El verano que lo cambió todo Seguir historia

ondrealion Ondrea Lion

Julia fantaseaba con Ben desde que tenía uso de razón, él era el hombre de sus sueños. Ella siempre sospechó que su padre la mandó a estudiar lejos por su obsesión con aquel joven que vivía a unos pocos metros de ellos, un mujeriego de mala fama que cambiaba de novia como quien cambia sus calcetines sucios. Él era siete años mayor que ella, y cuando tenía 12 años, un chico de 19 años era una opción inalcanzable -e ilegal-; pero ahora que ella tenía 19 años, decidió tomarse un año libre antes de recomenzar sus estudios en la universidad de su escogencia, volvería a casa y volvería a ver a Ben. Pero al llegar a su hogar, él se había mudado sin dejar rastro, nadie conocía su paradero, y no había manera de ubicarlo. Julia no tenía otra opción más que compartir su tiempo con otros amigos de la infancia, sin imaginarse que aquel verano cambiaría todo en su vida.


Erótico Sólo para mayores de 18.

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CAPÍTULO I

Julia se dirigió al baño del avión por tercera vez, no había sido una buena idea colocarse ropa interior nueva para un viaje tan largo, jamás se imaginó que aquella delicada tela le causaría tanta picazón.

Sus razones para colocarse aquel sexy conjunto habían sido tontas, regresaría a casa después de cinco años y finalmente volvería a ver a Benjamín.

Ben, el hombre de sus sueños.

Desde que tenía uso de razón fantaseaba con su vecino, quien era siete años mayor que ella; cuando tenía 10 años, un chico de 17 era una opción inalcanzable -e ilegal-; pero ahora que ella tenía 19 años, emparejarse con un hombre de 26 años no parecía tan descabellado.

Siempre sospechó que su padre la mandó lejos por su obsesión con aquel joven que vivía a unos pocos metros de ellos, un mujeriego de mala fama que cambiaba de novia como quien cambia sus calcetines sucios.

Aquella vergonzosa noche cinco años atrás, la había atormentado por mucho tiempo, hasta el día que decidió que no podía cambiar el pasado y que debía dejarlo atrás. Realmente había sido una tontería. Una tontería bochornosa, eso sí, pero una tontería al fin y al cabo

En ese entonces, Julia estaba cumpliendo 14 años cuando decidió alejarse del bullicio de su propia fiesta, se sentía acalorada y abrumada por los regalos y atenciones, y decidió caminar por el jardín lateral cuando comenzó a escuchar unos gemidos de placer.

Su hogar y el de sus vecinos, estaban separados por unos matorrales, fácilmente se podían ver unos a los otros.

No pudiendo contener su curiosidad, se asomó cuidadosamente, y fue así como vio que sobre una manta en la grama, se encontraba Benjamín con la cabeza entre las piernas de una chica, una hermosa rubia con cuerpo de modelo, que a los pocos segundos de ser observados sin saberlo, comenzó a gritar pidiendo más de la experimentada boca de su vecino.

Julia nunca compartió con nadie lo que sintió esa noche, aquella visión despertó su apetito carnal, lo supo cuando sintió como su entrepierna se humedeció y un deseo por ser tocada creció en su interior.

Por unos minutos permaneció ahí, contemplando absorta esa escena tan acalorada, pero su consciencia le gruñó que estaba invadiendo la privacidad de la pareja, por lo que decidió que era momento de regresar a su fiesta.

Se llevó una desagradable sorpresa al encontrarse con su padre a un par de metros tras de ella, su corazón comenzó a saltar dentro de su pecho por la vergüenza; ambos actuaron como si Julia no estaba observando una escena prohibida y su padre no la había descubierto.

Regresaron al interior de la residencia sin pronunciar palabra, pero Julia sintió los engranajes dentro del cerebro de su padre maquinando. Por unos días se mantuvo así, silente, pensativo, trazando planes.

No le sorprendió que su papá le dijera que había decidido enviarla a Europa a estudiar en aquel internado de señoritas en Suiza. Martin Jensen era un hombre chapado a la antigua, un tanto machista, aunque pretendía que no lo era.

Julia era su única niña, su bebé, la menor de cuatro hermanos; deseaba lo mejor para ella, y su versión de lo "mejor", era ofrecerle al mundo la ama de casa ideal. Por supuesto que la quería culta y llena de conocimientos, siempre y cuando dentro de esa preparación tuviera un amplio saber sobre la cocina, la belleza y los buenos modales.

Sin desearlo conscientemente, esperaba que ella fuera la perfecta esposa trofeo, por eso pretendía darle la mejor educación posible, para que su exhaustiva formación no le permitiera casarse con cualquier mequetrefe. Una mujer bien preparada no se conformaría con cualquiera.

