Sir CATARIS Seguir historia

andersoncervants00 Anderson Cervantes

Allí el mismo lo conoció, el espero eso desde hacía tiempo, lo necesitaba, pero el desapareció en aquel mundo en el que vivimos, no dejo más que un rastro poco inconcreto de su vida, de su pasado, de sus sentimientos, realmente quiero saber que es caminar, quiero saber qué es lo que él vio allá, en aquella espesura brillante.


Cuento Sólo para mayores de 18. © todos los derechos reservados

#cyberpunk #thriller #338 #delafraseelcuento
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Sir CATARIS

-Ohhh…

suspiro, el viento es muy frío, hela mi alma. Las calles parecen luciérnagas en medio del campo abierto. Todo es demasiado luminoso, mis ojos no lo aguantan.

Acomodo mis lentes, veo mejor, pero no tan claramente como antes.

Tal vez sea una idea mía, pero siento como si yo mismo no caminara y como si mi mirada no mirara el espacio, es como si lo presenciara otra persona dentro de mí.

Siento que los murmullos del viento son como palabras enteramente masculladas, llevan allí años, quizás más que años, deben llevar décadas, siglos, tal vez milenios…

- ¿Qué año es este? – me habla una vocecita igual a la mía.

-No lo recuerdo – contestó apesadumbrado.

- ¿Qué paso ayer? – pregunta esa vocecita.

-Lo olvide, como todos mis sueños – respondo mirando mis pies al caminar.

- ¿Por qué caminas? – pregunta.

-Debo hacerlo, no hay de otra… - [Ya no sé porque le respondo, es algo natural]

- ¿Naciste aquí? – preguntas solo eso hace.

-La verdad no lo sé… ¿Quién eres?

-La consciencia que vive en ti desde que naciste…

-Ya veo… - me cubro con la capa, la ciudad se siente algo apesadumbrada hoy.

- ¿Sigues caminado? – vuelve a preguntar.

-Debo hacerlo, ya te dije que es necesario… - no sé si hablar, ya no importa tampoco si lo hago.

- ¿A dónde vas entonces? – interrumpió.

-No lo sé…no lo recuerdo… - pensé por un momento.

-Me maravilla pensar que no está yendo a un lugar inapropiado, recuerda que tu salud está decayendo últimamente – me dice en recomendación.

-Por eso vengo así, todo arropado con toda esta ropa incomoda – le hago notar con ademan de tocarme el cuello de la chaqueta.

Aunque hable con mi consciencia, no digo una palabra moviendo mis labios, mi lengua por dentro se mueve.

Miro impasible el cielo, está tan opacado por el humo, la industrialización está acabándolo todo, quizás no habrá generaciones futuras, quizás esas generaciones nos odien…pero no fuimos todos los que iniciamos esto, fue un hombre que incentivo a nuestra capacidad de asombro a querer más y más cosas que nos facilitaran la vida, robot a vapor, carros y trenes a vapor.

-Dime, ¿qué harás esta noche? – miro a todos lados, no hay nada notable que destacar de entre la muchedumbre.

-Solo caminar, como lo hacen todos…es lo único que puedo hacer – sigo caminando luego de detenerme un segundo para pasar a otra calle.

-Tu vida de soldado terminó hace tiempo ¿Aun piensas en la guerra? – la vocecita me hace recordar que soy un viejo soldado retirado hace mucho tiempo.

-No, la guerra quedó atrás, todos esos pensamientos en pelear se desvanecieron dejándome la ansiedad del vivir – le digo sin un color nítido en mi voz.

- ¿Preferirías haber muerto? – parece saber qué es la única forma de alivianar los dolores de la vejez.

-No lo sé, sería algo impensable… ¿por qué querría morir?

Pero me niego a aceptar la muerte [Pienso para mis adentros]

-Porque tus huesos y tus piernas no pueden con tu cuerpo…estas molido, estas magullado cerebralmente, tus rasgos físicos lo denotan – me hace notar la voz, pero yo lo sé de antemano.

-78 años no son nada – contestó admirando las gotas de agua que caen por todos lados, pasan por la luz de las farolas y crean un efecto precioso, como el efecto de una televisión descompuesta, o eso miran mis ojos.

-Es cierto, la edad es física, no mental – me dice la vocecita aceptando mis palabras.

-Eso creo – digo sin agregar nada más.

Los coches están tan atestados en las calles, tan somnolientas como el humor del mundo el día de hoy, quizás las estaciones empiecen a desaparecer pronto…aunque de por sí ya se ven muy opacadas por el humo…

-Dime, ¿alguna vez amaste? – me pregunta luego de un rato la vocecita.

-No lo recuerdo, pero el sentimiento de algo cálido en mi al pensar en ello se hace presente todos los días – contesto llevándome una mano a mi pecho al tiempo que me doy cuenta de que mis labios no se mueven, sostengo una conversación mental con la vocecita.

- Si, ¿verdad? – dice ella.

-Es como dejar el mundo a un lado, es algo místico e inexplicable, algo que no tiene una respuesta a la lógica – digo mirando unas muchachas jóvenes pasando a mi lado.

-Te ensimismas rápidamente… - hace notar la vocecita.

-Soy un vejestorio, es lo que hago…me ensimismo con cualquier estupidez – soy sincero al decirlo.

Las pisadas de los transeúntes en las calles son demasiado ruidosas, antes acostumbrábamos a caminar con elegancia, los días del hoy todos caminan como si su alma, yo también parezco hacerlo.

