La Cartulina Sobre el Zapato Desgastado Seguir historia

alien Alien Carraz

...El hombre que formará parte de la trama es alguien audaz, fisgón, alguien que no va a cumplir con sus deberes cívicos porque se guardará para sí algo que no le pertenece...Es decir, su curiosidad superará cualquier atisbo de honradez y, en vez de devolver la cartulina, el hombre optará por quedarse con ella...


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La Cartulina Sobre el Zapato Desgastado


El Juego: Un Ridículo Atajo a Ninguna Parte


El hombre delante suyo en la fila frente al cajero del banco, rebuscaba en el bolso colgado en su hombro izquierdo. Sacó un fajo de papeles que revisó casi nerviosamente haciendo caer las hojas una sobre la otra con sus dedos trémulos. De pronto, un papel se deslizó entre ellas y después de rebotar en el bolso cayó sobre su zapato desgastado.

Por alguna razón que no supo interpretar, su intención de avisarle al hombre lo del papel en su zapato se diluyó en una rara y casi ardiente especie de morbosa curiosidad. Como notó que nadie se había dado cuenta del incidente, se agachó y recogió el papel sobre su zapato y lo guardó raudamente en su bolsillo.

Más que una hoja doblada, parecía ser un pedazo de algo más grueso, como una cartulina.

El hombre delante suyo escuchó la voz ¡el siguiente! y avanzó hacia el cajero.
Cuando le llegó su turno, alcanzó a ver al hombre del papel que enfilaba hacia la salida del banco.

No supo bien cómo hizo el trámite porque, extrañamente, su cerebro insistía en imaginar cosas exóticas acerca del papel al interior del bolsillo de su pantalón, el que parecía conectarse con su muslo, como si quisiera llamar su atención, como si quisiera decirle algo...

¡Qué estupidez! - pensó

Sin embargo, cuando se dirigía hacia la puerta para alcanzar la calle, sus ojos miraron afanosamente los rostros de las gentes que entraban al banco. Temía que el hombre del papel aparecería para reclamar su pérdida. Se sintió de lo más idiota con sus presunciones extravagantes

Pero...¡qué mierda estás pensando! - se dijo

Dio un manotazo al aire como para alejar sus tontos pensamientos de la cabeza, cuando, de pronto, lo vio venir.

Se petrificó

El hombre del papel caminaba presuroso hacia él y cuando sus miradas se encontraron creyó ver en su expresión la angustia de alguien que ha perdido algo muy importante y que vuelve desesperado a iniciar su búsqueda

Cuando quiso abrir la boca para contarle que él había encontrado el papel de pura casualidad botado en el piso y que no sabía de quien era... y que ésto y lo otro... el hombre pasó raudo a su lado, casi empujándolo, y entró al banco.

Sintió un poco de angustia y otro poco de remordimiento y también, un porcentaje, aún mayor, de regocijo...

Su primera intención - ir tras el hombre y contarle lo del papelito - se diluyó con el siguiente pensamiento que emergió del contacto de la cartulina en su pierna. En su mente, apareció un número, algo así como una clave que tenía que ver con algo extraordinario. Fue tan poderosa la sensación que le produjo la imagen en su cerebro que sus piernas se negaron a llevarlo tras el hombre.

Lo que hizo después, a él mismo le pareció una completa locura: se metió raudo en el tránsito de la gente y aceleró el paso como si el arrepentimiento lo fuera a alcanzar en algún momento.

Entró en el pequeño restaurante atestado de clientes y al fondo del angosto salón pudo vislumbrar la única mesita vacía con dos sillas. Eligió la que lo dejaba de espaldas a la gente y de frente a la pared cubierta de espejos del fondo del local. Se frotó las manos antes de meter la derecha en el pantalón.

El papelito, que era en verdad una cartulina de color azul celeste doblada en dos partes, apareció ante sus ojos como un objeto sugestivo y cautivante. Se notaba que era un papel que fue doblado cuidadosamente y cuyos bordes perfectamente coincidentes, rectos y limpiamente cortados, daban muestras que tanto esmero debía tener un propósito...

Lo dejó sobre la mesa y se frotó nuevamente las manos como si el aire estuviese frío. Raro, porque el verano estaba a punto de llegar y a esa hora de la mañana el ambiente no bajaba de los 20° centígrados.

Qué extraño que esta cartulina esté cortada y doblada tan cuidadosamente - se dijo

Alcanzó apenas a poner su mano sobre ella cuando por la pared de espejos vio venir a la camarera que se instaló a su lado. Con algún fastidio, le pidió que le dejara el menú y que él la llamaría cuando estuviera listo para ordenar. La mujer, de malas ganas dejó caer el menú sobre la mesa y se retiró haciendo resonar sus tacones sobre el piso de baldosa.

Paulino, frotó sus manos nuevamente, las abrió y las cerró varias veces y finalmente, tomó cuidadosamente la cartulina entre sus dedos y la empezó a abrir...

Casi le da un ataque cuando sintió de pronto la presencia de alguien a su lado Perdón, señor...¿está desocupada esta silla?

Levantó la vista y se topó con la inquietante mirada de una chica que parecía estar nerviosa. Furtivamente, cubrió el papel con su mano.

Los ojos de la muchacha eran dulces, pero parecían algo ansiosos.

Paulino Cifuentes, siempre creyó tener esa capacidad de intuir el estado anímico de la gente con apenas un rápido vistazo.

Por un instante, con la cartulina como protagonista en su cabeza, creyó que la chica tenía algo que ver con el hombre del banco...

Sí, niña. Puedes llevártela si quieres - dijo con alguna brusquedad, mientras el papel bajo su mano le hacía sentir que ahí había un misterio por descubrir de inmediato...

La chica, colgó su bolso en el respaldo de la silla y se sentó.

Paulino, la miró hacer y luego cayó en cuenta que el restaurante era de esos que tienen la incómoda costumbre de que sus clientes comparten las mesas cuando todas están ocupadas pero hay sillas disponibles.

Perdone usted - dijo ella, creyendo notar algún atisbo de fastidio en el hombre – pero, este es el único lugar desocupado.

Sus ojos parecían brillar más de lo normal. Era una chica hermosa. Tenía una cabellera enmarañada de color castaño, una frente amplia, ojos verdes, nariz pequeña y unos labios gruesos y húmedos...

El semblante de Paulino cambió notoriamente cuando se percató de las manos de la chica. Tenía una especial predilección por las manos de las mujeres. Según él, ellas, decían muchas cosas de su propietaria. Y las de esa chica eran hermosas, de dedos largos, estilizados, cubiertos de una piel de tono bronceado y coronadas por unas uñas sin barniz, ni largas ni cortas y bien delineadas. Se fijó entonces en sus ojos verdes y, efectivamente, notó que había un brillo de esos que ocurren cuando uno está alterado por algo.

Ella, sostuvo la mirada e intentó una mueca a modo de sonrisa.

A Paulino le encantó. Le pareció que era una chica natural y auténtica

En ese instante, y sin tener la menor idea del porqué, Paulino tuvo un impulso irrefrenable

Niña - dijo mirándola fijamente a los ojos - aquí, bajo mi mano, tengo un papel que encontré botado en un banco...bueno, en un banco banco, no de plaza... Soltó una risa.

La chica, quiso esbozar una sonrisa, pero en vez de aquello le clavó una mirada seria con marcados signos de desconfianza.

