El Heredero Seguir historia

mafersaucedo Mafer Saucedo

Los sucesos narrados en esta historia carecen de buenos fundamentos históricos, después de todo... es ficción. Es el siglo XV, en una nación regida por un gobierno tirano e injusto, Dimitri junto con la Resistencia busca derrocar al rey que oprime a su pueblo y que lo está matando. En su búsqueda por la justicia se encontrará con muchos secretos y también conocerá a Elena, esposa del príncipe de la nación cuya vida sólo se ve ensombrecida por un esposo que la maltrata física y psicológicamente, pero a pesar de todo encontrará en Dimitri no sólo un refugio... también el verdadero amor. Dimitri tendrá que luchar contra él mismo para buscar la justicia para su pueblo, luchar por la mujer que ama y aceptar que él es... el legítimo heredero al trono.


Romance Histórico No para niños menores de 13.

#medieval #corona #amor #princesa #edadmedia #principe #rey
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Introducción

8 DE MARZO DE 1460

Beatriz debió haber supuesto que al ser la favorita del rey, una docena de mujeres más estarían allí presenciando el parto. El dolor era mucho y no apreciaba a ninguna de esas mujeres alrededor de ella, tal vez sólo a la partera que se esforzaba en repetirle que tenía que debían esperar un poco más.

Por su mente pasaron muchas cosas, pero el temor de que su bebé fuera niño le estrujaba el corazón. Deseó con todas sus fuerzas que fuese niña, una igual a ella, o a su padre, sólo entonces no sería odiada.

La esposa del rey entró como un torbellino en los aposentos, ordenó que todas saliesen excepto la partera. Beatriz adivinó con sólo ver el fuego en sus ojos que esa mujer estaba allí para asesinar a su hijo. Su incapacidad de darle un hijo al rey la había llevado hasta ese lugar, pues no permitiría que ningún hijo que no fuera suyo heredara el trono.

La partera arrugaba el rostro constantemente, como si Beatriz no tuviera solución. La reina dejó ver accidentalmente la daga que llevaba escondida en el brazo. Pero abrieron la puerta de golpe y todo se detuvo; el parto y el posible asesinato.

—Su majestad ha mandado a llamarla. —Avisó una criada del castillo. La reina apenas si le dirigió un poco la mirada.

—Ahora no puedo.

—Es importante. —Insistió. —Los campesinos se han rebelado contra el rey, ya vienen hacia acá.

La reina, rechinó los dientes y tomando su vestido se apresuró hacia la puerta, pero se detuvo antes de salir, miró a Beatriz y más que fuego se reflejó en ella preocupación, verdadera angustia.

—No la deje salir de aquí, ni a ella, ni al niño.

Beatriz se preguntó cómo es que la reina estaba tan segura de que su hijo sería niño. Pero la vio salir y suspiró aliviada. La partera siguió su trabajo, pero se veía cansada de no saber cuál era exactamente el problema.

—Por favor, deténgase, deje que me vaya de aquí. —Le suplicó Beatriz.

—No puedo hacer eso, me matarán.

—Matarán a mi hijo, le cortarán su pequeña cabeza sólo por nacer niño, tenga piedad de mí. No, tenga piedad de él. —Se quitó el sudor de la cara.

—Pero... no lo logrará.

—Permita que lo intente.

—Todo sea por el heredero al trono. —La partera se puso de pie y ayudó a Beatriz a salir de la cama.

Le puso una capa encima y le ayudó a salir de los aposentos. El castillo era un vaivén de siervos y caballeros, todos hablaban de la traición hacia el rey. De que muy pronto los campesinos estarían allí dispuestos a incendiar el castillo. La partera la encaminó rápido a la salida más oculta, la que daba hacia el bosque. Si el castillo hubiese estado en total calma jamás lo habrían logrado, pero pocas personas se habían fijado en ellas, y los que lo hicieron les restaron importancia. ¿Qué podía ser más importante que cuidar del rey?

Tal vez el futuro rey que llevaba Beatriz en el vientre.

Beatriz no llevaba antorcha, por temor a que la encontraran más rápido, así que caminó sólo con la luz de la luna entre el bosque. Tropezando algunas veces por las ramas de los árboles y otras porque cada paso le parecía una batalla. Se obligó también a callar, a guardarse sus gritos de dolor para ella, a apretar los dientes y aun así no detenerse ni un segundo para descansar.

—Espera, espera un poco más. —Le pidió a su hijo.

Una luz entre la oscuridad le dio esperanza, al caminar un poco más hacia ella se llenó de alegría al ver que era una casa que rodeada por cultivos. Los atravesó casi corriendo, reuniendo sus últimas fuerzas para llegar hasta la puerta de madera que golpeó con brusquedad cuando al fin pudo alcanzarla.

Una mujer, de mediana estatura, cabello rubio recogido en una trenza y con dos niños detrás de ella le abrió la puerta.

—Se lo suplico, ayúdeme. —La mujer dio un respingo asustada al ver la sangre que derramaba Beatriz. —Mi hijo nacerá en cualquier momento.

—Niños, tomen sábanas limpias y calienten agua. —Ordenó la mujer, los niños asintieron y salieron corriendo. —Entre.

Llevó a Beatriz hasta su cuarto, la ayudó a acostarse sobre la cama bajita y le rompió la bata, los niños llegaron con las sábanas y el agua.

—Ya ha perdido mucha sangre. —Y la mujer no sólo lo decía por verlo, sino porque se notaba en el rostro de Beatriz, tan pálido que podía desaparecer.

