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G
Giovanni Temoche


Inspirada en el desliz de mi primer amor. Motivada por un estudiante de terapia y un perro que nunca conoció la dignidad. Ese tipo de personas que no dudan en destruir una relación llena de amor por un minuto de placer. Aquí les presento: ¿Y dónde está el perro?


Romance Suspenso romántico Todo público.

#perro #el #esta #donde
Cuento corto
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¿Dónde está el perro?

-Yo creo que los labios son las llaves de su templo. Besar sin amar es lo más mezquino.

Pero el perro me miró estupefacto. Noté como una sonrisa se empezó a dibujar en su rostro alargado. Ante los ojos del perro, nada de eso era malo, sino risible.



Hace mucho frío esta mañana. En la facultad de psicología veo a conocidos y desconocidos pasar. Algunos me saludan mientras que otros pasan desinteresados ante mi dolor. Admito por un momento que la gente no lee los pensamientos y en el fondo los perdono. Pero no a todos. Realmente tengo sentimientos encontrados, quiero amar y odiar; gritar y llorar. Muy pocos saben lo que en realidad sucede. Estoy de luto.

El viento que me sopla en la cara y la mañana gris no contribuyen a mi estado de ánimo. Y es que realmente yo ando buscando algo, pues siento un vacío en mi interior. Un vacío que no puedo llenar con cualquier cosa que encuentre en mi camino. Es como una pieza de rompecabeza que uno lleva pegada por años: Uno se acostumbra tanto que se amolda a la forma que tenía dicha pieza. Y es difícil de reemplazar cuando se va; realmente muy difícil.

Me acuesto sobre la banca de madera que se encuentra detrás de mí. En el cielo hay unas cuantas nubes, y me veo tentado otra vez. Yo sé que pedir intervenir divina a estas alturas es imposible, es ir en contra de un determinismo que avanza solo por reacciones causa y efecto. Cierro los ojos. Imagino la escena una y otra vez: Mi prometida de años hace poco había decidido salir y juntar sus labios rosados con un infeliz; un simple mortal. Cayó en la tentación fácil o simplemente apareció el diablo correcto, no lo sé. Yo nunca sucumbí a eso.

No puedo descansar tranquilo; se me acelera el corazón y me falta la respiración. Estoy consciente de que aún ni siquiera sé los detalles completos, pues de enterarme, quizás no lo soportaría. Dicen que de amor nadie se muere; pero yo siento que debo encontrar un alivio rápido o podría ser la primera persona que va a morir de amor. Dar otra oportunidad no es una opción; después de todo, ella lo hizo de manera racional.

Suspiro. Y quizás esta es la idea que más me cuesta aceptar. -Ella decidió.

Lo más duro es que ella no ha muerto de verdad. Eso, por lo menos, alejaría el estímulo y disminuiría el dolor con el tiempo. Ella sigue viva y yo soy quien, en mis pensamientos, la debe matar. Quizás, de morir, ella me hubiera dejado un recuerdo bonito y todo hubiera quedado ahí, pero la realidad es que ella podría aparecer en cualquier momento; sola o con el infeliz que la tentó. Le dio la estocada final a la relación, hizo lo que nunca imaginé. Y lamentablemente, cuando tú matas a alguien ya no lo puedes revivir, por más que llores sobre el cadáver.

Las personas que me conocen solo pudieron abrazarme y prometerme que todo mejorará. Y no los culpo, ¿Qué más les puedo pedir? ¿Acaso puedo reclamarles por qué la carne es débil? Ya no lo creo, porque yo también estoy a punto de caer en tentación. Aprieto los puños. Mis profesores de conductismo me mirarían extrañados por lo que estoy a punto de hacer.

Miro al cielo y solicito intervención divina.

A mí alrededor sigue pasando la gente. Yo, a pesar de tener el corazón destrozado, no cambio mi forma de ser con ellas. Cuando las veo pasar, les sonrío, las saludo, las lleno de adjetivos y siempre les recuerdo lo hermosas que son. Y es que en el fondo, esta vez sí anhelo reemplazarla lo más pronto posible. Deseo que aparezca una chica comprensiva, con iniciativa para hablar, una que lo dé todo por abrazar y quedarse para siempre. Una que mire a los ojos y pronuncie un "te quiero" cuando las cosas vayan mal. Un pequeño oasis.

Las nubes del cielo se apartan y dejan pasar la luz del sol. El sol radiante me cae en los ojos y un reflejo me los cierra de un sobresalto. Recuerdo que siempre tuve un pensamiento irracional. En realidad, todas las personas tienen la capacidad de hacer daño por igual; mentir y ser infiel. Pero una mujer casi nunca lo hace, son los seres más puros del mundo -o eso era lo que siempre pensaba.

