En sus manos Seguir historia

iamtaty Nataly Calderón

Emma y Alec son completamente diferentes. Emma viene de una familia unida a pesar de todos los problemas que han enfrentado, Alec no tiene ni idea de lo que es eso. Abandonando en la infancia nunca tuvo oportunidad de sentir el calor humano de una madre, solo conoce lo que la agencia que lo acogió a muy corta edad le ha enseñado; matar. Emma es una chica extrovertida, Alec es completamente retraído. Emma es una chica aventurera, fuerte e inteligente y aunque no es para nada común porque su heterocromía la distingue, está adaptada con normalidad a la sociedad, Alec es un asesino desadaptado. Son polos opuestos. En un encuentro fortuito sus mundos colisionan escandalosamente. Después de cumplir con un trabajo Alec es impulsado a usar a Emma de una manera poco convencional para librarse del peligro, creyendo que jamás la volvería a ver. Porque claro, ¿cuáles eran las probabilidades? Pero el destino tenía preparado otros planes para ellos. Sus caminos se ven entrelazados en una manera de la que ninguno de los dos podrá zafarse, así que ambos son obligados a aceptar lo que la vida les ha dado. No será fácil para ninguno de los dos, cada uno ha sufrido suficientes tormentos como para saber que nada en esta vida es fácil. Se pondrá a prueba su paciencia y su determinación, deberán enfrentarse a sus más grandes miedos pero sobre todo aprenderán que nada es lo que parece.


Romance Romance adulto joven No para niños menores de 13.

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Primer encuentro


Emma

Me desperté repentinamente con el corazón acelerado y un poco sudorosa. Todo estaba oscuro y en silencio, pero los pequeños rayos de sol que se colaban a través de la cortina de mi ventana me indicaron que ya había amanecido un nuevo día. Decidí levantarme cuando el calor me atacó, preguntándome a qué se debía. Noté que el aire acondicionado estaba apagado entonces caí en cuenta que la corriente eléctrica se había cortado. ¡Qué fastidio!, deseé que no fuera algo grave, odiaba quedarme sin luz. Colocándome una bata de baño salí de mi habitación. Fuera estaba más fresco, me asomé en el balcón entonces pude ver que habían estado podando los árboles de la avenida dejando caer los restos sobre los cables de alta tensión ocasionando el corte en la corriente eléctrica. Suspiré aliviada, solo sería algo momentáneo.

Había estado viviendo sola durante un año, más o menos, en un viejo edificio que tenía muchos más años de los que podía contar. Los cortes de luz era una de las cosas que normalmente ocurrían en lugares así pero debido a mis ingresos, eso era todo lo que me podía permitir. Es cierto que nunca fui pobre, pero después de independizarme de mi familia hice todo lo posible por mantenerme sin tener que recurrir a ellos. Eso significaba vivir sin lujos en un pequeño departamento ubicado en una calle medianamente segura. Sí, mi departamento era pequeño, pero era mío, era mi espacio, mi refugio, el lugar donde vivía sin ningún tipo de perturbaciones. Bueno, excepto por alguno que otro vecino muy escandaloso o muy histérico.

Revise mi teléfono pero no encontré ningún mensaje nuevo en la bandeja de entrada, hacía tiempo que Jorge, mi novio, había dejado de enviarme mensajes de buenos días. Sin pensar mucho al respecto, me recogí el pelo y me dí una ducha rápida pero refrescante, luego me preparé para irme a mi trabajo diurno. Todas las mañanas daba tutorías de idiomas en el instituto cercano a mi residencia. Utilizaba el transporte público para trasladarme hasta allá, así me ahorraba mi dinero para taxis para ocasiones más especiales. Tenía dos empleos para poder mantenerme, el de tutora por las mañanas y en las noches trabajaba en un pequeño restaurante como parte del entretenimiento, aparentemente tenía una bonita voz o eso decían algunos. No recibía gran sueldo pero me alcanzaba para vivir y eso era lo importante. Además que hacía algo que realmente me gustaba.