Paulino, creyó ver un repentino temblor en la barbilla de la chica. Sus labios húmedos denotaban que ella respiraba por la boca. Intuyó que algo emocional pasaba con ella...

¿Estás bien? - preguntó Paulino olvidando momentáneamente su conexión con el papel bajo su mano

Ella, no supo cómo interpretar la pregunta. Se sintió expuesta, como si leer su estado anímico fuera cosa de cualquiera...Sin embargo, cuando vio en la mirada de Paulino una luz de conexión a la que podía aferrarse, sus emociones sintieron ganas de escabullirse de su mente

No, no estoy bien - dijo ella simplemente. Entonces, sus ojos parecieron titilar y ponerse aún más brillantes

¿Quieres hablar de ello?

No, no...no por el momento...Gracias...

Ok. ¿Te interesa que te hable de este papel que tengo aquí bajo mi mano?

Los ojos de la chica parecían buscar respuestas en la expresión de Paulino que la miraba fijamente

Este...no sé...si quiere - cautelosamente, recostó su espalda en el respaldo de la silla como para tomar distancia

Bien - dijo Paulino y con su mano sobre el papel lo movió hasta ponerlo al centro de la mesa.

Al descubrir la cartulina de color celeste, la mente inquisitiva de la chica dedujo de inmediato que ese papel era demasiado perfecto como para no contener nada importante para su verdadero dueño.

Los ojos de Paulino brillaban como un par de brasas ardientes mientras recorrían minuciosa y sistemáticamente toda la superficie y los detalles de esa especie de tarjeta rectangular, perfectamente doblada, que no tendría más de 5 cms de alto y quizás otros 5 cms de ancho

¿Es de cartulina? - la voz de la muchacha lo arrancó de sus elucubraciones Parece - respondió

En ese preciso instante, la cartulina pareció tomar vida propia y lentamente comenzó a desdoblarse

¡Foc! - dijo Paulino echándose hacia atrás

Jajaja - la chica soltó la risa porque inmediatamente se dio cuenta que era sólo algo propio de la misma cartulina oprimida por la mano del hombre

¡Tonta, me asustaste! - Paulino la miró con cara de enojo.

Ella, entonces, intuyó que Paulino no era mala gente. En seguida pudo relajarse y hasta se sintió cómoda en la compañía de ese hombre

Tranquilo. Fue sin querer...

¿...Queriendo? - dijo Paulino y ambos rieron.

Me llamo Paulino - declaró intempestivamente extendiéndole su mano abierta

Yo, soy Claudia - la mano del hombre era de piel suave y el apretón ella lo sintió cálido y gentil.

A Paulino le gustó el contacto de la piel de la chica y su forma afectuosa y firme de dar la mano

Ok - dijo entonces frotándose las manos frente a la cartulina semi abierta - Ahora que ya sabemos quien es quien...vamos a nuestro asunto...

Paulino, estiró la mano para coger el papel y en ese preciso instante apareció la camarera como un fantasma

¿Van a ordenar o no? - dijo la mujer con evidentes signos de impaciencia

Cuando las miradas de Paulino y Caludia se encontraron, el brillo de complicidad que había en sus pupilas los hizo reír

Una cerveza cualquiera, menos Baviera o Helcker - pidió él con su mano sobre el papel

Igual - dijo ella


Paulino, tenía 32 años. Era un hombre de aspecto agradable al que su larga y encrespada cabellera pincelada de canas le otorgaba un aire de rebeldía que iba muy bien con el total de su facha. Había heredado de su padre aquello de las canas juveniles. Sus ojos azules eran despiertos y dueños de un cierto brillo coquetón que le daba picardía y calidez a su mirada. Tenía un mentón fuerte, nariz recta y lucía una insipiente barba de 3 días. Bajo su apariencia enjuta y sus ropajes anchos se escondía un cuerpo bien dotado de fibra y músculo. Paulino, disfrutaba la vida al aire libre y era feliz recorriendo a pie o en bicicleta los bosques y montañas de todas partes. Le gustaba viajar y toda la plata que lograba reunir de sus esporádicos trabajos como constructor y carpintero la usaba para tomarse vacaciones varias veces al año cargando siempre en una destartalada camioneta Ford del 96, su Protek de fibra de carbono impregnada, una bicicleta que era la gran inversión de su vida.

Claudia, tenía 22 años. Era la hija número tanto de una familia dispersa y descocada cuyos progenitores entraban y salían de la casa tanto como otros hacían lo mismo y aparecían en los desayunos o en las ocasionales cenas como los nuevos amores, amantes, novios, partners o cualquier otro apelativo que indicara que todo empezaba de nuevo en la vida “amorosa” de la madre nuevamente embarazada o del padre que ya vivía en otra parte y con otra gente y que luego, meses después, regresaba para un “reencuentro” que podía durar hasta un par de semanas y que siempre terminaba de la misma forma tan abrupta como había recomenzado. Claudia, era la que más sufría de ese caos familiar. Ninguno de sus hermanos, hermanas y medio hermanas parecía tener el menor problema en medio de esa convivencia loca y extravagante. Lo único que la hacía menos insufrible para ella era el porte de la casa: tenía 6 habitaciones. La suya estaba al final de la enorme vivienda y contigua a la puerta que daba al también enorme patio trasero. Podía escapar del barullo de la casa sin que nadie se enterara ni tampoco notara su ausencia.

Paulino, la miraba con curiosidad. Quería descubrir de dónde venía esa sensación de cálida cercanía que ella le producía. Sin embargo, tras un trago de cerveza, su mente regresó de inmediato al asunto de la cartulina bajo su mano. Por tercera vez volvió a ponerla frente a sus ojos con la intención de descubrir sus secretos.

Claudia, lo miró hacer mientras tomaba un sorbo de su bebida. Aunque sentía también una gran curiosidad, su cerebro estaba más interesado en comprender qué diablos hacía ahí con ese hombre tan loco que fantaseaba con una tonta cartulina encontrada en el piso de un banco. Ella, pensaba que efectivamente había algo intrigante en todo el asunto, pero de allí a imaginar algo fabuloso o al menos sorprendente, parecía ser solo el desvarío de un soñador...

Sus ojos se encontraron y ella sintió una corriente de confort y tranquilidad.

La mirada de Paulino era la de un niño a punto de abrir el paquete que trae el regalo que sueña desde las navidades pasadas.

Finalmente, los dedos del hombre se encargaron de revelar el misterio...


Tomates $ 8.600 kg

Manzanas $ 6.750 kg

Sandías $ 16.800 c/u

Verduras y Frutas González Hedia

T. 5-9243-8745

# 55921-5672-23


¿¡Qué mierda es esto!? - exclamó Paulino con una mueca de incredulidad al tiempo que dejó caer la cartulina sobre la mesa para que Claudia la pudiera leer Claudia, quiso reir, pero lo pensó mejor y puso cara de sorpresa

¡Jajajaja...! - Paulino, se recostó en la silla con sus manos entrelazadas detrás de la nuca. - ¡Qué cagada...!

Ella, le dedicó una sonrisa cómplice como si quisiera acompañarlo en la desilusión

Bueno, podía haber sido cualquier cosa...- dijo por decir algo

Claro que sí – Paulino, volvió a tomar el papel. Lo revisó por todos lados pero no halló nada que le sirviera para explicar la relación absurda entre la calidad del papel y el tonto mensaje escrito en él.

