El submundo de Jessica Seguir historia

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"Jessica es una niña de catorce años de edad emprende un viaje enigmático al conseguir un objeto misterioso, sin embargo, se topará con muchas sorpresas y peligros mientras todos a su alrededor se preocupan por ella"


Fantasía Épico No para niños menores de 13.

#monstruos #terror #332 #fantasia #aventura #amor #amistad #miedo
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Capítulo #1: Jessica


Ella miraba por todas partes de la clínica mientras su madre preparaba unos papeles que llevaba consigo en su cartera, ella se sentía muy nerviosa y lo único que deseaba era irse de allí, debido a que había mucha gente que le daba pavor.


— ¿Por qué estamos aquí?


—Tranquila hija, esto es muy importante para ti—Decía la madre mientras la observaba con atención.


— ¿Y qué voy a hacer? —Decía la niña con temor.


—Vas a hablar con un hombre que te ayudará mucho.


La niña no sabía que decir, estaba apretando fuertemente sus manos ligando que todo acabara rápido. Pasaron unos cuantos minutos desde la conversación y el doctor le pide a la madre que ya puede ingresar su hija.


La niña se dispone a entrar y observa con mucho detalle el lugar, allí el doctor le pide que se siente en sofá que se encontraba cerca de los ventanales de la edificación. El hombre se sienta justo al frente de ella con una libreta.


—Hola Jessica, soy el doctor Alexander Rodríguez.


—Hola señor Alexander, un gusto conocerle—Aunque lo decía un poco temblorosa.


—Tranquila Jessica, estoy aquí para ayudarte. Te voy a hacer una serie de preguntas y necesito que me respondas con sinceridad ¿De acuerdo?


—Vale doctor.


Las preguntas consistían en saber el estado de ánimo de ella, como también saber cómo es la relación con su madre y ver su interacción con las personas a su alrededor. Cada una de las preguntas las respondía, sin embargo, luego de acercase el final de la consulta, la última pregunta inquieta a Jessica.


—Jessica, ¿Eres capaz de ver cosas que nosotros no podemos ver?


—Bueno… de vez en cuando veo cosas, pero debe ser mi imaginación.


— ¿Y eso te afecta?


— No doctor, más bien me mantiene contenta.


El doctor notaba a simple vista sabía que Jessica era una chica introvertida debido a las respuestas dadas, sin embargo, también se preocupó por algo que era muy inusual, por lo que era necesario hacer un estudio minucioso.


—Muy bien Jessica eso ha sido todo luego de muchas preguntas, lo has hecho bien.

La niña dispone a salir para reencontrarse con su madre nuevamente, y posteriormente el doctor se acerca a la madre con una mirada de preocupación.


—Señora Armida, mañana tendré los resultados de su hija por la tarde.


—De acuerdo—Mientras le otorgaba los papeles de importancia.


Al llegar a la casa Jessica, sin prestarle mucha atención a su madre, se dirige a su habitación y rápidamente se quita los zapatos y se acuesta en la cama para mirar la televisión. Luego de unos minutos la madre se asoma y ve como su hija tiene su bloc favorito de dibujos mientras veía una película. Una de las pasiones de Jessica era dibujar y en tal caso, replicar lo que veía en la televisión.


—Hija recuerda que mañana tienes que ir a clases, así que no te acuestes tarde.


—Vale mamá.


—Buenas noches hija.


Jessica estaba muy concentrada que no hizo mucho caso. Armida se fue hacia su habitación, se puso su dormilona y se recostó en su cama, mientras escuchaba el sonido de la televisión en el cuarto de su hija. Aquella mirada del psicólogo la desconcertaba y con ello, en su mente pasaron muchos pensamientos preocupantes sobre el futuro de Jessica. Con una pequeña lágrima, la mujer se dispuso a dormir.


Las luces del nuevo día incidían sobre el rostro blanquecino de la niña de catorce años, gracias a la ventana que se encontraba cerca de su cama. Ella se levanta con mucha pereza luego de transcurrir un par de minutos, ella sabía que iba a dar comienzo un nuevo día del cual será más de lo mismo, cosa que la enojaba un poco. Se acerca al baño para hacer sus necesidades y después cepillarse los dientes, y posteriormente se acerca hacia una pequeña mesa donde se encontraban sus útiles escolares, con el fin de preparar lo necesario para no llegar tarde a clases.


