Bastardo Seguir historia

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Entre los fríos muros un hombre le prometió a una doncella aquel amor que deseo, aunque, de eso solo nació un maldito bastardo. ¿Aquel ser cómo iba a saber de amor? No era parte de la familia, negado por su padre y odiado por los que deberían ser sus hermanos. Salvo uno quién con gentileza le curaba las heridas, quién tomaba sus manos y lo llevaba al pie de aquella figura para arrodillarse y rezar. Aquel a quién empezó a desear. Simplemente. No era más que un maldito bastardo.


LGBT+ No para niños menores de 13.

#cruzadas #bastardo #muerte #edadmedia #caballeros
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Bastardo

Dentro de las paredes de aquel castillo, bajando cerca de los calabozos, otro golpe chocó contra la mejilla de Radomir, esta vez rompiendo el puente de su nariz, pero sin dejarse intimidar, se levantó del frió piso y alzó las manos para devolver el golpe a aquel rubio quién le miraba de forma despectiva. La diferencia de portes y de edad eran notorias, su cabello oscuro y su piel acanelada demarcaba aún más el claro color de sus ojos, un tono celeste verdoso, por parte de su padre; a diferencia del mayor, quien tenía una piel pálida y ojos azules, todos rasgos de su joven madre. Alzando su pequeña mano intentó propinar un golpe contra el mayor, quién la esquivo antes de golpearlo de nuevo, ahora en sus costillas las cuales ardieron ante el dolor, pero no lo detuvo y alcanzó a golpear de vuelta al mayor en su estómago, haciendo que se alejara un poco. Aunque la mirada de odio en su contra prometía una venganza por su osadía.

Al soltar su estómago, volvió a empuñar sus manos y se dirigió contra el menor, le era imperdonable el haberlo tocado.

—¡¡DRAGO!! —Una voz llegó desde la puerta y luego unos pasos rápidos bajaron por la escalera de piedra interponiéndose entre el mayor y su víctima, su voz era imposible no reconocer. Era Radomir — ¡Basta! ¿Por qué ostentas contra su integridad?

—Y tú por qué osas defenderlo Rikard —Gruñó el mayor, sin bajar sus puños pero sin amenazar al peli-castaño frente a él — ¡No es más que un maldito bastardo!

—Y eso que, no somos quienes para lastimarlo —Defendió Rikard luego ahogando un suspiro, sabía que eso no ayudaría en nada, era inútil así que solo le indico la puerta— Padre te ha llamado, dijo que era importante

—Esto no termina aquí bastardo —Amenazó antes de chasquear la lengua e irse — Ni Dios podrá salvarte de esto

—¿Estas bien Radomir? —Rikard volteo a ver al menor, pudo apreciar una gran cantidad de moretones que el menor tenía en su rostro, ambos se diferenciaban por cuatro años y aún no entendía como aquel pequeño de tan solo siete años podía soportar sin llorar los golpes de Dragomir, quién era el mayor de todos— Ven vamos a lavar tu rostro

—Gracias Hudde —Tan solo susurro bajando la cabeza, le apenaba que lo vieran en ese estado, y más aún cuando ni siquiera había podido devolver la misma cantidad de golpes

Luego de aclarar su rostro y limpiar parte de sus heridas, sin soltar su mano caminaron hasta una pequeña capilla, donde se alzaba una figura, la cual parecía observar cada uno de sus movimientos. Al no haber nadie, Rikard lo llevó hasta los pies de la figura y ambos, ahí se arrodillaron.

Una sonrisa honesta cruzó los labios de Rikard cuando tomó las manos del menor y se las juntó frente a su boca, para luego susurrar »Repite después de mí« y juntando sus propias manos y cerrando los ojos comenzó a agradecer por todos, pidió por cada uno de los miembros de su familia, los criados, los caballeros y por él. Radomir tan solo repetía las palabras, hasta que el mayor pareció conforme finalizando la oración con un »Amen«

Esa fue la primera vez que rezo, que conoció a su creador y a quién más admiraba Rikard. Desde ese día aprendió que todo lo malo era un castigo y todo lo bueno era recompensa. Y Radomir estaba seguro que aquel tiempo con Ricard, era su recompensa por defenderse de Dragomir.

