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O


15 años habían transcurrido desde que Elizabeth Brown se había marchado de Sausalito, después de un confuso incidente. Ahora, ya convertida en una mujer adulta y responsable totalmente de su familia, regresaba para el tratamiento médico de la enfermedad que aquejaba a su madre. Los miedos y secretos de su pasado afloraban con más fervor que nunca. Los asuntos que había dejado pendientes no podrían ser ignorados esta ves. No lo quedaban más alternativas Tenía que luchar y vencer. O lo que más quería en el mundo pagaría las consecuencias.


Paranormal Todo público.

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Vuelta

Pero empéñate en salir adelante. Ésa es tu misión en este mundo difícil, mantener vivo tu amor y seguir adelante, no importa lo que pase. Rehacerse y seguir, nada más, eso es todo.

El Resplandor

Stephen King.



Vuelta.



La mayoría de las historias de terror ocurren en pueblos pequeños y olvidados por el mundo. Pueblos de caminos solitarios y ruidos extraños e irreconocibles, donde el protagonista se descuida, se voltea y cierra los ojos dejándose atrapar por esos seres desconocidos que acechan en las sombras. Y se ve arrastrado a una oscuridad inmensa que lo engulle y lo destroza.

Si. Las historias de terror tienen que poseer un paisaje siniestro de fondo. Porque el terror no tiene relación alguna con las grandes ciudades y sus días soleados. Porque siempre debe haber un lugar donde refugiarse del miedo. Porque las sombras con sus largos dedos hambrientos no tienen nada que hacer contra el imponente sol de cada día.

Pero aquello era tan falso como la mayoría de las historias de terror publicadas por el mundo. La oscuridad, pero no aquella oscuridad a la que tanto temen los niños por la noche, sino la verdadera oscuridad, se pasea libremente a la luz del día y te puede tomar de la mano y sonreír encarnada en el cuerpo de tu mejor amiga o de tu amante, o hasta de tus familiares más cercanos. Aquella oscuridad que nada tiene que ver con pueblos pequeños o fantasmas que mueven cosas, es la más peligrosa de todas porque te engaña, logra que bajes la guardia y hace que te entregues sin dar pelea alguna. Porque no parece oscuridad.

Las verdaderas historias de terror son aquellas que ocurren de día y que no se cuentan.

Quedaban al menos 40 minutos para llegar al aeropuerto de San Francisco, California, según lo que había informado una de las amables y esbeltas azafatas del avión.

Elizabeth Brown, quién se encontraba sentada en medio de su hijo y su madre, pensaba en todos los años que habían transcurrido desde que dejó San Francisco cuando apenas era una adolescente con los sentimientos a flor de piel. Una adolescente destinada a destruirlo todo.

Su pecho pareció apretarse al mismo tiempo que su mente se abría a los recuerdos de aquella época de infancia, en donde pensó erróneamente que era capaz de comerse al mundo en un mordisco. Pero el mundo era demasiado grande y pesado para ella y se encontró pérdida, vagando por calles en las que no quería estar y compartiendo con personas que no lograban entenderla. En un intento por rescatarla del escrutinio público, su familia se vio arrastrada al completo caos y al desprecio mal disimulado de vecinos y demás gente ignorante, para quienes es más importante resaltar las falencias de los demás, para que así no se analicen ni se compartan las propias.

-¿Estás nerviosa?

Su madre, Marta Brown, era una mujer de 56 años, con el cabello lacio hasta los hombros que estaba perdiendo el tono negro que lo caracterizaba y estaba siendo reemplazado por tonos canos. Tenía facciones redondeadas, muy similares a las de su hija y nieto, unos ojos azules profundos, luminosos pero cansados. Había sido una mujer muy bella, y aunque ahora todavía lo era y a pesar de que no tenía tantos años, su cuerpo delgado y maltratado por un cáncer de páncreas repentino y fulminante, la hacía aparentar muchos más años de los que en verdad tenía.

-No estoy nerviosa, mamá. –Elizabeth soltó la respiración lentamente. –Y tampoco asustada. Es ansiedad. Ha pasado demasiado tiempo. –Acarició el cabello negro de su hijo quien dormitaba profundamente descansando la cabeza en su hombro.

-Es normal estar nerviosa o asustada. Yo lo estoy y tengo muchos más años que tú. –Marta le sonrió y le tomó la mano apretándosela suavemente, igual que cuando era una niña y tenía miedo de hacer algo o de ir a alguna parte. Una muestra pequeña pero eterna de cariño, que te hacía sentir que no estabas sola, que contabas con todo su apoyo. Así era el amor seguro y autentico de una madre.

-Tengo miedo por él. –Reconoció señalando al niño dormido –Y por ti. Este lugar es peligroso para mí. Para nosotros. –Elizabeth se mordisqueó los labios y apretó más fuerte la mano de su madre, queriendo buscar en aquel gesto la fuerza y la determinación que le estaban faltando. Era débil. Siempre lo había sido. Y hay cosas que no pueden cambiar. Había cometido muchos errores en su juventud y tenía miedo que las consecuencias recayeran en personas totalmente inocentes. Aquel pasado al cual se acercaban inevitablemente se presentaba gris y hosco.

-No te subestimes, Elizabeth. No vuelve a San Francisco la niña inmadura de 15 años. Vuelve una mujer, una madre, una persona que sería capaz de todo con total de proteger a la familia que le queda. Incluso volver al pueblo que tanto detesta y en el que sufrió demasiadas cosas.

Elizabeth Brown miró hacia delante, deseando con todas sus fuerzas que aquello fuera cierto. El tiempo se encargaba de borrar muchas cosas, pero Sausalito no era una ciudad muy grande y los sucesos extraños no se olvidaban con facilidad.

Era difícil olvidarse de la cría que decía que los muertos le hablaban.

3 de Noviembre de 2019 a las 20:00 0 Reporte Insertar 2
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