Gaia Pugnator Seguir historia

raulfcarbone1574218411 Raúl Fernández

La historia trata sobre Leonardo, un joven ensimismado, inconsciente del destino que se le ha establecido de antemano. Se encuentra en una pugna entre dos facciones: "La escuadra de la Luz" y el "culto a Jaldabaoth", personificación del demonio, al margen de todo conocimiento público. Ambas facciones se disputan los poderes del alma de la tierra o "Gaia", siendo la Escuadra de la Luz quien defiende los poderes del "éter", o energía de la luz, mientras que sus rivales han intentado robar el "érebos" o esencia de la oscuridad que se confina fuera del alcance de todos. Nuestro protagonista es reclutado por la Escuadra de la Luz, pero también será tentado por la oscuridad. Los recuerdos y traumas que lo invaden, los deseos de justicia, el proteger a su familia y amistades, se mezclarán con el sentido del deber y el notar cómo toda institución que abraza el "bien", puede alejarse del mismo al justificar sus acciones.


Aventura No para niños menores de 13.
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Los inicios del guerrero ensimismado

Otra vez esa imagen. La penumbra del ocaso y las llamas que consumían las últimas ramas y arbustos. El sabor de la tierra y la sangre en la boca; la parálisis completa, para luego, inexplicablemente volver a moverse. Sí; moverse, sólo para intentar inútilmente y, por enésima vez, enfrentarse a la enorme y terrorífica sombra que se le apareció e hizo consumirse todo.

El terror, la rabia, la impotencia que se repitieron en un espiral inconmensurable que duraba un instante y una eternidad a la vez. Saltar a matar a aquella sombra; caer. La tierra y la sangre, los brazos reventados, el cuello fracturado. Un dolor, agonía y desesperación sin igual. El mismo ciclo otra vez. Y, de repente, mirar a un costado, tirado en el suelo, sólo para ver otro bulto pequeño en el suelo: la cabeza de una niña.

- ¡No! - gritó de repente Leonardo, despertando solo para darse cuenta del lugar en el que estaba y las condiciones en las que se encontraba.

Solía tener la misma pesadilla casi todas las noches, pesadilla que permanecía como película de terror, repitiéndose de forma inalterable, pero sin dejar de horrorizar ni tampoco de acostumbrar como lo hacen estas películas.

Luego del estupor de su pesadilla, el cual ya llegaba a hacerse “habitual, Leonardo reaccionó ante sus circunstancias. Hospital General de la ciudad, sala compartida, que paradójicamente, no tenía otro acompañante. Ventana de junto, una vista matutina de la ciudad inigualable. Bueno, eso era lo de menos para Leonardo; la verdad estaba atónito: tenía cicatrices en ambos brazos y piernas, las que le parecieron, en base a sus nociones de salud, a quemaduras. Además, notó heridas punzantes en su abdomen y tórax, las que parecían, para su sorpresa, llevaban un tiempo ahí.

Los vendajes y otros cuidados en los brazos y piernas parecían injustificados. Las quemaduras no eran muy serias. Quizá eran una medida preventiva, por lo que pensaba Leonardo. Intentó explicarse qué sucedía en voz alta:

- Me habrán atropellado que no recuerdo nada; suele pasar, la amnesia postraumática es una de las típicas manifestaciones de un traumatismo encéfalocraneano, aunque, si tuve una pérdida de consciencia, mi estado general debiera verse afectado al punto de alterar mis funciones cognitivas al nivel… - eran algunas de las divagaciones en las que típicamente se debatía, y generalmente podía estar largo tiempo en ello, en voz alta, desinteresado de que lo escucharan…”

- Wow, ya estás mejor, vaya que chico más sano –. Comentó un anciano que pareciera haber estado un rato junto a Leonardo, sin que él se diera cuenta.

Leonardo, pese a ser interrumpido mientras hablaba para sí mismo por este anciano, lo miró no más de 5 segundos de pies a cabeza, miró su cuerpo, y continúo diciendo como si nadie le hubiera dicho nada:

- … De no poder siquiera tener un nivel de conciencia y metacognición para poder elaborar el discurso que estoy llevando a cabo.

Luego de eso, miró al anciano; era de estatura de media a alta, claros rasgos asiáticos, cabello completamente blanco, pero a maltraer, casi como si hubiera sido chamuscado por una ola de llamas. Sí, seguramente pudo escapar, ya que, ridículamente, según los pensamientos de Leonardo, el anciano que tenía al frente tenía la complexión de alguien de unos 40 años; erguido, fuerte, seguramente uno de esos fanáticos del Kung fu, karate y toda esa basura de la defensa personal que nuestro amigo consideraba inútil. Luego de analizar todo esto, y a modo de cortesía y de conclusión de los pensamientos que internamente realizó en esos segundos, dijo al anciano:

- Veo que me salvó del accidente, y creo que no sólo fue un choque, sino que también hubo posiblemente un incendio, a juzgar por mis quemaduras y por su pelo que claramente está chamuscado. Le aconsejo que se lo corte inmediatamente, puede ser anciano, pero se le ve horrible, considere su estética algo que sea. De todas maneras, déjeme agradecerle por todo, mis más sinceros respetos.

El anciano se percató que el sujeto con el que conversaba era un joven claramente inteligente, pero que sonaba más al tono de una entrevista formal, cátedra o cualquier otra cosa que una conversación de un tipo con los 18 años que parecía tener. Pensó un poco, soltó una risa sorda, solo para sí mismo, y le respondió:

- Acepto tu agradecimiento, y tomaré en consideración tus atrevidos comentarios.

- Me parece sensato, aunque no me interesa mucho, solo es parte de los convencionalismos que suelen ser bien recibidos por la masa autómata. Que tenga un buen día. - replicó Leonardo.

- Jajaja, tienes razón, chico, pero los eufemismos son necesarios al menos cuando estás conociendo a alguien. Ahora, déjame decirte, que si piensas que lo que te ocurrió fue un accidente, estás más que equivocado. En efecto, te salvé, pero no te salvé de algo que te hubiera pasado, o de algo que te hubieran hecho; te he salvado más bien… de ti mismo.

