El día que matamos a German Seguir historia

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Marcelo Villafañe


Cuenta el desenlace de una historia en donde varios amigos presencian un terrible accidente.


Drama Todo público.

#arma #suspenso #german
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El día que matamos a Germán

Algunos creerán que el destino de cada individuo ya fue escrito al nacer, otros en la suerte, en hilos rojos, en el tarot y todo ese tipo de cosas. A mi entender, cada vez que tomamos una decisiónpor más efímera que sea, estamos descartando otros posibles futuros, cada elección o acción que tomamos tiene un abanico de caminos que constituyen diferentes desenlaces pero solo visualizamos el que elegimos nosotros.


Esta historia fue hace tanto tiempo que tengo recuerdos vagos de algunos pasajes de ese día, pero lo que sí recuerdo claramente, fue lo de Germán.


Era sábado por la tarde y nos juntamos en la casa de Huguito como tantas veces. Éramos cinco o seis chicos de doce años hablando de cosas poco interesantes, que no hacen al relato en sí. Un grupo estaba en la habitación del fondo, allí se encontraba una cama grande con mesas de luz en ambos lados, un placard en frente y sobre el costado derecho otro, un poco más pequeño. Sobre la izquierda, una puerta doble de madera con postigos, permanecía abierta y daba al patio donde me encontraba con el resto de los chicos.


El moverse en manadas, favorece al efecto de inhibición colectiva con respectos a las normas a cumplir cuando se es invitado a casas ajenas. Tales como, no tomar agua de la botella, no abrir la heladera sin permiso, ni sacarse los mocos y pegarlos bajo la silla. Pero Lucho ese día desatendió una muy importante alabrir uno de los cajones de una mesa de luz, con intensiones de buscar vaya a saber qué. Detrás de un rosario, un par de libros y una bolsa de caramelos para la tos, se encontraba una franela naranja. La sustrae desde el fondo, ycuidadosamenteenvuelto,descubreun revolver posiblemente calibre 38. Lo toma de la empuñadura y se pone a jugar apuntando a Germán, dando por sentado que estaba descargado e ignorando aquel dicho popular, las armas las carga el diablo. Roza el gatillo con su dedo índice y ejerce un poco de presión, el martillo se levanta levemente y en aquel tambor de hoyos cilíndricos supuestamente vacíos, descansaban incrustados, casquillos de balas, esperando inmolarse contra algo o alguien.


El rugido de un trueno irrumpe en la habitación. El humo y un silencio sepulcral sobrevuelan por unos segundos el ambiente, hasta que el grito rotundo de un - Nooo!! -, sale de la boca de Lucho, que deja caer el arma sobre el piso de madera y se toma la cabeza con las manos desbordando de una locura incontrolable. Nuestras caras de incomprensión, de no saber qué pasó, toman razón, cuando vemos desplomarse a Germán en el suelo. Queda expuestoboca arriba,y por su espalda asoma un río de sangre que inunda parte de la habitación.Diego es el que está más cerca de él, se agacha y lo toma de sus manos. Levanta suavemente su cabeza y coloca un buzo que traía en su espalda. Ve en Germán esos ojos llorosos de miedo a la muerte que se acerca. Y aunque realiza intentos inútiles por aferrarse a la vida,exhala sus últimas bocanadasde aliento hasta permanecer inmóvil. Losgritos y corridas nos asaltan. Más de uno queda perplejo, sentado en el piso, tomándose las rodillas flexionadas, mientras que los más avispados piden agritos ayuda para que llamen a alguien que nos pueda socorrer.


La mamá de Huguito viene corriendo hasta la habitación y ante semejante escenario, comienza a gritar y vociferar un insulto tras otro, preguntando ¿Qué pasó? ¿Qué hicieron?, pero ante nuestra falta de reacción, va condesesperaciónhasta el living yrápidamente, toma el teléfono, llama entre llantos al hospital para que manden una ambulancia.