****

—Drago —Rikard ahogó un suspiro al apreciar el odio de su hermano al combatir contra -quién él llamaba Bastardo- Radomir quién mostraba una orgullosa sonrisa al poder no tan solo esquivar, sino devolver los ataques del bracamante con tan solo una espada vieja y sin filo

El choque del frió metal golpeando llenaba el silencio en el jardín de entrenamiento, todos observaban lo que pasaba, los gemelos Milivoj y Miloslav pasaban entre sus hermanos y compañeros recogiendo el dinero y joyas de la apuesta, mientras su maestro de combate cruzaba sus brazos sobre su pecho observando a los dos guerreros.

Dragomir gritaba con cada ataque, la frustración se reflejaba en cada uno de sus movimientos y el odio en su corazón crecía a grandes pasos y eso le preocupaba a Rikard, a pesar de todo, era su hermano y no quería verlo caer en aquel pecaminoso sentimiento. Un golpe más fuerte, con un ágil movimiento de espada y Dragomir se vio acorralado contra una muralla y la fría espada de Radomir en su garganta. Algunos guerreros gritaron de alegría, mientras otros gruñian de frustración, solo los combatientes se quedaron cruzando miradas un momento antes de alejarse con las respiraciones agitadas, para luego ser felicitados por separado por Ratko, su maestro.

— ¿Qué haces aquí? —gruño Dragomir al quedar frente a su hermano, su rostro estaba rojo y su cabello sudado, había cambiado mucho ese niño egocéntrico que era antaño, solo que cambió para mal— No deberías estar rezando o con algún librito tuyo

—Lo estaba, hasta que me avisaron que padre quiere verte en su habitación —Comunicó haciendo caso omiso a la burla del mayor, lo acaba de ver perder, no necesitaba insultar su inteligencia también— Quiere vernos a los tres

—De acuerdo —Murmuró tirando la espada al piso y alejándose solo, pateando cada cosa que veía cerca

—Rikard —Llamó la profunda voz de Radomir, a pesar de tener tan solo diecisiete años ya era todo un hombre, su cuerpo se había tonificado, su rostro se había marcado y su voz se había agravado, de tal forma que con tan solo hablar hacía muchas piernas temblar y no solo a la damiselas— Me alegra verte por estos lados, hace tiempo que no te veía fuera de tu habitación

—Me alegra a mí igual, poder ver como haz crecido y mejorado Radko —Su mirada se encontró contra del menor, quien ahora era notoriamente más alto— Lamentablemente mis deberes me tienen ocupado y no puedo verlos muy seguido

—Eres muy importante —Aseguró Radomir y Ricard sintió sus mejillas calentarse, el menor carraspeo y pasó su mano por su cabello con notoria vergüenza — Bueno, yo... eso supongo ya que Ricard es un muy buen hombre, siempre lo haz sido

—Pues me halagas —Respondió riendo entre dientes, le alegraba ver que a pesar de los cambios, aún quedaba algo de aquel pequeño— Bien, lo siento pero debo irme, felicitaciones por tu buen trabajo —Toco el hombro de Radomir con una dulce sonrisa antes de voltearse

—Yo —Una de sus grandes mano se apoyó sobre el hombro de Ricard antes que pudiera alejarse más, para luego acercarse más a su oído de forma confidencial— Quería pedirte si me acompañas a rezar esta noche

Ricard solo asintió, no podía hablar, sentía que si llegaba a hacerlo su voz temblaría, tal y como su cuerpo lo hacía. Y tampoco podía negarse -simplemente no quería pero admitirlo sería su fin- un suave »gracias« fue susurrado antes de ser liberado y el mayor se alejó camino tan lento y normal como pudiera fingir.

Estaba mal, lo que sentía y donde lo sentía estaba muy mal, lo sabía pero no sabía qué hacer y tampoco salía en los libros. Rezaba para que Dios pudiera guiarlo en aquella situación y mientras lo hacía iba en dirección a la habitación de su padre.

Al atardecer, con pasos pesados Rikard caminaba en dirección a la capilla, hacía unos años su padre había caído enfermo, pero ahora agonizaba, amenazaba con provocar una guerra con el reino vecino, un pueblo que estaba tan lejos y ajenos a ellos que pudieran ya no existir, pero estaba seguro que fueron ellos quienes lo tenían postrado, ante esto su primogénito, Dragomir, le prometió mover a las tropas para cumplir su deseo lo que no era nada bueno.

