El ópalo de fuego Seguir historia

max-skygge1575840412 Max Skygge

El planeta tierra ya no es lo que solía ser, tras el resurgimiento mágico gracias a una tregua, los seres humanos han convivido en un nuevo y reestructurado mundo con toda clase de seres que antes solo eran considerados fantasías. Hadas, elfos, licántropos, magos, vampiros… Tras siglos de adaptación el nuevo mundo funciona en constante equilibrio, incluso las nuevas generaciones han cambiado. Helia una chica mitad bruja deberá hacer frente a una temible amenaza, seres oscuros empiezan una guerra por poder, poder que será suyo si son capaces de hallar el ópalo de fuego.


Fantasía Todo público.

#juvenil #lobos #magia
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CAPÍTULO 1

Muchas personas creían que la magia y lo sobrenatural no existía, que era simplemente un mito, historias que se cuentan a los niños para hacerles temer, estaban equivocados.

Todo cambió el día que lo seres mágicos resurgieron de entre las sombras. El planeta tierra colapsaba, toda clase de vida se extinguía, cuenta la historia que fueron los seres humanos quienes se encargaron de ello.

En medio de tanto caos y destrucción fue entonces cuando los que habitaban las sombras, al verse también amenazados, empezaron una gran guerra que por poco termina con la humanidad que quedaba.

Si nuestros antepasados no hubieran concluido la gran guerra del resurgimiento mágico con una tregua, en donde se firmaron acuerdos para que seres mágicos y la raza humana convivieran en paz, los humanos no existieran en el actual mundo, y yo, bueno, yo no hubiera nacido.

Lo que antes se conocía como planeta tierra hoy se conoce como planeta Jadi, en honor al hechicero que dirigió el resurgimiento, grandes espacios del territorio del antiguo planeta han quedado sumidos en la oscuridad, hoy lo habitan los condenados o como muchos les dicen, los retenidos, aunque en realidad no sean lo mismo.

Los seres mágicos no fueron los únicos en liderar un resurgimiento, antiguamente, más allá del mundo de los sombras, había o hay un lugar repleto de almas perdidas, demonios y toda clase de aberraciones, retenidos de las sombras. Ellos también resurgieron y acabaron con todo a su paso, surgió entonces la segunda gran guerra. Por suerte, los seres mágicos y los humanos, grandes aliados, pudieron vencerlos, enviándolos de nuevo al mundo de las sombras. Muchos de ellos habitan hoy en día en las zonas oscuras del planeta Jadi, pero todo está controlado gracias al equilibrio del nuevo mundo.

El planeta Jadi es habitado por diferentes razas de seres mágicos y también por humanos, cada uno tiene su territorio y su propio gobernante, elegido según las costumbres y creencias de cada territorio.

Nací y crecí en territorio humano, en la ciudad de Mir que limita con la ciudad de Shidet, territorio de Magos, brujos y hechiceros.

Aunque actualmente vivo en territorio de humanos cuando cumpla dieciocho años tendré que partir a la ciudad de Shidet, la ley universal así lo dictamina.

Capítulo II de la constitución de Jadi.

En relación a unión Brujo /a – humano.

Artículo 4. Todo brujo/a que decida unirse en matrimonio a un ser humano, deberá recibir la abolición de sus poderes para poder habitar en territorio humano.

Artículo 5. Toda persona nacida de la unión de un brujo y un humano, sea cual sea el sexo, debe ser criado en territorio humano y al cumplir los dieciocho años deberá acudir a la ciudad de Shidet para su correspondiente entrenamiento.

Puede decirse que soy mitad bruja, aunque de eso quizá solo tenga la sangre. Mi madre pertenece a un linaje de brujas de alto rango, debería ser la próxima gobernante de su raza, pero, se casó con mi padre, un simple humano amante de la mecánica y la historia. Al hacer esta unión permitida bajo muchas condiciones y leyes, mi madre fue hechizada para que nunca más utilizara sus poderes, de este modo podría vivir con mi padre, aquí en Mir, ya que a los seres humanos no se les permite visitar ningún territorio de los seres mágicos, exceptuando a los miembros del consejo.

Muchos humanos, pese a todas las ventajas que nos han dado, temen a las brujas, porque piensan que son malas, en cambio adoran a las ninfas, no saben lo desesperantes que pueden llegar a ser. Se sorprenderían si supieran la cantidad de brujas que viven en territorio humano, la madre de mi amiga, la señora Panmel quien es muy religiosa de seguro gritaría si supiera que en la panadería donde compra el pan todas las mañanas la encargada de hornear es bruja, más bien era bruja antes de casarse, ahora su hija de dieciséis años quien ha heredado la magia de su madre es la que prepara los pastelitos de queso con solo un chasquido todas las mañanas, ¡estaría horrorizada!

