Segunda Oportunidad Seguir historia

lady-cabra Loli Mariscal

Un día cualquiera, Melissa comienza a sentirse mal. Una enfermedad, por desgracia conocida, aparece de la nada: el cáncer. Su vida se volverá patas arriba a la vez que intenta luchar contra la enfermedad.


No-ficción Todo público.

#cuento-corto #historia #real #vida #cáncer
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Segunda Oportunidad

—Su café, caballerodije, sonriendo, mientras cogía de la bandeja el pedido del cliente de la mesa junto a la que me encontraba y lo dejaba sobre ella. Después di media vuelta y volví a la barra—. Melissa, atiende la mesa cinco. —Era un día ocupado, así que obedecí el encargo de mi jefa sin decir nada. Ella se estaba encargando de la barra, donde había bastantes personas, no podía venir conmigo a atender las mesas.

Cogí mi pequeña libreta y un bolígrafo y me dirigí a la mesa cinco. Por el camino, llegó hasta a mí el humo del cigarro de uno de los clientes, y un fuerte dolor en mi pecho me hizo toser varias veces con fuerza hasta marearme. Preocupado al ver mi tambaleo, un compañero se acercó a mí para sujetarme.

—¿Estás bien, Lissa? Ve a descansar un poco, anda. Yo me encargo. ¿A qué mesa ibas? —dijo mientras me ponía una mano en la espalda y la otra en mi brazo.

—La cinco. —Apenas pude decir esas dos palabras sin volver a toser—. Atiende por mí la cuatro y la ocho también, por favor. —Él asintió, y tras darle las gracias me dirigí rápidamente al baño. Mientras entraba y cerraba la puerta volví a toser, extrañada por el sabor a hierro que sentí de pronto, y luego asustada cuando me miré al espejo y vi la sangre en mis labios. Miré la mano con la que había cubierto mi boca al toser y observé que había un poco también en ella.

⊰⋄⊱


Esa fue la primera vez que me pasó algo así. No le di mucha importancia, pensé que estaba cansada por tanto trabajo. En verano el bar solía tener muchos clientes y no descansaba mucho. Sin embargo, mi estado empeoró. Poco a poco, los ataques de tos aumentaron, muchas veces con sangre; comencé a perder el apetito y a comer menos, por lo tanto bajé bastante de peso, y solía tener un dolor constante en el pecho. A pesar de ello, no quise ir al médico. Si soy sincera, fue por miedo a lo que me pudieran decir. Pensé que si seguía pensando que no era nada, terminaría por curarme y seguiría viviendo como antes.

No fue sino hasta que me desmayé en medio del pasillo que mi novio me llevó de inmediato al hospital, junto a mi hermana menor y mis padres.


⊰⋄⊱


El médico miró los papeles que tenía en la mano con una seria expresión que me hizo temer lo peor. Tomé con fuerza la mano de Carlos. Al menos me transmitía algo de seguridad, aunque sabía que nada me salvaría del resultado de las pruebas.

No podemos afirmarlo del todo aún, pero, con las pruebas que hemos realizado, todo apunta a que es un cáncer de pulmón. Aquellas palabras provocaron sentimientos contradictorios en mi interior. Por un lado quería echarme a llorar, por otro gritarle al doctor que era mentira, otra parte me decía que era yo la culpable por no haber ido antes al hospital.

Escuché un sollozo a mi espalda. Mi hermana se había abrazado a mi madre y había empezado a llorar. Yo tenía lágrimas en mis ojos, pero no era capaz. Sólo tenía veintiséis años. Había vivido tan poco... Tenemos que hacer alguna prueba más para asegurarlo. Permanecerá ingresada esta noche mientras las hacemos, así podremos atenderla si hay algún problema.

Y así comenzaron las pruebas. Cada resultado me aseguraba más lo que temía, y cuando me hicieron el escáner, se confirmó del todo: tenía cáncer.

Cuando me lo dijeron, estaba en la camilla de mi habitación, junto a Carlos y mi madre, ambos pálidos y con ojeras, él por haber pasado la noche cuidando de mí, y ella seguramente por no haber dormido en casa. Aún me pregunto si aquella noche durmió alguien.

