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La espera incierta se desvanece con el tiempo, y sólo se transforma en el deseo de lo que no fue. Sofía, ¿dónde te escondes?


Cuento Todo público.

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Sofía

Pequeña Sofía, ¿aún te escondes? ¿Acaso he olvidado contarte lo bello que se ve el mundo desde aquí, con sus tragedias y demonios, con sus miles de colores esparcidos por doquier?

Debería de soltar mensajes al viento, y esperar que lleguen a ti. Pero estás tan lejos, mi querida, que pasarían años con la esperanza intacta, pero el silencio a mis preguntas impregnado en las paredes de mi alma. Sofía, Sofía.

Tu nombre es tan vulgar y valiente, que podría dedicarte miles de sonatas sin olvidarte. ¡Oh, Sofía! Estoy tan asustado, desespero y vuelvo a caer en la terrible agonía de no saber nada de ti. Ya no existe un límite entre la realidad y la fantasía; puedo imaginarte, frente a mi en aquel café. ¿Te acordarás de Doña Pocha, con su delantal de flores hecho trizas por los años? Siempre dudabas de por qué no lo dejaba, incluso le regalaste uno.

Quizás lleva consigo un recuerdo que lo atormenta, quizás necesite el calor de aquel viejo pedazo de trapo... Un calor repleto de amor, de besos que se han marchado con la promesa de regresar. Ella aún se acuerda de ti, con una sonrisa. Y cada vez que escucha tu nombre mira hacia el cristal, buscándote entre los árboles del bosque, ahogando la necesidad de fundirse en tu abrazo en una lágrima escondida. La ténue luz dibuja sombras entre arrugas de su rostro, algo confundida por el paso del tiempo. Respira, serena, y toca mi brazo en búsqueda de un consuelo que mata cada entraña de su ser. Se marchita, Sofía, se marchita su esperanza con el horrible “Tic-Tac” de aquel viejo reloj. Solitario, en la misma mesa de siempre, perdiendo mi mirada en el casi ausente humo de aquel cigarrillo que, hace un instante, tan sólo fue.

Alguna vez sospechaste de quién te buscaría si, de repente, te esfumaras. Mientras, sospeché de cuánto resistiría sin tenerte. Ahora camino, sin saber en dónde he de encontrarte. El sol se esconde, cariño, dando vida a la sangre de mis heridas. Sofía, Sofía, Sofía. Puede que no vuelva a saber de ti, pero jamás he de olvidar tu nombre.

¿Dónde estarás ahora, Sofía? ¿Dónde esconderás tu cabello revuelto y aquel suave rulo que caía sobre tu frente? Solías sentarte en la ventana y cantar canciones a los niños que pasaban por allí y, al terminar, sonreías y refregabas las manos sobre tus piernas. Incluso jugabas con los hilos de tu jean rasgado favorito. Había tanta luz en ti que no imagino como ha de apagarse. También te recuerdan, Sofía, y se marchan al igual que Doña Pocha, con la desesperanza apretada entre sus manos. Suspiran, tan lento y fuerte, que puedo sentirlo en mi pecho. Y me ahoga ese nudo que generas en mi, querida. Oculto el rostro entre mis manos y las siento ásperas, ajenas. No puedo reconocerlas, tal vez simplemente no quiera saber cuánto tiempo ha pasado.

¿Dolerás? Más aún, imposible. Mi Sofía, amor.

7 de Noviembre de 2019 a las 23:11 0 Reporte Insertar 2
Fin

Conoce al autor

Giulia Monfort "Giulia Monfort" es un simple seudónimo. Escritora independiente, oriunda de la ciudad de Las Flores, Buenos Aires (Argentina). Escribo desde los 11 años, adorando la poesía, las novelas y la esencia tan fundamental de simples microrrelatos.

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