Fantasía de un último deseo Seguir historia

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"No importa dónde busque... ella no está. Desapareció de este mundo". Cuatro meses habían pasado tras la desaparición de su amada. Alex, a casi un año de convertirse en Cazador Espiritual y defender a la ciudad de Lyon de la amenaza de los Invasores, la busca sin descanso. Comienza a recordar todo lo que sucedió durante ese año. Cómo cambió su vida completamente, cómo adquirió sus poderes, cómo la conoció a ella y se enamoró perdidamente... y cómo fue su extraña desaparición... ¿Seguirá su amada con vida en algún lugar?


Fantasía Épico Todo público.

#extraterrestres #heroes #romance #aventura #acción
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Capitulo 1: ¿Dónde estás?

―Me gustas...

Al fin era capaz de decirlo. Aquellos cinco minutos tratando de confesarse le parecieron eternos. A pesar de la agitación de su corazón y de morderse constantemente los labios, las palabras salieron solas.

La cara de sorpresa de ella fue evidente, estaba sonrojada. Y él también lo estaba. Quería esconderse o salir corriendo, pero hacer algo así solo demostraría su cobardía. Tenía miedo, ¡pero ya no podía dar marcha atrás! ¡Necesitaba saber cuáles eran los sentimientos de ella!
Hubo un incómodo silencio en que Alex no supo qué hacer. Aquellos segundos le parecían perpetuos. Se sintió como si estuviera naufragando en un mar desconocido. No sabía para donde debía nadar, si zambullirse o si dejar que la corriente se lo llevara. Pero había que ser sincero con su situación: ya estaba completamente sumergido e iba ser muy difícil volver a la superficie. Sin embargo; se dio cuenta que aquel silencio no lo beneficiaba en nada. Tenía que decir algo.

―Siempre he querido decírtelo. ―tragó saliva―. Desde que te conocí... desde la primera vez que te vi.

El rostro de ella poco a poco dejó su color rojizo. Ya parecía más serena y tranquila. Comenzó a hablar, y al momento de hacerlo el corazón de él volvió a enloquecer tan intensamente que sentía que el pecho le iba a estallar. ¿Acaso era eso posible? No lo sabía. El solo hecho de pensar e imaginar qué palabras saldrían de esos hermosos labios, lo ponía nervioso.

―Yo...

La puerta de su habitación se abrió de golpe. Alex despertó sobresaltado.

―¿Tú qué? ―le preguntó a quién sabe quién―. ¿Qué piensas de lo que te dije? ¿Podremos estar juntos?

―¿Con quién hablas?

―¿Eh?

Poco a poco tomó lucidez de su situación actual. No estaba frente a la mujer que le gusta, declarándose. No. Se encontraba acostado en su cama y su hermano se hallaba de pie en la puerta de su habitación. Todo había sido un sueño.

"¡Rayos!"

―¿Qué te pasa? ―preguntó su hermano, que lo miraba riéndose desde su posición.

― Nada, un sueño.

―¡Qué fantasías más raras tienes!. Apuesto que con todos los sueños que has tenido, podrías fácilmente hacerte un escritor de novelas románticas. ―dijo, burlándose de él.

―Bueno, ¿qué quieres? Si viniste a despertarme así debe ser algo importante.

―Pásame el juego que te presté hace unos días. Lo necesito urgente.

―¿Era solo eso? ¡Diablos! Podrías haber venido más tarde. Estaba ocupado. ―respondió, enojado con su hermano.

―Sí, ya veo. Muy ocupado ―exclamó, con ironía―. Quizás con quien estabas soñando. Ya, dame lo que te presté y sigue en lo tuyo.

―Está ahí, en el escritorio ―apuntó con el dedo hacia el mueble que se encontraba al costado derecho de la cama―. Sácalo y lárgate.

Estaba molesto. Solo quería volver a su sueño. Volver a aquellos tiempos que tanto anhelaba. Volver...Volver...Volver... Pero ya no era posible. El pasado se había marchado dejando solo el recuerdo y el anhelo de un reencuentro.

Su hermano avanzó por la desordenada habitación y llegó al escritorio. Tomó el juego que buscaba y salió cerrando bruscamente la puerta.

Alex miró el reloj de pulsera. Eran las diez en punto. Muy temprano para levantarse un lunes en vacaciones. Volvió a acostarse, tapándose por completo con la sábana.

"Con que era un sueño. Parecía tan real. ¿Real? ¡Pero si eso fue real! ¿Hace cuánto que pasó? ¿Hace seis o siete meses? Sí. ¡Qué rápido pasa el tiempo! Y yo lo sigo recordando y soñando siempre. ¡Qué mal! Aunque, no me esfuerzo en olvidarla. Es algo que no puedo hacer. Debo seguir buscándola... "

―¡Alex, te llaman afuera! ―gritó, de pronto, su madre.

No escuchó ningún grito. En ese momento se encontraba completamente sumido en sus pensamientos.

"La forma en cómo desapareció fue tan extraña..."