A Leonardo recién desde ese momento le empezó a interesar el sujeto que tenía de visita. No lo había mirado siquiera durante la conversación. Ya se habrá hecho la idea el lector que Leonardo, es o demasiado arrogante, o de verdad tiene alguna dificultad para socializar con el resto. La verdad es que lo segundo podría ser más una excusa, pero lamentablemente es la versión oficial, al menos para su familia y le gente con la que ha estado.

Hace un par de años fue diagnosticado con un cuadro del espectro del autismo, algunos lo llaman Síndrome de Asperger: esto se debe a que, a diferencia de muchos autistas que no hablan o no logran ir a una escuela sin un proyecto especial, estas personas tienen nivel intelectual normal, logran estudiar y trabajar, pero mantienen dificultades serias para socializar con los otros, encajar con compañeros y gente cercana de cualquier edad, además de tener muchas dificultades en la empatía o el “ponerse en los zapatos del otro”. Aunque lo diagnosticaron hace poco, sus padres vieron cambios abruptos en su conducta desde los 5 años. Antes era como cualquier niño, y luego, dejó de hacer todas esas cosas que definen a un niño como “sociable”, de un día para otro.

A Leonardo esto le importaba poco. No le interesaba mucho la gente, ni qué le pudiese ocurrir. Ya había salido de la escuela, estaba estudiando un bachillerato en ciencias para decidir en qué rama especializarse luego. No fue de tener muchos amigos, salvo uno que otro conocido del barrio; tampoco le gustaba hacerse de amigos en la escuela, salvo de una compañera que lo acompañaba bastante. Tampoco la tomaba mucho en cuenta, ya que pensaba que era de esas tipas que les gustaba hacerse cargo de la gente supuestamente diferente y así cumplir con alguna labor positiva o etc. Y se le había hecho más clara esa idea cuando supo que ella también iniciaría el programa de bachillerato al cual él había ingresado.

Leonardo, volviendo a apartar la mirada de su acompañante, musitó una sonrisa y le dijo, mientras se deleitaba con la vista matutina:

- No manifestaba ninguna sintomatología depresiva, ideación o intención suicida o algo así, señor, y de hacerlo, no sería mediante un método incendiario. Pero en realidad, ya que no recuerdo absolutamente nada de las últimas horas, o quizá días, por lo que puede que sea convincente su provocación ante mi persona - dijo al viejo.

- ¡Vaya, vaya, así que picaste al fin! - exclamó el anciano con una vitalidad inesperada para alguien de su edad -. No quiero atormentarte con frivolidades jovencito, solo te voy a dejar una pista… ¿Qué pensarías respecto al hecho de que se te trató por quemaduras de tercer grado hace unas horas y ahora solo parecieran una insolación muy fuerte?...

- Probablemente se equivocaron en la evaluación, en ese caso. De tener quemaduras de ese tipo, demorarían… - aquí es cuando se entrampó Leonardo, sin saber qué más contestarle al desconocido que tenía en frente.

- Jajaja, así te quería tener, jovencito. En vez de inventar excusas, agradécele a la RE-GE-NE-RA-CIÓN que has podido desarrollar. En realidad, tienes un potencial realmente bueno.

Leonardo ya no entendía nada. O el señor tenía una demencia que le impedía recordar las cosas y fabulaba recuerdos extraños y fantásticos, o de verdad se estaba burlando de él. Pero en algo no se equivocaba, una quemadura de insolación jamás recibiría el tratamiento que parece que le habían aplicado.

- Ya veo, otra versión interesante. Es bastante coloquial, pero de retórica efectiva. Esperaré su próxima visita, pero que sea antes del almuerzo; no me gusta que me interrumpan mientras como, lo encuentro vulgar. Hasta luego.

- Bueno, bueno, hasta luego jovencito educado. - se despidió el anciano y salió de la habitación.

En cuanto el anciano se fue; Leonardo pensó que ni siquiera le había preguntado el nombre al anciano… “Bueno, si aparece de nuevo se lo pregunto. A menos hizo entretenida la mañana” pensó. Luego de eso, trato de reconstruir lo que pudo haber pasado para quedar hospitalizado. Pese a muchos intentos, no había caso, no recordaba nada claro, aunque algunas cosas empezaban a aparecer, y no eran recuerdos gratos.

De repente, Leonardo pudo recordar algo borroso: su hermana menor tirada en el piso, y dos hombres de mal aspecto amenazándolo; uno de ellos tenía un cuchillo ensangrentado. Era lo único que recordaba, pero era más que suficiente para urgirlo a hacer algo: llamar a su familia. Necesitaba saber qué pasaba con su hermana: recordó su pesadilla, pensó que podía ser una mezcla de esa imagen con alguna nueva sobre su hermana. Buscó el timbre para llamar a la enfermera, ya que pese a estar algo alterado, tenía bastante internalizado como modo de actuar el no perder el control en situaciones apremiantes, o eso intentaba pensar.

- Dígame que necesita, joven, estábamos a punto de hacer el control de la mañana. - dijo una joven enfermera que parecía que daba todo de sí para llegar y atender al paciente que la solicitó.

- No necesito explicaciones respecto al retraso de sus funciones (es verdad, llegó a los 5 minutos del aviso); más bien quiero pedirle algo en especial - dijo Leonardo produciendo ya una molestia justificada pero encubierta de parte de la enfermera -. Necesito saber dónde están mis familiares; de estar por aquí, los requiero en lo inmediato, y si no es así, requiero comunicarme con ellos a la brevedad. Agradeceré si logra demorarse menos que en su llegada.

- Ejem… sí, tu madre y tu hermana menor están en la sala de visita… - intentó responder la enfermera, pero fue fugazmente interrumpida por un Leonardo que pareciera haber perdido la compostura ritualista que solía imponerse:

- ¡¿Mi hermana, dices !? - exclamó Leonardo con una voz temblorosa. Claramente esos supuestos recuerdos que tenía por fin lo habían alterado.

- El horario de visita… - la enfermera vuelve a ser interrumpida.

- Mire, las necesito solo 5 minutos, sé que el horario de visitas de este hospital suele ser de 13:00 horas a 14:30 horas, y sé que los protocolos son serios, pero necesito conversar con ellas 5 minutos. De verdad se lo pido - intentó articular Leonardo, con el mejor semblante posible, y estableciendo el contacto ocular que nunca se había interesado por realizar antes.