Mi padre lee muchos libros de historia, por eso sé en palabras suyas que la tierra era un desastre y que ahora es mucho mejor, aunque quizá, y esto es a su parecer, algunos aspectos no han cambiado en cuanto al regimiento de la raza humana.

Los seres mágicos han clasificado el territorio humano en clases, en la ciudad de Mir habitan los humanos clase alta tipo uno, dos y tres. En la ciudad de Ciro la clase media tipo uno y dos, por último en Saen habitan la clase baja, la clase olvidada incluso por los propios humanos.

No sé cómo surgieron las clases ni quien impuso los puestos, supongo que desde el inicio fue así, los antepasados de mi madre se las arreglaron para quedar en el comité gubernamental y dejaron seguro un puesto a la familia de mi madre, ella hace parte del comité y es la presidenta de los derechos de los ciudadanos, aunque ya no ejerza la magia, a menudo se ve en problemas por defender a los de clase baja y abogar por sus derechos.

Al lado de mi casa hay un árbol de almendros, algunas de sus ramas dan con la ventana de mi habitación, cuando es temporada me gusta ver como nacen las flores, me gusta mirarlas, verlas ser.

Mis dedos juegan con una de las flores que empieza a marchitarse, la acaricio levemente y observo como poco a poco vuelve a renacer, mi madre dice que en sus antepasados hay muchas brujas con ese don y que es una suerte que lo haya heredado, en un año partiré a Shidet a cumplir con mi entrenamiento, quizá en cuatro años, si tengo suerte, me habré graduado y podré hacer parte de los guardianes, soldados de negro que se encargan de proteger al planeta, todos los mitad Ser mágico – humano, tras el entrenamiento pasan a ser guardianes, la ley lo dicta.

Ojala no fuera mitad bruja, así podría ir con Gabriel a estudiar agricultura.

El reloj marca las ocho de la noche, el sonido del canto de un ave es el aviso de que Gabriel está abajo esperándome.

Gabriel es mi mejor amigo, aprendimos juntos a silbar como aves a modo de clave, los padres de Gabriel poco lo dejan salir y menos si iría conmigo, así que desde que tenemos ocho años nos damos pequeñas escapadas y avisamos con el canto de un ave que hemos llegado para dar señal al otro de que puede bajar.

Mi mejor amigo es hijo de la unión de dos humanos muy convencionales, presumen de ser cien por ciento puros, su sangre no está manchada, es por eso que nunca han permito que Gabriel me tenga como mejor amiga.

—¿Lista para ver las estrellas? — me dice Gabriel una vez mi pies pisan el césped, bajar por mi ventana es algo tan rutinario que me resulta demasiado fácil.

Iremos a un festival conocido como las estrellas, se lleva a cabo una vez al año en la zona más baja del territorio humano, la ciudad de Saen fue consumida por la oscuridad pero es habitada porque la tierra sigue siendo productiva, a pesar de esto no cuenta con luz de ninguna clase, ni sol, ni luna, ni estrellas, solo oscuridad, diferentes paneles iluminan el suelo para que se pueda producir frutos. Una vez al año se les concede el privilegio de poder ver las estrellas, esto gracias a los brujos y hechiceros del cosmos, quienes viajan desde Shidet hasta Saen para convocar una lluvia de estrellas que dura alrededor de dos horas, es todo un acontecimiento.

Ni Gabriel ni yo tenemos autorización para ir a Saen, es considerado peligroso, al ser Saen una ciudad sumida en oscuridad y estar limitada con el bosque oscuro, es propensa a que algún condenado se filtre. He asistido dos veces al festival de las estrellas, una de ellas con mi padre y otro con mi ex novio. Gabriel nunca lo había hecho, así que su rostro planta una sonrisa de total emoción.

—¿En qué nos iremos? — pregunto, es algo en lo que no había pensado, Saen queda a un poco menos de cuatro horas de Mir, es decir que si partimos ahora estaremos allá a la media noche, justo a tiempo para ver el inicio de la lluvia de estrellas.

La enorme sonrisa en el rostro de mi amigo da a entender que él si pensó en eso.

—Veras, he estado trabajando con la bruja Matilde…

—Gab, te he dicho que Matilde no es bruja — lo interrumpo.