Al estar lista para un nuevo día de clases, se acerca su madre que la observa un poco molesta, ya que le iba a otorgar el desayuno en su habitual lonchera rosada.


—Jessica, ¿Sucede algo?


—No pasa nada mamá, simplemente ando un poco aburrida.


—Siento que me estas mintiendo Jessica—A su vez pensaba que debía acudir en la tarde al psicólogo, para retirar unos informes de su hija—No tengas pena hija, sabes que puedes contar siempre conmigo.


—De veras, no ocurre nada—Mientras agarraba la lonchera.


—Cuando regreses—Mientras la veía con una pequeña sonrisa—me gustaría que ordenaras tu habitación, si lo haces te recompensaré. Además, ten mucho cuidado al caminar por las calles Jessica.



Jessica se acomoda su mochila luego de escuchar las palabras de su madre, abre la puerta principal de su casa y sin decir una sola palabra, emprende su casual caminata hacia la escuela. La razón de que salía sola es que su madre debía ir a trabajar temprano y sobretodo, quedaba relativamente cerca el instituto.


Mientras sus pies pateaban algunas pequeñas piedras que se encontraban sobre el asfalto recordó que había dejado algo sumamente importante para ella y eso no era más que su bloc de dibujos. Por ese motivo se enfadó mucho, ya estaba a poca distancia del colegio y las ganas eran pocas para regresar a su casa y además eso ocasionaría que llegara tarde a clases. A ella le gustaba agarrar un atajo que le permitía llegar mucho más rápido, pero sobre todo, la razón principal de tomarlo era que en ese lugar se encontraba un hermoso árbol de flores violetas que brotaban de sus raíces y cuando eso ocurría, simplemente era espectacular para ella y eso la alegraba un poco.


Jessica llega a la escuela y antes de partir a su clase, se dirigió a su casillero para ver si encontraba algo con el que matar el tiempo, cuando alguna de las clases sea muy aburrida. Esa primera clase era la de matemática, y era una de esas que te hacían pensar el por qué estas allí, ya que era aburrida debido a que su maestra platicaba mucho sobre su vida, más que la propia asignatura en sí. Luego de no poder encontrar nada para poder distraerse y disponía a cerrar su casillero, vio como a lo lejos entre todos los estudiantes se acercaba alguien muy familiar. Esa persona era su mejor amiga, de pelo amarillo y de estatura mediana, piel un poco más oscura y sobre todo, su caricaturesca sonrisa.


—Jessica vamos a llegar tarde, ¿Hiciste la tarea?


De pronto Jessica también se da cuenta que se le había olvidado hacer su tarea, se coloca ambas manos en la cabeza y empieza a tener un leve ataque de nervios.


— ¡Amiga se me ha olvidado!, ¿Ahora qué hago?, ¡Necesito de tu ayuda!


—Cálmate Jessica—Le contesta María muy tranquila—sabes que la profesora recoge las tareas al final de la clase. Mientras ella da sus anécdotas sobre su vida, puedes copiar de mi tarea, no te preocupes por ello.


— ¿Pero no se dará cuenta María?


—No vale tontita, ¿Cómo se dará cuenta si es una tarea de matemática?, los resultados de los ejercicios deben ser exactamente iguales. Vamos Jessica que quedan cinco minutos para que comience la clase.


Muchos de los estudiantes que recorrían el pasillo veían a Jessica con mucha extrañeza, a su vez trataban de alejarse un poco de ella. Jessica se limpia un poco las lágrimas que le caían por sus mejillas, utilizando su chaqueta de color rosa mientras caminaba con su mejor amiga.

Jessica se dispone a sentarse en el pupitre que se encuentra cerca de los ventanales de la edificación y además le recuerda a su amiga que le dé su tarea para poder copiarse, mientras la profesora comenzaba la clase.


La maestra al percatarse de que Jessica estaba haciendo la tarea el mismo día la regaña y pide que pase al pizarrón a hacerlo enfrente de todos como un castigo. Ella pasó mucha pena en frente de todos, excepto por su amiga que la veía preocupada y luego se sentó nuevamente en su pupitre del cual se quedó observando a través de los ventanales. Podía observar el enorme patio en el cuál se encontraban unos niños jugando al fútbol, sin embargo, Jessica se quedó mirando fijamente una buena cantidad de minutos sin prestarle mucha atención a su maestra, para percatarse que aparte de los niños jugando, había algo que le llamó poderosamente la atención y eso se encontraba cerca de las verjas metálicas que cubrían las instalaciones de la unidad educativa, y no era más que un hombre de pie que estaba observándola fijamente y tenía puesto una máscara blanca, que no pudo bien distinguir como era exactamente, pero se podía vislumbrar unos cuencos muy negros.