De pronto, se percató del detalle... ¿Tomates $ 8.600 el kilo? ... ¿Manzanas $ 6.750?... ¡Una locura!...¿Una sandía por $ 16.800?...¿Qué mierda de precios son estos?

¡Horrible de caro!...- exclamó Claudia - ¡No puede ser! A lo mejor los valores están mal escritos...¿Puedo verlos? - antes que Paulino alcanzara a contestar, Claudia ya le había arrancado la cartulina de sus manos

Mmmmm...estos tomates por $ 8.600 creo que en realidad son $ 860...Y las manzanas, lo mismo. Son $ 675 en vez de $ 6.750...¿Qué crees?

Paulino, estaba un tanto sorprendido por la actitud de la chica. Unos minutos atrás apenas hablaba y ahora de un mangazo le había quitado la cartulina

Antes de contestarle, hizo lo mismo que ella y le arrebató el papel de entre sus dedos...

¡Oye...!

Bueno, tú empezaste... - exclamó Paulino con una sonrisa

¡Maleducado! - dijo ella con un fingido gesto de enfado

¡Mira quién habla! - Paulino soltó una carcajada y Claudia rió con él

Me caes bien - dijo él

Mmmmm...no sé tú...

...No se tú, pero yo no dejo de pensar... – cantó Paulino

¡Pobre Luis Miguel...lo acabas de destrozar...!

Claudia, se dio cuenta que se sentía a gusto en la compañía de aquel desconocido que parecía tener algo de un loco de atar pero que a su vez la hacía sentir segura y en confianza

O sea...¿No me darías la gaviota de plata?

Ni la de barro tampoco... jajaja – rió como si hubiese contado el mejor chiste del día

Paulino, soltó una carcajada al tiempo que le dio un manotazo un tanto bestia en el hombro

¡Auch!...¡Qué bruto!

Sorry - puso una exagerada cara de arrepentimiento que la hizo reír.

Luego, él volvió a concentrar su atención en el papel. Le parecía que había una extraña incongruencia en todo.

¿Por qué tanta delicadeza de material para describir valores de unas malditas verduras? ¿No crees que esto es...

En ese momento, se percató del número telefónico

¿Te fijaste que aquí tenemos un número de teléfono?.. ¿Qué tal si llamamos para salir de la duda?

El brillo en los pícaros ojos azules de Paulino la hizo llenarse de curiosidad

Ok - dijo - Llamemos


Paulino, miró la pantalla de su teléfono y pudo percatarse que alguien había contestado porque el contador de los segundos estaba en movimiento. Sin embargo, no se escuchaba ningún ruido...

¡Aló! ¿Verdulería?

¡Escucha imbécil! - dijo una voz potente que parecía extranjera- Sabemos que eres el idiota que estaba detrás de nuestro contador en la fila del banco. Te advierto que si no nos devuelves la cartulina hoy...¡tendrás fatales problemas!...¿¡Entendiste!?

Por la mente de Paulino, acostumbrado a vivir experiencias al borde del abismo que lo obligaban a tomar decisiones tan instantáneas como audaces sobre su bicicleta por senderos imposibles, se entrecruzaron distintas respuestas prácticas o salvajes para esta inesperada situación...

¡Tendrás que esperar tu turno, pendejo de mierda! - exclamó exaltado y cortó la llamada. Acto seguido, tiró el teléfono sobre la mesa.

Claudia, lo miraba con los ojos muy abiertos y una expresión de perplejidad ¿Qué diablos pasó? - pudo decir

Paulino, se recostó en la silla, se cruzó de brazos y la miró con una extraña serenidad antes de contarle

Me acaban de amenazar por este puto papel - dijo finalmente con una mueca casi burlona

¡Guau...! ¿Y por qué?... ¿Qué te dijeron? - su rostro denotaba un poco de angustia y otro tanto de desconcierto

Eso que te dije. Me amenazaron. Pero, tú tranquila...No pasa nada. Ya veré de qué se trata. Lo que sí está claro es que esta cartulina de mierda parece esconder una clave que seguramente este tonto estúpido la puso en este papel...

Revisó detenidamente la cartulina y leyó en voz alta: Símbolo gato, más 55921-5672-23. Ésta, por ejemplo, puede ser la clave de algo importante, algo muy valioso...O quizás, no... A lo mejor la combinación es otra...No sé...

¿En verdad te amenazaron en serio?

Así es...Pero no sé que tan seria es la cosa - tomó el teléfono y al mirar la pantalla se percató que se había apagado – Veamos que pasa ahora...Mmmmm … parece que está urgido el tipo éste...Llamó 3 veces

Claudia, lo tomó del brazo

¡Vaya!...¿Los vas a llamar ahora? - su voz denotaba lo nerviosa que parecía estar

No, no tengo claro qué es lo que debo decir o hacer, pero es mejor desconectarse de la presión

Acto seguido, apagó el teléfono

¿Y ahora qué hacemos? - exclamó Claudia

¿Qué...hacemos? - Paulino, soltó una risa chistosa - ¿Ya somos Bonnie and Clyde o qué?...jajajá

¡Qué pesado!...¿No ves que estoy nerviosa?...Esto parece una amenaza grave...¿O no?

Mmmmm...quién sabe. A lo mejor es una pitanza estúpida...

¿Tú crees? A mi no me parece...

Y a mi tampoco...jajajá

La risa de Paulino le resultó fuera de lugar.

Es que no se entiende – dijo Paulino - que alguien ponga un secreto o una clave en un papel y que otro tonto lo deje caer en la fila de un banco...¿Por qué un papel? Hoy, hay todo tipo de aparatos digitales donde esconder un número o lo que sea...Este parece el complot de unos tipos tontos o pasados de moda...

En realidad... -exclamó ella – Hasta puede que tangas razón. Sin embargo, eso no cambia el hecho de que hay alguien que te está amenazando y que sabe que tú tienes el papel...

Así es – asintió Paulino – es por eso que habrá que analizar bien los pasos que siguen...


Un Plan Perfecto para una Víctima Ambiciosa


Bruno, miró al policía que hacía esfuerzos por controlar el embotellamiento de buses y automóviles que se daba casi siempre a esa hora de la mañana en aquella parte de la ciudad donde cuatro calles convergían en una rotonda. El estridente sonido del silbato policial rebotaba al interior de su cabeza como si fuera el llamado de algún pájaro en alguna selva...

Policía pendejo - masculló entre dientes

Alberto, sentado a su lado en la banca de la pequeña plazoleta, soltó la risa

¿Te refieres a ese que dirige el tránsito?

Ahá...

Pobre tipo. Está la cagada y el tonto ese no sabe bien qué hacer...

No creo que sea una tarea fácil estar dirigiendo el tránsito en medio de esa batahola de cabrones que quieren meterse a huevo en la rotonda - dijo John, el otro componente del trío de amigos sentados en la banca

No me parece que sea algo tan difícil - exclamó Bruno mientras observaba detenidamente las vías, semáforos y los flujos de coches que convergían en el punto donde el policía luchaba por ordenar el tránsito. En ese recorrido visual descubrió entonces que uno de los semáforos no estaba funcionando bien...

Creo que voy a ir a dirigir el tránsito – dijo tranquilamente y luego enfiló sus pasos hacia la rotonda.

Avanzó entre los vehículos que hacían sonar sus bocinas con impaciencia y se detuvo en medio de la calle que tenía el semáforo apagado.

El policía lo miró hacer desde el otro lado de la rotonda.