—Como sea, pero no niegues que se parece — me señala con el dedo y prosigue — bueno, el caso es que trabajando para la No bruja Matilde, he ganado algunas monedas extras y he podido comprar algo, algo que nos transportará.

Gabriel camina sigilosamente, para que mi padre no nos pillé, le sigo, se dirige hacía el parque que queda cerca de casa.

De entre un montón de arbustos saca lo que parece ser una vieja motocicleta oxidada, posiblemente sobreviviente a décadas y décadas de destrucción.

—¿Una motocicleta oxidada que probablemente no sirva? — le pregunto mientras me cruzo de brazos.

Gabriel se lleva una mano al pecho, fingiendo estar dolido.

—No es solo una vieja motocicleta oxidada, Helia — me reprende — ¡Es la moto de Hernán el grande! — dice emocionado.

Hernán el grande es una vieja historia de un hombre que se convirtió en héroe en la batalla del resurgimiento de los retenidos.

—Gab, suponiendo que esa moto es de quien dices que es, ¿de dónde la sacaste? — le pregunto y detallo cada movimiento de su cuerpo, algo oculta.

—Eso a ti no te incumbe — dice mientras desenreda una rama que se ha atorado en la llanta de la moto.

—¿Has ido al mercado negro? ¡Gabriel! — lo regaño, mi amigo me sonríe e intenta abrazarme, ¿cómo se atreve? — has ido sin mí — le reprocho.

—Sabes que es peligroso — me dice.

—Es más peligroso si vas solo.

—No te hagas la indispensable —Gab sonríe para luego añadir— ¿sabes? sí eres indispensable — La mirada de mi amigo refleja que está a punto de pedirme un favor.

—¿Qué quieres? — le suelto.

—Necesita encender — responde señalando la moto.

—¡Lo sabía! Esa cosa ni siquiera funciona.

—Puedes, ya sabes… empujarla — dice mientras arrastra la moto hacia la calle, luego se sube y espera por mí, me acerco dudando.

No teniendo otra opción y no pudiendo evitar negarme al favor que me pide mi amigo, empujo la moto mientras Gabriel intenta encenderla, da pequeño gritos de emoción mientras lo empujo, como si de un niño pequeño se tratara.

Al cabo de unos minutos empujando, la moto por fin enciende, emite un estruendoso ruido capaz de despertar a media ciudad.

—¡Sube! ¡Vamos Lia! — grita mi amigo cuando la moto en una bajada empieza a andar más de prisa, me apresuro y corro un poco para poder alcanzarlo.

La brisa golpea mi rostro, hemos logrado que la moto ande con regularidad, a veces se apaga por lo que me toca volverla a empujar, va demasiado lento para mi gusto.

—Me da un poco de vergüenza andar en esto— digo a la espalda de mi amigo.

—¿Vergüenza? Siéntete orgullosa, estas en la moto de Hernán el grande — dice Gabriel eufórico.

—No creo que esta sea la moto de Hernán el grande.

Gabriel se limita a burlarse de mi incredulidad, conduce concentrado, la moto disminuye cada vez más la velocidad, por otro lado, estamos próximos a llegar, si no fuese porque me bajo de vez en cuando a empujar mi trasero doliera de los mil demonios.

La carretera se vuelve cada vez más oscura, la luz de la motocicleta no es que cumpla mucho su función, casi que vamos a ciegas, la luz de un coche nos ilumina el camino mientras pasa adelantándonos.

—Les conviene mejor bajar y seguir andando — ríe el conductor a nuestro lado.

—Te conviene mejor cerrar la boca — es Gab quien habla.

—Vamos, Helia, si quieres te llevo — Charlie, el chico que conduce y se burla, es mi ex novio, un prepotente licántropo sin licantropía.

—¿Sabe tu madre que andas por estos lados? — le suelto.

El rostro de Charlie se muestra enfurecido, he herido su orgullo delante de sus amigos, su madre al igual que la de Gabriel es humana y le prohíbe ciertas cosas a su pequeño y cretino hijo. EL auto acelera y lo perdemos de vista en medio de la oscuridad.

Poco antes de llegar a la valla que nos separa de la zona baja, Gabriel se detiene y sugiere dejar la moto escondida ya que no ve conveniente entrar en ella, recuerdo que la vez que vine Charlie el hizo lo mismo con su auto, así que apoyé la decisión de mi amigo.

Entre arbustos y cubierta por ramas, escondimos la moto, según Gabriel, para que nadie la robara, <<como si alguien la quisiera >> pensé.

Caminamos unos quince minutos hasta cruzar la valla, Gabriel iba de primero y yo le seguía, para no haber venido nunca al lugar se mostraba muy seguro de sí mismo.