Me levanto por un momento. Pienso que Roberto Carlos y José José tuvieron la culpa de mi idealización hacia ellas. Sobretodo hacia ella, porque siempre trataba de relacionarla con alguna de sus letras. Por un momento río. Quizás sus únicos propósitos de vida, aparte de ser famosos, fueron verme sufrir en este día gris. Mis emociones suben y bajan a cada momento, y es algo que no lo puedo controlar. Termino de reír y se me desliza una lágrima otra vez.

Tomo mi libreta de notas y empiezo a escribir. Por la escalera veo bajar a un grupo de personas que van conversando, empujándose unas a otras. Se escuchan muchas puertas abrir al mismo tiempo; quizás es hora de receso. Salen muchos compañeros con sus batas blancas, otros con sus libros y algunos van corriendo hacia el comedor. ¡Cierto! La hora de reserva ya debe haber terminado hacer un buen rato.

Ando tan distraído que se me olvidaron las ganas de comer. Tomo mis pertenencias y me dispongo a salir de ese lugar. Guardo la libreta de notas y los lapiceros. Repentinamente, cierro los bolsillos de la mochila y alzo la mirada. Alguien había estado a mi costado comiendo un pan de manera silenciosa. No sé cuánto tiempo estuvo ahí. Era un muchacho de lentes oscuros y tenía la mirada hacia abajo. También tenía una libreta en la mano.

-Amigo ¿Tienes los últimos apuntes de la clase? -preguntó apenas notó mi presencia

-¿De qué clase?

-Medición conductual

-Sí, un momento.

Busqué los apuntes de la última clase; estaban en uno de mis cuadernos. Se los di. El muchacho los recibió y los empezó a mirar muy de cerca. Parecía hacer un esfuerzo grande por tratar de entender las letras y escribirlas en su propia libreta. Nunca lo había visto entrar ni salir de mi clase.

-¿Qué sucede? -pregunté

-¿Lo dices por mi manera de leer? -replicó- Soy ciego parcial

-Lo siento mucho

-No te preocupes. Uno se acostumbra y termina siendo feliz así

Asentí con la cabeza y lo felicité por su manera de pensar. Tanto al dolor físico como al dolor sentimental uno se acostumbra. Siempre es cuestión de tiempo, entonces -pensé.

Dejé pasar unos instantes mientras él trataba de transcribir los contenidos del papel.

-¿Y a ti qué te sucede? -preguntó

Quedé callado por unos momentos. ¿Por qué me preguntaba eso a mí? Tenía la impresión de que el muchacho se mostraría insensible frente a este tipo de temas. Vivir casi sin vista debe ser más difícil que vivir con el corazón roto. Aunque nunca lo vi llegar, sospecho que le costó mucho encontrar un lugar libre y desplazarse hasta aquí. Volví a inhalar y exhalar.

-Me traicionaron -respondí

El muchacho parecía impávido. O quizás tan solo estaba concentrado en su ardua tarea.

-¿Cómo sucedió? -finalmente dijo

-¿Alguien te lo ha contado? Es que nunca te vi venir -dije desconfiado

-No. De hecho me coloqué aquí de manera silenciosa porque parecía un lugar muy tranquilo. Pensé que estabas cabizbajo o pensativo por algún tema académico

-Bueno, ahora sabes que no

-Puedo tratar de comprender tu dolor. Pero sé que el dolor es principalmente tuyo

-Es una herida abierta, la cual trato de cerrar por todos los medios. Quiero que por lo menos cicatrice, pero leí que puedo estar desde 6 meses a 2 años así. Hasta me he llegado a preguntar si realmente venden las famosas pastillas de amnesia. Esta herida abierta se niega a cerrar así de rápido

-Comprendo. -respondió pausadamente el muchacho- He tenido experiencia con este tipo de problemas y todo es un proceso. Uno siente que el mundo se viene abajo, y es lo normal. Pero, aunque parezca, uno de amor nunca se muere.

-No muere, pero agoniza sin morir. Se quema en un fuego de lava. Duelen las promesas sin cumplir, los recuerdos, los detalles, las cartas...-respondo mientras trato de contener otra lágrima

-No te contengas

-Lo siento

-¿Por qué terminaron?

-Porque se besó con alguien más. Ella se estaba empezando a mostrar dudosa.

-¿Y nunca sospechaste? ¿Nunca te dio señales?

-Lo peor es que tenía todas las señales y muchos me decían que debía sospechar. Pero nunca lo hice seriamente; atribuí su distanciamento y sus dudas a cualquier otra razón.

-¿Y por qué ella debía ser diferente? ¿Qué la iba a hacer reaccionar diferente de cualquier individuo?

-Porque al conocerla tantos años, sabía que ella conocía sus límites. Considero que al inicio de la relación se me iluminó la cabeza por un momento. Admití que a lo largo del tiempo nos podrían gustar otras personas, porque somos humanos al fin y al cabo.