Bruno, entonces, le dio la espalda, enfrentó a las filas de vehículos que pujaban por avanzar y levantó su brazo con total autoridad conminándolos a detenerse. Los conductores de los vehículos de avanzada que copaban el ancho de la calle e intentaban meterse en la rotonda, se le quedaron mirando con cara de sorpresa, pero finalmente, decidieron hacerle caso

¡Hey! ¿¡Qué cree usted que está haciendo!?

La voz del policía le llegó apenas a sus oídos entre el ruido de los bocinazos Bruno, giró su cabeza para mirarlo

¡Ayudarte!...- gritó - ¿¡Qué otra cosa!?

Alberto y John se retorcían de la risa

¿¡Eres agente de tránsito!? - gritó el policía

¡Claro que sí!...¡Afirmativo!

Los dos en la banca se reían a los gritos

Fue lo último que alcanzó a decir porque en ese instante el policía abandonó su lugar en la calle y se dirigió hacia él como quien va cazar una rata que huye con su queso favorito.

Bruno, dio un par de brincos y desapareció de la escena igual como lo haría un soplo de viento


Después de revivir la anécdota, matarse de la risa y brindar con unas cuantas cervezas, los tres retomaron su gusto por elaborar planes idiotas para divertirse a costa de la gente.

Bruno, era especialista en proyectos maquiavélicos. Sus ocurrencias eran legendarias entre sus muchos compañeros y camaradas de universidad donde, además, era el capitán y el goleador del equipo de fútbol. Cursaba el tercer año de Artes Escénicas y había consenso general en su familia que el “niño” era un genio y que sería un artista de renombre...algún día.

John, se fascinaba con las ocurrencias de Bruno y, a la vez, alucinaba con las bobadas que éste inventaba para divertirse a costa de alguna victima de turno Pero...¿Qué trámite hago en el banco? - preguntó John

Da lo mismo...cualquiera...o ninguno...lo importante es que estés en la fila y parezcas el típico idiota que va a joder al banco con un montón de papeles...

¿Y nuestra víctima? - los ojos brillantes de Alberto sirvieron para que los otros dos soltaran la risa

Necesitamos a uno que sea joven – exclamó Bruno

¿Por qué? - la mirada inquisitiva de Alberto le dio impulso para complementar su idea

Porque si vamos a estirar el juego, necesitamos a un tonto verde que piense, pero no demasiado, y que sí tenga suficiente cabeza de chorlito para dejarse llevar por las emociones...

¡Guau...qué elucubrado...!

Bueno - agregó Bruno – es que es más factible que un tipo joven y tarado como tú, Albertito, se preste al juego, que uno maduro...como yo...ya que corremos el riego que el muy pendejo haga cálculos de inteligencia y nos cague el proyecto...jajajá

Después de las carcajadas, los tres brindaron haciendo chocar sus botellas

Alberto, sentía una gran admiración por su amigo. Creía que Bruno era el tipo más inteligente del mundo, pero, al mismo tiempo temía que sus ocurrencias cada vez más osadas, podrían terminar en un descalabro.

Finalmente, Bruno, se encargaría de la parte artística de la trama y diseñaría una cartulina que sería la que contendría el gran “secreto”, la “clave” de todo el plan. También, tendría que conseguir el chip del teléfono por si la “víctima” se ponía muy detectivesca y le daba por querer averiguar sobre la procedencia de los llamados.

Lo interesante del asunto – dijo – es que esta cartulina tiene que parecer algo muy sofisticado, una pieza muy importante, lo suficiente como para que el que se tope con ella imagine que contiene algo especialmente valioso...

¿Como qué?

Da lo mismo, John, cualquier cosa...Digamos que un número de alguna cuenta bancaria en Suiza, por ejemplo...

¿Y de qué le serviría a un tipo común y corriente tener ese dato...?

¡Ah, es que ahí es donde está la gracia de la cartulina. Ahí está el misterio bobo que hará que el tipo pise el palito y termine por ver que hay algo muy raro en la información que ésta contiene...Lo intrigante del asunto hará el resto...

No entiendo...¿Cuál es lo intrigante del asunto?

¿Te dije lo que estaba escrito en la cartulina?

No – dijo Alberto a la defensiva – Tú eres el único que sabe todo aquí...

¡Claro que sí, pendejo querido! ¡Soy el único que sabe porque soy el que está escribiendo la nota...¿O no, idiota? ¿Ah?

Los tres rieron

Bien, sabelotodo – exclamó Alberto – entonces lee de una puta vez qué fue lo que vas a escribir en la puta cartulina...

Bruno, puso la libreta de notas sobre la mesa y la giró en la dirección de sus compinches al frente suyo...

Tomates $ 8.600 kg

Manzanas $ 6.750 kg

Sandías $ 16.800 c/u

Verduras y Frutas González Hedia

T. 5-9243-8745

# 55921-5672-23

What?...¿Y qué mierda es esto? - John, a pesar de su admiración por el ingenio de Bruno, estaba perplejo

¿Tomates, manzanas...melones...? ¡Guau! ¿Y dónde está el truco? - Alberto, miraba a su amigo con cara de interrogación

Bruno, se recostó en el respaldo de la silla al tiempo que se cruzó de brazos. Los observó por unos segundos como quien mira con decepción a un mojón del perro sobre la alfombra del living...

Me da pena el par de amigos pendejos que tengo -dijo meneando su cabeza - ¿Acaso no me conocen lo bastante para saber que cargo suficiente cerebro como para inventar alguna mierda inteligente...Ah?

Fuck you! - exclamó John al tiempo que alzó su cerveza y propuso un brindis - ¡Por el genio incomprendido!

Las botellas y las risas resonaron en el pequeño recinto.

Se quedaron en silencio contemplándose unos a otros por unos segundos hasta que Alberto rompió el hechizo. Giró la libreta de notas sobre la mesa y la acercó a Bruno

Entonces...genio...cuéntanos...¿Cómo funciona un kilo de tomates...de los más caros del mundo...en esta trama?

A ver...compañeros...amigos...entrañables cegatones...déjenme explicarles los pomenores... - giró la libreta hacia ellos y señaló con el dedo índice una parte de lo escrito - ¿Pagarías $ 8.600 por un kilo de tomates o $ 6.800 por una putas manzanas?...¿No, verdad?...Bueno, pues, ahí está el primer encuentro con la intriga que hay detrás del escrito...Ahí comienza la conexión con el tipo que lee la cartulina y que intenta encontrarle sentido...

Alberto y John, lo miraban sin la menor expresión de estar entendiendo algo de la trama

Bruno, se dio cuenta que su explicación necesitaba de otros argumentos

Esperen...recuerden que esto es un juego, una trampa...como un laberinto. No queremos ser tan obvios como para poner algo evidente, como un número de cuenta...o una puta clave...o cualquier otra simpleza que sólo le podría servir al dueño de la cartulina...Entonces, ¿Por qué una cartulina perfectamente cortada, fina y elegante iba a traer una información tan idiota como la oferta de un montón de fruta escandalosamente cara, algo fuera de toda lógica?...Y luego, está el nombre de una verdulería, un teléfono y un número de muchas cifras detrás de un signo gato... ¿No les parece intrigante?...

¡Vaya! - exclamó John – En realidad sí lo es... pero, ¿Cuál es el sentido...además de lo intrigante?