—Todo es tan oscuro — susurra Gab.

—Tal cual lo describen — respondo, agarro su mano para no tropezar.

—Es triste.

A lo lejos se escucha el ruido de la multitud, a medida que avanzamos pequeñas farolas afuera de las casas empiezan a alumbrar las calles, suelto la mano de mi amigo, ya podemos caminar libremente.

En la plaza donde se da inicio al festival de las estrellas hay una cantidad de personas, la mayoría de ellas llevan sus mejores trajes, madres de la mano de sus hijos los pasean por el lugar esperando el gran espectáculo.

—No puedo creer que me perdiera de esto — Gabriel asombrado miraba todo el lugar.

Las viejas calles, con sus anticuadas casas, alumbradas por velas o uno que otro farol, el olor a lluvia y el frio que se cuela hasta en los huesos, es un paisaje llamativo para alguien que nunca ha estado aquí.

En la plaza todos estaban felices, había guardianes, magos, y hechiceros, de los cuales nos escondíamos para no ser reconocidos, si se enteran de que venimos de Mir o nos piden nuestras identificaciones estaríamos en graves problemas.

Muchos niños juegan a arrojar un objeto brillante al cielo, bastantes farolas rodean la plaza por lo que se puede observar con facilidad los rostros de todos.

El ruido de tambores indica el inicio del espectáculo, la multitud chilla emocionada, un mago se sitúa en la mitad del escenario, saluda al público y usa su magia para invocar una gran lluvia de estrellas, su idea es semejar a la constelación Andrómeda.

Gabriel mira al cielo emocionado, es un espectáculo totalmente hermoso.

Esta noche se presentaran cinco reconocido magos, todo el mundo ansia verlos, Gabriel y yo bailamos al ritmo de una banda que toca en el escenario.

A medida que avanzaba el espectáculo el cielo se llena de hermosos colores y todo el entorno toma las mismas tonalidades, brillamos.

—Ven, ahí hay un lugar disponible — señala Gab, toma mi mano y me dirige hacia el lugar.

Nos retiramos un poco del centro de la plaza a un lugar donde las personas están sentadas sobre el césped, como si estuvieran acampando solo para ver las estrellas, queríamos un lugar calmado y en el centro de la plaza las personas permanecían de pie para bailar y esas cosas.

—Aquí estamos mejor — dije sentándome sobre el césped.

—Así que no se cansan de tener estrellas todas las noches, tienen que venir a ver la nuestra también— dijo una voz a nuestras espaldas.

Ambos volteamos y vimos que se trataba de una chica de más o menos nuestra edad, tenía el cabello negro y unos ojos verdes que me miraban de una forma que no pude reconocer.

—Allá no se ven como acá — respondió Gab desinteresado y se sentó cómodamente.

— Las personas no valoran lo que tienen — dijo la chica — sabes, estoy cansada de ustedes, los reportaré.

—¿De nosotros? Pero si es la primera vez que nos ves— Habló Gab.

— De todos ustedes— dijo la chica enojada— de los de clase alta que se creen con derecho a todo, no podemos tener una fiesta porque también quieren venir a quitárnoslo.

—Que no te vamos a quitar algo solo por verlo— le respondí. Estaba molesta.

—Da igual, llamaré al guardián si no se van— Amenazó.

— ¿Qué te pasa? — dije levantándome.

— Cálmense chicas—Gab intervino— Déjame presentarme— dijo dirigiendo a la extraña. —Soy Gabriel.

— Y yo no te lo pregunté— respondió ella, no pude evitar reír, Gabriel se lo busco por hacerse el caballero.

—No pensamos que fuésemos a molestar, tú disculparas, nosotros ya nos vamos, después de todo es tu fiesta— dijo mi amigo.

¿Nos íbamos ya?

—Pero Gab, ella no nos manda — le dije a mi amigo en tono alto para que la chica escuchara.

—Es su fiesta Lía, nos vamos.

Gabriel me tomó de la mano y nos dirigimos hacia la valla.

—Es mejor evitar, no sabes la que se nos armará si nuestros padres se enteran— dijo Gab, yo no estaba de acuerdo, pero igual le seguí.

Estábamos próximos a cruzar la valla cuando de repente los gritos de las personas atrajeron nuestra atención, algo estaba pasando.

— ¿Qué ocurre? — Le pregunté.

—No lo sé— respondió dirigiendo su mirada hacia la plaza, —deberíamos ir a ver.