- Uhm; está bien, pero sólo esos 5 minutos - responde una ya notoriamente alterada enfermera, y se marcha lo más rápido que puede.

“Esto es increíble, si lo que recuerdo es cierto, ella debería estar al menos hospitalizada, si es que realmente fuera algo de lo que se pudiera sobrevivir. Una puñalada en el flanco derecho del abdomen, probablemente afectando la vena porta o incluso pasando a llevar la cava inferior, su estado sería por lejos más crítico que el mío…” pensaba Leonardo, tratando de mantener la calma; ya no quedaba más que esperar a que llegara su madre y hermana menor y así poder desacreditar esa visión o reminiscencia que lo estaba alterando tanto.

- He traído a sus familiares como me solicitó, patrón - dijo la enfermera con una expresión burlesca.

- Gracias, aunque no son necesarias las bromas para ponerme contento, pero te agradezco igual - respondió Leonardo, que pareciera ser o inmune a los actos maliciosos o inconsciente completamente a ellos debido a su supuesta condición.

- ¡Hermano! - dijo la Hermana de Leonardo, Lucía, corriendo imprudentemente hacia la cama en la que estaba su hermano.

- Hijo mío; qué alivio el saber que ya estás más compuesto. Fue tan terrible verte así, pensé que...- intentó decir la madre de Leonardo, Irene, pero entre un suspiro previo al llanto y a Leonardo que la interrumpió no pudo terminar.

- Tranquila, madre. Hermana, también me alegra verte bien a ti. No entiendo bien, estoy hospitalizado, pero parece que recibí más cuidados de los que mi situación médica requería…- declaró Leonardo en un comentario a ambas.

- No sabemos bien tu estado, solo que el médico dice que cuando llegaste estabas bastante mal… No he podido dormir nada - soltó la madre de Leonardo sollozando.

- Tranquila, mamá. A los doctores le pagan por ponerse en el peor de los casos - le respondió Lucía, un poco molesta por la forma de sobre reaccionar y sobreproteger a Leonardo que tenía Irene.

- Hermana, me interesa saber algo, ya que no recuerdo muchas cosas desde antes de mi hospitalización, o confirmar si los recuerdos que tengo de antes son acertados: ¿Me acompañaste ayer en mi caminata? Tengo recuerdos de eso… - preguntó Leonardo, deteniéndose antes de hablar de sus recuerdos respecto a su hermana apuñalada, ante la expresión atónita de Lucía.

- La verdad, es que no creo que sean recuerdos o siquiera sucedió, pero la verdad es que soñé anoche algo similar - respondió Lucía.

- Cuéntame de qué trata tu sueño, por favor - le solicitó Leonardo.

- Uhm, a ver- respondió Lucía, ya más que acostumbrada a la forma de hablar que tenía su hermano.

Leonardo, pese a ser un joven de 18 años, solía ser acompañado a algunas cosas por su hermana de 16. Ella encontraba que siempre estaba solo, y aunque ella sí tenía bastantes amistades, trataba de hacerse el tiempo para acompañar a su hermano después de los estudios camino a casa. De alguna forma, y aunque afirmaba que Irene lo sobreprotegía, Lucía tendía a lo mismo varias veces.

La reconstrucción del sueño de esta escena del crimen tiene su contexto en uno de estos viajes de regreso a casa, que justamente atraviesa un sector específico algo más riesgoso, cercano a un pequeño parque con una pésima luminaria pública, lo que juega en contra de la seguridad, especialmente cuando el sol se ocultaba.

- La verdad es que pareciera que la situación ocurrió en ese parque que atravesamos generalmente, ese por el que dices que has llamado 14 veces a la gobernación y has mandado 5 cartas y que no te han dado más respuesta que tu plan técnico de financiamiento de luminaria led alimentada por paneles solares será analizada durante el próximo concurso de presupuesto anual - empezó a comentar Lucía, atenta a los detalles de los cuales gozaba escuchar Leonardo-. Bueno, íbamos por este parque, y aparecen dos sujetos, quizá de unos 20 o 30 años, malas vestimentas, cara sucia, fijo eran drogadictos, pastabaseros, etc. Sobre todo, porque sus caras estaban desfiguradas, tenían unas ojeras terribles, sus ojos estaban rojísimos. Uno nos pide dinero, otro me piropea de forma descarada. Tú les respondiste de la forma rebuscada que tienes de hablar. Uno de ellos te responde con un insulto, saca un cuchillo y dice…- Lucía es interrumpida por su hermano:

- ¿Quieres que haga algo interesante con tu hermana? - dijo él con una expresión terrible, casi de una angustia o impotencia.

Logró ver algunos hechos a continuación: el ladrón apuñalando a Lucía, luego Las cabezas de esos dos pobres hombres destrozadas; no, reventadas, el parque incendiado, y en medio de ese incendio. Mientras Leonardo pensaba en esto, en medio de esta conversación extraña en incómoda, su madre, Irene, miraba sin entender mucho, pero sintiendo una gran angustia.

- Uhm, sí, qué sueño más horrible, o pesadilla, diría yo, bueno, la verdad es que luego desperté horrorizada, mientras era sacudida por mi mamá. Ahí ella me contó que estabas hospitalizado; que recién se había enterado y que al parecer un desconocido te había dejado en el hospital. - agregó Lucía, quizá para finalizar, ya que no solía ver a su hermana con esa cara de estupefacción, y cuando lo veía así, era mejor dejarlo solo un rato.

- Vamos mamá, quizá Leonardo necesite descansar, además tendremos la hora de visitas para conversar con calma. Chao, hermano, nos vemos- finalizó Lucía e hizo salir a la madre desconcertada.

- Pe-pero…- intentó exclamar la madre desesperada, pero ante la mirada angustiada de su hijo, entendió que era lo mejor.