Jessica al verlo, se asustó mucho y cerró sus ojos. Cuando se disponía de abrirlos, este hombre ya no se encontraba allí y su mejor amiga la agarra del hombro con asombro.


— ¿Jessica que pasó?, ¿Qué fue lo que viste? —pregunta preocupada.


— ¡No es nada María! —Le decía con un poco de amargura—es que solo vi por cuestión de poco tiempo a un hombre extraño.


—De veras, ¿Qué aspecto tenía?


—No pude observarlo bien, solo pude notar que llevaba una máscara blanca, pero sabes que mejor olvídalo. Ya falta poco para que finalice la clase, además hoy me acercaré a Luis.


—Me parece muy bien Jessica, después de tanto tiempo necesitas un amigo y si es posible, pueden llegar a más…


—N… No es… eso María—Tartamudeaba, mientras se sonrojaba—es que me parece alguien muy interesante y me gustaría conocerlo.


La maestra de nuevo molesta regaña a Jessica y pide que haga silencio, ya que era habitual de ella hablar en clases.


Termina la clase y ella sale del salón junto a otros compañeros que la ignoraban, ya que les parecía rara. Un poco nerviosa se despide de su amiga María y parte sin perder el tiempo hacia donde se encontraba Luis.


Todo el tiempo que ha tenido en el colegio jamás se había acercado a él, hasta ahora. Este estaba con algunos de sus amigos en la cafetería mientras comían y se reían a carcajadas. Por supuesto Jessica no entendía la razón del cual se estaban riendo, ella solo quería decir un simple “hola” y era obvio que quería algo más con él que solo una amistad. Cuando se encuentra cerca de él, los amigos la miraban con una expresión burlesca y Luis hace caso omiso a eso y la mira fijamente a ella. Antes de que Jessica dijera alguna palabra, Luis sorpresivamente es quien se presenta.


— ¡Hola!, sé que te he visto antes andando por los pasillos de la escuela, a veces me llama mucho la atención que siempre vas bien vestida y que además haces cosas raras y dime, ¿Cómo te llamas?, creo que debes de saber mi nombre ya que tengo cierta popularidad aquí, de todas formas si no sabes me llamo Luis.


Jessica estaba sudando un poco mientras le temblaban las manos, pero a su vez se sentía alagada.


—Mi nombre es Jessica, encantada de conocerte.


— ¡Yo también!, veo que llevas contigo una lonchera rosada, ¿Quieres acompañarnos?


—Me encantaría, pero acordé que tengo que buscar algo importante—le responde con una mentira y aún más nerviosa—puede ser para otra ocasión.


—Pero solo tomará unos minutos—responde Luis un poco decepcionado.


—De verdad me encantaría, pero tengo que irme.


—Una pena, será para otra ocasión, me gustaría hablar contigo me pareces una chica interesante.


Cuando transcurrieron varias horas y las clases en el colegio habían culminado, Jessica se acercó una vez más al casillero para ver si no se le olvidaba llevarse algo antes de partir a su casa, vio que no dejó nada importante, donde luego se dispuso a cerrarlo y dirigirse a las puertas principales del colegio. Aunque antes de salir reconoció el grito de alguien que había conocido en la mañana y que rápidamente lo supo, era Luis que le gritaba y ella se tomó la molestia de voltearse.


— ¡Espera Jessica!


— ¡Luis!, ¡¿Qué pasa?! —Mirándolo con una cara de alegría que no tenía desde hace un buen tiempo.


—Antes de que te vayas me encantaría que saliéramos a algún lugar, no pude decírtelo antes porque luego mis amigos se empezarían a reír de mí. ¿Qué te parece si salimos mañana?


Jessica tomándose los cabellos y mirando fijamente a Luis con una enorme sonrisa.


— ¡Claro que me gustaría!, mañana organizamos todo.


— ¡Por supuesto!, entonces nos vemos mañana.


