Cuento de brujas Seguir historia

aylenzunino Aylen Zunino

Esta es la terrorífica historia de una mujer enloquecida por una casa maldita que se convierte en una macabra asesina.


Cuento No para niños menores de 13.

#terror #misterio #sangre #muerte #asesinos #gotico #cuento
Cuento corto
0
682 VISITAS
Completado
tiempo de lectura
AA Compartir

Cuento de Brujas

Usted no va a creerme señor juez y posiblemente me condene. Pero cualquier cosa será mejor que volver a aquella casa maldita, donde los pasillos susurran y los cuadros lo observan a uno. ¿Sabe que incluso con la luz del día la casa permanece en penumbras? Le hace perder a uno la noción del tiempo, a veces también la del espacio. Es así como uno empieza a ver cosas que no están ahí. Esa es la manera en la que entran en su cabeza. Quizá eso fue lo que le pasó a mi querida Lucrecia. Dejó que la vencieran.

Verá señor juez, todo esto comenzó a un mes exacto de que nos mudamos a la casa. Recibimos la visita de un muy querido amigo mío que no veía hace muchos años. Edgard Luthier, mi amigo, llegó a nuestro hogar con su hija Isaura. Una joven de catorce años muy bonita, encantadoramente amable y muy educada.

Esa mañana Lucrecia no se veía del todo bien, decía que le dolía la cabeza y había vomitado varias veces. Con Edgard insistimos en llevarla al médico pero ella alegó que si hacía reposo se sentiría mejor y nos envió a cazar un venado para la cena. Edgar y yo tomamos las armas y nos pasamos gran parte del día en el bosque que se encuentra a menos de un kilómetro de casa. Isaura se quedó en casa a cuidar de Lucrecia.

Para cuando regresamos ya casi se había ocultado el sol. Lucrecia parecía mejor y cuando le preguntamos por la joven dijo que Isaura había ido a los establos para ver a los caballos.

Como podrá imaginarse señor juez, Isaura no apareció nunca. La denuncia está hecha y la buscamos junto con la policía por cielo y tierra. Yo mismo peine la casa y sus alrededores con mis sabuesos finamente entrenados para la caza. La niña desapareció como si nunca hubiese estado en la casa.

Luego de este trágico acontecimiento Lucrecia comenzó a levantarse durante la noche. Iba de aquí para allá susurrando cosas, abriendo puertas y registrando habitaciones. No me preocupó este hecho porque mi esposa ha sido sonámbula toda la vida, lo tomé como algo normal. Sin embargo cuando yo le preguntaba que hacía, ella volvía a acostarse como si jamás se hubiese levantado.

En ocasiones su rostro se ponía totalmente pálido. "¿Has oído eso?" me preguntaba. Yo negaba con la cabeza y ella hacía algún ademán restándole importancia. Nada me alarmó lo suficientemente como para darme cuenta de lo que estaba sucediendo.

Dos semanas después del incidente con la hija de Edgar se desató una gran tormenta que nos dejó sin electricidad. La casa, que ya era tétrica con las luces encendidas, se volvió totalmente aterradora a oscuras. Encendí velas pero no lograban iluminar ni la cuarta parte de ninguna habitación.

Esa noche Lucrecia no probó bocado y se metió en la cama sin siquiera mirarme. Hice caso omiso y al poco tiempo me quede dormido. Cuando desperté la vela junto a mi cama estaba casi consumida y Lucrecia no se encontraba en la cama. Naturalmente habría ido en su busca, pero entre la oscuridad y los ruidos de la tormenta el corazón se me impregno de miedo. No fue hasta que escuche a los caballos relinchar que me moví. Salí corriendo en dirección a los establos con la vela casi consumida en una mano y en la otra mi rifle de caza.

Lo que vi... lo que presencié aquel día fue el acto de crueldad más grande. Todos mis caballos habían sido asesinados, degollados. La sangre se esparcía por el suelo creando un charco inmenso. Y en el centro estaba ella. Lucrecia. En cuatro patas, como un animal, bañada en sangre, se comía...estaba devorando los órganos de mis caballos, su señoría.

Cuando volvió su desquiciada mirada hacía mi no pude evitar salir corriendo. Corrí hacia el bosque y pasé allí el resto de la noche. Estaba aterrado, su señoría. Lo que había pasado escapaba de toda lógica. Pasé varias horas intentando creer que lo que vi era parte de un sueño macabro, pero cuando salió el sol y no desperté desistí.