La madre de Leonardo, así como Lucía, no entendían mucho. Ella recordó de repente que pensó que sus hijos todavía no llegaban a casa, para luego sólo recordar que recibía un llamado del hospital respecto a su hijo internado, por lo que partió a despertar a su hija. Intentó llamar a su esposo, que se encontraba de viaje por su trabajo, pero no le respondió. Solo atinó a dejarle un mensaje, al cual este respondió recién en la mañana. Lucía, por su parte, estaba aún más confusa; no entendía en qué momento se separó de su hermano para llegar ella antes a casa y acostarse sin recordar nada. Quizá, simplemente, estaba muy cansada.

“¿Cómo que despertó en su habitación, sin un solo rasguño? Yo la vi agonizar en el suelo, frente a mí. ¿Qué mierda está pasando aquí?”, pensó para sí un Leonardo más que interferido. Y así siguió un buen rato, hasta que finalmente la enfermera de hace un rato llegó a hacer el chequeo de la mañana.

Mientras revisaba los informes en ficha, tomaba la presión y temperatura, ante un Leonardo que parecía una más un tipo de fantomas para las estudiantes en práctica de enfermería que una persona, él recordó al anciano de hace un rato, y decidió que era momento de cobrarle la palabra para atar todos los cabos sueltos que lo incomodaban hasta descomponer esa aparente compostura que mantenía Leonardo, por lo que, recobrando su actitud, le preguntó a la enfermera:

- Disculpa, sabes si el anciano que me visitó primero en la mañana anda por ahí; me gustaría conversar con él de nuevo- dijo.

- ¿Ah? ¿anciano? - respondió la enfermera- No tengo idea de qué hablas, niño loco. Ningún anciano te ha venido a visitar, a menos que fuera un médico; aunque a decir verdad no hay doctores de edad trabajando en esta sección, solo hay internos y residentes, casi todos de mi edad o un par de años mayores -terminó de agregar la enfermera, a lo que Leonardo respondió:

- No necesito saber de tus intenciones nupciales, pero gracias por la aclaración. -Pareciera que en realidad no era tan inconsciente a las ironías e indirectas, pero si en el evitar atacar dónde le duele más a los demás.

Ante esto, la enfermera llenó la hoja correspondiente a la ficha clínica de Leonardo, y se fue, sin establecer contacto alguno con él. Salió de la sala sin decir palabra alguna. Acto seguido, se escuchó una voz desde la ventana de la sala:

-Uf… tienes que mejorar tu tacto con las mujeres, si no, no vas a encontrar tu media naranja- dijo el anciano.

- ¡Mierda! - Imposible no verse sobresaltado ante una aparición como esa.

-Bueno, creo que dejamos nuestra conversación inconclusa, y ya “abriste la caja de pandora” al tratar de resolver las cosas llamando a tu hermana, así que te debo las explicaciones correspondientes. - el anciano se detuvo un momento, seguramente pensando las palabras justas para comenzar a decir lo que debía.

- Siendo sincero, fue un dolor de cabeza detenerte, en verdad no es que sea pretencioso, pero a este cabello ni los entrenamientos duros ni las batallas largas habían logrado dejar en tal mal estado, de verdad leíste un mantra de "iniciación" poderoso o le caíste bien a algún demonio poderoso para que te poseyera- agregó.

- ¿Mantra? ¿Demonio? - cuestionó Leonardo. La verdad es que ya era segunda vez que el viejo le decía esa misma locura de la iniciación, por lo que ya se estaba volviendo algo llamativo.

-Sí, Mantra, como has oído- confirmó el anciano.

-A todo esto, no me he presentado, mi nombre es Takashi Jakimioto.

-Leonardo, un gusto. - respondió él.

-Bueno, continuado, todavía no tengo claridad de todos los detalles anteriores a mi llegada. Mis subalternos suelen hacerse cargo de estas situaciones, de llenar los hoyos, tapar las versiones contradictorias para tranquilizar a los testigos, y etc. Así que eso lo tendrás que armar con otra persona. Pese a ello, la verdad es que te veníamos siguiendo de hace un tiempo, pero alguien o algo hizo el movimiento antes. Bueno, no te enredaré más, lo demás lo sabrás con el tiempo. Te encontré en aquel parque, con tu hermana frente a ti, con su ropa toda ensangrentada, pero paradójicamente sin herida alguna de la que pudiese salir dicha sangre, ni cicatriz aparente. Tenías una expresión terrible, sin decir que en tu mano izquierda tenías lo que quedaba de la cabeza de uno de los sujetos que parecían solo vagabundos, pero que se tuvieron que volver terriblemente violentos de un momento a otro como para hacerle a tu hermana tanto daño. En tus últimos momentos lúcidos, me pediste que llevara a tu hermana a su casa, diste las indicaciones de cómo llegar y le dije a uno de mis subordinados que hiciera ese trabajo, por el color de tus ojos, ese rojo de la marca de Jaldabaoth- dijo el viejo, antes de ser interrumpido por Leonardo.

- ¿El Demiurgo? -replicó Leonardo.

-Ese mismo. Resulta ridículo que sepas tantas cosas a tu edad, jovencito. - Increpó el anciano Takashi, y prosiguió. - Al menos así se hace llamar. Pero cualquiera de sus tres nombres ya es suficiente para el rango que se adjudica de todas formas. En el momento que tus ojos cambiaron, supe que empezaría el enfrentamiento. Fue increíble, no había visto iniciado alguno, y menos de los que elegían al “oscuro” que alcanzara tal poder en su primer enfrentamiento. Eres el primero en años que logra dañarme, por poco que te parezca.

- Espere; ¿Me está diciendo que me acabo de convertir en algo así como un caso de posesión demoníaca o lo que sea que esté inventando? - preguntó ya claramente perturbado Leonardo.

- Justamente, y no es un invento. Pero no te preocupes, no es tarde para que puedas “redimirte” y ser del lado “de los buenos”. Entiendo las razones de aceptar un pacto, no es grato ver a tu hermana morir frente a tus ojos.

Leonardo después de estas palabras recordó algunas cosas más; no algunas, bastantes, si es que no todas. Todo lo necesario hubiera sido la palabra “pacto” desde un principio. “Lo recuerdo, hice un pacto, hice un pacto con la voz que me empezó a hablar”, pensó.

- Recuerdo algo, una voz. Una voz, en latín, que me citó unos fragmentos de una obra en dicha lengua que estudié una semana antes en la biblioteca.