El sentido es como lo del gusano en el anzuelo. Necesitamos que la víctima, después de darle unas cuantas vueltas, se decida por darle un mordisco...Y darle un mordisco, significa que el tipo va a tener ganas de llamar a este teléfono...Y cuando llame, nos quedamos en silencio y yo les aseguro que él también hará lo mismo...Entonces, esperamos unos cuantos segundos y luego...- apuntó a John con su índice - tú, gringo, con tu mejor vozarrón de extranjero de mierda, le sueltas las palabras matadoras que hacen que todo el juego comience...

¿Yo?...¿Cuáles palabras?

Bruno, dio vuelta la hoja en la libreta y la puso frente a la mirada de interrogación de sus compinches:


Sabemos que eres el idiota que estaba detrás de nuestro contador en la fila del banco. Te advierto que si no nos devuelves la cartulina hoy...¡tendrás fatales problemas!...¿¡Entendiste!?


¡Guau...qué dramático! ¡Qué agresivo!...jajajá... - Alberto, le metió un codazo en el brazo a John– Vas a tener que sacar esa voz de mexicano machote y cabrón que tanto te gusta hacer...

¡Pos órale, maestro...le metemos con todo, hijo! Jajajá - el impostado vozarrón de John los hizo reír al unísono.

Tras el brindis, Bruno notó que en la cara de Alberto habían más interrogantes que otra cosa. Se conocían desde niños y siempre hubo ese flujo de complicidad que ahora se veía interrumpido por la expresión enigmática en el rostro de Bito, como le llamaba cuando cualquiera de sus “proyectos” incluía tener que comunicarse en voz alta entre ellos. Bruno, era Bino y John, era Yiyo.

¿Qué te preocupa, Bito?

No, nada. Estaba pensando que, a lo mejor, el que recoja la cartulina decide botarla en vez de comunicarse... A lo mejor, la encuentra ridícula...o sin sentido

No, si ridícula es – Bruno, le sonrió con picardía – Yo, cuento conque el que la lea sienta que no tiene mucho sentido, que hay algo en ella que no encaja...Creo que ahí está la clave del asunto para que se despierte la curiosidad. Además, hay otra cosa importante que tienes que considerar sobre nuestro personaje; el tipo no es de una moral intachable ni mucho menos. O sea, al igual que cualquier sinvergüenza como ustedes dos...jajajá....el hombre que formará parte de la trama es alguien audaz, fisgón, alguien que no va a cumplir con sus deberes cívicos porque se guardará para sí algo que no le pertenece...Es decir, su curiosidad superará cualquier atisbo de honradez y, en vez de devolver la cartulina, el hombre optará por quedarse con ella...Por eso, confío en que se fije en los detalles, se ponga a calcular y al final quiera llamarnos...

¿Y por qué estás tan seguro que sólo alguien deshonesto se quedaría con la cartulina?

¡Ahá! Esa es una buena pregunta – los ojos de Bruno brillaban con malicia – Es que hay otro detalle que aún no les he contado...Es el toque final que hará que nuestro hombre se sumerja en la intriga...hasta el fondo. Es un riesgo, pero me parece necesario... – agregó enigmáticamente mientras le daba un sorbo a su cerveza y los miraba como invitándolos a preguntarle

El primero en reventar fue Alberto

¿De qué detalle hablas...?...¿Y cuál es el riesgo...?

¡Alberto, el impaciente! - exclamó Bruno con una amplia sonrisa – Sabía que no te ibas a aguantar, jajajá...

Les cuento... Para darle un toque de dramatismo a este asunto, tú, John, apenas salgas del banco, te quedas en la entrada esperando a que nuestra víctima haga lo mismo. Entonces, apenas lo veas venir, tú haces como que regresas al banco y pasas presuroso a su lado, casi lo empujas, y te aseguras que se dé cuenta que tú vuelves al banco casi desesperado, como si fueras en busca de algo muy, pero muy importante, que has olvidado o...¡perdido!...

Alberto y John, lo miraban con sendas caras de pregunta

Si el hombre - continuó Bruno - no te detiene para informarte que encontró aquello que te pertenece… entonces...el tipo se ha declarado a sí mismo como la víctima perfecta para caer en la trampa...porque la intriga que lo consume supera cualquier atisbo de honradez que pueda cargar encima...su imaginación ya está desbordada... - puso una cara como de loco desorbitado - ...su mente está pensando en cosas increíbles...como en una clave, en una password...en una llave oculta en la nube que abre algún cofre...un tesoro...un pasadizo vía Google a la riqueza infinita...Jajajá

Extrañamente, ninguno de sus dos amigos rió con él

¡Mmmm!...¿Será necesaria tanta elucubración? - preguntó Alberto

¡Absolutamente! - exclamó Bruno con una expresión triunfal – a un cínico hay que sacarlo de su guarida poniéndole un fajo de billetes en frente de sus narices...¿Comprendes?

¿No será que a veces eres demasiado hijo de puta artista para estos juegos mentales...cabrón? - la voz mexicana de John los hizo reír

¡Salud por eso! - dijo Bruno, y los tres hicieron chocar las botellas

Bueno...¿Y después que el tipo llame qué sigue? - preguntó Alberto

Nada...empujarlo a que nos siga la corriente...cagarnos de la risa... y luego vemos que pasa...jajajá – la carcajada de Bruno inundó el recinto


Desde el otro lado de la calle, los tres, sentados en una banca, contemplaban el ir y venir de la gente que entraba y salía del banco. El plan era simple: una vez en el interior del establecimiento, elegirían a cualquier personaje que Bruno señalara como candidato y que se pusiera en la misma fila del cajero donde estaba John, quien, una vez que estuviera a un par de clientes de la ventanilla, y con el pretexto de estar esperando un documento, iría dejando pasar uno a uno a los que estaban detrás suyo hasta que la víctima elegida quedara justamente a su espalda. En ese momento, aparecería Alberto haciéndole entrega de un papel y él en su afán de guardarlo y buscar algo entre otros papeles, calculadamente, dejaría caer la cartulina al piso. Después de intentar el mismo truco en 3 bancos diferentes, lograron, al fin, que apareciera la ansiada víctima que, no sólo mordió el anzuelo, sino también superó con creces a todos los otros requisitos.


Los Planes Idiotas se Pudren Primero


Paulino, tuvo el presentimiento que lo mejor por hacer era controlar la exaltación que lo inundaba y simplemente decir lo justo y necesario para que el tipo al otro lado de la línea fuera el que le diera pistas...

Claudia, lo miraba fijamente. Había ansiedad en su rostro

¿Cuál es el asunto con esta cartulina? - exclamó Paulino a sabiendas que era una pregunta que no tendría respuesta

¡Ese no es tema tuyo, pendejo! - la voz estaba cargada de violencia.

No le cupo dudas que el tipo era mexicano o se hacía pasar por uno

¡Sólo danos la cartulina y todo el asunto queda en paz, wey!

Paulino, seguía pensando que cualquier clave o número secreto escrito en un papel era una idea idiota y digna de un aficionado

¿Y cómo lo haríamos? - preguntó tratando de sonar calmo y en control

Son las mil quinientas menos cero ciento cincuenta. Te llamaremos exactamente a las mil setecientas...

¿Cómo?

¡Que son las 3 de la tarde menos 15, pendejo!...¡Te llamaremos a las 5 pm en punto! - y colgaron

¡Estos cabrones o son payasos mexicanos o soldados o algo parecido! - exclamó Paulino con vehemencia

¿Por qué lo dices?