Al volver a casa Lucrecia lloraba desconsolada de rodillas en la puerta del establo entre vómitos y sangre. Usted no podra siquiera imaginar la fuerza de voluntad que tuve que emplear para levantarla del suelo. Me pidió ayuda a gritos, que la sacara de aquel lugar endemoniado.

En vez de hacerle caso llevé a Lucrecia a un hospital. El médico no encontró ninguna anomalía en mi esposa, al parecer todo lo que había comido lo había vomitado. No le expliqué al doctor las circunstancias que llevaron a mi esposa a comer órganos crudos de caballo, ni le ilustré la escena. Simplemente dije que había comido carne en mal estado. Le dio a Lucrecia un medicamento para inducir el sueño y volvimos a casa.

En cuanto cruzamos la puerta ella se transformó, volvió a ser la mujer perturbada y demente que vi en los establos. Comenzó a hablar con las paredes, de repente se reía o lloraba de una forma desquiciada sin motivo aparente. Me despertaba en mitad de la noche y ella se encontraba en un rincón de la habitación, a veces mirándome fijamente, otras cuchicheando, otras, golpeándose la cabeza con la pared, repetía una y otra vez que no podía hacerlo.

No sabría decirle cuánto tiempo pasó antes de que Lucrecia comenzará a ser un peligro tanto para sí misma como para mi. Su cuerpo presentaba marcas de golpes, cortes poco profundos y le faltaban un par de dientes. Cada vez que volvía a la casa ella se encontraba peor así que me tomé unas vacaciones adelantadas para saber que estaba sucediendo.

No importaba que le prepara, ella no comía. Mi esposa se veía cada vez más consumida, esquelética, sucia ya que cuando intentaba bañarla ella me arañaba y me mordía. Lo unico que usaba era un camisón y encima se ponía una bata.

Una noche tuve un sueño intranquilo y me desperté con el sonido de una respiración entrecortada. La casa estaba en completa penumbra y Lucrecia me llamaba a gritos desde el pasillo. El miedo me impidió moverme de la cama pero ella acudió a mi. Para cuando me di cuenta lo que estaba sucediendo ella ya me había cortado con el cuchillo. Luego se excuso diciendo que solo había intentado asustarme, pero no podía creerle. Algo en mi decía que no debía hacerlo, que debía salir corriendo nuevamente y no regresar jamás pero era mi esposa, la mujer que amé lo que llevo de vida. ¿Cómo iba a abandonarla cuando más me necesitaba?

Comencé a temer algún día no despertarme. Así que dejé de dormir durante las noches para cuidar de ambos.

Entonces ocurrió el incidente con los medicamentos que le dio el doctor. Lucrecia intentó suicidarse aprovechando que me quedé dormido y esa fue la gota que colmó el vaso. Si yo no podía estar tras ella todo el tiempo tendría que pagarle a alguien para que me ayudara.

La vida nunca me había parecido tan extraña y aterradora, y por primera vez no podía enfrentarme a algo solo. Me debatí varios días entre sí era correcto o no que alguien más se adentrara en esa casa, si alguien más debía ser víctima de la locura de Lucrecia. Sin embargo, no podía solo con aquella situación. Me había sobrepasado y ahora no solo estaba preocupado sino que también tenía miedo. A raíz de aquel último suceso dormir me asustaba. Cuando caminaba por la casa sentía que algo me perseguía. La sugestión era tan grande que cualquier ruido me ponía los pelos de punta y me parecía ver cosas con el rabillo del ojo que al voltear ya no estaban.

El temor más grande no era que Lucrecia volviese a atacarme sino volverme tan loco como estaba ella. Tenía la fatídica sensación de que tarde o temprano iba a acabar en desgracia.

En un mes veinticinco enfermeras renunciaron luego de pasar una noche en el lugar y presenciar uno de los terrores nocturnos de mi esposa. Cuatro de ellas con lesiones menores. Ya no sabía que hacer.

Hice desaparecer de la casa cualquier utensilio con el que Lucrecia pudiera hacer o hacerse daño y durante las noches me encerraba en una de las habitaciones de huéspedes. Lo que sucedía durante las noches es indescriptible señor juez y temo que todos piensen que estoy loco, pero oía cosas, tal vez imaginarias, tal vez no. Cosas que nadie debería oír.