- Uhm, ya veo, y podrías citarme qué cosa leíste, si es que recuerdas, claro.

- Solo recuerdo un verso. Era algo así:

Separabis terram ab igne, subtile a spisso, suaviter, cum magno ingenio.

- ¿Nada más? - preguntó Takashi en tono burlón - Saber latín no es poca cosa, y recordar dichas frases, aún más. Cualquiera que estudie lenguas antiguas demora un semestre al menos en decir de corrido una frase como la que acabas de decir- Agregó.

-Recuerdo que se repetía 3 veces.

- Ya veo, en ese caso, ya, es parte del “conjuro”. A veces cambia, pero suele conservar ese verso que dices. También me dijiste que esa voz te ofreció hacer un pacto, ¿También fue en latín?

- La verdad es que ni idea, conozco nociones de latín, pero en la lengua que después se me habló no la había escuchado nunca y, sin embargo, entendía claramente todo lo que quería decirme. Simplemente tuve que aceptar. Y lo digo en parte por las circunstancias, también.

- ¿Y qué te decía la voz, puedes traducirlo de lo que recuerdas?

- Bueno, lo que más recuerdo es que repitiera esa parte al señor de los “tres nombres” y que sería capaz de tomar la justicia por mis manos. - comenzó Leonardo.

- Ya veo.

- Respondí: “Quiero tener el poder de salvar a mi hermana de estos malditos”. La voz me respondió “Ambos deseos serán cumplidos, eso sí, primero debes tomar la vida de los dos asaltantes, y después tocar a tu hermana en el lugar de su herida; apresúrate, no será que quieras perderla, ¿no?”

- Ya veo. Usaron el método de las tres vidas. Aun así, tres vidas no son suficientes para conseguir como resultado el poder que mostraste. - respondió Takashi.

- Ni idea, eso es lo que recuerdo. ¿Qué significa el método de las tres vidas o muertes, o lo que sea?

- Dice el saber popular que las personas en el círculo cercano de alguien se vayan de a 3, a veces se atribuye a maldiciones lanzadas por alguien. Otra razón atribuible es usarlo como “carnada” para llamar la atención de alguien enterado para hacer el pacto con el demonio. En tu caso, se tomó la vida de tu hermana, que es probable que haya estado “muerta” o ad-portas de morir, y la de los dos asaltantes. Es una forma baja y desesperada de hacer el pacto, pero pareciera que así y todo fue válido. Tenemos que identificar quién lo planificó y por qué; pero la mayoría de las veces tiene que ver con identificar a gente “sensible” a este tipo de cosas.

- ¿Qué relevancia tendría saber de ese tal pacto, sus condiciones y mi experiencia en general? -preguntó algo molesto Leonardo por todo el enredo de la conversación.

- ¿Sabes cuántos de todos esos que dicen que podrían acceder a este poder jugando crees que están ahora vivos, y reportando este conocimiento? -preguntó en anciano.

- Ya veo. Entonces, soy un caso muy especial, por eso es prioridad de ustedes contener y mantener con vida a los que leen algún fragmento y hacen el pacto mediante el método de las tres muertes- Leonardo se sorprendió de sí mismo al estar de un momento a otro siguiéndole el juego a Takashi.

-Así es. Además, te dije que, de ser alguien “sensible” a estas fuerzas, se te puede dar el percibirlas y usarlas. Eso le interesaría a más de algún malintencionado. - Agregó el viejo.

- ¿Y por qué dice que le costó mucho detenerme, acaso fue porque perdí la consciencia o algo así?

- No, la verdad es que el poder que mostraste ayer era similar al que se cuenta que tiene cualquiera de los Generales del Infierno. Por eso fue. - respondió Takashi.

- ¿Generales?, ¿inferno? Si va a contarme las cosas, hágalo detalladamente, quiero saber de principio a fin lo que ocurrió, según sus recuerdos.

-Ya veo, te lo debo, escucha detalladamente. Te conté un poco de lo que pasó antes, el resto es prácticamente ver como perdías el control, tus ojos adquirieron el color rojo del señor de las tinieblas, tu cuerpo comenzó a exudar llamas, comenzaste a quemar todo a tu alrededor. Hasta ahí, lo habitual sería evitar tu muerte, esperar a que te calmes para ayudarte con las llamas, en caso de que seas más resistente. Intenté noquearte, pero instintivamente movías tu cuerpo a una velocidad impensable, me bloqueaste y golpeaste de forma directa. Usabas tus manos en forma de garras, intenté esquivarte y destrozaste el tronco de ese castaño gigante que hay en el parque de un solo manotazo. En verdad me sorprendí, tus movimientos eran precisos, efectivos, casi de un luchador nato, pero con la clara falta de experiencia que debes tener en luchas, ya que pareces más un ratón de biblioteca que otra cosa. Logré golpearte unas cuantas veces, especialmente para noquearte. Lograba derribarte, pero acto seguido te ponías de pie, te encolerizabas, soltabas una onda expansiva de fuego y aire incandescente, y tus poderes aumentaban. Los cortes y rasguños no te producían dolor, y de ser más profundos, el calor los cauterizaba. Noté que gritabas muchas veces “¡Maldita sombra!”. Realmente no tenía muchas opciones, tuve que usar otros poderes. Eres el primer caso de posesión que me entretiene tanto. Al usar los poderes de la luz, reaccionaste, te paralizaste, mientras emitías un aura de color oscuro, que resonaba al ritmo del aura blanca que utilicé. Eso me dio el tiempo para noquearte y reducirte. Luego de eso, tus ojos cambiaron a tu color habitual.

-Un aura negra, un aura blanca… ¿Qué está fumando usted, señor? - Preguntó Leonardo que, si bien, hacía esta suerte de broma, estaba muy atento a lo que decía Takashi.

-No es ninguna alucinación, eres un guerrero demoníaco, y eres el primero en demostrar algo distinto al poder de las llamas o los truenos u otra manifestación. No es normal mostrar respuesta a ambas energías, a ambas modalidades de Gaia. Pero lamento decirte que ya estás involucrado en esto. Ya sea te alejes y te mantengas al margen, o decidas aceptar la propuesta que te haré, estarás en riesgo. Estarás en la mira del otro bando. Puede que hubiera gente que te estaba observando antes del pacto, y ahora será igual o peor.

