LA PUERTA Seguir historia

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Un periodista realiza una entrevista hacia un privado de libertad llamado George Karras que sin duda tiene una historia un poco oscura. Es una adaptación de otras historias en un contexto donde se involucra una puerta misteriosa. Las historias Originales son de Damian Karras, de alli la razón de nuestro personaje principal.


Paranormal No para niños menores de 13.

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MI CHICA

Pasaron 8 años desde que estoy aquí, sin poder cumplir mi profundo deseo… yo no hice nada, absolutamente nada! tienes que creerme, al menos tú ¡hazlo!. Sé que soy un desconocido para ti si quieres respuestas no lo sé, no hay nada que sepa desde aquí. ¡Huye! la Puerta fue abierta nuevamente, la Puerta cobraría tu alma si lo así lo quiere.
Redacté esas líneas con una incertidumbre. ¿Porqué? Muchos años de trabajo y es la primera vez que no llego al fondo del asunto. ¿Cómo es posible que un privado de libertad me haya dado escalofríos con su advertencia? ¿Será que alucina como lo dice el policía Volker?
Si de algo estaba seguro era que tenía que salir de esta ciudad, irme lejos de Berlín, la capital alemana me era muy insegura después de esas palabras, solo anoté en mi libreta “Caso de investigación psicológica hacia George Karras, escrito en 2018 por S.V.” y busqué mi equipaje para irme.
CAPITULO 1- MI CHICA
La ciudad muchas veces te da la luz, pero te la niega si el odio es lo único que le da calor a tu corazón. No es mi culpa odiarme si siempre llevo mi apellido, cada letra me indigna cada vez que la pronuncio, intenté cambiarlo después de salir de casa de mi abuela pero nunca lo logro, quedaré marcado por siempre. Cada vez que me preguntan quien soy, pues solo digo tengo 19 años y me llamo “George” y no digo “Karras” a menos que insistas en mi apellido, pero algo pasó con ella, fue diferente…
Ella es mi chica, se llama Helena. Tiene diecisiete años. Nunca había creído en el amor a primera vista hasta que la conocí. Fue un día lluvioso en octubre del año pasado. Estaba sentado en la parada del bus, esperando que la lluvia pare para continuar mi caminata a mi casa, cuando se paró a lado mio leyendo un periódico.
La miré por mucho tiempo, no podía evitarlo. Se sintió observada porque me miró con sus grandes ojos cafés y su pelo castaño cayendo en su cara. Me enamoré de ella inmediatamente. Hablamos un rato; se veía nerviosa porque su autobús estaba tardando. Llegó diez minutos después, y me metí en él con ella para que pudiéramos continuar nuestra conversación. La vi bajarse en su parada, caminar a su casa y entrar, en su Puerta decía su apellido “Barners”. Luego caminé a casa con mariposas en mi estómago.
Me mudé con Helena dos meses después de conocernos. Ambos éramos tan felices. Ella solía cantar tan hermosamente cuando cocinaba en las mañanas, cuando limpiaba, cuando llegaba a casa, cuando se preparaba para ir a dormir, incluso cuando iba de visita a prisión a visitar familiares, no me importaba lo que había hecho su familia, me recordaba el historial de mi apellido pero esta vez me sentía mejor. Sentía mariposas de nuevo cuando sonreía. Nunca imaginé que podría ser tan feliz.
Hacíamos todo juntos. Íbamos al cine, corríamos en el parque y amaba mirarla cuando cocinaba y cantaba. Tenía muchas habilidades que su abuela le enseñó, desde pequeña fue criada por ella, verla siempre era tan divertido, pues tenía ella diecisiete años y contaba con mucha creatividad. La vida se veía tan perfecta.
Así fue hasta que su madre y padre fallecieron diez meses después de que me mudé. La noticia salió en los periódicos, y ella llamó a su hermano Rainer para confirmarlo. Habían muerto dentro de la cárcel, Helena estaba destrozada, a pesar que no se crio con ellos les sentía un gran afecto y empezó a aislarse luego de eso, ni siquiera hablaba con su hermano. Se volvió tan deprimida que pasaba días en su casa sin moverse, sin dormir. Cuando dormía, gemía suavemente y balbuceaba cosas sin sentido, despertándose en pánico, muchas veces gritando. Nuestra casa ya no contaba con el eco de su hermosa voz. Fue reemplazada con los sonidos de su llanto, desde lloriqueos gentiles hasta horas de sollozos altos. Su dolor podía escucharse desde cada cuarto de la casa. Casi nunca se iba, y sus amigas dejaron de venir; se negaba a abrir la puerta cuando tocaban. Se encerró en la habitación. Me daba tanto miedo dejarla sola que llamé a mi jefe y renuncié. Nunca le conté, pero nunca preguntó.
Me sentí tan atrapado. No podía irme. No podía comer. Dormía tres horas por noche con suerte. Demonios, si tenía que ir al baño, lo aguantaba hasta tener miedo de hacerme encima. Si no estoy mirándola, ella quizá… No quiero pensar en lo que pueda hacer. Trato de seguir con la vida y tener una actitud positiva. Vivo con el amor de mi vida, y cuando duerme, me levanto para acurrucarme en la cama con ella y sostener su mano mientras la abrazo, esperando que mi tacto quizá la reconforte.
En estos últimos meses, Helena se ha vuelto paranoica. Clama que está siendo vista por el fantasma de su padre. Va cuarto por cuarto, gritando: "Papá, sé que estás conmigo. Por favor, muéstrate. Te extraño mucho". Rompe mi corazón verla y escucharla hablando con cuartos vacíos, pero parece reconfortarla en formas que yo no puedo hacerlo. Parece que puede relajarse más; debe ser terapéutico. Ha empezado a sentirse bien dejando la cama, y luego saliendo de casa. Empezó a cantar de nuevo; suavemente y con voz temblorosa al principio, pero ahora su voz es casi la misma que antes. No tanto, pero cerca. Cree que al fantasma de su padre le gusta escucharla. Supongo que debo dejarla continuar con su ilusión. Parece que ayuda, y ahora a veces tengo tiempo para salir por aire fresco y comida. Supongo que también me ayuda.
Sin embargo, se ha vuelto olvidadiza. La escucho siempre hablando consigo misma. "Juro que puse mis zapatillas junto a la cama", o: "¿Ya me comí esa ensalada?". Culpa al fantasma por mover sus cosas, creo. Empezó a volverse más locuaz, hablando por teléfono con sus amigas. Les dice que escucha sonidos en la casa cuando está sola. Dice que tiene que ser su padre cuidándola, ¿cierto? Nunca escucho las respuestas de sus amigas, y nunca pregunto. Solo continúo, mi amor por ella nunca decayendo.
Ayer le dijo a una de sus amigas que, por un largo tiempo, ha sentido que la están mirando. Encontró un agujero pequeño, casi tan grande como un lápiz, en el techo de su habitación. Mientras paseaba por la casa, encontró al menos uno en el techo de cada cuarto. Escuchó un sonido en el ático, pero se convenció de que solo era un ratón, una ardilla, un gato, un sapo o algo así.
Gracias a Dios que no ha venido al ático. Porque no sé lo que habría hecho si me encontraba allí, siempre mirándola desde los agujeros en su techo.

13 de Octubre de 2019 a las 05:28 0 Reporte Insertar 1
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