―¡Alex! ―siguió gritando su madre. Los alaridos retumbaban en toda la casa. Desde la habitación de Alex, se escuchaba como los hermanos de él le pedían a la madre que no gritara tan fuerte. Y Alex ni se inmutó.

"Y su familia no sabe nada. Ni la policía ha encontrado rastros de ella... Han buscado en otras ciudades y pueblo... y nada. Es como si se la hubiera tragado la tierra."

La puerta volvió abrirse bruscamente. Para la suerte de Alex, no era la molestia de su hermano, pero si era su madre.

―¡¿Y tú estás sordo?! ―vociferó la madre.

―¿Qué pasa, mamá?

―Alguien te está buscando afuera. ―dicho eso, salió de la habitación, cerrando la puerta con la misma brusquedad con la que la abrió.

―¡Ten cuidado con la puerta! ¡Después no estaré comprando una si la rompes! ―gritó enojado.
"Mierda, que nadie deje dormir en paz en esta casa."

Se colocó unas chancletas y salió rápidamente al encuentro de su visitante. ¿Quién podría ser? Hace un mes que no se juntaba con sus amigos.

―¡Hola Alex! ¡Lindas tus chancletas de perro!

Quién lo venía a ver era Max.

―¡Max! ¡Hola! ―lo saludó con un fuerte abrazo. Se sentía feliz de volver a verlo―. ¡Deja tranquila mis chancletas! ¡Tienen estilo! ―ambos rieron―. Vamos a conversar a mi habitación.

―Está bien.

Max saludó a la madre y a los hermanos de su amigo. Luego se fueron a la pieza.

―¿Y a qué se debe tu visita? ―preguntó Alex, cuando ya estaban sentados. Él en su cama y Max en una silla de escritorio.

―Nada interesante. Quería saber cómo has estado.

―Ya estoy bien ―dijo, encogiendo los hombros―. Y la verdad es que me he sentido muy aburrido. No he hecho muchas cosas que digamos.

―Me imagino. Has estado fuera de acción por un buen tiempo.

―Sí, tenía que calmarme un poco y pensar las cosas. El Viejo me dio un mes de descanso para eso y no he matado a ninguno en todo ese tiempo. ¿Y tú? ¿Cómo has estado?

―Bien, matando como loco. ―sonrió.

Max miró la habitación de Alex. Era un caos, se notaba que no ordenaba desde hace un buen tiempo. El piso estaba lleno de papeles doblados a la mitad y otros hechos picadillos, junto a ropa y libros. En la pared tenía un mapa enorme de toda la ciudad y sus alrededores, en él había equis marcadas en todos los lugares. Le sorprendió ver en el escritorio una foto de ella. Comprendía lo duro que había sido todo para Alex... y para todo el grupo.

―¿Hay muchos? ―la pregunta de Alex lo liberó de los recuerdos que lo atacaron.

―No. Pero están empezando a aparecer más. No sé qué está sucediendo. El promedio era entre diez a quince por día, pero ahora eso subió a veinticinco.

―¿En serio? ―Alex quedó sorprendido―. Es extraño.

―El Jefe nos dijo que algo los está generando y que es todo un jaleo. En fin, de tratar de averiguar eso se preocupa él. Yuuki y yo lo único que hacemos es matarlos, da igual cuántos sean. A veces se une Naomi. Pero como ya sabes, ella se encarga de otras cosas.

"Yuuki. No he sabido nada de ella. Debe estar bien. La he extrañado, me encantaría verla... y que los cuatro estemos juntos otra vez... ¡Qué viejos tiempos! A Naomi igual la extraño mucho."

―¿Cómo ha estado Yuuki?

―Bien, está mejorando sus habilidades de Cazadora, no la reconocerías. Yo creo que hasta puede derrotarte.

Sonrieron.

―Hombre, esto de ser Cazador Espiritual me ha cambiado la vida ―dijo Max mientras se estiraba y volvía echar un vistazo a la foto de la niña que tan enamorado ha estado Alex.

―A mi igual ―exclamó Alex, dándose cuenta de lo que miraba Max. También observó aquel retrato en el escritorio. Aquel retrato que todos los días le daba las fuerzas para seguir adelante. Un remolino de tristeza lo atacó, era inevitable sentirse así.

Silencio. Parecía que no tenían nada más que hablar, pero sí que lo había. Ambos pensaban en lo mismo, pero no eran capaces de decirlo.

Max suspiró. Tenía que romper el silencio. Tenía que hablar sobre eso... sobre ella.

―¿Has sabido algo de ..., tú ya sabes ―titubeó, no quería hacer sentir mal a Alex con la pregunta―, algo de ella?

―Nada. ―la respuesta de Alex fue cortante y con frialdad. Cualquiera pensaría que el tema no le importaba, pero en el fondo solo quería romper a llorar.

―¿La has buscado?