-Ahora me viene con la paranoia. Está bien, le creeré, espero que con esto no ponga en aprietos a mi familia ni tampoco mis estudios. ¿Cuál es su propuesta? - declaró Leonardo, mirando a la cara a su interlocutor, con una expresión de determinación que sorprendió al mismo Takashi.

-Jajaja, ¡esa es la actitud, crío! La propuesta es sencilla: ¿Quieres unirte a la escuadra de la Luz? Estarás bajo mi tutela y protección, yo mismo te entrenaré para que perfecciones tus poderes y nos seas útil, incluso en las condiciones que hemos conversado.

-La escuadra de la Luz… Nunca he oído de esto. Necesito que me explique de qué tratan ambos.

-Todo a su tiempo, por ahora necesitamos que descanses; digo, tú lo necesitas, tu familia, y nosotros por supuesto. Quiero que en cuanto te recuperes, visites esta dirección. Una vez allí te diremos de qué trata todo esto.

Acto seguido, Takashi se acercó y le entregó una tarjeta con una dirección. Estaba en la periferia de la ciudad, más cerca de la Universidad que de su hogar. La miró un par de segundos y se la devolvió.

-No la necesito, ya la memoricé: me explicará todo como corresponde en ese momento. No le confirmo nada, pero ya sea para decir que sí o decir que no, estaré allí.

-No te preocupes, confío en ti. Estaremos cuidándote hasta entonces de todas formas. Dependiendo de lo que decidas, eso sí, será como continúen las cosas, incluyendo los cuidados sobre ti y tu familia. No tenemos tanto recurso humano como para protegerte demasiado tiempo o de demasiados enemigos que seguramente resonarán ante tus poderes y serán atraídos… Bueno, ha sido un gusto, que estés bien- Finalizó Takashi y se marchó.

El resto del día prosiguió con la tipicidad de una hospitalización, visitas de rutina, visitas familiares, más visitas rutinarias, todo mientras Leonardo se veía más absorto que el normal de los días. Esto claramente se debía a la conversación con el anciano Takashi, pero además con lo abrumador que consideraba poder ver a su hermana viva y a salvo después de pensar que había muerto frente a sus ojos. Trataba, de acuerdo con lo contado por el anciano, de reconstruir sus memorias, mas no podía. Solo podía acceder a lo que recordaba desde la conversación, nada más que eso.

Al otro día, durante el chequeo de la mañana, el doctor, estupefacto, declaró que “el usuario no tiene ninguna herida, no tiene sentido que siga hospitalizado”. Luego de eso, pidió a Leonardo firmar un consentimiento para tomar algunas fotos de su recuperación. Leonardo se negó. Esto le había confirmado parte de los dichos de Takashi. Leonardo se sintió a la vez más aliviado, ya que podría ver a su hermana, y saber de su padre, el que respondió de forma escueta que llegaría en un par de días a casa para saber la versión de Leonardo respecto a su accidente.

Media hora antes de terminar los preparativos del alta médica, llegó una visitante a la sala en la que se encontraba Leonardo. Era Ágata, la compañera de escuela y ahora de universidad de Leonardo. Este no pudo evitar sorprenderse un poco, ya que era, básicamente, la única persona con la que había hecho una buena relación en la escuela, y con la que más hablaba – o le respondía, más bien – en la universidad.

- Leonardo, ¡qué bueno que estés bien! - exclamó la joven.

-He estado mejor, claramente, pero qué bueno que pienses que tengo buen aspecto, al menos- replicó Leonardo.

-No deberías decir eso, al parecer fue grave lo que te ocurrió; vine en cuanto me contacté con tu hermana debido a que faltaste a clases, y así supe de forma general tu situación. - dijo ella.

-No sé bien los detalles de la situación, pero al parecer hubo un incendio o explosión en un parque cerca de mi casa y quedé en medio del accidente. Al parecer tuve quemaduras, pero no fueron tan graves cómo se consideró a mi ingreso. - Leonardo trató de sintetizar el hecho, y, además, dejar una versión neutral para usar con la gente conocida.

-Sí, vi en las noticias ese accidente; murieron 2 personas sin identificación, y otras 10 quedaron con heridas y quemaduras, por lo que dijeron. -

-Qué lamentable…- comentó Leonardo, para tratar de seguir con la versión neutral.

-Es un milagro que hubieses sido rescatado, es decir, pudiste haber…- replicó Ágata.

Para ella nunca han sido agradables los incendios. Su hermana gemela había muerto en un incendio forestal hace unos años. Desde ese entonces, intenta no salir mucho de la ciudad, ya que el campo o los bosques le recuerdan a su hermana fallecida.

- No vine antes ya que traté anotar todos los apuntes posibles, así no te quedarás atrás. - prosiguió.

-Te agradezco mucho por tu preocupación, Ágata. De todas maneras, puedo recuperar los contenidos basándome en el programa y la bibliografía recomendada. - respondió Leonardo.

-Sé que te gusta hacer las cosas a tu modo, pero también puedes dejar que te ayuden a veces. Además, los comentarios del profesor siempre son buena guía. - trató de responderle, ya que conocía bien la faceta distante de Leonardo, que siempre despertó algo de interés y dudas en ella.

-Es verdad, quizá me ayuden las bromas y anécdotas de amoríos adolescentes de esos profesores. - Sentenció a modo de broma Leonardo. No se daba cuenta, pero con Ágata trataba de bromear más que con el resto de la gente.

Luego de eso, ingresó la enfermera, que se sorprendió de ver a ese desagradable y amargado tipo siendo visitado por una joven tan bella y amable como Ágata. Probablemente hasta sintió algo de envidia, y era inevitable; no es que su la amiga de Leonardo solo fuera guapa, sino que además su mirada tranquila, su actitud calma y relajada podía interesarle a más de un joven, aunque pareciera algo perna o nerd.

-Mira tú, así que incluso a un amargado como tú no le falta Dios. Bueno, dile a tu amiga que debe irse porque debes cambiarte; tu alta médica está lista. - dijo de forma burlona la enfermera.