Y que se mostrará decidido a hacerlo menos.

Solo esperaba que Dios iluminara a su hermano para que no cometiera alguna locura.

Caminando por los fríos pasillos, pudo observar como los guerreros caminaban fuera de los muros del castillos, lo más probable es que fueran a beber y por mujeres hasta el amanecer.

Era normal.

O ellos lo encontraban normal, para él aún quedaba trabajo y había ofrecido su vida al servicio de la Iglesia, dejando de lado sus placeres carnales por una vida de oración. O eso quería creer.

La capilla se encontraba con las velas encendidas y solo había una persona »Radomir« pensó el mayor, mientras sus músculos se tensaban y caminaba en dirección del menor, quien con la cabeza gacha y las manos juntas, como él una vez le enseño, rezaba.

—Me sorprende que en realidad quieras estar aquí y no con los demás —Hablo cuando se percató que ya había acabado su oración, el menor tan solo volteo a mirarlo y sonrió— N-No quiero decir que sea malo, solo, es raro...

—Me gusta pasar tiempo contigo Hudde —Sus hombros se alzaron mientras bajaba la mirada a sus manos, la cuales tenía una que otra herida — Con tus estudios y mi entrenamiento hace tiempo que no podía hablar así contigo

—Sobre todo ahora que Dragomir ya no puede abusar de ti —Comentó sentándose al lado del más alto, aceptaba que cada vez que coincidían era por culpa de su hermano— Te has vuelto un hombre muy grande y fuerte

—Si no fuera castigado, juro que me dejaría vencer por él para pasar nuevamente las tardes contigo —Susurro el mayor aun mirando sus manos, antes de apretarlas en puños, un largo silencio se generó entre ellos y antes que el mayor dijera algo Radomir volvió a hablar—Soy un bastardo Rikard

—No digas eso —Intentó tomar la mano de Radomir, pero este no se lo permitió y una punzada cruzó en su pecho

— ¡Lo soy! Mi padre, tu padre, él... prometió a mi madre que la amaba solo a ella, que la haría feliz y que nadie le haría nada —Una fría y dolorosa sonrisa cruzó sus labios — Supieras, cuantas veces he visto a los chicos hacerlo cuando van a beber, como mienten sin escrúpulos para conseguir lo que quieren y hoy... hoy me di cuenta que quizás no soy tan distinto a ellos

—Tu... —Ahogando un suspiro Rikard sintió una leve punzada en su pecho. Miro la imagen a la cual todos los días y todas sus noches rezaba, su rutina era estricta incluso si se encontraba solo, sobre sus hombros estaban los pecados de su familia y debía pedir por ellos, ese era su deber, sin importar si alguno de estos le dolía— Si haz cometido un error encomiéndate al señor, él te guiará por el camino correcto

—No es lo que piensas —Susurró aún sin mirarlo — Dragomir ordenó mover las tropas, iremos a batallar pero, antes de irme, deseaba... —Trago con dureza antes de levantarse y comenzar a pasearse— Está mal, lo sé, no hay nadie más puro que no seas tú pero —Tomando una profundo respiración volvió a hablar, aunque el temor aún denotaba en su voz— Hudde yo te deseo, deseo tu piel junto a la mía, deseo sentir como bajo mis manos sientes deseo y como tus ojos solo me miran a mí —Su mirada se clavó sobre la del mayor quien no pudo esquivar la mirada, por más que su vida dependiera de ello— Deseo prometer todo aquello que le prometen a las doncellas pero cumplirlo, hacerte feliz y saber que soy yo quién lo hace —Su mirada se había oscurecido y sus músculos se tensaban —Quiero yacer en el mismo lecho y que al salir el sol sea el calor de tu cuerpo el que me despierte, caminar por el castillo y saber que a pesar de los deseos ladinos y pecaminosos, cada tarde pueda llegar a tus brazos a redimir mis faltas y pedir perdón —Luego sus hombros bajaron derrotados y volvió a mirar sus manos — Pero... no será así, ahora, ni siquiera sé si vuelva y temo, temo no poder volver a verte

—Tu...—Su voz estaba extraña, un nudo se había formado en su garganta y sus ojos ardían — Eso, no es correcto —Tan solo pudo decir, aunque no sabía bien si se lo decía a él o a sí mismo, pedía a Dios que ambos obedecieran aquello

