Mundo Paralelo Seguir historia

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¿Te ha sucedido alguna vez que sientes que perteneces a otro lugar? ¿Qué tuviste un lazo sentimental con alguien pero no logras recordar? ¿Te has preguntado si tus sueños son tu realidad y el despertar tu fantasía o... tu mentira? Lo más extraño... ¿Qué sucedería si ves en persona el rostro de una pintura que surgió de tu imaginación? ¿Casualidad, dejavu? ¿O... recuerdos vagos del subconsciente? Aunque creo que no existes... Él: Yo te dibujo... Ella: Yo te sueño...


Romance Romance adulto joven Todo público.

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Capitulo 1

Ella lo admiraba desde lejos, sabía que como príncipe guerrero, estaba fuera de su alcance; a pesar de que él siempre la trató con decencia y humildad. ¡Por lo menos podría deleitar sus ojos! Nadie podría impedírselo, claro, si no la cachaban. Por más que lo intentara, era difícil controlar su mirada traviesa que siempre terminaba sobre él. Por eso se escondía tras un árbol para admirarlo desde lejos. Él estaba en unos de los balcones del gran palacio, sumido en su amena charla con su grupo de amigos guerreros, todos de sangre real. ¡Se veía tan apuesto en su ropa de soldado! Su cabello negro como azabache y lacio como la seda, estaba recogido en una larga cola, dejando su rostro a la interperie. Sus ojos achinados pero no muy pequeños, con un color miel cautivador, resaltaba su mirada cubierta por gruesas y negras pestañas y con un arco perfecto de cejas, bien alineadas y cuidadas. Su nariz pequeña y perfilada y esos labios cortos y carnosos, daban la mejor simetría estética que ella jamás había visto. Sí, él era una especie de belleza exótica. Su madre era amarilla con ojos pequeños y muy delgada. Su cabello largo, negro y lacio, le llegaban a la parte baja de la espalda, recogidos en una cola alta. Vestida siempre de rojo intenso y dorado, digno de una reina poderosa. Su padre por el contrario, era un grandulón. Era el hombre más alto de su reino, su cabello castaño claro, cubría su frente, ya que él nunca lo peinaba y siempre estaban rizados y revueltos. Sus ojos miel le daban una dulce e ingenua mirada, pese a su gran tamaño y músculos. Digamos que aquel príncipe había reunido los mejores rasgos genéticos de su progenitores. No era tan grande y musculoso como su padre, pero no tenía nada que envidiar a ningún fortachón, ya que él era un chico esbelto y con buenos pectorales, bueno, digno de un guerrero.

— ¿Espiando al príncipe, otra vez?— saltó del susto al verse descubierta.

— Ulises, me asutaste.— se quejó.— Ulises era todo lo contrario a los guerreros. Era delgado y de estatura media. Su cabello rojizo risado, y sus ojos verdes claros, le daban una apariencia tierna y angelical. Y eso era, un ángel. Vivía entre la plantas recogiendo su brebaje, para preparar medicina. Su tío era un farmacéutico reconocido y él era su aprendiz.

— Deberías dejar de hacer eso— advirtió— podrían acusarte de espía.

— ¡Pero si soy una espía!— río. El rodó los ojos.

— Eso no es oficial. Además, debes ser espía para los enemigos, no para tu príncipe. — ella se estremeció con la última frase.

— ¡Qué bien sonó! ¡Mi príncipe!— dijo dando vueltas como si estuviera bailando. Él bufó.

— Despierta, chica salvaje. — se burló tronando los dedos. — Pareciera que tienes doble personalidad. Si alguien descubriera que te derrites por el príncipe serías la burla de todos.

— Nadie tiene que enterarse, a menos, que un niño lindo abra su bocota.— le desarreglo el cabello y él quitó su mano bufando.

— Por cierto, necesito que me hagas un favor chica ruda.— se rascó la cabeza— ¿Podrías llevarle estás hojas a mi tío al palacio? Se me presentó una oportunidad que no puedo dejar pasar. Dijo llevando su mirada al gran jardín.

— Ya veo, picarón.— sonrió levantando una ceja.— ¿Vas a acosar a la mulatona?

— Yo no soy tú. Solo voy a decirle algo.

— Ummm... Me imagino— dijo con una risita pícara.

