Cuento corto
0
481 VISITAS
Completado
tiempo de lectura
AA Compartir

La vereda

Que extraños son los caminos del amor.

Sobre todo esos en los que vas caminando hacia él, distraído, sin saberlo ni buscarlo, simplemente el sentimiento te lleva de la mano sin hacer mucho escándalo, se encuentra callado y sigiloso. Miras a tu alrededor y empiezas a darte cuenta en donde te has metido, pero no le das importancia y sigues disfrutando de sus bellos paisajes.

De repente te tropiezas, tambaleas pero logras mantener el equilibrio, sin caer ni lastimarte, y continúas tu camino ingenuamente. No te percatas de lo que estás perdiendo y lo que estás ganando, no escuchas las voces silenciosas que te susurran al oído (o decides ignorarlas).

Te crees más fuerte y más ágil puesto que ya has caminado otras veredas y piensas que esta pronto terminará. Pero no ves la salida, los susurros se van convirtiendo en gritos tenues y comienzas a sentir. Sientes ese hormigueo en tu piel, sientes como tu corazón va respondiendo con el tiempo caminado, sientes como se va cansando tu temple y tus ojos se nublan, y luego sucede lo inevitable. Te das cuenta del lugar en el que te encuentras cuando comienzas a correr desesperadamente buscando la salida, la terminación del camino que creías corto y efímero, corres queriéndote alejar de los gritos en tu cabeza, y caes.

Tropezaste con unos labios que te besan, te enredaste en unos brazos que ya conocías, pero que ahora parecían aprisionarte el alma, percibiste el aroma del viento y tus ojos se quemaron con el brillo de otros. Tropezaste y te caíste, lastimándote el ego, desafiando tu fuerza y todo lo que pensaste que tenías, sabiendo que sería muy difícil salir de ese camino estando completa.

Una mano te ofreció ayuda, y tú la tomaste sin vacilar, y empezó a caminar de tu lado, tú aún débil preguntándote como podías seguir de pie todavía, caminando descalzo, pero a pesar del golpe, del dolor de la caída, el camino aún era hermoso, el aroma indescriptible y ya no te sentías solo, alguien caminaba a tu lado. En ocasiones te soltaba y desaparecía, en otras esa presencia misma te hacía caer....

Con el corazón cansado y los pies rotos, derramando lágrimas de sal quisiste salir de la vereda, deseaste no haber entrado jamás o ser un poco más fuerte y precavido. Ahora estabas en el suelo arrastrando tu alma y tu corazón, sufriste y gritaste pero sabías que estabas solo en ese lugar.

Sin embargo, el amor encuentra maneras de darte la fuerza para seguir. Sabes que nada será como desearías que fuera, o como debiera ser, que no hay futuro ni promesas por cumplir, pero encuentras la manera de dar lo poco que te queda con tal de ver esa cara sonreír, de brindarle aunque sea un poco de luz y de felicidad.

Extraños en verdad son los caminos del amor, que te hacen perder todo atisbo de ubicación, y aún con la mente obnubilada y el corazón sangrante continuas caminando la vereda, con la apremiante esperanza de algún día tomar de la mano esa alma que tanto añoras a tu lado, o que de una vez te arroje hacia la salida, hacia la lenta muerte del corazón.

12 de Noviembre de 2019 a las 02:36 0 Reporte Insertar 1
Fin

Conoce al autor

Comenta algo

Publica!
No hay comentarios aún. ¡Conviértete en el primero en decir algo!
~