Luis veía como Jessica se alejaba poco a poco y dentro de unos segundos se acercan sus amigos.


—Luis, ¿De veras quieres salir con esa rarita?, no es de mucho fiar—Decía uno de sus amigos.


—En serio, sé que es rara pero al menos es linda.


—Bueno ya sabrás en que te metes.


Los amigos de Luis se marchan y el hace lo mismo, aunque tenía pensado hacer algo antes de partir a su casa.


Jessica como en todas las ocasiones toma la ruta que le conduce al atajo que le permite llegar a su casa en menor cantidad de tiempo. Mientras pasaba por allí contemplaba a cierta distancia otra vez aquél hermoso árbol de flores violetas que desprendía de si hojas que caían paulatinamente sobre el asfalto, mientras se acercaba el atardecer. Cuando se acercó a el dichoso árbol, se dio cuenta que había algo peculiar cerca de las raíces que estaban incrustadas en el piso y eso era un objeto rojo que extrañamente no había visto antes cuando iba hacia la escuela. Dejó el morral a un lado junto con su lonchera rosada y decidió verlo más de cerca, se emocionó porque era diamante raro pero que tenía algo muy especial, aparte de que era de color rojo y ella sabía que debía de tener mucho valor y transmitía algo inusual. Sin pensarlo, lo tomó y a su vez se dispuso a agarrar sus materiales escolares, su lonchera y reanudó su marcha.


Mientras se acercaba a su casa a casi una intersección peatonal, veía fijamente dicho diamante que brillaba con mucha intensidad, mientras seguía sin prestarle atención a nada en su entorno. El día pareciera que iba a terminar bien, hasta que de pronto Jessica se desmaya golpeándose la cabeza contra el pavimento, debía al brillo enorme del diamante que cegó sus ojos. A los pocos minutos se levanta muy adolorida y ve que se quedó en el mismo lugar donde sucumbió de manera misteriosa. Se sentía muy mal y a su vez anonadada, ya que las calles permanecieron vacías por un par de minutos lo que le parecía sumamente extraño, y debía de apresurarse ya que no quería que su mamá se preocupara.


Después del incidente, llega a su casa y deja el morral encima de la mesa de estar que se encontraba en la sala. Jessica frotándose la cabeza después de aquel golpe, empieza a llamar a su mamá que ya debería de estar en casa porque eran ya las cuatro de la tarde.


— ¡Mamá necesito que me revises la cabeza, hace poco me hice un golpe!—Gritaba Jessica, tomándose con ambas manos el chichón que le había aparecido.


Para su sorpresa su mamá no estaba en casa, lo que le pareció muy extraño. No tuvo más opción que ir hacía la cocina, abrir el congelador y agarrar una bolsa de hielo y después de eso se dirigió hacia su cuarto, se acostó y se colocó la bolsa de hielo en la cabeza justamente donde estaba la herida. Mientras yacía en su cama, miraba fijamente el diamante rojizo donde su belleza impedía que ella apartara la vista y mirar hacia otra cosa. Estaba muy preocupada, prácticamente estaba anocheciendo y su madre no aparecía. Decidió como le había dicho ella, ordenar su habitación y mientras lo hacía se encontró con su bloc de dibujos, en el cual lo dejó sobre la mesa donde antes se encontraba sus útiles escolares esta mañana. Apuró el paso y terminó bastante rápido en ordenar la habitación.


Se dispuso a mirar fijamente el diamante rojo de espectacular brillo, pensaba que ya era rica y que con ese dinero de la venta de la piedra preciosa pudiera cambiar su estilo de vida que tanto anhela. Sin embargo, Jessica se desploma otra vez de golpe contra la cama y queda profundamente dormida, soltando consigo el diamante que impacta contra el suelo y este se rompe en varios pedazos.


Un frío abrumador que prácticamente le helaba los huesos la despertó de golpe de manera muy brusca, e inclusive llego a marearse. Se dio cuenta al instante que la ventana de su cuarto estaba abierta y de ella se desprendía una espesa neblina, y por curiosidad ella decidió asomarse, prácticamente no podía observar absolutamente nada. Jessica estaba confundida y un poco asustada ya que todo seguía igual que antes y no sabe que le había pasado, pero entonces recordó la piedra hermosa que estaba mirando antes, y empezó a la buscarla por todas partes de su habitación pero sin éxito alguno.