— Me debes el favor.— reclamó— Yo siempre te cubro.

— Está bien.— rodó los ojos.— Pero ten cuidado, angelito pícaro, ella es un mujeron, ¿Podrás con el reto?

— ¡Vete ya!— dijo entregándole la canasta de mal gusto.

— Adiós, picarón. — Guiñó un ojo. — Espero y no te atragantes.— Salió corriendo entre risas para evitar que su amigo no la mate.

Salió de su escondite y atravesó el jardín hasta quedar frente a unas largas escaleras que la conducirian a la puerta del palacio. Respiró profundo, aunque era improbable que se encontrara con él, ya que como guerrera no real, no se le permitía adentrarse más allá de la sala de reunión, aún así, moría de los nervios. Iba a adentrarse después del permiso de los guardias, cuando alguien la detuvo por el brazo.

— Hola, preciosa.— su voz era ronca y el agarre fuerte. Miró de reojo y era uno de los guerreros reales que siempre estaba en el círculo del príncipe, pero, que no se llevaba muy bien con él. Su cabello era rubio intenso, su cuerpo musculoso y rígido. Su voz y su apariencia hacían temblar a cualquiera, y su mirada era prepotente y descarada. Si no fuera por su descabellada personalidad, se podría decir que sería el suspiro de muchas chicas, ya que poseía un atractivo singular.

—¿Podrías soltarme?— dijo frunciendo el ceño.

— ¡Qué insolente eres!— dijo en tono de burla.— ¿No sabes cómo dirigirte a tus superiores?

— ¿Y usted no sabe cómo tratar a los que están por debajo de usted?— contra atacó desafiante.

— Vaya, vaya. Te estás portando mal, muñeca. Tendré que castigarte...— acercó su rostro de forma seductora— y créeme que te encantará mi castigo.

—¡Pero quién te crees que eres, idiota!— gritó sin importarle las consecuencias. No soportaba ese tipo de comentarios. Después de todo, ella era una guerrera con muchas habilidades que servía al reino, al igual que cualquier hombre, merecía respeto.

—¡Cómo te atreves a hablarme así!— reclamó enojado— ¿Qué no sabes quién soy?

— ¡Claro que lo sé!— contestó desafiante, como si su voz temerosa no la inmutara— Eres un guerrerito de pacotilla, que se cree la gran cosa, pero que vive con la frustración de que el príncipe te supera en todo. Por eso te la desquitas con personas más débiles para cubrir tu frustración.— soltó sin reparos y sin medir consecuencias.

—¡Basura insolente!— gritó mientras le tiraba un golpe. Ella saltó evadiendo aquel puñetazo y liberándose de su agarre.— ¿Quieres jugar, muñeca? Juguemos entonces. — dicho ésto empezó a arremeter contra ella, fallando todos sus ataques. Secó el sudor de su frente y mordió su labio inferior de la frustración. Volvió a atacar, pero ella era muy ágil y se movía con facilidad. Era imposible atraparla. Ella se movía con gran destreza y sin soltar la canasta, daba varios saltos por las paredes y las escaleras, esquivando todos sus intentos.

—¡Ya basta!— una voz masculina los interrumpió. El príncipe Jing Se acercó con un grupo de guerreros.— ¿Qué sucede aquí, Lars? — El se paró frente al príncipe.

— Sucede que está chica me faltó el respeto. No sabe cómo dirigirse a sus superiores, ni mide su vocabulario. Solo le daba una lección.— se excusó.

—¿Tú le dabas una lección o ella te daba una a ti?— se burló uno de los guerreros.

— ¡Qué dices imbecil!— la ira le salía por las venas. Jamás se había sentido tan humillado. — Ella es nada. Yo la aplastaria con mis propias manos si quisiera.

— Sí, eso es muy obvio.— contestó el chico con sarcasmo provocando que éste arremetiera contra él, claro que fue detenido por el príncipe.

— Controlate. — dijo con calma, mientras sostenía su enorme brazo.— Ya has provocado demasiado problemas, no te convendría armar un escándalo hoy. Mi padre está de mal humor, y no quieres ser su desquite.— advirtió con una sonrisa maliciosa. Él se soltó de su agarre con violencia y se marchó maldiciendo.

— A ver chica ruda, explícame que sucedió — Se dirigió a Leela.