Es arriesgado hacer una cirugía ahora debido a la extensión del tumor. Primero será necesario realizar un tratamiento y esperar a que mejore un poco para hacer la cirugía y tratar de eliminarlo.

Aquello me dio algo de esperanza. Las palabras del doctor me daban una solución. Algo que hacer para tratar de curar la enfermedad. No todo estaba perdido como había pensado.

Durante un mes seguí el tratamiento en el hospital mientras me recuperaba lo suficiente para ir a casa con algo de seguridad. Después continué yendo todos los días durante otros cinco meses que se me hicieron eternos. Al final, el tumor se redujo un poco y pudieron hacerme la cirugía. Pensé aliviada que todo había acabado. El doctor dijo que había salido todo bien, y aunque debía guardar reposo y seguir yendo a revisión periódicamente, podía seguir con mi vida con normalidad. Aquello nos hizo llorar de alegría a los cuatro.


⊰⋄⊱


Con renovado optimismo, fui a varias revisiones durante los dos meses siguientes y decidí dejar de ir. Quería olvidarme rápido de todo lo que había pasado. Debía cuidarme, pero no volví a ir al hospital. Carlos y mi familia insistieron, pero al final se resignaron ante mi tozudez.

Continué con mi vida como había hecho antes del incidente, aunque dejé mi empleo en el bar, ya que me habían recomendado no exponerme al humo del tabaco y allí solía haber fumadores habitualmente, así que me quedé en casa durante un tiempo hasta que encontré otro trabajo: dependienta de una tienda de ropa. No tenía que hacer tanto esfuerzo como de camarera, estaba libre de humo y además me gustaba.

Once meses después, dejé el trabajo y volví al hospital. Di a luz a una niña. La llamamos Alba. Fue una broma de una enfermera que me había atendido durante mi estancia en el hospital meses atrás. “Llamadla como yo, así os acordáis de que os tuvo en vela toda la noche”, dijo, y entre risas, decidimos que ese sería su nombre.

La cuidé y disfruté de mi familia durante medio año. Me resultó extraño que cada vez perdiera más peso, me costara respirar y me dieran unos leves ataques de tos, cada vez más frecuentes. No dije nada por temor. Tenía una niña. Tenía que cuidar de ella. No podía dejarla sola. Pero no me quedó más remedio. La ambulancia tuvo que venir a recogerme. Pensé que moriría aquella noche. Hace ya dos meses de eso.


⊰⋄⊱


Y aquí estoy de nuevo, aunque en otra habitación. Cuidados paliativos, esta vez. Algo más grave y con atención médica constante. Apenas puedo respirar sin la máquina de oxígeno, y aun así, el dolor es horrible. La cirugía era muy arriesgada. El tumor ha crecido más que la primera vez que lo tuve, así que comencé de nuevo el tratamiento, añadiendo quimioterapia. Aunque no me lo digan directamente, lo sé. Sé que no aguantaré con vida hasta que sea seguro hacer la cirugía.

Se me cayó el pelo. Apenas tengo fuerzas para valerme por mí misma. Dependo de los cuidados de mi madre y las enfermeras. Dejé solo a Carlos cuidando de Alba. Mi niña. Ojalá pudiera estar a su lado, jugar con ella, verla crecer mientras envejezco. ¿Me odiará cuando crezca y piense que la dejé sola? ¿Fue una decisión irresponsable tener una hija? ¿Debería haberle dicho a mi familia que volvía a tener síntomas de la enfermedad? Ya no sirve de nada pensar eso. No me queda mucho.

Al fin Carlos ha podido venir a visitarme al dejar a la niña con una canguro. No me hace las preguntas que hace todo el mundo ni dice las mismas cosas. “¿Qué tal?”, “¿Cómo te encuentras?”, “Tienes que ser fuerte por tu hija”. Todo eso suena muy lejano, y es inútil. Es un hecho que voy a morir.

Como si tratara de darme fuerzas, se sienta a mi lado y me coge de la mano después de darme un beso en la frente.