El tipo menciona la hora en miles...que las mil quinientas...que las mil setecientas...Así hablan los militares o la policía...o un bufón que se quiere pasar de listo...

Claudia había comenzado a asustarse de verdad

¡Putamadre! - exclamó – Yo creo que deberías tirar esa estúpida cartulina...

No serviría de nada... tienen mi teléfono

Pues, bótalo también...

¿Estás loca?...Tampoco serviría de nada...sabiendo el número puedes saber todo lo demás...nombre, dirección, trabajo...

¡Putamadre! - repitió Claudia - ¿Y entonces que piensas hacer?

No lo sé... - se levantó del sofá, fue al refrigerador, sacó un par de cervezas y le pasó una a Claudia que lo miraba con el rostro lleno de inquietud

¿Y por qué no vamos a la policía?

¿Policía?...¡No, para nada!...¿Qué va a hacer la policía?...Te aseguro que ¡nada! Entonces, miró a Claudia fijamente - Yo creo que lo mejor es que tú te vayas para tu casa – dijo antes de zamparse casi la mitad de la botella

¿Tú crees? ¿Y por qué voy a hacer eso? - Claudia, se levantó del sillón - ¿Por qué no les entregas a esos idiotas esa absurda cartulina y te deshaces del problema?

Paulino, caminó unos cuantos pasos alrededor del sofá

¿Tú crees que eso sería todo? Nosotros tenemos el original de algo que a ellos les importa y que le podemos sacar copia a todo lo que dice...

Sí, claro...pero esa información no nos sirve para nada...y eso ellos también deben saberlo...¿No crees?

Paulino, retomó la caminata alrededor del sofá

Es cierto...pero, entonces...¿Por qué quieren que les devolvamos una puta cartulina con pura mierda escrita en ella?

Claudia, se paró frente a la ventana y contempló los techos color terracota de las casas allá abajo

No sé...no puedo imaginar la razón... -pudo decir

Pues, yo tampoco... - Paulino fue a la mesa de centro, agarró la cartulina y se dirigió a su habitación. Un minuto después regresó con ella en su mano izquierda y una gran lupa negra en la derecha. Prendió la lámpara de pie de la sala y puso la cartulina bajo el lente. Pudo sentir el rostro de Claudia casi pegado al suyo por detrás de su hombro derecho. Los ojos de ambos recorrieron cada centímetro de la superficie de la cartulina por todos lados y no apareció nada, ninguna señal, ningún relieve o cualquier otra cosa que fuera diferente a la tinta gris oscura de lo escrito en ella...

¡No hay nada! - exclamó Paulino con vehemencia

¿Entonces?...¿Qué hacemos? - ambos, como hipnotizados, seguían mirando a través del lente

Chocaron las cabezas cuando Paulino quiso girar la suya para hablarle

¡Auch!

¡Oh...Sorry...! - con toda suavidad le quitó la mano conque Claudia se cubría el golpe en su sien y pudo constatar que no había herida. Le tomó su cabeza entre sus manos y le dio un delicado beso en el lugar del golpe...

Claudia, sintió una corriente de calor subiéndole por todo el cuerpo

Gracias...pero...no es nada...– pudo decir como temiendo que Paulino se diera cuenta de su turbación. Inmediatamente dio un paso hacia atrás y fue a sentarse al sillón

Paulino, sintió un cosquilleo en el pecho y algo tibio y delicioso en el bajo vientre. Se había dado cuenta de la reacción de Claudia. Creyó ver un tinte de rubor en su rostro. Le dio gusto imaginar que ella estaba ¿un poco? ¿mucho? ¿algo? emocionada

¿Y ahora?...¿Qué vamos a hacer?

La voz de Claudia lo sacó de sus elucubraciones

¡Foc...no sé!

Entonces, la miró directamente a los ojos. Inmediatamente, su pecho se llenó de cosas ardientes, hermosas, apasionadas, dulces y...heroicas. De su boca salieron palabras que iban totalmente a contracorriente de lo que le pedían a gritos sus ansias más etéreas y también las más terrenales

Creo..que...como primera medida...tú tienes que irte para tu casa...

En los ojos de Claudia aparecieron unos chispazos. Después, una explosión de rubor le subió por el rostro hasta hacerle palpitar sus sienes

¡No! ¿Por qué? - exclamó impetuosamente poniéndose de pie

Paulino, la miró con unos ojos tan brillantes e intensos (amén de una estúpida sonrisa en sus labios) que, Claudia, se dio cuenta de todo. Supo de inmediato que a ella no le importaba nada, que no temía a nada y que el único sitio perfecto para estar, era ahí...Y que aquel tonto de la sonrisa boba y los ojos como brasas que la miraba embelesado, era la cosa más linda del mundo...su isla, su paisaje...el hombre que siempre soñó conquistar...o la emoción que siempre quiso sentir.

Pero, claro, una cosa es lo que se siente, otra lo que se calcula y otra – cargada de matices - lo que se expresa

No, yo no me quiero ir...a mi casa...¡no! – pudo decir haciendo un gran esfuerzo por recomponerse

Paulino, estaba feliz. En ese preciso instante no recordaba nada de ninguna cartulina ni de amenazas ni del lío en que estaban metidos...En él, palpitaba algo nuevo y delicioso que le hacía ansiar abrazarla, acurrucarla, protegerla...

Pero, con las emociones a flor de piel es difícil que, lo que cruce la garganta en dirección a la boca, no sean sino aquellas presunciones del bueno estúpido que llevamos dentro, que casi nunca sirven para nada y que sí echan a perder las ocasiones mágicas, incluso aquellas que nunca se volverán a repetir...

Es que...es...es lo mejor para ti... - balbuceó – Esto se puede poner peligroso y no...no me gustaría que algo saliera mal...contigo...

¡Tonto! - alcanzó a decir antes de abrazarlo y acurrucarse en su pecho como si le hiciera falta todo el calor del mundo y a la vez necesitara imperiosamente escuchar los latidos de su corazón.

Se quedaron así hasta que el sonido del teléfono los sacó abruptamente del paraíso donde los había puesto el amor.


El reloj marcaba las 15:15


John, a través del celular, con el tono mexicano más brutal posible, leía el papel con las instrucciones de Bruno:

"...Escucha, cabrón...Pos, ahorita, hemos adelantado la hora del mensaje porque no queremos ni una pinche sorpresa. Lo que sí queremos, es que el chip en la cartulina esté perfecto. ¡Nada de trucos!...¿¡Oíste, wey!?

Por la cabeza de Paulino cruzaron raudamente distintas opciones de preguntas. Una de ellas era ¿Cuál chip? Sin embargo, inmediatamente presintió que era una mala pregunta

¿Cuál truco? - dijo finalmente

No hubo respuesta. Habían cortado la comunicación.

Al oír la pregunta en el altavoz, Bruno había metido su dedo índice en el celular que sostenía John y cortado la llamada.

¡Eso me gusta! - exclamó mirándose el dedo con una amplia sonrisa - ¡Que haya drama...que haya misterio!...¡que haya incertidumbre! ¡jajaja!