Corrimos hasta aproximarnos a la plaza, nos detuvimos porque muchas personas corrían en dirección opuesta a nosotros, nos escondimos detrás de unos barriles y nos fuimos acercando poco a poco, muchos de los guardias habían dejado sus puestos y se dirigían también al lugar del alboroto, vi que el mago que hacia su función de estrellas dirigía un hechizo al público.

—¡Condenados! — Gritaba un hombre.

—Todos a sus casas— gritaba uno de los guardias por el altavoz — mantengan la calma.

Los gritos de las personas aumentaban, una mujer corrió desesperada con un niño en brazos, buscaban refugió.

—Nos vamos — me dijo a Gabriel a la vez que me tomaba de la mano y me arrastraba consigo, le seguí sin protestar aun con las ganas que tenia de ver más de cerca, tenía temor de ver a tantas personas corriendo y la posible presencia de una de esas criaturas de las que tanto había oído hablar, nunca había visto a un condenado, no uno de verdad.

—¡Alto! — nos gritó uno de los guardianes, una vez nos alcanzó pudimos ver de quien se trataba — pero, ¿qué demonios están haciendo aquí? — gritó más fuerte.

Se trataba del padre de Charlie, gran amigo de mi padre y sargento del pelotón número tres de los guardianes.

—Esto— no podía articular palabra.

—Márchense de aquí, ahora — dijo con voz dura.

Tomó a Gabriel de la camiseta y lo condujo hacia la valla, yo les seguí detrás.

Me atreví a preguntarle qué estaba pasando, él hace caso omiso a mi pregunta, apenas llegamos a la valla nos deja y nos advierte que no regresemos, y que al día siguiente se los notificará a nuestros padres.

Íbamos cerca de donde habíamos dejado la motocicleta cuando un trueno nos desconcentró un momento, una fuerte lluvia amenazaba con caer, deberíamos darnos prisa para no llegar empapados. Después de haber caminado cinco pasos la tierra empezó a temblar, Gabriel y yo nos pusimos de los nervios, ¿habría algún terremoto? El sonido de los gritos de las personas poco a poco desapareció, habían establecido el orden.

Nos agarramos el uno del otro mientras la tierra tomaba calma, luego creí oír un bullicio pero Gabriel me dijo que no escuchaba nada, casi de inmediato el crujido de la tierra nos puso alerta, una pequeña grieta se había formado.

Vi sobre el cielo descender una bola de luz, cayó muy cerca de nosotros, quede perpleja pues se veía muy hermoso, olvidé el bullicio que había imaginado, el temblor de la tierra y las gotas de lluvia que empezaban a caer, olvide casi que Gabriel estaba a mi lado, si no es porque él me sacude con fuerza no hubiera reaccionado.

Frente a nosotros la bola de luz que hasta ese entonces brillaba, empezó a tornarse oscura, un chico de ropa y cabellos negros apareció cuando la última llama de fuego se extinguió, nos mirada sin expresión, una sonrisa siniestra se plantó en su rostro mientras se ponía de pie.

—Debería matarlos— dijo, Gab sujetó con fuerza mi mano, estábamos temblando — Pero, hoy no lo haré— añadió mirándome, sin más empezó a caminar y lo perdimos en la oscuridad.

Había leído mucho sobre eso, las características de aquel chico y la forma en la que había aparecido respondía exactamente a la descripción de un demonio, ¿Cómo se había colado un demonio en este lugar? ¿Por qué no nos mató?

Mi amigo y yo estamos atónitos, no dábamos crédito a lo que acabábamos de ver, ya veríamos como dábamos información de lo sucedido, quizá ya lo sabían, los guardianes tenían un radar que notificaba la presencia demoniaca, no tardarían en llegar.

—De prisa, vámonos— Gab caminó decidido, dejando a un lado el miedo, tomó la motocicleta y yo empecé a empujar.

No funcionaba, estaba demasiado cansada como para empujar con fuerza, por más que lo intentaba no lográbamos encender la motocicleta, si tan solo supiera conducir sería Gabriel quien empujase.

El auto de Charlie pasó a nuestro lado, nos invitó a ir con él a cambio de comprar nuestro silencio, se mostraba nervioso, también nos dijo que los guardianes pronto se retirarían, que nos encontrarían a mitad de la carretera y que sería peor pues nos llevarían a detención, ni Gabriel ni yo queríamos volver a ese lugar.

A malas ganas aceptamos, Gab dejó la moto escondida ente el montón de arbusto y le prometió que regresaría por ella.

8 de Diciembre de 2019 a las 21:34 0 Reporte Insertar 3
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