Se que no imaginé los golpes en mi puerta y los arañazos porque Lucrecia gritaba del otro lado, lo demás prefiero guardarmelo para mi.

Sonia apareció en mi puerta el veinte de agosto, diciendo que se había enterado de nuestra situación y que ya había tenido pacientes como Lucrecia antes.

Por supuesto le di el trabajo. Comenzó inmediatamente y para mi sorpresa supo manejar a mi esposa mejor de lo que yo lo había hecho, o cualquier otra enfermera.

Lucrecia volvió a comer, se bañaba, incluso reía. Por un momento pensé que podría recuperar a la mujer que amaba. Pero aquella esperanza me duró poco. A una semana exacta de que Sonia apareciera en la puerta de mi hogar desapareció en las mismas condiciones sospechosas que Isaura.

Como sabrá no hay donde comprar nada en esa zona y nuestros vecinos estan a kilometros de distancia. Necesitaba ir a la ciudad para comprar provisiones antes de que la nieve cerrara por completo el paso, no podíamos vivir de lo que cazaba en el bosque pero tampoco podía dejar sola a Lucrecia. Pensé en llevarla conmigo pero en cuanto intenté sacarla de la casa se cuerpo comenzó a retorcerse de una manera espantosa, como si fuese una muñeca de trapo.

Mi desesperación al oir en la radio el anuncio de que una tormenta iba a azotar el condado me llevó a buscar algún vecino que pudiera cuidar a Lucrecia durante mi ausencia.

Encerré a mi esposa en nuestra habitación y conduje kilómetro y medio hasta la próxima casa. Allí vivía una mujer con sus dos hijos. Le expliqué que Lucrecia estaba en cama, que no podía sacarla de la casa pero tampoco dejarla sola. Muy amablemente se ofreció a cuidarla y se subió a mi coche con sus hijos. Mientras íbamos en el auto le advertí que escuchara lo que escuchara no abriera la puerta de la habitación, que a lo sumo me demoraria un día, dependiendo del clima y mi esposa tenía comida y agua.

Creí haber tomado todas las medidas necesarias para que nada malo sucediera, pero como siempre me equivocaba. Cuando volví a casa la puerta de la entrada estaba abierta de par en par. Los muebles estaban rotos, algunos volteados, las cortinas rajadas. Se veía como si una estampida hubiese pasado por allí.

El corazón se me desbocó y mi cuerpo se negó a dar un paso más. Algo sumamente trágico había pasado allí, el olor a sangre en el aire me lo sugería. Cuando encontré el cuerpo de la mujer no pude aguantarme las ganas de vomitar. Su rostro había sido arañado hasta que le arrancaron la piel, en partes se le veía el hueso. Tenía los huesos de las extremidades rotas y las vísceras la rodeaban.

Corrí por toda la casa en busca de los cuerpos de los niños y mi esposa, pero no hallé más que un rastro sangriento que llevaba al bosque, el cual seguí con mi rifle en mano.

De a poco comenzó a oscurecer. Cada paso que daba era un milímetro más que el sol se escondía. El rastro me llevó a un claro en el que hallé los cuerpos de los niños. No vale la pena describir el estado de sus cuerpos, no creo que nadie desee oír semejante atrocidad.

Un golpe inesperado me tumbó en el suelo. No llegué a desmayarme pero estaba aturdido. Intenté voltearme pero alguien me pisaba la cabeza contra el suelo.

Supe de inmediato que sería mi fín. Pero de repente y sin previo aviso la presión desapareció. Me incorporé a duras penas y de entre los arbustos salió lo que en la oscuridad me había parecido una bestia. Tomé mi rifle y dispare. La bala le alcanzó la cabeza y el animal cayó desplomado al suelo.

Al acercarme pude ver que no era un animal, le había disparado a mi esposa en la cabeza, bañando de sangre todo a su alrededor.

Lloré. Grité. Golpee con fuerza el suelo. La mujer que amaba yacía muerta entre mis brazos, con la mirada perdida y los ojos apagados. Y soy el culpable. No la escuché, no la saqué de ese lugar incluso aunque me lo pidiera a gritos. Debí haber hecho caso, aunque no tuviéramos dónde ir.

