isaac_clemente_g Isaac Clemente

Arena Negra es un universo vasto y lleno de historias que, si bien no son una épica odisea, merecen ser contadas. Cuentos Inconexos le da voz a esas personas que, aunque no cambiaron el destino del universo, pusieron su granito de arena sin saberlo. Para bien o para mal. . Algunas historias no tendrán mucho que ver con la historia general de Arena Negra, mientras que otras cuentan eventos importantes que no dan para escribir un libro entero. Este libro de historias se centra en ideas buenas que, por alguna u otra razón, no puedo implementar en la saga principal, pero aún así forman parte del universo. Sin nada más que decir, ¡disfrutad de la lectura!


Fantasía Todo público.

#fantasía #microcuento #arenanegra
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Dios

—Pero sois dioses, ¿no? —Giiuren miró curiosa con su casi inexpresiva cara de porcelana—. Sois omniscientes, omnipresentes y omnipotentes, ¿por qué no lo hacéis vosotras mismas?

La semidivina pasó delante suya. Su rostro, hermoso y blanco, contrastaba con las largas telas negras que se evaporaban antes de tocar el suelo, dejando ver como ese poderoso ser levitaba levemente.

—Dime, ¿crees que los gatos son dioses?

Su voz era potente y profunda, pero sus labios no se movían. Era como si saliera del mismísimo aire, retumbando en su mente como el eco de un golpe lejano. Su rostro, ajeno a su cuerpo, le seguía mirando.

—¿Los gatos? No, claro que no.

—¿Lo creerá un ratón, al ser más débil que este?

Samuel no contestó. Tal vez por miedo a la respuesta. Giiuren emitió un leve zumbido similar a una ligera risa. Continuó hablando, apartando la mirada.

—Nos llaman semidivinos y nosotros nos empeñamos en creerlo. Tenemos un trozo de Poder, nada más. La arrogancia nos hace creer en nuestras propias mentiras, pero no somos más que ratones en el cuerpo de un gato.

Samuel se sentó sobre la arena negra, tratando de pensar fríamente.

—Entonces yo…

—Tú sirves a un auténtico Dios, Enviado. No tengo jurisdicción sobre tu alma, al igual que tampoco la tuve sobre la de tu esposa.

Samuel sintió en su pecho un vacío tan oscuro y profundo como el mismo espacio. Miró a la semidivina, que ahora se mostraba como una calavera de color carbón. Sin embargo, su alma no halló consuelo al buscar la mirada en sus vacías cuencas, pues su alma no le pertenecía.

30 de Diciembre de 2020 a las 19:09 0 Reporte Insertar Seguir historia
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