MÁSCARA Seguir historia

fluyemar FLUYE MAR

NO TODOS LOS SUEÑOS MERECEN HACERSE REALIDAD


Horror Todo público.
Cuento corto
1
986 VISITAS
En progreso
tiempo de lectura
AA Compartir

MÁSCARA

Vamos a jugar a las escondidas y tratar de no morir dijo una de las personas allí presentes.

Es un cuarto oscuro con pasillos en seis direcciones diferentes. Las luces son tenues y se opacan un poco más cuando el hombre termina de hablar; una mesa de vidrio rectangular aparece en el centro del lugar y allí se pueden ver máscaras de distintas formas y colores oscuros.

Somos 10 las personas que formamos un círculo alrededor de esa mesa y no sé para qué sirven las máscaras que están allí.

Así que decido preguntarle a la persona que tengo a mi derecha, pero en cuanto voy a articular la pregunta veo que en su rostro hay una máscara; mi mirada se dirige hacia la mesa del centro y hacia los demás presentes y me doy cuenta que todos tienen ya una en su rostro; y en mi mano, acaba de aparecer la que parece ser la última.

No entiendo cómo llegó a mi mano o cómo se pusieron las máscaras los demás: es de color verde oscuro con ramas y hojas saliendo de la parte donde se encuentran los orificios para los ojos y una rosa roja en la parte donde deben estar ubicados los labios.

Mis manos empiezan a moverse en dirección a mi cabeza y cuando trato de detenerlas no funciona. Es como si yo no tuviera el mando sobre ellas y actuaran por cuenta propia.

Es hora de esconderse mis queridos amigos es la voz del hombre que habló al principio pero ya no está, se ha ido intentemos vivir.

Y me quedo paralizada.

Veo a todos correr pero yo no lo hago. Implícitamente escuché la palabra muerte, y eso no puede ser una broma pero no puedo reaccionar.

El miedo me paraliza, no me despierta. Si tú me pones frente a un camión con una distancia considerable para poder salir corriendo, yo me quedo estática y es posible que sea mi fin.

Y entonces corro, corro de lo desconocido y lo que me asusta; o quizá, corro para afrontar por primera vez los miedos.

Quizá no huyo esta vez, sino que lo afronto.

Pero doy cuenta que estoy perdida, perdida entre entradas que no sé a dónde me llevan o si podría regresar por mi cuenta a dónde estaba.

¿Pero quería regresar?

Y luego se escucha un grito. Dolor, desgarro y sorpresa salen de ese único grito con fuerza y yo me paralizo.

Alguien ha muerto.

Oh, Dios mío. Alguien ha muerto, ¿qué está pasando? empiezo a girar en todas direcciones para huir pero no sé por cuál ir.

Vamos a morir. Quizá todos vamos a morir.

Después de formular ese pensamiento, estoy de vuelta en ese cuarto, con solo 8 personas formando un círculo, pero la mesa ha desaparecido.

Ya no tenemos una máscara puesta. Ahora nos estamos mirando unos a otros y no sabemos quién es el asesino.

Sé que debemos encontrarlo, pero no sé cómo lo sé y también sé que si no descubrimos quién es, todos vamos a morir.

— ¿Quién será, quién será? Habla la misma voz pero ya no está presente en la habitación — ¿Quién lo descubrirá? ¿O todos morirán? — Y luego se ríe a carcajadas, se ríe de nosotros — ¡Es hora de correr!

Y no sé cómo, pero tengo una nueva máscara en mi mano.

Esta vez es una máscara completamente negra y una sonrisa malvada forman los labios.

Y todos corren, menos yo; porque cuando mis manos colocaron la máscara sobre mi rostro, supe quién era el asesino.

El asesino no era ninguna de las personas que estábamos ahí y a la vez podríamos haber sido todos.

El asesino era la máscara. Y convertía en asesino a quien se la pusiera, pero... ¿qué si no tuvimos opción?

A veces no tenemos opción de elegir si queremos problemas con los que lidiar, pero sí tenemos en nuestras manos la decisión de herir o no a los demás y si seremos capaces de vivir con la elección que tomamos.

Y sé que yo no seré capaz de vivir con la elección de haber herido a alguien.

Por lo que tomo el cuchillo que está en mi mano y lo elevo para tomarlo con ambas manos.

Si alguien va a morir aquí, soy yo.

Entonces llevo el cuchillo con fuerza hacia mi pecho sintiendo cómo todo el aire abandona mis pulmones.

Van a vivir.

Y despierto en la oscuridad de mi habitación. Con la respiración acelerada y un dolor en el pecho.

Era un sueño, pero el dolor de la decisión traspasó la realidad.

21 de Diciembre de 2019 a las 17:13 0 Reporte Insertar 1
Continuará…

Conoce al autor

Comenta algo

Publica!
No hay comentarios aún. ¡Conviértete en el primero en decir algo!
~