Me vestí rápidamente con unos jeans desteñidos, mis botines favoritos y una blusa rosa ceñida al cuerpo. Pellizque un poco en mi nevera algo de desayunar, no tenía tiempo para algo más elaborado, compraría algo en el camino. Me maquillé ligeramente, solo coloqué rubor en mis mejillas y brillo en los labios entonces corrí a la parada de autobuses.

Mientras esperaba por el autobús me encontré con la señora Celina, una señora mayor que vivía en el departamento que estaba junto al mío. Roxy, mi vecina y mejor amiga le decía la loca de los gatos, a mí me parecía que era muy dulce. Se había acercado a mí con aire preocupado contándome muchas cosas, yo no entendía ni la mitad de lo que decía, solo me limitaba a sonreír y asentir. Por fortuna el autobús no se hizo esperar por mucho tiempo. No pude ocultar mi entusiasmo, con un rápido movimiento de manos me despedí de mi vecina y salté al autobús. Pocos minutos después me encontraba en el salón del instituto impartiendo una clase de inglés.

Los idiomas eran la tercera cosa que más me gustaba hacer, después de leer y cantar, lo cual se me daba bastante bien. Me gradué con honores en idiomas modernos a los 22 años de edad en la Universidad Central de Venezuela. Domino 5 idiomas; español, inglés, italiano, francés y ruso. El último aún lo sigo mejorando. La clase transcurrió normal sin ningún percance todos los estudiantes entendieron y estaban satisfechos con sus progresos. En la última clase salí un poco más tarde, el francés se les hacía un poco difícil a los chicos, así que me quedé un poco más con ellos ayudándoles con su pronunciación.

—¡Hola sexy! —Contesté después del segundo repique. Aún me encontraba en el salón de clases, ya todos se habían ido y yo me había quedado ordenando mis cosas cuando Jorge llamó.

—¡Hola bebé! —respondió él con el mismo entusiasmo. —¿Qué tal tu día?

—Bien, como siempre ¿y tú?

—Bueno, estoy aquí bastante apretado, tengo un caso difícil y no creo que salga a comer.

—¿Nos veremos hoy? —pregunté, aunque conocía muy bien la respuesta.

—En realidad para eso te llamaba. No podré viajar este fin de semana, tengo demasiado trabajo acumulado. Nos veremos la próxima semana ¿está bien?

—Está bien Jorge, tampoco es el fin del mundo.

—Para mí lo es. Te prometo que te lo compensaré.

—No te preocupes —le interrumpí —Después de todo ya estoy acostumbrada —y le colgué antes de que dijera algo más. Ya Jorge no tenía tiempo para nosotros, casi no nos veíamos y en muy pocas oportunidades habíamos dormido juntos. Ya no viajaba tan seguido a verme como lo hacía antes, siempre estaba muy ocupado. Me pregunté cuánto tiempo estaríamos así.

Jorge y yo nos conocimos cuando mi madre me envió a estudiar Derecho a Caracas. Ella había dicho que él era un buen amigo de la familia y como abogado era muy conocido en la universidad, así que me podría orientar en todo lo que necesitaba. Le tenía mucha confianza. La primera vez que lo vi me pareció un hombre guapo pero creído, muy creído. Hasta que comencé a conocerlo y me di cuenta de que no era como pensaba. En un acto de rebeldía me cambié de carrera, estaba molesta porque me impusieran a estudiar algo que no quería. Así que abandoné las leyes y me lancé por los idiomas. Mi madre se puso histérica cuando lo supo, sin embargo, luego de mucho drama, lo aceptó feliz al ver que Jorge y yo éramos pareja y que él me apoyaba en mi cambio de especialidad.