-Ya escuchaste a la enfermera, Ágata, ve con mi madre y hermana, no quiero que se te pegue lo pretenciosa al hablar con el personal de enfermería de este lugar. - Dijo Leonardo.

-Bueno…- fue lo único que respondió Ágata, por miedo a decirle algo pesado a la enfermera o Leonardo, y se retiró a continuación. Intentó no mirar a la enfermera, pero esta sí miró a Ágata de pies a cabeza; ella pensó que de verdad un tipo tan antisocial no debería estar con una chica tan guapa.

- ¡Ja!, bueno, cámbiate rápido, no dejes esperando a tu novia. - continuó la enfermera.

Leonardo no respondió a eso. En cambio, se dedicó a vestirse con la ropa que le había dejado previamente su madre en la habitación. En verdad, no se tomaba en serio esas temáticas del coqueteo, el romanticismo o siquiera el reflexionar si le gustaba alguien. Respecto a Ágata, consideraba que ella tenía algún complejo de ayudar a la gente luego de haber perdido a su hermana. Pero trataba de responder a su amabilidad y ser cordial, ya que eran compañeros desde que iban en el liceo.

Una vez que se vistió, llegó la enfermera a buscarlo.

-Ya, vámonos; por fin te irás a tu casa y me dejarás en paz. - dijo la enfermera.

-Créame que pienso igual. - replicó Leonardo.

- Ya, fuera, será mejor-. Respondió enojada la enfermera y se adelantó por el pasillo.

El hospital era grande, el pabellón de adultos estaba repleto, a excepción de esta sala en la que se encontraba Leonardo, solo. Esto parecía bastante extraño para nuestro amigo. Una vez afuera del pabellón, se encontró con su madre, su hermana y Ágata para ir a recepción, verificar los últimos trámites e irse a casa. Saliendo del hospital, la familia se despidió de Ágata, la que se fue calladamente a su hogar.

Una vez en casa, Leonardo pidió irse a su habitación inmediatamente hasta la hora de cenar. Quería descansar, o al menos eso le dijo a su familia. Una vez en su pieza, tomó su computador y comenzó a buscar sobre la frase en latín que recordó. Ingresó en el buscador:

Separabis terram ab igne, subtile a spisso, suaviter, cum magno ingenio.

Inmediatamente encontró la referencia de la enciclopedia en línea, con el título de “La tabla Esmeralda”. Se supone, por lo que ya recordaba Leonardo, que esta inscripción se le atribuye a un personaje de nombre Hermes Trismegisto, del que se tiene registro al parecer desde la Edad Media, como una suerte de profeta pagano. A su vez, se hace alusión al nombre como un sacerdote ocultista de la época de Egipto, unos siglos antes de Cristo, el que podría haber fundado el culto del hermetismo. El nombre Hermes Trismegisto significa “El tres veces grande” en griego.

-No sé a qué cosa creerle cuando buscas algo y casi todas las páginas son de esoterismo…solo faltan las fotitos del tipo de los Aliens. - hablaba para sí mismo Leonardo.

Intentó centrarse en la Tabla de Esmeralda. Continúo mirando los detalles de la inscripción. Al parecer, todo este texto de la Tabla Esmeralda se adentraba hacia las bases del hermetismo, y a su vez, buscaba entregar de forma críptica las herramientas para la alquimia, la transmutación del alma y el dominio de la llamada Gran Obra, el cual es el objetivo final de la alquimia.

-Esta hermenéutica y su simbolismo es algo tediosa y fútil, pero interesante como reseña histórica. - seguía comentando Leonardo.

El uno, el todo; poder ser Todo desde la plenitud del sí mismo. Todo eso sonaba muy bello, desde las meras palabras… ¿Por qué debiera ser este fragmento necesario para un rito demoníaco? Bien podía ser por la calidad de pagano, o por el ocultismo…quién sabe. De todas formas, Leonardo leyó la inscripción completa, y se dio cuenta, rememorando, que la que leyó por casualidad en la biblioteca de su Universidad. Recordaba haber visto una hoja antigua rasgada entre medio de su libro de estudio.

Fue hace unas tres semanas; Leonardo pudo recordar que esa tarde se quiso quedar más rato en la biblioteca, así que le dijo a su hermana que no lo fuera a buscar a la facultad. Ágata se retiró temprano ese día, por lo que pudo estudiar a su manera. Una vez que leyó sus apuntes, y tuvo tiempo de sobra al no tener que explicarle a su amiga ningún concepto, Leonardo decidió buscar alguna lectura rápida antes de irse a casa. Se dirigió a la colección de ciencias biológicas. Tomó uno de los libros nuevos, y empezó a leerlo. Entre medio de las hojas, encontró esta suerte de papel viejo.

Al poco tiempo de ver esa hoja sintió un zumbido en su cabeza; era un mensaje que resonaba de forma constante, en una lengua incomprensible. Él se sintió incómodo, buscó soltar el libro, pero la voz se hacía más fuerte a medida que intentaba deshacerse de este. De forma que sólo le quedó sentarse y dejar el libro en la mesa y empezar a revisarlo.

Verum, sine mendacio, certum et verissimum:

(Lo que digo no es ficticio, sino digno de crédito y cierto)

Quod est inferius est sicut quod est superius, et quod est superius est sicut quod est inferius, ad perpetranda miracula rei unius.

(Lo que está más abajo es como lo que está arriba, y lo que está arriba es como lo que está abajo. Actúan para cumplir los prodigios del Uno.)

Et sicut res omnes res fuerunt ab Uno, mediatione Unius, sic omnes res natæ fuerunt ab hac una re, adaptatione.

(Como todas las cosas fueron creadas por la Palabra del Ser, así todas las cosas fueron creadas a imagen del Uno.)

Pater omnis telesmi totius mundi est hic. Virtus eius integra est, si versa fuerit in terram.

(Su padre es el Sol y su madre la Luna. El Viento lo lleva en su vientre. Su nodriza es la Tierra.)

Ascendit a terra in cœlum, iterumque descendit in terram, et recipit vim superiorum et inferiorum.

(Separa la Tierra del Fuego, lo sutil de lo burdo, pero sé prudente y circunspecto cuando lo hagas.)

Completum est quod dixi de Operatione Solis.

