La Condena Seguir historia

Y
Yeny Jerez


Una mujer sentada en la silla de los acusados, con sentimientos en contra pero con una clara concordancia entre los hechos y las causas que ahora la tienen donde está. ¿Podrá asumir su culpabilidad o buscará la forma de liberarse de su condena?


Drama Sólo para mayores de 18.

#delafraseelcuento
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La condena

Y ahí estaba con una tez pálida, temblorosa, casi al borde de la más amplia lástima, con una notable presencia que garantizaba la falta de descanso y alimento por varios días. No pronunciaba palabra alguna y me enfoqué en mirar el objeto que mi débil mano sostenía. Una lágrima rodó por mi mejilla hasta detenerse, por unos segundos, debajo de mi barbilla, el nudo de mi garganta garantizaba el esfuerzo que hacía por no perder el control de las emociones que me habían sucumbido a la más injusta condena.

Por un momento, recordé lo que la había hecho para estar en ese asiento de los acusados como el artífice del más cruel crimen cometido por mí. No cabía duda de mi culpabilidad y la persona frente a mi garantizaba que ahí me quedaría por un largo tiempo. Dudé en levantar mi rostro y pensé que hasta la más mísera expresión de los ojos de mi captor me harían caer más bajo de lo que estaba.

¿Quién podría culparme? Había hecho lo que cualquier mujer en mi posición haría, mantuve en alto el estereotipo social adherido a mi sexo. Fui la representación dura de lo que conlleva rogar, suplicar, disculparse y con un gramo de poca dignidad que completara el cuadro. Él, en su estatus de hombre también había cumplido su papel, tomó lo que le di y lo recibió con la más mínima preocupación que su alto ego le podía permitir, el hecho de estar en esa posición ya le garantizaba un gane absoluto ante la cordura de la situación provocada. Sí, ambos asumimos nuestros papeles, pero la única que está en el proceso de juicio y condena soy yo.

Con el más grande esplendor se avecinaba que toda la culpa sería asumida por mí, cuando en realidad, cualquier persona ante dicha situación diría que tenía lo que merecía, había dejado de lado el amor propio por el amor a alguien más, sin pensar que el estilo de crianza y a través de hechos del mismo historial patriarcal me obligaban a actuar de esa manera. ¿Acaso no es labor de la mujer hacer a su hombre feliz? Las mujeres no pueden estar solas, las mujeres deben ser sumisas, las mujeres deben aprender a callar. Mensaje tras mensaje que va adhiriéndose a la mente de toda mujer. Sí, yo estaba sentada esperando el veredicto, pero quienes tenían que estar conmigo por lo que habían construido era toda la triste agonía de ideas que llegaron hacia mí como un rayo ante el estruendo de lo que acontece a su golpe mortal.

No, claro que no, no esperen que este problema lo asuma solamente yo, niego rotundamente la responsabilidad total de mis actos y exijo que los testigos se presenten y expongan los argumentos para mi defensa o condena, pero tengan claro que ante esta situación mi postura se mantiene firme en que yo solo soy una víctima de las circunstancias.

De repente aparece ante mí la persona que tanto temía ver, el captor, quien me condena y me predispone con solo su presencia a caer en la letal agonía del llanto doloroso, quien es capaz de hacer que mi cuerpo tenga la sensación de vacío, quien con cada palabra y expresión me hace dudar hasta de lo que pienso y digo. Confieso, tengo ganas de correr, encerrarme y garantizar no volver a tener la fuerza de hacer o no hacer lo mismo. Todo ha acabado para mí, como espero poder frente a esta persona establecer mi argumento como víctima del proceso injusto al cual se me somete.

Me pidió levantarme y verles directamente a los ojos, comprendí lo perdida que estaba en ese momento, no había razón alguna, no existía algo que pudiera salvarme de lo que sabía muy dentro de mí que se avecinaba.

Sin embargo, al levantar la vista, supe que no estaba sola, había personas que estaban detrás de mí esperando el veredicto, en una posición que garantizaba el sostén que yo en ese momento necesitaba. La fuerza era tan penetrante que el espacio reducido donde estaba comenzó a incrementar de tamaño, la oscuridad comenzó a perder fuerza y me permitía ver con mayor claridad. Mi captor, mi verdugo, mi más duro crítico comenzó a tener mi forma, mi mirada, mi tez y fue ahí, en ese preciso momento, donde pude ver que a quien más temía por la vergüenza de lo cometido y como un reflejo ante el daño provocado… era mi propia persona, mi reflejo.

¡Qué duro golpe! pensé en justificar mis acciones, pero sabía lo que nos había hecho, había tenido la desfachatez de olvidar a quien mejor me conocía, amaba y respetada como soy, no por el hecho de ser mujer sino por el hecho de ser yo, y a la única persona que debía pedirle perdón. No podía regresar el tiempo, pero ahora sabía que, ante cualquier situación, ante cualquier presión de ser o no ser, siempre debería colocarla a ella como lo más valioso y primordial.

Al final era yo quien caminaba con las manos atadas, arrastrándome a la sentencia que todos deseaban para mí. Pero en lugar de eso, hubo alguien que me liberó y esa persona fui yo.

19 de Noviembre de 2019 a las 18:21 3 Reporte Insertar 0
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Ruby Sanchez Ruby Sanchez
Muy bien mi niña tu hermano y yo estamos super orgullosos de ti...... Sabes gracias por el tema que escojiste.. Muchísimas mujeres nos identificamos con ese tema....
SF Salvador Flores
Buen inicio prima felicidades y éxitos a futuro
~