia y el ansioso Ouranos. Sus primeros vástagos fueron los Kyklopes, de un solo ojo y poderosa fuerza. Segundos nacieron los Hekatonkheires, cada uno con cien manos como su nombre indica. Últimos nacieron los Titanes, hermosos y fuertes, en número de doce. Pero Ouranos aún deseaba más hijos de Gaia y esta solicitó a su hijo Kronos que le evitara los dolores del parto nuevamente, así que cuando Ouranos acudió a unirse con su consorte, Kronos saltó sobre él y lo castró. Aun la sangre de Ouranos engendró en el seno de Gaia y dio origen a criaturas tan terribles como las Erinyes y los Gigantes.



Kronos se convirtió en soberano del mundo y tomó como compañera a su hermana Rhea, quien le dio seis hijos. Sin embargo, el rey temía que uno de sus hijos se alzara contra él del mismo modo que él lo hiciera contra su padre. Por esa razón, en cuanto Rhea daba a luz, Kronos devoraba a la criatura. El dolor y la desesperación de la madre crecían con cada nuevo embarazo y cuando parió a su sexto hijo, lo ocultó de su esposo y le dio una piedra envuelta en pañales. Cuando Zeus creció, se alzó contra su padre y lo derrotó en la guerra. Luego le hizo vomitar todos los hijos que había devorado. Kronos, con el resto de sus hermanos, fue apresado en las entrañas del mundo, en el mismo corazón de Tártaro, y comenzó la era de los Dioses.



Al cabo de un tiempo, los Dioses crearon a los mortales, los hijos de Gaia, para que les acompañaran. En agradecimiento por haberles creado, los hijos de Gaia deben servir a los Dioses con sus cuerpos y sus mentes.



Fragmento de “El origen del mundo”, del filósofo Arión de Tebas.

6 de Enero de 2020 a las 19:55 0 Reporte Insertar 0
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