Cuento corto
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Sueño despierto


Confieso al lector mi necesidad de huir de la realidad ; por ello a veces sueño despierto. Ésto se dibujó en mi mente un día como cualquier otro :



Era, es, el mes de enero. El del próximo año. Caminaba a mi aire por una de las kilométricas avenidas de Berlín. Iba pertrechado para el frío. En la capital prusiana el primer mes del año puede significar menos ocho, menos diez grados bajo cero. Vestía botas altas con hebillas, cuero, forro polar, todo en negro o colores oscuros. Las aletas de la nariz , estimuladas por la nieve, se hinchaban y desinchaban en un compás perfecto, como si estuviera marcado por un metrónomo.



Llegué a uno de mis parques favoritos de la ciudad. Los tilos, los castaños, los abedules están alineados en suaves hileras que marcan las calles y paseos del parque. Miro hacia el cielo, gris, con nubes, algunos rayos de pálida luz se filtran entre ellas. Y de repente, con los movimientos de un contorsionista, empiezo a ascender, arriba, arriba.



Viajo entre nubes. Sólo fragmentariamente veo fugaces tramos de tierra. A veces me coloco como los paracaidistas, con los brazos pegados al cuerpo para aprovechar las corrientes de viento. Comienzo a descender. La ropa berlinesa, las botas, saltan por los aires. Ahora estoy vestido como un bailarín, con una casaca roja como el color de algunas de las cúpulas de las Iglesias rusas. Estoy en otro parque , junto al río Neva, en San Petersburgo. La sensación de frío debería ser atroz, pero no, esto es un sueño. Camino por el distrito central, entre los canales. La ciudad es bella, única, un compendio de arquitectura italiana, francesa, rusa y oriental. Ahí están las Mujeres rusas, exóticas aunque un tanto inexpresivas, sus ojos de gata escrutándome. Los niños, maravillosos en todas partes, llevan sus gorros por debajo de los cuales sobresale el flequillo. Sus caras curiosas, sus mejillas sonrosadas. Dos señores con canas en sus bigotes me saludan levantando sus sombreros de copa. Voy a la explanada frente al Hermitage. Hago un triple giro, una pirueta. Y desaparezco. Habrá quien piense que no estoy en mis cabales. Pero mientras soñaba ésto experimentaba una levedad y una ligereza indescriptibles. Y era muy feliz.












17 de Octubre de 2019 a las 08:34 0 Reporte Insertar 0
Fin

Conoce al autor

José Antonio Chozas Inquieto, apasionado por las letras, escritor por impulsos, alma libre.

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