Un vínculo especial Seguir historia

julietta05

Un breve relato que intenta mostrar la confianza y el amor que nos dan los abuelos con un matíz de humor pero sin perder el motivo principal.


Historias de vida Todo público.

#pasatiempos #abuelos #viajes #familia
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INESPERADO...

Como cada sábado por la mañana observé por la ventana como aquel pequeño coche rojo aparcaba delante de mí casa y, pacientemente, me esperé hasta oír el timbre para ir a abrir la puerta. Hacía días que esperaba este momento, el día en que mi hijo y su familia venían a comer. Cuando les abrí la puerta, mi hijo Josep, me preguntó:

-Hola padre, ¿cómo estás?

-Voy tirando ¿Y vosotros? ¿Qué no viene María? ¿Has venido solo? – Ya me temía lo más fatídico.

-Muy estresados... Por cierto, te tengo que decir una cosa.- Me contestó mi hijo todo nervioso y apresurado.

-De acuerdo pero primero entremos.

–No padre. Es que no me quedo a comer, no me puedo esperar. Tengo que coger un avión dentro de dos horas. Como ya sabes, la semana que viene es la primera semana de verano y María y yo seremos fuera por un viaje de negocios...(Vaciló unos instantes) Necesitamos que te hagas cargo de Pol.

-¿Por qué no me lo habías dicho antes?- Mascullé pero viendo la cara que ponía preferí aflojar.- Ya me lo quedo yo, no sufras.

-Gracias padre, Pol ya lleva la maleta con todo el necesario. Adiós y muchas gracias de nuevo.

-De nada. Va marchate. Espero que os vaya bien, ah, y dale recuerdos a María de mi parte.

No se hizo rogar y se marchó tan rápidpo que pareció que se había ido volando, dejándonos a mí nieto y a mí solos. Él y yo no teníamos mucho relación, a decir verdad no era muy comunicativo. Tenía 13 años y a pesar de ser tan joven ya tenía uno de aquellos cacharros electrónicos al que todos los chicos y chicas de su edad estaban enganchados, solo sabían enviarse mensajes y dar likes a las fotos que colgaban a la Instagram. Él, por un glorioso instante, desenganchó los ojos de la pantalla y me dijo:

-No tienes wifi? Es que el móvil no me va y no quiero gastar datos.- Ese fue el gran saludo que me dio.

- Buenas, yo también me alegro de verte. Estamos en la montaña y aquí no llega. Va, vamos a comer. He hecho escudella.

Lo llevé a la cocina y se sentó en una de las sillas de madera cerca de la mesa que yo usaba para comer. Serví el almuerzo y él no dijo absolutamente nada durante toda la comida. El silencio, espeso, se podía respirar en el ambiente. Cuando acabó de comer, se levantó y se dirigió al sofá, donde se pasó la tarde entera (con el móvil, evidentemente); solo se levantó para merendar. Al atardecer, mientras era a la cocina preparando la cena, un grito rasgó el silencio.

-Argh! Se me han acabado los datos, no me lo puedo creer!

- Ostras, esto suena terrible.- Me burlé yo ganándome una mirada calzinadora.- Va, ven a cenar. Después ya haremos algo para que no te aburras.

-¿Qué? ¿Jugar al parxís? ¡Ya no tengo 6 años viejo!

(Aquellas palabras me hirieron. ¿Qué clase de educación era aquella?)

Al acabar de cenar, le propuse de jugar al ajedrez o a las damas pero me miró con desdén y se fue a la habitación a dormir. Pero antes, para mostrarme su enfado, dio un buen portazo para cerrar la puerta de su habitación.

Los días siguientes seguí con mi rutina diaria y él a veces se interesaba por el que hacía. Me espiaba de reojo y, poco a poco, empezó a ser él quien buscaba mi compañía.

-¿Qué cojones haces ahora viejo?- Me preguntó.

-Estoy esquilando una oveja. Si quieres aprovechamos y te esquilo estas greñas que llevas cuando acabe.- Le propuse mirando su largo y despeinado cabello.

-Esto es la moda. Además, lo que estás haciendo es muy fácil y el cuidado de mi pelo es mucho más complejo.

-Va, ven y pruébalo tú, listo de ciudad.- Le dije pasándole las herramientas y haciéndome a un lado.

Nunca me había reído tanto; al intentarla esquilar la oveja le huyó corriendo y él, al seguirla, se cayó de bruces al barro.

-No es hora de hacerse mascarillas señorito.- Le dije para hacerlo enfadar. Pero aunque él frunció el ceño nos pusimos a reír como locos y durante la cena todavía duraba el buen humor. Por fin se iba deshaciendo el hielo que había entre los dos.

El último día, lo hice levantarse temprano. Le tenía una buena sorpresa preparada. Quería dejarlo boquiabierto subiendo a la cumbre de una montaña llamada St. Miquel.

-Ahh... ¿Qué pasa, qué hora es?- Refunfuño él cuando le quité las sábanas de golpe y casi se cae al suelo.

-Hora de levantarse, nos vamos de excursión.- Le respondí yo.

Después de desayunar cogimos las bicicletas, que había preparado el día anterior en el garaje, y pedaleamos hasta la montaña. Al llegar, las dejamos entre matorrales de brezo y nos ensartamos por una vereda. Me sabía el camino de memoria así que iba a paso ligero y a mi nieto le costaba seguirme el ritmo.

-Abuelo, ¿qué te persigue el diablo?

Astorado mi respuesta tardó llegar, me había quedado mudo. Era la primera vez que me decía abuelo no viejo.

-Eh...no, perdona me he embalado. -Le contesté aún embobado aflojando el ritmo para que me pudiera seguir y continuamos con el ascenso. Al llegar arriba disfrutamos del paisaje y de la compañía que nos ofrecíamos.

-!Te felicito! Has andado tres horas seguidas. Te puedes sentir orgulloso- lo felicité.

-Gracias. No ha estado nada, podría continuar andando- me dijo él hinchando el pecho.-Ha sido lo mejor día de mi vida, con mis padres no lo he hecho nunca, dudo que lo llegue a hacer.

Sus palabras me sorprendieron y quise indagar un poco.

-¿Por qué? No se sabe nunca.

Su tono era triste cuando me respondió.

-Padre y madre siempre son de viajes de negocios y sino están cansados porque vienen de uno. No salimos nunca en familia, sino es para ir a cenar... pero no pasa a menudo.

-Si quieres, cuando me vengas a ver nos vamos de excursión y pasamos el día fuera.

Los ojos le brillaban cuando me dijo que sí enérgicamente mientras me abrazaba y me sentí la persona más feliz del universo, no me podía creer que la situación hubiera cambiado tanto del primer día.

-Eres admirable abuelo. Te quiero muchísimo.

Me soltó y le dije lo que sentía desde hacía unos días:

-Yo también.-Le respondí despeinándole los cabellos con amor.


9 de Noviembre de 2019 a las 14:25 0 Reporte Insertar 1
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