—Lo sé —Fue la respuesta que recibió antes de ver al gran cuerpo de aquel hombre sentarse a su lado y luego mirar con dolor la imagen a la que rezaban— Por eso vine, le pedí que me ayudara, que iluminara mi camino, siempre, al amanecer después que tú te vas lo hago, pero siempre la noche hace que desee tu cuerpo a mi lado —Luego miró a Rikard quién se tensó ante la mirada, sus ojos expresaban más que sus labios, eran sentimientos tan profundos que sentía que en cualquier momento se ahogaría— Te dije que era un bastardo

—No, tú solo —Movió sus labios en busca de ordenar sus ideas, pero no podía, todo lo ocurrido ese día lo tenía mareado

—Déjalo —El menor cogió su mano la cual la alzó hasta sus labios y la besó con suavidad — Esta, puede que sea mi última noche y quería que supieras todo antes de marchar —Acariciando con suavidad su mano le dedicó una dulce e inocente sonrisa, casi podía ver a aquel pequeño chico que con valentía soportaba los abusos de sus hermanos— Te amo y jamás te haría daño —Con su mano libre tomó el rostro de Rickard y le beso la mejilla con dulzura— Quisiera que pidieras por mí en la batalla, de esa forma yo volveré y podré hacerte feliz

Aquella noche no pudo gesticular nada más, por lo que tan solo asintió, dejando que el menor besara nuevamente su mano antes de irse en silencio. Al amanecer aún en aquel pequeño lugar no encontraba respuesta alguna, sentía su mente revuelta y su corazón pesado, sin contar el nudo que se extendía desde su garganta hasta su estomago, aun podía sentir la calidez de los labios de Radomir en su mano y su masculino aroma.

Levantándose pidió disculpas por olvidarse de sus deberes cuando los clérigos llegaron y pidiendo permiso se dirigió a su habitación, aquel día como le habían dicho, Dragomir movió las tropas a una guerra imaginaria y tal como Radomir le pidió rezo.

****

—Dragomir —Murmuró mirando a aquel hombre, que alguna vez fue fuerte, ahora postrado en el lecho esperando su muerte, en aquella batalla no solo perdió a gran parte de sus hombres, perdió tierras y parte de su salud, suavemente depositó la bandeja con comida sobre sus piernas— Ven, come un poco...

—Rikard —Llamo como ausente, su vista se fijó en sus manos y luego volvió a mirarlo — ¿Has visto a Radomir? Ese maldito bastardo me debe un golpe y se debe estar escondiendo

—No lo he visto —Miro por la ventana antes de ahogar un suspiro— Puede que esté trabajando

—Sabes, pelea muy bien —Murmuró antes de reír entre dientes— Solo no te atrevas a decirlo, no quiero que se crea mejor que yo.

—Tranquilo no le diré —Viendo que su hermano ya comía se alejó de allí, caminando por los fríos pasillos hasta su habitación, donde, con los ojos llenos de lágrimas rezó

Luego de aquella batalla, su hermano perdió la cordura junto con algunas partes de su cuerpo, por lo que él al ser el sucesor, sería el nuevo amo y señor del lugar, pero a pesar de ellos no dejo de trabajar en nombre de Dios, ya que Radomir, aún no volvía y él rezaría por su alma hasta que volviera.

Incluso si eso significaba esperar hasta la próxima vida y dormir con el calor de un cuerpo que ya no existía, ese era su castigo por pecar y no arrepentirse.

Eso le pasaba por desear a un bastardo.

30 de Noviembre de 2019 a las 21:35 0 Reporte Insertar 1
Fin

Conoce al autor

BetzabethC06 »Que el cielo no sea tu limite« ★Estudiante Universitaria y Chilena. La vida no es fácil ¿Por qué lo sería? Eso sería muy aburrido. ★Escribo en mis tiempos libres para salir de la realidad, si alguna vez no cumplo con alguna fecha lo más probable es que sea por qué la Universidad dreno mi alma. ★Inicie a escribir cuando tenía como 12 años principalmente fansfics. ★Amo el rock ★Me gustan las series de investigación, crimenes y ciencia ficción. ★Amo leer Cómics y Mangas de todo tipo, aunque ya casi ni hay tiempo. Espero disfruten de mis locuras.

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