Que pudiera alejarla de Benjamín solo era la cereza final que adornaba el helado, y tanto fue su empeño, que todas sus vacaciones y tiempos de ocio los ocupó recorriendo Europa, pasarían cinco años antes de que tuviera la oportunidad de regresar a casa, y con eso, la oportunidad de volver a ver a Ben.

Obviamente luchó con todas sus fuerzas para no ir a aquel alejado internado esclavizador femenino, pero una niña de 14 años no tenía mucha ventaja sobre su poderoso y acaudalado padre, sobre todo un padre que veía como crecía la obsesión de su hija por el irresponsable y derrochador vecino que se acostaba con diferentes chicas cada semana.

Posteriormente su educación en Suiza finalizó, y siendo mayor de edad y libre de utilizar el fideicomiso que su padre había dispuesto para ella cuando cumpliera 18 años, no hubo manera de que evitara que regresara a su hogar. No lo había hecho un año antes por respeto a sus padres, realmente los amaba, pero ahora... ahora era una mujer de 19 años, y decidió tomarse un año libre antes de recomenzar sus estudios en la universidad de su escogencia, tenía las calificaciones y los recursos para decidir la carrera que quisiera y donde quisiera, pero primero quería tomarse un tiempo libre, quería volver a casa y quería ver a Ben.

Sí, estaba al tanto de que era una tontería poner su vida en pausa por un hombre que nunca se fijó en ella y que probablemente la consideraba una chiquilla, pero no podía evitarlo.

Julia había perdido su virginidad a los 17 años en un crucero por los mejores destinos del norte de Europa, fue muy romántico, al aire libre bajo un cielo exageradamente estrellado, y sin embargo, pensó en Ben todo el tiempo, lo mismo pasó con el segundo chico con el que mantuvo relaciones; su atractivo vecino se mantenía en sus pensamientos.

Cuando la besaban se imaginaba los carnosos labios de Ben, eran sus rubios cabellos lo que creía jalar y sus seductores dedos los que se introducían en su ser. Por eso dejó de intentarlo con otros, dos experiencias fueron más que suficientes para indicarle que debía finiquitar su capricho por Benjamín si pretendía mantener alguna relación normal algún día.

De vuelta al presente, las palmas de las manos de Julia sudaban copiosamente, no entendía por qué estaba tan nerviosa, no debería tener ninguna expectativa.

No sabía si Ben se había casado, o si tenía una relación formal. No sabía nada sobre él, se había cuidado de no preguntarle nada a su familia para no levantar sospechas.

En su cuarta visita al baño del avión decidió deshacerse de la infernal ropa interior, no tenía ninguna de repuesto en su carrión, pero no aguantaba más. Sabía que era poco probable que Ben la viera sin ropa esa noche, pero en caso de que sucediera, no quería estar cubierta de rosetones por la irritación, mucho menos en las partes en que le interesaba verse más seductora.

Se miró en el espejo para retocarse el maquillaje, faltaba 20 minutos para aterrizar, y aunque estaba segura de que solo sus padres la esperarían en el aeropuerto, no quería retocarse en el auto frente a su padre y que descubriera sus intenciones, sobre todo ante la probabilidad de conseguirse con Ben en la entrada de su casa.

Nunca había sido fan de su cara redonda, pero su cabellera castaña oscura, larga y brillante, y sus grandes y azulados ojos eran siempre elogiados, agradecía tener la nariz de su madre en vez de la de su padre, y aunque su labio superior era un poco delgado para su gusto, su labio inferior era grueso y provocativo; de eso estaba segura, se lo habían repetido muchas veces.

Saludó a sus padres con la gran afectividad de siempre, y pronto se hallaba camino a casa, a medida que se acercaba, su respiración se aceleraba y su corazón despotricaba dentro de su pecho, no podía creer que lo iba a ver de nuevo.

Trató de ocultar su consternación cuando observó el grueso y alto muro que su padre había construido entre ambas casas, no quiso preguntar hacía cuánto lo había mandado a erigir, pero obviamente estaba descartado ver a Benjamín "casualmente" cuando caminara por el jardín lateral.

No reconoció ninguno de los coches aparcados en la casa de sus vecinos, pero eso no le pareció extraño, los Bauer siempre habían sido excéntricos y derrochadores, que la residencia se viera tan cambiada era característico de sus gastos innecesarios.

