Amarga Paciencia. Seguir historia

aldec01 Aldeco René

No es un secreto, todos deseamos poseerla y formar parte del eterno eco de sus tacones. Por ahora cualquier medio justifica el fin y el nuestro corrompe todo aquello que siempre se ha creído correcto.


Erótico Todo público.
Cuento corto
2
646 VISITAS
En progreso
tiempo de lectura
AA Compartir

Amarga Paciencia.

Cada día a su ludo era cumplir mis anhelos más profundos, podía saciar mi dignidad y aquel extravagante deseo por no morir. Contemplaba su rostro oculto tras la sombra de cualquier pretexto y fantaseaba con aquellos matices de un cuadro titulado con su nombre. Camina de nuevo rumbo a la misma oficina en la que tantas veces la he visto entregarse a los deseos entre el recuento de decenas de dedos temblorosos, el calor de las sonrisas y el fétido aroma de alientos mezclados al gemir. La admiro sentada mientras monta su pierna derecha sobre su muslo izquierdo y golpetea ligeramente un bolígrafo en su frente, frunciendo el ceño trata de analizar un detalle más de una empresa a la que no le importa; aquella mecánica y monótona costumbre por contar los centavos en manos ajenas. Hoy quisiera pedirte te acercases a mí con ese andar característico que resalta tus nalgas bajo tu minifalda, con aquel par de tacones que reafirman tus pantorrillas y ese saco ajustado que oculta tus senos pequeños pero firmes, mismos que hacen oscilar aquella matricula que nos identifica en esta microcelda para la cual tú no has nacido. Mírame. Hoy es el día que tanto tiempo llevo soñando transcribir en hojas recicladas en un atardecer que dance con mis ideas. Una necesidad por sonreír se apodera de mis labios, puedo recordar cada milésima de segundo en la que tu recuerdo me ha satisfecho y ha dejado mi pulso fuera de control. Debo hacerte comprender que no necesito detalles más allá de lo que me complacen tus costumbres, tu monotonía abre mi apetito y lo sacia la espontaneidad de mis reacciones al observarte mojar el suelo.


- Buenas tardes señorita- saludo justo después de abrir la puerta sin siquiera haber tocado-, me pareció extraño verla tarde en su oficina.


- Las cosas no han resultado como lo esperado Nayr -contestó al voltear su rostro para reconocerme y nuevamente regresar a la reflexión de un conjunto de negativas-, lo menos que podría esperar es estar a solas, así que por favor retírate y cierra bien la puerta al salir.


No estaba dispuesto a moverme, era mi oportunidad y no la sacrificaría. El entorno olía a jazmín y la alfombra era lo suficientemente suave para relajar la planta de mis pies aun dentro de aquellos viejos zapatos. Necesitaba arrancarla del presente y someterla a mi propio tiempo, a aquel espacio en el cual solo existiríamos ella y yo; a aquel metódico porvenir de ideas en la oscuridad de mis recuerdos.


- Lo comprendo- respondí al girar y cerrar la puerta por dentro-, creo que usted carga demasiadas e innecesarias preocupaciones. La realidad consiste en no inquietarse por nada más allá de lo que sus instintos han podido satisfacer y creo que los mismos la han mantenido a usted en una excelente situación. Debería recordar que no es menester sobrellevar la carga de todos a la vez, hágalo tal cual hace aquí, turne sus preocupaciones y sustitúyalas por remuneraciones que harán que importen poco las carencias.


- ¿Quién te has creído tú? -Pregunto furiosa al incorporarse y sostener un bolígrafo como si se tratase de un cuchillo-. Abre inmediatamente esa puerta y lárgate de aquí, poco te importa lo que haga. El lugar en el que me encuentro justifica tu salario.


- Aun así me parece tan encantadora -dije al levantar el rostro y mirar su ceño fruncido-, aparentemente preocupada, sin tomar en cuenta que todo se soluciona al mostrar el borde de tu falda ajustado a tus muslos. Cada uno de ellos debería pasar nuevamente y de las peripecias obtendrías lo necesario para no pensar más en estúpidos declives. Seamos francos, usted ahora lo único que necesita es sacar de su cabeza todas esas ideas absurdas de estatus, ya que hoy voy a demostrarle que no todos somos esclavos de la monotonía. Aprendí de su ejemplo y creo saber claramente como es de su agrado el cubrirse la boca con manos ajenas.

6 de Noviembre de 2019 a las 06:09 0 Reporte Insertar 1
Continuará…

Conoce al autor

Comenta algo

Publica!
No hay comentarios aún. ¡Conviértete en el primero en decir algo!
~