— Solo vine a traer esto al señor Harrison.— dijo mostrando la canasta, evitando que sus nervios tomen el control. — El me tomó del brazo y empezó a acosarme. — el príncipe río.

— Creo que Lars se metió con la chica incorrecta.— sus amigos se unieron a las carcajadas, pues Lars era un chico poderoso y temible. El ser derrotado por una chica que no se veía muy fuerte, era todo un espectáculo y un golpe fuerte a su ego.

— Quien diría que una chica tan tierna podría derrotar al gran Lars. — dijo otro de los guerreros con una sonrisa coqueta sin quitarle los ojos de encima.

— ¿Derrotar dices?— el príncipe arqueó una ceja— ella solo lo esquivó, para su suerte. Ni te imaginas lo que esa chica tierna puede hacer en la batalla. — todos lo miraron sorprendidos.— Ustedes no se enteran de nada porque se la pasan entre los reales, si miraran más allá de su círculo, se encontrarían con cosas maravillosas. — posó la mirada sobre ella, acción que provocó que ella se sonrojara.

—¿A qué te refieres?— preguntó uno de ellos— ¿Dices que ella es más fuerte que Lars, el gran Lars?

— Bruno— se dirigió al moreno que estaba asombrado de lo que escuchaba.— Ella es más fuerte que todos ustedes juntos.— Todos bufaron.

— ¿No han escuchado o visto a Búho en la batalla?— todos asintieron.

— ¿Qué tiene que ver Búho con esta chica?— preguntó un rubio.

—Nico, Bruno y Esteban; les presento a Búho.— dijo extendiendo el brazo hacia la chica. Todos estallaron de la risa.

—¡Esa sí que te ha quedado buena, Jing!— Esteban, El chico mestizo de cabello marrón oscuro, dió palmadas sobre su hombro.

— Entonces no me creen...— dijo con mirada intrigante. — Solo les pido que no mencionen a nadie lo que acaban de escuchar. Se los digo porque comoquiera lo iban a saber, ya que son los guerreros principales del palacio. Por eso no hemos querido que Búho revele su identidad, porque es una espía. Si ustedes no lo creen, quiere decir que ella es una buena fachada, por su apariencia, digo. — Todos hicieron silencio al percatarse que hablaba en serio.

— Entonces, está chica es una espía.— dijo Bruno con un brillo en los ojos. Desde que Búho empezó a pelear con ellos meses atrás, él lo admiraba.

— ¡Quién diría que Búho sería una mujer tan atractiva!— Esteban sonrió.

— Claro, no es una espía oficial. Está en proceso de prueba, yo mismo la estoy entrenando. — La miró con orgullo. — Como les dije antes, su identidad no puede ser descubierta, es por eso que ella se cubre por completo para la batalla.

— Eres un príncipe muy sabio, Jing.— Nico topó su hombro.

— Príncipe, guerreros, me retiro.— ella hizo reverencia y se marchó. Todos la siguieron con la mirada. Ella era buena fachada, ya que su apariencia era de una chica tierna y soñadora. Siempre llamaba la atención de los chicos por su hermosa y brillante piel bronceada color caramelo, mismo color de su cabellera abundante, ondulada y larga. Sus ojos grandes y grises daban una mirada penetrante y sensual. Sus labios rosa pálido de forma de corazón le daba un toque especial a su rostro. Sus mejillas siempre estaban rosadas y tenía un lunar marrón en una mejilla. Ella no era muy alta, ni con muchas curvas. Pero su cuerpo era hermoso y llamativo. Era una feromona andante, ya que había algo en ella que despertaba la atencion del sexo masculino. A pesar de su apariencia dulce, su personalidad era todo lo contrario. Una chica valiente, fuerte y desafiante.

— Hermosa mujer. — comentó Nico— Ahora soy yo quien la quiere entrenar, pero en otro tipo de peleas— Todos rieron ganándose la cara molesta del príncipe.

— No te molestes, príncipe. — se le dirigió Esteban.— No nos niegues que tú también te la encuentras atractiva.

— Dejen de decir tonterías.— contestó el príncipe— He visto mejores. — dijo creyendo que ella no escuchó, sin embargo sus palabras atravesaron su corazón como daga.

11 de Noviembre de 2019 a las 01:57 0 Reporte Insertar 1
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