¿Cómo está mi niña?pregunto en un susurro con voz ronca: no tengo energía para más.

—Está bien. Está… —Hace una breve pausa para respirar hondo una vez. Sus ojos brillan como si estuviera a punto de llorar.— Está con una canguro ahora. —Asiento lentamente y sonrío. Cojo aire para volver a hablar, ignorando la punzada de dolor de mi pecho al llenar los pulmones.

—Siento que hayas tenido que pasar por esto.

—No digas eso, Melissa. No es culpa tuya. Estaré contigo…Deja la frase a medias de pronto. Apuesto a que lo que sigue es un “hasta el final”.

—¿Te importa si… —Cojo aire de nuevo, no muy segura de lo que voy a decir— pido algo un poco egoísta?

—Lo que quieras, cielo. Pide lo que quieras.

—Quiero casarme contigo antes de irme.


⊰⋄⊱


Fue difícil encontrar un vestido que me quedara bien. Hice más esfuerzo que en todo el tiempo que estuve en el hospital, pero al fin lo encontré, y valió la pena para aquel momento. Me encontraba frente al altar, aferrándome con mis últimas fuerzas al brazo del amor de mi vida, el que estuvo conmigo hasta el final. Ambos dimos el “sí quiero” en el jardín trasero del hospital, frente a nuestra familia más cercana y algunas enfermeras, que nos observaban con lágrimas en los ojos. Todos tenían algo por qué llorar aquel día. No era un escenario de ensueño, pero era más de lo que podía pedir en mi estado.

Cuando terminó la ceremonia, mi madre me acercó a Alba. Con cuidado, la cogí entre mis brazos y dejé escapar las lágrimas.

Crece sana, ¿sí? Abrígate en invierno para no resfriarte, come verduras, deja las chucherías para la merienda, hazle caso a papá…susurré con la voz entrecortada, abrazándome a mi hija con cuidado. De nuevo, comencé a toser. Mi madre cogió a la niña, y un par de enfermeras se acercaron a mí para ayudarme.

Debería volver ya a la habitación… No escuché las siguientes palabras de la enfermera. Sentí un fuerte dolor en el pecho y cerré los ojos. Pero no tuve miedo. Estaba feliz. Tenía el anillo en mi dedo y había visto a mi hija. Podía irme…


⊰⋄⊱


—No hay esperanza de que sobreviva, con la cirugía al menos tiene una posibilidad, por baja que sea. Decídanse rápido.

—Está bien. Soy su marido. Firmaré. Hagan lo que sea, pero por favor, hagan algo...

Oí ruidos de pasos acelerados. Sentí que me movía. Una puerta cerrándose. Un pinchazo en el brazo. Y volví a dormirme.


⊰⋄⊱


Dejo de teclear por un momento para despegar la mirada del portátil que tengo sobre mi regazo. A unos metros de mí, Alba corretea por el jardín jugando con nuestro cachorro. Sonrío y apoyo mi espalda en el cojín de la hamaca. Respiro profundamente un par de veces con los ojos cerrados. La brisa fresca de la primavera acaricia mi rostro. ¿Qué más podría pedir?

¿Aún estás escribiendo? Escucho una voz a mi espalda y unos pasos acercándose a mí. Abro los ojos y le dedico una sonrisa a Carlos momentos antes de que me dé un beso. Después continúa caminando hacia la niña y el perro—. ¡Alba, cógelo! dice mientras le lanza una pelota de plástico. La niña la intenta coger y se cae al césped entre risas. Dejo escapar una leve risilla y vuelvo a mirar el portátil.

“Mantén la esperanza y disfruta todo lo que puedas. La vida puede llegar a dar segundas oportunidades.”

Termino de escribir la última palabra de la historia que me ha costado siete años decidirme a redactar y cierro el ordenador para dejarlo sobre la mesita.

—¡Eh, yo también quiero jugar! ¿Me lanzas la pelota, cariño? sonriendo, me pongo de pie, suelto la pinza de mi pelo, el cual cae sobre mis hombros con delicadeza, y camino hacia mi familia.

17 de Noviembre de 2019 a las 19:24 0 Reporte Insertar 0
Fin

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