La espera es espantosa, somos tan jóvenes y tan inexpertos con la muerte, que no sabemos ni que sentir. Miedo, tristeza, sorpresa, todo es un total desconsuelo. El olor al hierro de la sangre es nauseabundo y parece impregnarse en nuestra ropa y hasta es posible saborearlo entre los dientes.


Transcurridos unos minutos, que parecen horas, llegan los paramédicose intentan reanimarlo pero es demasiado tarde para él y para todos nosotros. La policía se hace presente y es muy difícil esbozar palabras. Consternados por tal desgracia, se suma la imagen perturbadora, de ver como se llevan a Lucho esposado en completo estado de shock. Una vez sentado en la parte trasera del patrullero nos mira, despidiéndose de aquellos niños inocentes que no volverán a serlo nunca más.


A medida que pasan los minutos todo empeora, el ambiente es denso, los curiosos se instalan fuera de la casa y solo queremos que sea un mal sueño pero no lo es. Las imágenesde lo sucedido me invaden a cada momento, estoy aturdido y no puedo parar de pensar como se pudo haber evitado aquello. Como le explicamos a la madre de Germán que solo estábamosjugando, que fue un accidente, que ahora no podrá hablar con su hijo nunca más, que no podrá acariciarlo, que deberá continuar su camino sin él. De solo pensarlo me tiemblan las manos y un sudor helado me recorre la espalda.


Vuelvo a mi casa hecho un despojo. Luego de contarle a mis viejos, que quedan consternados ante semejante desgracia, voy a mi cuarto, abrazo la almohada y rompo en un llanto desconsolado. Ese día, posiblemente fue el más largo de mi vida y dejó una marca imborrable que cambió para siempre nuestros caminos. Dejamos de ser jóvenes, de reírnos por cualquier cosa, de juntarnos para hacer travesuras, de ver la vida tan positiva. Nuestra "barra", ese grupo de amigos incondicionales se disolvió luego de aquel episodio tan desgraciado. Como si quisiéramosescapar del pasado o de las personas que nos lo recordaban. Intentando reconstruir nuevos caminos lo más alejado posible de aquel quiebre en nuestras vidas.


Seguramente ese hubiese sido uno de los posibles futuros. O quizá la bala no salía disparada, o Germán solo recibíauna herida y se recuperaba en el hospital. Pero por suerte o por azar, el futuroque nos tocó, fue en el queLucho pudo darse cuenta a tiempo, de que el tambor estaba repleto de balas y lentamente quito su dedo del gatillo, sintiendo el alivio, y a su vez el estupor de solo pensar, a todo lo que nos habría tocado enfrentarnos.


La verdad es que nunca tomamos concienciaen ese momento, de lo que pudo haber pasado. Como sucede con todas nuestras acciones, no podemos simular y diseñar todo ese abanicode posibilidad, solo las dejamos ir sin darle mucha importancia.


Algunas veces cuando logramos reunirnos todos, un poco más viejos, un poco más gordos, con hijos y esposas. En esas charlas extensas de sobremesa donde recordamos sistemáticamente las mismas anécdotas, en esos viajes al pasado. Lucho suele contarnos aquella donde casi lo matamos a Germán, y por dentro un sentimiento nostálgico me impide sonreír,porque sé que, en otro futuro paralelo al mío, me encuentro sentado frente a una mesa comiendo solo, rodeado de sillas vacías y deseando que mi mejor amigo se dé cuenta a tiempo, que esa arma que empuña en su mano está por arruinarnos la vida.

1 de Noviembre de 2019 a las 13:33 0 Reporte Insertar 3
Fin

Conoce al autor

Marcelo Villafañe Comparto historias narradas, anécdotas y cuentos inventados que por razones que desconozco, han brotado de mí para todo aquel que los desea leer. Esperando conseguir una devolución de los lectores para mejorar en este mundo nuevo para mí.-

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