Julia intentó comportarse calmada durante la cena, mientras planificaba cómo podía arreglárselas para encontrarse con Ben, sus hermanos no paraban de hablar sobre negocios, los tres trabajaban para la exitosa compañía de bienes raíces de su padre, dos de ellos se habían casado y ya tenían hijos, solo uno quedaba en casa: Gabriel, a quien Julia consideraba uno de sus mejores amigos. Él sería el perfecto aliado para ayudarla a ver su ardiente vecino.

No había terminado el postre cuando se disculpó para ir un "momento" a su habitación, su ventana daba hacia la ventana de Benjamín, y aunque él siempre obstaculizaba la vista con unas gruesas cortinas, a veces, en pocas ocasiones, las dejaba abiertas, y ella rogaba mientras subía las escaleras, que ese día fuera una de esas veces.

–¡No, no no! –susurró intentando no gritar.

La habitación de Ben ya no tenía cortinas, y aparentemente, ya no era su habitación, mariposas y corazones rosas decoraban las paredes, el techo, ¡todo!

¿Qué significaba eso? ¿Ben se había casado y tenía una hija?, pero, ¿por qué viviría en casa de sus padres? ¿Seguirían vivos? ¿O sus padres habían tenido otra hija? No parecía posible, eran muy mayores para eso y Ben era hijo único.

Julia caminó dentro de su recámara como una fiera enjaulada, recreando diferentes escenarios en su cabeza, ninguno le gustaba.

Escuchó unos pasos subiendo las escaleras, y se apresuró a asomar su cabeza, se sintió aliviada cuando vio a Gabriel.

–¡Ey! ¡Gabriel! –llamó Julia.

Cuando lo tuvo lo suficientemente cerca, lo haló de la muñeca para meterlo en su recámara y luego cerrar la puerta detrás de él.

–¿Qué pasa? –preguntó su hermano.

–Eso –dijo Julia señalando la habitación que solía ser de Benjamín.

–No entiendo.

–¡Soy yo la que no entiende las mariposas y corazones! –exclamó frustrada.

Gabriel la observó extrañado por un momento, y luego rompió a carcajadas.

–Se me había olvidado por completo tu pequeño fanatismo por Ben.

–¿De qué hablas?, ¿qué fanatismo? –replicó Julia intentando disimular sus mejillas sonrojadas.

–¡Por Dios, Julia! Todos en esta casa te vimos suspirar por Benjamín, no lo supiste ocultar nunca, no sabías cómo.

–Eso es mentira –trató de negar su hermana.

–Cómo quieras –bufó Gabriel –. Las mariposas y corazones son de Valery, la hija de los Caruso, nuestros vecinos.

–¿Qué? ¿Cómo que nuestros vecinos? ¿Qué pasó con los Bauer?

–¿No te enteraste? Los Bauer se declararon en bancarrota hace cuatro años, estaban ahogados en deudas, perdieron todo. Erick murió de un infarto y Diana se volvió a casar. Nadie sabe dónde está Ben, desapareció.

–¿Cómo que desapareció? ¿Nadie sabe dónde está? ¿Ni siquiera Diana?

–Todo el asunto fue como una mala telenovela, Diana le estaba siendo infiel a Erick y Ben no se lo perdonó, el punto de quiebre fue cuando ella se casó de nuevo, él cortó todo contacto con su madre.

Julia se sentó en su cama con la mirada perdida, Gabriel lo tomó como una señal para retirarse. Lo que fuera que sentía su hermanita por Ben era algo de niña que pronto se desvanecería, sobre todo cuando aceptara que no lo iba a volver a ver.

Luego de que su hermano se retirara, se levantó para pasarle el seguro a su puerta, inmediatamente se desplomó en su cama y escondió su rostro en la almohada para llorar como un bebé. Se sentía desolada.

Sería imposible ubicarlo, Benjamín no era una persona normal, no tenía perfil en ninguna red social, sus hermanos nunca fueron compatibles con él, porque, aunque David y Héctor eran contemporáneos con Ben, no había ningún tipo de afinidad entre ellos, y Gabriel era 4 años menor, todos eran cordiales conocidos que se saludaban por educación cuando se veían, pero eso era todo. No tenían ninguna amistad en común, y aunque pudiera ubicar a su madre, ella tampoco sabía dónde estaba.

No había esperanza, todo lo que había fantaseado quedaría en la nada, todas sus expectativas se convertirían en estelas de su imaginación.

No sentiría su piel contra la de ella, no apreciaría sus dedos recorriendo cada recoveco de su cuerpo, no disfrutaría su lengua circulando sus lugares más privados, no gritaría de placer al tenerlo en su interior.

Lloró hasta que su cuerpo no aguantó más, hasta que sus párpados pesaron como rocas, hasta perder la conciencia en un profundo sueño.

5 de Noviembre de 2019 a las 23:37 0 Reporte Insertar 1
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