―Por supuesto. Todo este mes me he dedicado solo a eso, pero no hay resultado. ―Alex miró a Max buscando algún consuelo. Estaba agotado―. También le he preguntado a todas las personas que la conocían y nada. Me fui de viaje a las ciudades contiguas a Lyon, pero fue un fracaso. Es como si se la hubiera tragado la tierra.

―Me imaginé que estuviste haciendo todo eso en el mes en el que te ausentaste. Debes estar muy cansado. Nosotros también hemos tratado de encontrar su rastro, pero se nos ha hecho muy difícil. No podemos dejar a la ciudad de Lyon desprotegida. Lamentablemente ya han pasado cuatro meses ¿Crees qué está muerta?

―¡No! ―respondió alterado. El solo pensar que podría haber muerto, lo perturbaba mucho―. Ella es fuerte. Alguna explicación debe tener su desaparición.

―Quizás se fue a vivir a otra ciudad. Nunca supimos mucho de ella. Quizás tenía muchos problemas y decidió escapar de ellos.

―No. Su familia me lo habría dicho.

―No sé. A veces hay problemas que quedan solo en familia y no se lo dicen a nadie, por muy amigos que seas de sus padres.

Alex guardó silencio. Se sentía tan cansado de hablar sobre el tema y no llegar nunca a algo concreto.

―A ti te gustó tanto... ―Dijo Max.

―Sí ―agachó la mirada, buscando en su mente algún recuerdo. El cómo la conoció, la declaración, los ojos de ella, el cabello esponjoso... Luego miró la foto que tenía. Sonrió―. Y aún me gusta.

―Alex, siento decirte esto, pero en dos semanas más empezamos las clases en la universidad. Se nos está acabando el tiempo. No sé si lo tenías presente.

―Es verdad. ―Alex suspiró. Lo había olvidado por completo.

―El Jefe me dijo qué es lo que le podría haber pasado. ―dijo Max hablando más despacio, casi susurrando. No sabía si decirlo. No quería darle falsas ilusiones a su amigo. Pero ya lo había empezado a hablar―. Es solo una teoría.

―¿Qué?

―¿Recuerdas el rango cero con el que peleamos? La última pelea donde luchamos juntos.

"Aquella pelea... como olvidarla. Esa puta pelea... Ese puto Invasor."

―Sí, el que explotó al final.

―Ese mismo. El Jefe cree que el principal propósito de ese imbécil era secuestrarla. Cuando explotó, logró sobrevivir y la raptó. Ni idea de cómo lo hizo.

Alex frunció el ceño. Encontraba inverosímil esa opción.

―¿De dónde sacó el Viejo tal idea? Es imposible que haya seguido con vida con el ataque que le dimos.

―Es mejor empezar buscando siguiendo una pista que seguir buscando en la nada. Aunque también pienso que es imposible que viviera. Vimos claramente cómo murió.

Alex asintió.

"Iré a ver en unas horas más al Viejo. Quizás él pueda explicarme mejor las cosas."

En ese momento una alarma comenzó a sonar en la chaqueta de Max.

―Es la señal. Debo irme. Quizás que cosa será esta vez. ―dijo, mirando el extraño dispositivo que hacía ruido―. No es tan lejos de aquí.

―Hasta luego. Si tienes problemas, llámame, te puedo echar una mano. Y así vuelvo a la acción.
Alex miró el artefacto que Max tenía en sus manos. Un objeto que vio como algo muy lejano. ¡Cómo añoró volver a tenerlo, a pesar de que el ruido que emitía era tan molesto!

―No será necesario. He entrenado bastante. No hallo la hora de tener mi revancha y derrotarte. ¡Hasta la vista! ―se marchó de la habitación de Alex, desapareciendo. Se había esfumado por completo.

―¡Ja! ¡Qué manera de irse, podría haberse largado como la gente normal! ¡Para eso están las puertas! ¡Ese Max y su técnica de teletransportación! ―se encogió de hombros―. Nunca seré capaz de superar aquella velocidad tan monstruosa que tiene.

Paseó en su habitación, pensativo. Las cosas que le había dicho Max lo inquietaron. Tenía que buscarla, pero no sabía por dónde. Miró el gran mapa que tenía. Ya había visitado muchos lugares. ¿Cuál faltaba?

¿Y si consideraba la idea del Jefe? No era tan descabellada, pero encontraba absurdo que el desgraciado hubiese sobrevivido. Además, el asunto de que estaban apareciendo más, le preocupaba. Desde que empezó a ser Cazador nunca había sucedido algo así. Pero lo más importante era ella, lo otro podría esperar.

Estuvo todo ese día ―al igual que los días anteriores― visitando lugares en donde había estado con ella. Lugares que ya había visitado tantas veces, buscándola sin resultados. Pensaba y pensaba.

"¿Dónde estás?"

Sin darse cuenta había vuelto a la plaza donde había empezado todo. La plaza donde Naomi lo salvó y lo llevó donde el Jefe. Un año había pasado desde entonces.

8 de Noviembre de 2019 a las 23:35 0 Reporte Insertar 1
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