Lucrecia se había convertido en una asesina demente por mi incapacidad de hacer lo correcto. Dos mujeres estaban desaparecidas, veinticinco traumatizada y una familia asesinada. Todos me galardonaron como héroe por meterle una bala entre los ojos al amor de mi vida, pero hoy vengo a responder por sus crímenes, más que por el mio. Merezco cadena perpetua porque de no ser por mi inutilidad quizá nada de eso hubiese sucedido.

Franco Graham fue absuelto del asesinato de su mujer el cuatro de noviembre de mil novecientos cincuenta y tres.

Casi treinta años después el caso contra Lucrecia Graham fue reabierto debido a nueva evidencia proporcionada por un nuevo testigo.

La joven Isaura Lutier fue encontrada en la ciudad golpeada, violada y al borde de la muerte. Los oficiales que la encontraron llevaron a la joven al hospital de inmediato, y con su ultimo aliento de vida les narró la historia más cruel y espantosa que jamás habían oido.

El día que desapareció, Isaura fue conducida a los establos por Franco Graham que le mostró una trampilla que llevaba a un túnel que conectaba subterráneamente la casa con los establos. No estaba segura del momento exacto en el que perdió el conocimiento. Solo recordaba despertar dentro del túnel y el tormento que le siguió a continuación.

"Nunca había tenido tanto miedo" declaró la joven Lutier "al principio rogaba porque alguien me hallara. Golpeaba las paredes de la casa y gritaba sin cesar con la esperanza de que la señora Lucrecia me oyera, pero solo le llave problemas. Entonces empecé a pedirle a Dios que ese infeliz dejara de golpearla. Solía encerrarla en el sótano sin comida ni agua, durante días. Las palizas, los abusos, la humillación y el dolor eran constantes, así que con el tiempo empecé a rogar por la muerte. Quería que fuera rápida e indolora, como quedarse dormida. Mi sueño recurrente, cuando lograba dormir era simplemente no despertar. Pero la esperanza no me dejaba morir. Entonces apareció una mujer llamada Sonia, que haciéndose pasar por enfermera, había conseguido infiltrarse en la casa. Le pareció extraño que veinticinco mujeres salieran corriendo del lugar sin decir palabra, completamente aterrorizadas. Pero Franco encontró su placa y acabó echandola al agujero conmigo. Logré escapar una vez y mucha gente murió, entre ellas la señora Lucrecia. Hay más chicas en el agujero, tienen que salvarlas"

El ADN de Franco Graham estaba esparcido por todo su cuerpo, tanto por dentro como por fuera. El reporte del forense expone a detalle cada una de las torturas que Isaura Lutier sufrió durante treinta años. Sin embargo el diario no expuso el reporte, creyeron que el testimonio de la joven sería más que suficiente para llevar a Franco Graham ante la justicia.

El problema se dio cuando Franco Graham fue quemado en la hoguera por toda una ciudad enardecida, horrorizada y movilizada por tanta maldad. Las mismas personas que lo aclamaron héroe fueron quienes lo ataron a la hoguera.

En el túnel se encontraron cuarenta cadáveres de mujeres y niñas jóvenes, entre ellos el de la agente Sonia Drossi. Se investigó a fondo al señor Graham, descubriendo así que llevaba doce viviendas habitadas en todo el país y en casa casa había un túnel, con cuarenta cadáveres de mujeres y niñas jóvenes.

Hoy en día, lo único que nos queda claro es que Franco Graham hubiese sido un muy buen cuentista del género gótico. Sus crímenes serán recordados, no solo por la atrocidad de los mismos, sino porque el jurado, el juez y el rey lo declararon inocente a raíz de un cuento de brujas.

14 de Diciembre de 2019 a las 21:19 2 Reporte Insertar 1
Fin

Conoce al autor

Comenta algo

Publica!
Gin Les Gin Les
Hola. Soy Gin, embajadora y parte del equipo de verificación de Inkspired. He pasado a revisar tu historia pero antes de verificarla es necesario que elimines los símbolos ⟩⟩ ya que no son necesarios puesto se trata de un cuento narrado en primera persona y no presenta diálogos. Una vez hecho esto responde este mensaje y pasaré a verificarla. Saludos :)
December 21, 2019, 18:40

~