Él era mágico Seguir historia

soasen

Un niño sufre por la guerra que sacude al mundo. ¿Su refugio? Aleksander. Un misterioso hombre llega al pueblo de una soñadora infinita. ¿Por qué? Sólo una lo sabe, la hermana Mónica, la que está desaparecida. Las intenciones de este enigmático hombre sólo son más que olvidar el pasado. ¿Podrá rehacer su vida? ¿La soñadora lo ayudará?


LGBT+ Todo público. © Todos los derechos reservados

#segundaguerramundial #boyxboy #lgtb #amor
0
375 VISITAS
En progreso
tiempo de lectura
AA Compartir

CAPÍTULO 1.

28 de agosto de 1939.

La cena transcurría tranquilamente hasta que llamaron a la puerta. Fui hasta allí, como de costumbre, pero Ruth, mi madre, me dijo:

— Sabes que no es seguro.

Así que mi padre, Ernest, abrió. Cerré los ojos con fuerza para evitar ver a la persona responsable de interrumpir nuestra cena familiar.

Al pasar los segundos me di cuenta de que nada sucedía. Cuando abrí los ojos visualicé a un hombre alto, de cabello castaño y de ojos verdes. Lo recordaba de las reuniones a las que acudía con mi padre. Mi padre era cadete y bueno, era muy reconocido por su labor. Así que por eso lo acompañaba a aquellas reuniones.

El oficial ocupaba el típico sombrero militar. Lo puso en medio de su torso. Yo me quedé sorprendido. Hace tiempo que no veía a nadie hacer eso. Cuando se hace eso es que hay malas noticias.

— Los alemanes están en la frontera, Kalas — dijo el oficial dirigiéndose a mi padre. Ernest solo mostró una expresión de mudo horror en su rostro. Sabía una cosa, que los enemigos estaban buscando lo que creían suyo desde el principio.

— ¡¿Qué?!— exclamó mi madre asustada. Ella provenía de una familia judía de alta categoría, la que había contribuido económicamente con la gran guerra. Conocía el cruel destino de su pueblo, ya que había escuchado por parte de su esposo las creencias ideológicas de Hitler, y eso la había llenado de un miedo estremecedor.

— Las comunicaciones están cortadas. Parece que acordaron anexarnos a su territorio. — dijo el jefe de mi padre.

— ¿Estás seguro de lo que dices, Cuthbert? — cuestionó mi padre.

— Completamente, Kalas.

Mi hermano Miron, mayor que yo unos cinco años, me miró con determinación. Era de cabello moreno. Sus ojos avellana contrastaban con su piel pálida. En cambio, yo era rubio y de piel bronceada. Mis ojos eran grises, como un día nublado.

— Si se declara una guerra, yo seré el primero que luche por mi pueblo — dijo seriamente Miron.

Mi padre exclamó:

— ¡Ustedes dos ocúpense de sus propios asuntos fuera, que los adultos necesitamos hablar!

Miron lo fulminó con la mirada. Lo único que hice después de eso fue mirar para abajo. Cuando alcé la vista el oficial me miraba con algo que había perdido ya. La esperanza.

Se acercó a mí y posó su mano en mi hombro. Pude darme cuenta de que sus ojos verdes eran verdaderamente hermosos. Me dijo:

— Hijo, si la esperanza se va, lo único que tienes que hacer es recuperarla a toda costa de dos maneras, amando a una persona o amarrándote a tus sueños.

Su mirada solemne pudo devolverme la esperanza, pero un brote de sueños fue lo que lo hizo. Un brote de sueños para el mundo. Un mundo donde todos somos diferentes, pero iguales como seres humanos. Parece que ese mundo no existe porque nos dividen. Algún día existirá, o eso quiero creer.

Abrí la puerta seguido por mi hermano. Él se sentó en las escaleras a fumar tabaco, me ofreció un poco, sin embargo, me negué. No quiero contaminarme los pulmones con esa tontería. Últimamente Miron está muy autoritario y rebelde; un día lo arrestaron por daños públicos a la infraestructura de una estatua.

Seguí bajando las escaleras hasta llegar a la calle. Sorprendentemente las casas estaban en silencio y la cuadra vacía. Excepto por el chico que vivía en la esquina. No sabía mucho de él, sólo que era un bastardo, no como insulto a su persona, sólo que era la verdad. Pensándolo mejor sí que era un insulto a su persona.

Noté su mirada en mí apenas me senté en la acera. Decidí hacer una pelea de miradas con él. Sus ojos negros y mis ojos grises chocaron brutalmente. Hasta que se rindió, me regaló una sonrisa y se puso en pie para entrar. Fruncí el ceño. A los cinco minutos de él haberse ido empezaron a sonar sin parar las sirenas. Entré corriendo al apartamento y me encontré a mis padres rezando junto al oficial. Miron no estaba por ningún lado. Los acompañé en sus oraciones de protección al mundo.

Cuando llegó la noche no pude pegar el ojo. Sabía que íbamos a ser invadidos. Lo sabía de corazón. Mis instintos de supervivencia estaban en total alerta, todos mis sentidos preparados. Pensé en la escuela, en mis amigos del barrio. Hasta repasé de memoria toda mi existencia. En que a los cinco años me raspé las rodillas y mi hermano me cargó en sus hombros. En ese pequeño amor que mi hermano me ofrecía, porque él era una persona difícil, no mostraba sus sentimientos. En que quería ser corredor olímpico. En un millón de cosas que soñaba, pero que por culpa del mundo no iba a cumplir.

Al final lo único que pudo tranquilizarme fue la sonrisa calmada del muchacho de la esquina. Sus ojos negros, su cabello del color del carbón, su piel rosácea. El estuche de violín que llevaba consigo siempre, a todos lados, hasta al colegio. Sí, iba a la escuela con él. Sólo que era dos años mayor. Pensé en él hasta quedarme profundamente dormido.

13 de Noviembre de 2019 a las 19:37 0 Reporte Insertar 0
Leer el siguiente capítulo CAPÍTULO 2.

Comenta algo

Publica!
No hay comentarios aún. ¡Conviértete en el primero en decir algo!
~

¿Estás disfrutando la lectura?

¡Hey! Todavía hay 26 otros capítulos en esta historia.
Para seguir leyendo, por favor regístrate o inicia sesión. ¡Gratis!

Ingresa con Facebook Ingresa con Twitter

o usa la forma tradicional de iniciar sesión