-Entiendo

-Pero también dejamos en claro lo siguiente: Pasar de un gusto a una salida o a un beso era ya un puñal en la espalda. Juré que ella siempre lo tendría en cuenta...

-Continua

-Parece que ella terminó todo para intentar algo con...esa persona. No le importó nada más. Ella me miraba a los ojos. Era de las personas que te decía que solo te amaba a ti. Que nunca dude del amor que siente por ti...

-Háblame de ti ahora -me interrumpió el muchacho

Dudé un momento. Pero él me hizo una señal de que debía continuar

-¿De mí?¿Qué te puedo decir de mí?

-Debo admitir que eres un excelente narrador. Sabes hablar perfectamente de ella y del amor que sentiste, todo con lujo de detalles. -replicó- ¿Pero dónde está el amor que tú sientes por ti?

Al escuchar esas palabras, traté de defenderme instintivamente con una idea rápida. De repente, muchos argumentos vinieron a mi cabeza y casi ninguno bueno salió.

-Bueno. Yo me amo. Sé que soy alguien muy valioso

-¿Por qué dices que eres muy valioso?

-...Eh...siempre me han dicho que soy alguien muy valioso porque estoy estudiando dos carreras. Me considero generoso, alguien que no pide nada a cambio, alguien incondicional. Soy una persona que se esfuerza y le encanta sobresalir. No me gusta ser uno más del montón, tal como el típico amigo que se deja llevar; sino alguien que tiene muy claras sus convicciones. Además, en el fondo y sin ánimos de alardear, también me considero muy guapo.

-¿De verdad?

-Sí -repliqué

El muchacho hizo una breve pausa. Luego continuó.

-¿Y qué cosas son las que te hacen no valioso? ¿O incluso, insoportable?

Admito que la pregunta me cae como un balde de agua fría. No me lo esperaba tan rápido. Agacho la cabeza y me siento como un científico al que le piden hacer una crítica de su propia y valiosa teoría. De hecho, un profesor me contó que eso le hicieron a Skinner una vez, mas nunca averigüé que respondió.

-Bueno. Me comporto como un niño mimado. Pienso que los demás me deben entender. Quiero que los demás me den la iniciativa. Quiero que todos me muestren cariño desde el primer momento.

-¿Quién te ha hecho pensar que los demás deben entenderte?

No sabía qué responder.

-¿Quién? ¿Tu madre? -volvió a preguntar

-En parte. Como cualquier madre, la tendencia es darle la razón al hijo, aunque esté equivocado -admito- A menos que haya salido con un embarazo no deseado y me haya vuelto un padre irresponsable. Eso no lo toleraría porque ya tuvo una experiencia pésima con mi padre biológico. Ahí nunca me daría la razón.

-Y yo tampoco -respondió

-Además, siempre he tenido comida, casa, estudios, ocio y hasta dinero. Le agradezco mucho porque por eso he tenido la oportunidad de preocuparme por temas académicos y no por conseguir comida o algo parecido.

-Y eso está bien hasta cierto punto. Todos tenemos ventajas y desventajas en esta vida que debemos usar a nuestro favor. Por ejemplo, si Einstein se hubiera tenido que preocupar por conseguir comida, no hubiera tenido tiempo de desarrollar sus ideas.

-Es cierto. Y a mí me daban la razón en casi todo. Ahora que lo pienso, cuando tenía algún problema con mi prometida...prácticamente me decía "le das una patada y la botas" -reí - Aunque tampoco tenía la confianza de contarle detalles. Sé que no es su culpa.

-No lo es. La responsabilidad cae en ti. Pensar como adulto es solucionar el problema y comprender sus causas -respondió.

-Siempre pensé como un niño mimado. Nunca solucioné problemas sociales. Era rencoroso por todo y por nada.

-¿Y si alguien te mira mal?

-Lo ignoro. Lo elimino de toda cuenta social. Lo aborrezco.

-¿Y te ha funcionado?

-No. Pero si nadie me da iniciativa, entonces yo tampoco la doy. Siempre he sido así.

El muchacho asintió. Sostuvo su mochila un momento y la abrió. Sacó otro par de lentes oscuros.

-¿Qué hará con eso? -le pregunto- ya tiene unos puestos

-Usted ahora está parcialmente ciego. No de los ojos, sino de sus pensamientos. Tiene muchas ideas irracionales que le impiden ver el mundo.

-No te entiendo.

Un teléfono suena. Era del muchacho. Observo como lentamente busca el aparato dentro de uno de los bolsillos de su camisa. Luego lo busca en los bolsillos de su pantalón y lo encuentra. Noto la dificultad

-Que no me llame. Ahorita debo olvidarme de todo trabajo académico -respondió.