Desde entonces, hemos estado juntos. Cuando me gradué y decidí regresar a Cumaná, mi ciudad natal, habíamos acordado que no permitiríamos que la distancia nos separara, sin embargo viendo como estaba nuestra situación actual, dudaba que la distancia fuera la culpable de que nuestra relación se marchitara. Para mí simplemente ya no era lo mismo, ya no había esa desesperación por vernos que sentíamos al principio. El bien podía vivir al lado de mi apartamento y yo aún lo sentiría a mil kilómetros de distancia. Tal vez ya el sentimiento se había acabado o tal vez no hubo ningún sentimiento en un principio, solo estábamos confundidos.

Bloquee mi teléfono luego lo Lancé en mi bolso junto a mis cosas. Era el final del día y estaba cansada, colgué mi bolso en mi hombro dirigiéndome a la parada rogando que apareciera un autobús en poco tiempo. Para mí gran pesar esa vez no fue así. Ya eran pasadas las 12 del mediodía casi la una de la tarde y yo aún seguía a la espera. Estaba a punto de irme caminando cuando logré divisar a lo lejos que por fin se acercaba mi hermoso y perfecto transporte a casa. El autobús estaba un poco lleno, ya no tenía asientos vacíos, por lo que tuve que quedarme de pie junto a la puerta trasera. Suspiré relajándome porque ya iba camino a casa a descansar un poco para luego volver a salir a trabajar.

Me distraje un poco con la música del autobús, después de unas cuantas vueltas y paradas, me dejé llevar y comencé a tararear. Siempre me gustó la música, desde niña amé cantar, me hacía sentir feliz. En la escuela canté en muchos recitales, no había uno en el que yo apareciera. Era lo que más me gustaba hacer. Por eso me gustaba tanto mi trabajo nocturno, lo disfrutaba. Era mi lugar feliz, me hacía olvidar las depresiones y los malos momentos.

Perdida en la música no me di cuenta en qué momento mi cuerpo lentamente había comenzado a seguir su ritmo. Un leve escalofrío me indicó que alguien me observaba así que me giré para ver si estaba en lo cierto entonces me encontré con dos grandes ojos de un azul muy intenso. Un rubor que comenzó por mis mejillas me recorrió todo el cuerpo hasta la punta de los pies. Llevaba el pelo suelto, así que, bajando mi rostro lo usé como cortina para cubrir mi vergüenza. No había transcurrido mucho tiempo cuando sentí su presencia a unos pocos centímetros de mí. Yo solo me quedé muy quieta mirándome los pies, no quería levantar la cara para encontrarme con esa mirada que me había golpeado como una bola de demolición.


Alec

Me encontraba en un edificio vacío en el centro de la ciudad, habían pasado 4 horas desde que había tomado el vuelo que me llevó a ese país. El edificio era bajo, de fácil acceso y estaba ubicado en pleno centro, así que debía apresurarme por terminar el trabajo para poder desaparecer sin ser visto. La operadora había sido muy específica, localizar y eliminar sin dejar rastros, la mayoría de las veces era así y yo siempre cumplía sin hacer preguntas.

Tenía que hacerlo antes del mediodía, según órdenes del cliente, así que no debía perder mucho tiempo. Había logrado dar con mi objetivo, calibraba la mira de mi rifle para un impacto seguro, cuando lo vi salir al balcón. Llevaba una bata de baño y un cigarro en la mano izquierda. Iba seguido de dos chicas muy jóvenes para él, las cuales se sentaron en su regazo inmediatamente después de que él tomó asiento. Llevaban poca ropa, restregando sus cuerpos con mucha frecuencia, haciendo un espectáculo de ellas mismas. Había guardias en varios puntos del edificio, pero yo no estaba preocupado porque ya yo había hecho esto antes, muchas veces.

Vi en mi reloj de pulsera que faltaban pocos minutos para que dieran las 12, así que regresé la vista al lugar de la mira. Halé el cerrojo rápidamente de un tirón y aprovechando que una de las chicas se había agachado para recoger el cigarro que el objetivo había dejado caer, apreté el gatillo. Para cuando se escuchó el estruendo, ya la bala le había atravesado el cráneo, esparciendo un reguero de sangre y sesos en todo el lugar. La confusión creció entre el personal pero yo no me quedé a observar por más tiempo. Introduciendo rápidamente el rifle en el maletín, activé un dispositivo para eliminar la evidencia, entonces huí de allí.

