Ruptura Seguir historia

S
Sandra Tapiero


Laura, una estudiante universitaria, inicia su proyecto de investigación en lo que siempre ha soñado pero tendrá que cambiar de rumbo por una situación dolorosa que no esperaba.


Inspiracional Todo público. © Atribución-NoComercial-SinDerivadas

#psicología #universidad #proyecto #planes #cambio #frustración #amigos #sueño
Cuento corto
1
1.4mil VISITAS
Completado
tiempo de lectura
AA Compartir

Ruptura



Diez escalones de la imponente entrada de la biblioteca. En la cima, tres jóvenes amigos reunidos los viernes en la tarde. Cada uno estudiaba una carrera diferente y las conversaciones entre ellos siempre eran curiosas; imaginaban proyectos que integraran sus disciplinas: matemáticas, economía y psicología. Pero este no era un día de esos.

Laura quería ser psicóloga educativa e ingresó a un grupo de investigación en esta área. Estaba muy contenta y emprendió con entusiasmo la escritura de su primera reseña.

Cuando terminó, la presentó con orgullo a su profesora quien la leyó y, después de un largo silencio, ridiculizó el trabajo de Laura. Fue un hecho inesperado. Laura no lo podía creer. Estaba atónita, mirando fijamente el rostro de su profesora, escuchando cada una de sus palabras de desaprobación, con el corazón a mil latidos, sus labios apretados y tragando lo que tenía de saliva, obligándose a no mostrar debilidad. Apenas le alcanzó el aliento para pedir recomendaciones de mejora y con un «está bien, trabajaré en ello» la joven salió de ese lugar.



No tardó mucho en llegar al baño para llorar con desasosiego y en soledad. Había sido humillada por la persona que admiraba. «¿Acaso hay un problema en mí?», se preguntó Laura.

Ante la confusión, tomó su celular y llamó a quien pudiera estar más cerca. Fue muy afortunada. Aún no se habían ido de la universidad dos de sus grandes amigos. «Nos vemos en la biblioteca», le dijeron, y con estas palabras reunió las fuerzas para salir de ese lugar.

Se lavó la cara, soltó su cabello oscuro y se volvió a peinar. Tomó su maleta, salió del baño, tomó el pasillo menos transitado, bajó las escaleras, cruzó el lago y caminó con prisa. Subió diez escalones de la imponente entrada de la biblioteca y en la cima la esperaban sus amigos.

Era viernes en la tarde, pero Laura no estaba para bromas. No paraba de llorar y no lograba articular palabras. Dos hombres consolando una mujer. No imaginarán cómo lo hicieron. Sorprendentemente, tuvieron paciencia para acariciar su cabeza y prestarle un pañuelo, y por medio del humor y la promesa de que la defenderían, lograron que contara lo que había sucedido. Laura se sentía desorientada. Sabía que no podía regresar con una persona así; debía tomar una decisión importante que implicaba un giro en su proyección profesional, pero tenía miedo de renunciar a sus sueños. Sus amigos le recordaron que su sueño era más grande que un grupo de investigación y le aseguraron que lo alcanzaría sin importar los obstáculos que se le atravesaran en la vida.

El efecto de estas palabras fue inmediato. De repente, regresó la calma y Laura recobró el valor para emprender un nuevo camino. Sabía que merecía respeto y dignidad, y esta vez iba a priorizar la calidad humana por encima de la ostentación de títulos.



A la semana siguiente, realizó algunas llamadas telefónicas y estableció contacto con el grupo de investigación de psicología social. Tuvo la entrevista con su nueva profesora y en cuestión de minutos se creó un vínculo especial que hasta hoy perdura.

Laura terminó siendo psicóloga educativa, con enfoque psicosocial. Nadie lo hubiera planeado mejor. No está escrito en ningún currículo pero era justo lo que Laura necesitaba para lo que asumiría años más tarde. Ahora, no concibe el estudio del razonamiento lógico sin el fundamento socioemocional y se recuerda todas las mañanas con una melodía: «Hoy toca ser feliz».





5 de Diciembre de 2019 a las 02:22 0 Reporte Insertar 0
Fin

Conoce al autor

Comenta algo

Publica!
No hay comentarios aún. ¡Conviértete en el primero en decir algo!
~