Termina la llamada. Acto seguido, me entrega los lentes negros.

-Póntelos

-Pero no voy a ver nada

-Póntelos y caminemos

Tomé el objeto con cierta duda. Lo examiné. Estaba hecho de metal y brillaba bajo el sol. Los vidrios; sin embargo, parecían absorber todo signo de vida. Traté de verme en su reflejo, pero nada aparecía. Finalmente, me los puse.

-Este es el mundo objetivo. Las apariencias suelen engañar -replicó- levántate

Poco a poco me levanté. Tomé lentamente todas mis pertenencias y empecé a notar una sensación extraña en todo el cuerpo.

-¿Hacia dónde iremos? -pregunté

-Deja que la realidad te guíe. No mires con los ojos, ahora pon tus pies en el aquí y ahora

Empecé a caminar. Trataba de ver hacia el frente pero solo se veía un profundo color negro. Levanté un poco los brazos para no chocarme con ningún objeto.

-¿Qué hay a tu alrededor? -preguntó

-Bueno. Aquí, al frente, debería haber un pequeño jardín. A mis costados, varias puertas y arriba, un edificio.

-Eso ya no lo puedes ver ¿Qué te dicen los sentidos?

Me concentro. Cierro los ojos con más fuerzas y percibo el sonido, percibo mis pasos. Me sigo alejando lentamente.

-Percibo varios sonidos. Gente hablando, chicas intercambiando un número de teléfono, un rápido grito, una pareja besándose...

-¿Qué piensas de todo ello?

Por un momento me exalto.

-¡Que, para mí, todos ellos están perdiendo el tiempo! ¡Deberían estar haciendo algo productivo en sus vidas!

Repentinamente, y casi sin notarlo, doy un tropiezo con un objeto que se encontraba en el suelo. No logro caerme, pues mis brazos reaccionaron rápido. Gruño de impotencia e intento sacarme esos lentes. El muchacho me interrumpe.

-No te los quites. Es parte del aprendizaje

-¿Qué aprendizaje?

-El de la vida

-¡Pero casi me caigo!

-La próxima ten más cuidado. Piensa bien tu próximo paso. Guíate de la realidad, del aquí y ahora

Lo intentaré -respondí- y me sobé la frente con una mano

-Sabes, tú has dicho algo muy significativo: "Para ti"... el mundo es

-Siempre lo he visto así -repliqué

-¿Qué problema tienes con la gente? ¿No pueden tener un momento de ocio?

-Sí, pero siempre y cuando no dañen a nadie. Mientras no se aprovechen. Mientras no dejen ilusiones rotas. Mientras cumplan sus promesas...

-Y hay personas que lo logran. Pero no todas. El mundo es así

-No lo logran porque son unos parásitos influenciables. Débiles mortales ¡Prefieren lo fácil! ¡Sucios perros!

-¿Qué?

-¡Que siempre me ha caído mal la gente!

Se hizo un silencio breve. No sé si lo dije tan fuerte que todo el edificio lo oyó y se detuvo a mirarme. Quizás me estaban viendo hasta de los balcones. De hecho no tenía forma de comprobarlo. ¡Qué vergüenza!

-Para ti ¿Quién es un perro?

Me detuve. Repentinamente se me vinieron muchos recuerdos a la cabeza. Sentí como si una olla a presión estuviera a punto de hervir dentro de mi cabeza. Uno tras otro describí todas las características que había visto en todos ellos.

-El perro es una persona espontánea...

-¿Qué más?

-Es una persona más de la fiesta. Es el típico amigo.

-Lo que me describes es una persona completamente normal

-Es que aún no he terminado. Para mí, el perro también se droga. El perro se besa con cualquiera sin comprometerse. El perro es promiscuo.

-Eso es ir al otro extremo.

Hablé con más fuerza

-El perro es alguien que se aprovecha del más débil. Alguien que usa el grupo para demostrar fortaleza contra alguien que no tiene malas intenciones.

-¿Alguna vez le han hecho eso?

-Alguna vez sí. Y también he visto que se lo hacen a otros compañeros. ¡El perro es alguien influenciable, es alguien que prefiere decir Sí para pertenecer a un grupo!

-Entonces, para ti ¿Todos somos perros?

-No...y sí

-¿Qué nos hace perros? -preguntó intrigado

-Hace no mucho, una compañera me había contado que su novio le había propuesto estar en una relación libre. Y sabes que es una relación libre, ¿cierto?

-Sí. Que ese tipo solo quería sexo

-Exacto. Y aunque creí conocerla también, ella aceptó su propuesta. Pero no es el único caso -respiré agitado.

-Las personas cambian con el tiempo. No hay que satanizarlas.

25 de Noviembre de 2019 a las 02:26 0 Reporte Insertar Seguir historia
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Continuará…

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