(Lo que tuve que decir sobre el funcionamiento del Sol ha concluido.)

Separabis terram ab igne, subtile a spisso, suaviter, cum magno ingenio.

(Separarás la tierra del fuego, lo sutil de lo espeso, suavemente y con gran industria.)

Separabis terram ab igne, subtile a spisso, suaviter, cum magno ingenio.

Separabis terram ab igne, subtile a spisso, suaviter, cum magno ingenio.

Así era la inscripción que Leonardo había leído. Al compararla con la verdadera Tabla de Esmeralda, era otra cosa distinta.

- Claramente esa hoja fue dejada a propósito, para que alguien la tomara, quizá yo, Ágata, algún compañero… - murmuró Leonardo, que pudo entender que quizá era verdad que lo estaban siguiendo.

Recordó que, al leer tal inscripción, sobre todo al final, en que se repetía lo que parecía ser la sexta inscripción, empezó a sentir un dolor de cabeza intenso, al punto de casi perder la conciencia. Sintió que fue el minuto más largo de su vida: pudo ver a la gente quieta, congelada, sin poder moverse, mientras él se quejaba por el dolor que sentía. De hecho, recién en ese momento pudo parecerle inaudito que viera a todo el mundo quieto, el ruido ambiental ausente, los autos a la salida quietos, mientras él se quejaba. El tiempo puede parecer más largo si sientes dolor, pero no se va a congelar, y precisamente en ese momento, el tiempo se había congelado.

Una vez pasado ese lapso temporal, Leonardo miró el libro: la famosa hoja ya no estaba. Se puso de pie y fue tambaleante a dejarle el libro al bibliotecario.

- Tome - dijo el chico, acercando el libro al bibliotecario mientras se sobaba la cabeza.

- ¿Estás bien? - atinó a preguntarle el hombre.

- Sí, tranquilo, debo estar cansado. - respondió Leonardo para así irse sin despedirse del bibliotecario. Luego del corto intercambio, tomó sus cosas y se fue.

Los recuerdos de ese día luego de la biblioteca no eran muy claros; Leonardo no podía describir la sensación que tuvo al tomar ese libro. Tuvo la impresión de haber deseado repetir esa sensación de “parálisis” en el tiempo, o recordó que, pese a lo inconcebible, le parecía haberla vivido alguna vez antes, pero no podía reconocer cuándo ni dónde. Además, ese bibliotecario no era el de siempre; es más, luego de ese día, nunca más lo volvió a ver. Eso también era más que sospechoso. En medio de estos recuerdos, Leonardo se percató que su madre tocaba la puerta. Lo llamaba para bajar a comer.

-Leonardo, a comer. Llegó tu papá- fue lo único que escuchó de su madre.

Leonardo se puso tenso. No era difícil, incluso por lo rara y extrema de la situación, decirle a su madre y hermana las cosas que hacía, lo que le había sucedido, etcétera. Pero, era definitivamente distinto explicarle cualquiera de estas cosas a su padre, que, además, llegó antes de lo esperado. De alguna forma, ese hombre era el mayor juez para él. No daba aprobación, ni reprochaba generalmente, simplemente escuchaba lo que decía Leonardo sin mayor atisbo de motivación o interés, pero recordando los detalles.

Leonardo bajó y se sentó junto a su hermana. Antes que pudiera decir algo, su padre arremetió:

-Me alegro de que estés bien. Tendremos que demandar a la administración de la comuna para compensar los gastos médicos.

- Mi amor, lo importante es que Leonardo está bien. - Intercedió su madre.

- ¿Realmente estás bien? Expusiste a tu hermana a un gran peligro. Puede que estés bien físicamente, pero no sé cómo puedes considerar que arriesgar a tu familia es estar bien.

-Papá, era la ruta que siempre tomábamos. Aparte, recuerdo haber empezado a caminar con Leonardo, pero yo estaba durmiendo en mi pieza cuando llamaron y avisaron del accidente. – Lucía sintió que estaba contando de más, al dar a entender que Leonardo estaba en la calle solo y tarde.

-Así que andabas en esos paseos solitarios que das siempre. Más irresponsable aún. Si quieres darlos solo, no hay problema, pero no expongas a tu hermana en ello, incluso si ella no te siguió finalmente a ese lugar.

- No, no arriesgaría a nadie en mis cosas, no esperaba tener que aclarar eso. Esperaba que lo supieras. - Replicó Leonardo.

-No, no lo sé. No sé si alguien te interesa, más allá de tu divagar en libros y tus paseos, a decir verdad. Lo que veo es que estás a salvo. Me alegro por ello. Prefiero que hablemos más detalles mañana, porque ahora estoy cansado. – Sentenció el hombre.

El resto de la cena prosiguió en silencio. Leonardo fue el primero en irse. No es que estuviera más molesto de lo habitual. Este es el padre que recuerda desde pequeño: frío y distante, exigiendo una compostura a toda prueba, más allá de la actitud demasiado calmada de Leonardo. Una vez que Lucía también se fue a su cuarto, Irene le preguntó indignada a su esposo:

- ¿Cuándo serás más cercano a tu hijo, Fernando?

- Sabes lo que pienso de él. Sabes que todavía no lo puedo reconocer.

- Sabes que tiene autismo, que eso puede aparecer a la edad que tenía durante ese paseo.

- No, no se trata de si habla o no habla, o de cómo se expresa. Su esencia ya no estaba ahí, después de ese día se fue. Nadie con cualquier cosa relacionada al autismo pierde su forma de ser de esa forma. Estudiamos todo: no tiene epilepsia ni algún problema genético; en verdad, no le encuentro razón a su cambio. – Replicó Fernando con una mirada sombría.

- Es nuestro hijo, y pese a todo lo que digas, debemos apoyarlo. - Sentenció Irene.

- Lo sé…siempre lo haré. Me queda papeleo por hacer, iré al estudio. – Dijo Fernando y se marchó de la mesa.

Irene se quedó sola, mirando el puesto de Leonardo. “No importa quién seas, puedes ser un impostor, pero siempre serás mi hijo”; era lo único que podía susurrar mientras las lágrimas empezaban a brotar de sus ojos.

20 de Noviembre de 2019 a las 03:13 0 Reporte Insertar 1
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