Al llegar a la calle me encontré con dos guardias, traté de pasar desapercibido pero ellos me vieron sospechoso, entonces me atacaron. Fue fácil deshacerme de ellos, no estaban preparados como yo lo estaba para este tipo de enfrentamientos. Entré en una tienda por departamentos y rápidamente me cambié de ropa para poder mezclarme entre la multitud. Salí a la calle y me lancé en el mar de gente, ocultándome. Las calles eran estrechas y estaban llenas de vendedores ambulantes. Había suciedad por todos lados. La hora pico les indicaba que debían correr desesperados para llegar a sus destinos. Caminé sin detenerme, debía esperar que la operadora me contactara para darme las nuevas indicaciones.

Me subí a un autobús que iba pasando en ese momento y caminando hacia el final me encontré un asiento vacío. No había pasado mucho tiempo cuando recibí la llamada con nuevas órdenes. La operadora no dijo mucho, solo señaló que debía permanecer en la ciudad y acceder a la red de la agencia para obtener los detalles del nuevo objetivo. Colgando la llamada me senté junto a una señora mayor que me observó con una sonrisa pero yo desvié la mirada hacia el extremo opuesto del autobús, fue entonces cuando la vi.

Estaba parada junto a la puerta trasera del autobús. Bailaba como si nadie la estuviera observando, completamente ajena a lo que ocurría a su alrededor. Por un momento me hipnotizó con sus movimientos, entonces me encontré con su mirada. Me robó el aliento. Ella tiene heterocromía del iris, lo cual la hace tener los ojos de distintos colores. Uno azul muy intenso y brillante, el otro tan gris que casi parece plateado, tan diferentes. Un bonito color se coló a sus mejillas haciéndola lucir aún más encantadora, entonces desvió la mirada avergonzada. Repentinamente el autobús se detuvo en medio de la calle y dos hombres subieron. Me di cuenta que eran los guardias que me habían atacado e inmediatamente me levanté de mi asiento.

Tenía que encontrar una forma de ocultarme, huir no serviría de nada y había mucha gente como para recurrir a mis armas. Se me ocurrió que la linda chica podría servir de escudo, un poco cruel pero eficaz. Me acerqué a ella a paso lento, deteniéndome justo a su lado. Avergonzada usó su cabello como cortina para cubrir su rostro. Carraspee un poco para hacerla levantar la mirada, si iba hacerlo tenía que ser rápido los guardias se estaban acercando. Mi acción obtuvo un resultado positivo rápidamente. No tuve tiempo para pensar y no sé si fue el deseo de hacerme pasar desapercibido o fue otra cosa lo que me impulsó hacerlo. Actuando por inercia tomé su rostro entre mis manos y acercándome rápidamente a ella apreté mis labios contra los suyos.

Al principio se quedó muy quieta pero luego se dejó llevar. Jamás estuve preparado para lo que sus labios me hicieron sentir. Claro que había besado antes pero jamás de esta manera. Sus labios eran muy suaves y su dulce lengua hizo trizas mi cabeza. Su respiración se aceleró pero yo no quería soltarla. Sus dedos se enredaron en el dobladillo de mi camiseta haciéndome acercarme cada vez más. Todo me daba vueltas y el corazón me latía a mil por hora, pero luego recordé donde me encontraba. Entonces abriendo un poco los ojos pude ver que el peligro había pasado y con una punzada de dolor la solté, mi entrepierna dolió de decepción pero debía largarme ya había cumplido mi trabajo. Ahora solo restaba marcharme. Me fui tan rápido como pude en el primer momento en el que se detuvo el autobús, dejándola allí sola, sonrojada, con la respiración desbocada y la mirada llena de confusión. Solo esperaba no volverla a ver jamás.

14 de Noviembre de 2019 a las 22:57 0 Reporte Insertar 3
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