Cruzó en una esquina, sobre lo alto en las paredes hay carteles neón, las luces son poco vistosas, pero adornan bien las calles.

-Esperanzas olvidadas yacen sobre los lugares más inhóspitos – es como un pedazo de una canción que acabo de recordar.

- ¿Qué dijiste? – pregunta la vocecita.

-Esperanzas olvidadas yacen sobre los lugares más inhóspitos – sonrió en mi rostro arrugado.

-No entiendo eso, pero me parece muy bonito – me dice ella, siento como si esa vocecita hubiese sonreído.

-Lo pensaste el último día en que la guerra llego a su fin, ¿no lo recuerdas? – dice ella.

-No, pero la guerra de los 9 solsticios duró 15 años en acabarse, no recuerdo las cosas que pensé, pero te aseguro que fueron cosas que no tenían la más mínima pizca de esperanza, eran palabras, frases, oraciones, que estaban vacías como el ser humano – le digo sin poder entender mis propias palabras, solo las digo.

- ¿Qué más recuerdas? – la vocecita parece querer saber que paso en la guerra.

-Recuerdo el humo, recuerdo gritos, recuerdo sangre, recuerdo dolor, recuerdo la falta de aliento…ahora que lo pienso [Sonrió] la falta de aliento se parece a lo que siente mi cuerpo hoy en día, mi cuerpo se derrumba con los días…me siento agitado…

Me recuesto sobre una pared, unas gotas de lluvia caen imparables de un momento a otro, una llovizna arrecia.

- ¿Seguirás? – pregunta la vocecita.

-No, ya no puedo hacerlo, solo me queda morir – le digo respirando con dificultad.

-Pero me dijiste que no querías eso… - me recuerda ella.

-Los viejos cambiamos nuestra opinión rápidamente, ya he tenido suficiente…mi vida ha durado mucho, incluso hoy siento…que no importa lo que pase, seguirá durando tanto, tanto que ya no querré tenerla más – digo con tono lacónico.

- ¿Es porque estás solo? – pregunta con cierta impresión de interés, o eso logro notar de ella.

-No, es porque ya he vivido mucho… - digo escuchando unos pasos y una mano que tocan uno de mis hombros.

-Sir CATARIS, ¿Qué hace aquí bajo la lluvia?, no se nos dañe de esa manera – el joven Bruglong aparece de la nada y me cubre con una sombrilla, es el encargado.

-Ya no hay forma en que no me dañe, todos los días mi cuerpo mismo hace eso, nada más que dañarse… - en ese momento pienso en que nuestro propio organismo se consume a sí mismo, eso fue algo de lo que mucho tiempo atrás me entere por un amigo en medio de una conversación poco interesante, ya que él era científico y muy bocón.

-Lo necesitamos perfecto, usted aun nos sirve de mucho… - me dice la voz dulce de Bruglong.

-No lo creo, nunca estaré perfecto… - le digo al caer en cuenta de mi estado actual.

-No se preocupe, la perfección no es más que la imperfección misma… - me dice el, parece que eso lo he escuchado de algún artista.

-Ya lo entiendo, entonces ya no tengo nada mas de que quejarme, nada más que esperar, no tengo que hacer nada más, ¿cierto? – miro sus ojos, tiene lentes finísimas que denotan en él una hermosura juvenil, es tal como se vería un joven de hoy en día, cabello cortado delicadamente, afeitado con sutileza y con un perfume llamativo.

-Sí, Sir CATARIS, ¿Lo conduzco en este momento? – hace ademan con una mano, es como si hiciera una reverencia, pero realmente me quiere guiar.

-Apreciaría eso, pero ya no tengo fuerzas para seguir… - toso y miro el cielo poblado de miles de lluvias que caen esparciéndose por la ciudad.

-Tranquilo, Sir CATARIS, yo sé cómo llevármelo - se inclina levemente frente a mí – Suba, por favor.

-Sí, gracias - me subo en su espalda, mi peso debe ser mínimo.

- “El yugo de la desesperanza y la muerte te llevará, el camino será oscuro al inicio, pero al final, será tan luminoso, que te perderás en esa espesa luz dejando de lado toda preocupación, así alcanzaras aquello que anhelas” – la voz de Bruglong es cálida, como sentarse frente a la chimenea con una taza de café.

Soy conducido, todo es lo más parecido al cielo, pero realmente:

- “Caminaba con las manos atadas, arrastrándome a la sentencia que todos deseaban para mí” – me dije al reconocerme a mí mismo, caminando hacia mi juicio final, un juicio donde muchos rostros sin facciones me miraban, donde miles de sonrisas transgredían mis sentimientos humanos, eran burlonas, eran como las de los padres de las iglesias.

Ahora, alguien más en la ciudad está muerto, su cuerpo es hallado tirado en un callejón, empapado en la lluvia, frío, bocarriba y con sus ojos mirando al cielo. Otra muerte inexplicable.


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Imagen: https://www.deviantart.com/tinhan/art/there-are-worse-places-532519792

10 de Noviembre de 2019 a las 21:40 0 Reporte Insertar 1
Fin

Conoce al autor

Anderson Cervantes Mi razón de escribir es que al empezar a leer, no puedo parar, los días en que no lo hago me siento en el mismísimo infierno, todo nació en una biblioteca en la cual me dictaban clases de inglés, miraba los libros día tras día, tome uno, me gusto y busque más, luego un amigo me desafío a un reto de escribir un libro en un mes y lo hice a medias, le gustaba y entonces lo seguí.

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