Además notó que muchas de sus cosas no estaban y su cuarto lucía muy distinto, donde en ese momento es cuando empezó a asustarse mucho más. Decidió salir de la habitación y llamar a su progenitora gritando numerosas veces pero por desgracia no se encontraba, era como si ella jamás volvió a casa. Jessica empezó llorar y decidió buscar el teléfono para haber si llamaba y pedía ayuda a algún otro familiar, sin embargo, su casa también tenía un aspecto muy diferente y no encontró el teléfono, aunque después de minutos de desesperación y soledad, se percató que en la entrada de su casa en la parte inferior de la puerta, se emitía un resplandor muy extraño como si hubiesen puesto un faro de gran tamaño detrás de la misma.


Jessica con un miedo que le recorría por todo su cuerpo decidió abrir la puerta lentamente y lo que vio la dejó sorprendida, tanto así que su boca se le hizo un enorme óvalo. Lo que observó la muchacha era un enorme pasillo donde al final del mismo se podía divisar unas enormes puertas de madera, además que en las paredes se encontraban antorchas que emanaban mucha luz que era una de las razones del porque la parte inferior de la puerta brillaba y también dichas paredes estaban demacradas como si aquel lugar llevaba mucho tiempo. Las ventanas del pasaje se encontraban abiertas pero para su sorpresa no se veía nada, solo se alcanzaba a ver una negrura absoluta.


Ella decide aventurarse a recorrer el largo pasillo, eso sí, dando pasos de tortuga ya que al dar cada paso crujía el piso que también era de madera muy antigua, y ella temía que en algún momento el piso se reventara ocasionando que cayera hacia el vacío. Por supuesto ella tampoco sabía si había personas o peor aún, seres o monstruos ya que era muy poco probable que vivieran personas en ese lugar muy misterioso, por ende, no quería llamar la atención. Jessica llega al final del trayecto y observa la puerta de madera grande que había visto antes a la distancia, esta se encontraba de igual forma que el piso, muy desgastada y antigua donde ella sentía que si con solo abrirla pudiera estropearla o para el peor de los casos, se cayera y generara mucho ruido como para que los seres que habiten en el lugar, si es que los hay, la ataquen.


Ella reunió todo el valor para abrir lentamente la puerta, donde esta sonaba como si llevaba tiempo sin abrirse, es decir, rechinaba mucho. El lugar que estaba detrás de la puerta era una sala enorme en todo el significado de la palabra, poseía unas grandes y largas columnas que aguantaban un techo que tenía la sensación de caerse, además en el mismo había unas lámparas muy rusticas que alumbraban con una cantidad basta de velas toda la sala. Pero no es eso lo que le llamó más la atención, si no, que en el centro del lugar había un altar que le recubría unas hermosas mantas blancas adornadas con siluetas muy atractivas y de color oro. Encima de este altar se encontraba una especie de cuenco, al menos eso le parecía, pero este "cuenco", además estaba apoyada sobre una calavera y su forma le hizo recordar algo muy peculiar y era la hermosa piedra rojiza que había extraviado hace un par de minutos. Aunque no solo estaba el altar, si no que detrás de ella se encontraba un trono y lo que hizo que Jessica saltara del susto de una manera exagerada, es que la persona si es que se le puede llamar así, estaba sentada inerte donde poseía una máscara blanca de aspecto siniestro.


Esta mascara tenía unos enormes ojos negros, no tenía nariz y la boca era muy grande que además mostraba unos dientes grotescos que sobresalían de la misma. Este ser tenía un traje negro, muy parecido al de los magos y lo adornaba una capa gris que se extendía por todo el trono. Allí se dio cuenta que este ser podría ser la persona o el hombre extraño que había visto en el colegio por la ventana, al menos pensó ella por un instante, pero para sentirse mejor era correcto descartar esa alocada idea. Jessica se dispuso de acercarse al altar y extendiendo unos de sus brazos quiso tomar aquél cuenco. Esta acción no hizo más que propiciar que el ser se despertara, Jessica no contuvo el miedo y pego un grito que retumbo por toda la sala, la criatura empezó a mover los dedos y luego las manos hasta que por desgracia de la chiquilla se levantó. Jessica se echó a correr, el ser de mascara siniestra la detuvo lanzándole un hechizo que la paralizó completamente y por si fuera peor, este ser empezó a hablar a través de la máscara.