John, no pudo reír con él porque después de haber leído el mensaje escrito por el propio Bruno, aún le daba vueltas en su cabeza lo del chip

Todavía no entiendo para qué metiste aquello del chip...No viene al caso

¡Mi querido y sobreactuado mexicanote! - lo agarró del cuello como si lo fuera a estrangular - ¡No te asesino sólo porque eres mi amigo...una rata de Jalisco...el Luis Miguel de Los Andes!... ¡jajajá! - lo soltó y se dejó caer en el sofá

Pendejo - continuó - ya deberías entender que estamos en medio de una farsa, un drama, una película en donde el principal actor secundario es la víctima aquella que tiene la cartulina y que aún cree que en ella hay un secreto, una clave, un misterio...¡uuuuuuuuuu...! - abrió los ojos como si quisiera sacarlos de sus órbitas - Pero resulta que tú, yo y el baboso de nuestro mejor cuate...amigo y bastardo compañero...somos los verdaderos protagonistas de esta súper producción...y eso quiere decir que somos los que sostenemos el drama...los que ponemos las pistas...los que diseñamos atajos que no van a ninguna parte...¿Entiendes, tontuelo?

Entiendo...Pero, no van a encontrar ningún chip en ese papel...

Pero ¡qué bestia eres!...¡Eso no importa!... Lo que sí importa es que nuestra víctima se confunda, que revise la cartulina hasta el cansancio, que busque pistas donde no las hay...que hasta piense que el chip pendejo es un puto nano chip que está oculto en la letra A o en la B o en la C de cualquier parte...

¿No será mucha película?

¡No importa! - le dio una palmadita en el cachete - ¡No importa! Lo único que importa es que el juego siga el camino de la incertidumbre, de la suposición, de la conjetura y especialmente...de la búsqueda de cosas que no existen...Todo eso, mi querido machote, nos mantiene en carrera...

¿Y que pasa si el tipo se aburre de tanta pendejada... y bota la cartulina... y... ¡manda todo a la mierda!?

Pos...¡nos vamos todos a la chingada! - exclamó Bruno soltando una carcajada



Paulino y Claudia, hicieron el amor varias veces hasta quedar exhaustos y felices. Olvidaron todo el drama y durmieron abrazados, hechos un ovillo.

De madrugada, a Paulino lo agarró la consciencia del lío de la cartulina y los tipos detrás de ella. Se despertó sobresaltado con el recuerdo confuso de un sueño en donde huían por una playa de dunas en una noche borrascosa mientras los acechaban las voces y los ladridos coléricos de unos perros negros y enormes.

Los abrazos, besos y arrumacos fueron la previa del desayuno.

Se miraban e inmediatamente se sonreían. Parecían un par de idiotas que acababan de descubrir que el amor es la receta perfecta para decidir cosas ridículas, audaces, intrépidas y, obviamente, extravagantes...

¿Y si botamos esta estúpida cartulina, el teléfono y nos vamos a alguna parte lejos de aquí...? - exclamó apasionada

Paulino, con su mejor cara de amartelado hasta la médula, le sonrió con dulzura

¡Eres linda! - dijo e inmediatamente cambió de semblante – Pero, no podemos hacer tal cosa...Tenemos que arreglar este asunto de tal forma que no exista nada pendiente con esta cartulina de mierda... - dio un manotazo a la mesa - ¿Te das cuenta? Estábamos soñando con algún secreto fabuloso y mira ahora en el lío idiota en que estamos metidos...

¿Estábamos soñando?...¡No me digas! - soltó una risita – El que se pone a recoger cartulinas y problemas en los bancos eres tú... No yo... - entonces fingió una carita de pena - ¡Pobrecito!

Claro, ahora resulta que ella es la víctima inocente... - la tomó del cuello y le dio un apasionado beso en la boca. Dos minutos después, bajo la lluvia caliente de la ducha, volvieron a las deliciosas acrobacias cuerpo a cuerpo.

El teléfono sonaba sin parar.


¿Y qué pasó? - Bruno, estaba impaciente

¡Nada! No contestan – John, tiró el teléfono sobre el sillón – Parece que en verdad se cumplió lo que dijiste... ¡Nos mandaron a la chingada!...

Por la mente inquisitiva de Bruno pasaron imágenes de su víctima y de los últimos acontecimientos. No le cuadraba que la razón para que no contestara el teléfono tuviera que ver con algo como eso. Algo estaba pasando y no era lo que imaginaba John.

Justo en es instante, comenzó a sonar el otro teléfono. Se miraron sorprendidos.

Ese es mi teléfono - Bruno, miró la pantalla y se puso tenso. Su intuición le dijo que algo no estaba bien

¿Viejo?...Hola...¿Cómo estás?...

Hola, hijo – la voz de su padre sonaba agobiada -...Tenemos problemas. Tu madre ha sufrido una recaída...

Le vino una oleada de angustia. Su odio en contra del cáncer le hizo sentir que la sangre hervía en sus venas.

¿Y dónde está ella, ahora?

La trajimos de vuelta a la clínica – Bruno se dio cuenta que su padre, a duras penas, contenía sus emociones -...Ya sabes, ella no quería venir...Está furiosa...

Los dientes de Bruno rechinaban en sus mandíbulas

¡Puta enfermedad de mierda! - gritó

Lo sé, hijo, lo sé... - la voz del hombre se quebró - ...Ven a vernos apenas puedas, por favor....

Voy ahora mismo para allá, viejo...Tú, tranquilo
¿Qué pasó? - exclamó John, a pesar que intuyó perfectamente lo que pasaba

Mi mamá está de nuevo en la clínica – se puso la chaqueta y cogió el casco y las llaves de su moto – Me voy... Nos vemos en algún momento

Ok...tú no te preocupes...Ojalá todo salga bien – Jonh no sabía muy bien qué decir – Si en algo te puedo ayudar...me llamas de inmediato...¿Ok? - lo acompañó afuera y cuando Bruno estaba listo para arrancar la moto, se acordó de la otra llamada del teléfono

Oye...¿Y qué hacemos con el tipo éste de la cartulina?

¡Puta...no tengo idea! - se afirmó el casco - ¡Olvídate de esa mierda!...En realidad...has lo que quieras...Yo, ya no estoy para hacer bromas...- con el puño le dio un suave golpe en el pecho - ¡Nos vemos, Yiyo...cuídate! - arrancó la moto y partió como una exhalación

Aquella noche, John, llamó a Alberto para contarle lo de Bruno, y mientras esperaba la llegada de su compinche bebía otra cerveza y rebuscaba en su cerebro alguna idea que le sirviera para encontrar las palabras que tendría que decirle al tipo de la cartulina.

¿Cómo es posible que a Bruno las ideas le lleguen como si nada?... ¡Pinche pendejo!... ¿De dónde saca tanta imaginación ese cabrón?

Cuando llegó Alberto, su mente estaba igual de vacía que en un principio.

Comentaron brevemente lo de la mamá de Bruno y luego regresaron al problema de la cartulina.

No se me ocurre ni una mierda – le dijo zampándose el resto de la cerveza

Alberto, se puso a reír.

Es que tu fuerte no es imaginar cosas ni resolver puzzles...Lo tuyo son la imitaciones...las voces...los timbres mexicanos...

Yiyo, miró a su amigo con ojos de admiración y agradecimiento

Jajajá...no es para tanto – exclamó

Si serás pendejo... - Alberto, quería profundamente a su amigo porque consideraba que era un niño bueno en un cuerpo grande y un cerebro pequeño – Pero, igual te quiero... Aunque, por otro lado, Yiyo...yo tampoco sé qué vamos a hacer con este cabrón de la cartulina...Y debemos hacer algo pronto porque ya pasó más de un día completo desde la última vez que nos conectamos con ese tipo...