—La partera parecía tener problemas.

—¿Por qué está huyendo? —Preguntó mientras analizaba la situación.

—Porque quieren matar a mi hijo. —La mujer alzó la mirada confundida.

—¿Es usted una mujer adúltera?

—No, soy la favorita del rey.

La mujer no necesitó más explicación, tampoco tuvo tiempo de pedirla, ayudó a que el niño saliera mientras Beatriz gritaba. La mujer tomó al niño entre sus brazos después de envolverlo con una sábana y cortó el cordón que lo unía a su madre.

—¿Qué es?

—Es un hombre. —Le dijo la mujer y alzó al niño para que ella pudiera verlo. Beatriz estiró las manos para poder sostenerlo pero otro dolor le recorrió la espalda y la vista se le nubló. —No es posible. —Dijo la mujer, entregó al recién nacido a su hijo para que lo cuidase. —Hay otro niño.

Beatriz no podía creer lo que escuchaba, pero sí podía sentirlo, pensó que las fuerzas ya se le habían acabado, que las había dejado todas en el primer bebé, pero logró encontrar un poco más dentro de ellas y pujó, pero ya no gritó, sabía que el hacerlo también necesitaba esfuerzo. Cuando dejó de sentir dolor supo que todo había terminado, además de que escuchaba el llanto del niño.

La mujer se levantó y le mostró al bebé llenó de sangre. Beatriz logró sonreírle.

—Por favor, no deje que se los lleven, no permita que los asesinen. Sé que he pedido demasiado, que nunca en la vida podré saldar mi deuda con usted, pero se lo ruego... no los abandone.

La mujer tragó saliva y se acercó al niño alejándolo de Beatriz.

—Lo juro. —Respondió.

Beatriz volvió a sonreír y dejó que se le escapara la vida de entre las manos. La mujer escuchó ruidos; caballos. Sabía que se acercaban a su casa.

—Madre, el niño no respira. —Su hijo, el más grande, que sostenía al primer bebé intentaba hacer algo por él moviéndolo.

—¿Qué dices? —La mujer se lo quitó y le dio al otro niño.

Acercó su cabeza al pecho del bebé, no escuchó nada, y él no respiraba. Estaba muerto.

—Conrad, ve con el niño al hoyo, has de hacer todo lo posible para que no llore, para que ningún sonido salga de él. No salgan hasta que yo misma vaya por ustedes, Conrad, esto es importante no importa lo que escuches; no salgas. Corre.

Conrad obedeció a su madre y corrió hacia su cuarto, levantó del suelo los maderos y metió con cuidado al niño adentro, era un hoyo que debía medir menos de metro y medio de altura, con la delgadez de Conrad apenas cabrían ambos. Una vez dentro, volvió a cerrar con los maderos y luego puso una mano sobre la boca del niño, que aunque ya había dejado de llorar seguía despierto.

—¡Abrid la puerta! —La mujer corrió hacia la entrada y los dejó entrar. —Venimos en busca del hijo del rey. —Dijo el caballero con armadura que entró por delante de todos. El resto traía espadas en mano, listos para atacar si fuera necesario.

La mujer dio pasos hacia atrás y se acercó al niño al pecho.

—La mujer ha muerto y el niño después de ella.

El caballero le arrebató al niño de las manos y desnudándolo buscó en su pequeño brazo derecho. La mujer no se había percatado de la mancha tan curiosa en forma de lucero que adornaba el brazo del bebé.

—Es él, tiene el lunar de la familia del rey. —Dijo el caballero y volvió a envolver al niño en brazos. —Asesínenla, por no haber salvado la vida del heredero al trono.

A la mujer la obligaron a arrodillarse, y uno de ellos alzó la espada hacia ella. La hubiera atravesado si otro no hubiera entrado corriendo a la casa.

—¡Ya han llegado al castillo, su majestad nos necesita! —Anunció.

El caballero alzó una mano hacia el hombre con la espada y este volvió a guardarla.

—Mujer, Dios ha tenido misericordia de ti.

El caballero salió de la casa con el bebé y todos se fueron detrás de él. Se escuchó cuando subían a sus caballos y luego su cabalgar. La mujer, con todo el cuerpo temblándole, fue a sacar a su hijo del suelo. El niño le entregó al bebé que por fortuna no había hecho ningún ruido. Y que en ese momento ya dormía sin preocupaciones. Ella lo descubrió un poco y encontró la misma marca que tenía el otro niño en el brazo. De inmediato, como si alguien pudiese verla, volvió a cubrirlo con las sábanas y lo acunó en sus brazos.

—Tu nombre será: Dimitri.

9 DE JULIO DE 1481

—¡Me pertenecen todas las montañas, cada casa de los campesinos, cada siervo y cada esclavo, el castillo y los ríos! Pero sobretodo, ella me pertenece. Sí, Elena me pertenece. —Enlistó Vladimir con su espada en alto y luego la dirigió hacia él.

—Elena nunca te perteneció. —Respondió Dimitri con una sonrisa en el rostro.

—Basta ya, deben detenerse. Ambos morirán si no se detienen. —Interrumpió Elena.

—Será un honor, mi querida princesa, morir por ti. —Dijo Dimitri antes de avanzar hacia Vladimir dispuesto a cortarle la cabeza si él se lo permitía.

13 de Noviembre de 2019 a las 05:51 0 Reporte Insertar 1
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