Bruno, dijo que hasta aquí no más llegábamos con eso

Sí, pero, Bruno ya no está en este juego – Alberto sonrió con picardía - ¿Qué tal si le llamamos y le decimos que...

No sirve de nada – interrumpió John – no contesta...

¿Cómo que no contesta?

Sí..lo estuvimos llamando con Bruno y nunca contestó...

Alberto, puso cara de pocos amigos. Le molestó enormemente escuchar eso.

¡Ah, no...esto no se puede quedar así!...- exclamó con rabia - Hemos invertido tiempo y esfuerzo en este truco y no podemos permitir que el muy pendejo se salga con la suya así ...de gratis...¿Cómo que no contesta?... - entendió su mano hacia John – Yiyo, pásame el teléfono...

Espera, Bito...¿Ya tienes algo para decirle?

Alberto, se quedó estático. Hizo su mejor esfuerzo mental...Y nada.

Tienes razón, Yiyo...con la calentura se me olvidó que... - se puso de pie abruptamente – Espera...se me acaba de ocurrir una idea...¿Qué tal si le llamamos y le decimos que vaya a la cumbre del cerro Miramontes, donde está la gruta del minero...

Me gusta ese lugar – exclamó John, entusiasmado

...Bueno...mejor aún. Pero, déjame terminar la idea...¿Qué tal si le pedimos que ponga la cartulina debajo de la placa que está justo a la entrada de la gruta?...

¿Y nosotros...qué hacemos?

Jajajá...Nosotros nos estaremos cagando de la risa...

¿Por qué?...Parece un plan muy aburrido...

¿Cómo, por qué? - Alberto, se sintió algo ofendido – ¡Porque sí!...¿Y qué tiene de aburrido, cabrón?

No sé...No me parece divertido...

¡A la mierda, entonces!...¿Por qué no llamamos a Bruno?

No se puede...Te dije que Bino está con su mamá enferma... y además, ya me dijo que no quiere saber más nada de este asunto...

¡Me cago! – exclamó Alberto dejándose caer en el sillón


Alberto, era un soñador con 23 años encima, que no se exigía ni tampoco le pedía demasiado a la vida. Sus planes era siempre del corto plazo y se resumían en pasarlo bien dentro de las horas en que estaba despierto. El día siguiente era un asunto del futuro y a él no le llamaba la atención ni le preocupaba un horizonte tan demasiado lejos. Vivía con sus padres y dos hermanas menores en una casa que también fue de sus abuelos. Él, prefería estar en otras partes que bajo el alero de los muros fríos, altos y gruesos que sostenían un techo coronado con tejas que ya parecía no ser capaz de contener la lluvia. Había siempre que perseguir las goteras con los baldes porque, tras los arreglos (siempre de urgencia), éstas cambiaban de lugar constantemente.

Tatiana, su ocasional “novia”, se había hecho muy amiga de su madre. Y eso, era algo que no le parecía tan bien porque muchas veces, cuando quería llegar e irse a la cama, se topaba conque Tatiana estaba instalada en el living tomándose unos vinos con sus padres. Aquello, lo obligaba a sostener charlas que se le hacían insufribles porque todo lo que allí se hablaba tenía que ver con el chismorreo y las especulaciones acerca de personas que él ni siquiera conocía lo suficiente como para opinar. Extrañamente, le daban ganas de meter la cuchara sólo para darles la contra cuando presentía con toda claridad que las palabras que salían de sus bocas no eran más que habladurías.

Para Alberto, sus correrías con Bruno y John eran los mejores momentos de su vida. Admiraba la inteligencia de Bino, aunque, en el fondo de su corazón, ansiaba ser, él, el protagonista y el genio creador de una gran aventura juntos. Entonces, y a pesar de la inseguridad y sus dudas, se dijo que si Bruno no estaba disponible para seguir el juego, él se haría cargo de continuarlo.

Pero, claro, una cosa era pensarlo y otra muy distinta llevarlo a cabo.

Siete Balazos para Suspender el Juego


Paulino, contempló el rostro de Claudia durmiendo a su lado y se dijo que era la mujer más hermosa que había visto en su vida. Bendijo la suerte que tuvo de conocerla y hasta le dio gracias a la estúpida cartulina de mierda que fue la causante de haberse topado con ella en aquel restaurante a donde llegó de pura casualidad y sólo para descubrir el secreto más idiota del mundo y de paso, meterse en un lío que ahora lo despertaba a las 3 de la mañana lleno de ansiedad. En su mente se cocinaban a todo fuego planes que buscaban resolver el asunto a como diera lugar. Había empezando a perder la paciencia con el juego de las llamadas telefónicas y una rabia sorda y violenta se hacía cada vez más presente en sus pensamientos y se enquistaba cada vez más profundamente en sus entrañas. Ahora, sentía que tenía motivos más que fundamentales para defender lo suyo a como diera lugar. La suave y tranquila respiración de Claudia le hizo sentir que por ella podía hacer cualquier cosa, hasta matar si fuese necesario.

Se levantó sigilosamente y con sumo cuidado abrió la puerta del closet y sacó una caja de madera que estaba al fondo tapada con unos libros. De ella, extrajo una pistola Baretta 21A, Bobcat, calibre 22.

Tras comprobar la carga en la pistola, la guardó en el bolsillo interior de su chaqueta.


Alberto, despertó sobresaltado y de inmediato miró el reloj sobre el velador. Eran las 4 am. Se sentó en la cama y maldijo a Bruno. En sus sueños, había estado huyendo por un camino extraño y oscuro mientras un tipo enorme de brazos largos lo perseguía con un revólver y le gritaba ¡Dame mi cartulina!...¡Dame mi cartulina!

Como no había podido resolver la forma de seguir el juego, le bajó una sensación de frustración y rabia en contra de Bruno por haberlos abandonado.

¡Pinche cabrón! - se sorprendió de su “mexicana” expresión

Claro que, dos minutos después, ya se habían metamorfoseado todas sus emociones y entonces se sentía culpable de maldecirlo a sabiendas que su madre estaba de vuelta con cáncer e internada en la clínica

¡Qué idiota eres! - se dijo

Con una humeante taza de café, cubierto con una ´manta y recostado en el sillón de la terraza, contempló el amanecer y la tibia aparición del sol a través de un horizonte de bosques y bruma. Por su mente revoloteaban las ideas de la continuidad del juego de la cartulina. Le pareció que aquello de pedirle a la víctima que la pusiera bajo la placa en la gruta del cerro, era una total estupidez

Yiyo, tiene razón...¡Qué aburrido!...¿Dónde está la gracia en eso? - exclamó en voz alta – El lugar está bien...pero...hay que hacer algo diferente...

Al dar un sorbo al tazón se percató que el café se había enfriado. Cuando abrió la tapa del microondas y estaba a punto de meter la taza, en su mente apareció la idea...

John, con un solo ojo abierto miró la pantalla del celular

¿Qué pasa Bito?...

¡Despierta, pendejo!... Necesito que estés muy avispado... - la voz de Alberto sonaba ansiosa y excitada

¡Putas!...¿Qué pasa cabrón?... - se sentó en la cama - ...ya estoy despierto...

Bien...¡escúchame!... Tengo un plan para seguir el juego...

¿Estás seguro?...O sea...¿Estás seguro que es un buen plan, wuey?

¡Claro que sí, cabrón!...Te espero en el parque a las 9...mexicanote...

¿Te refieres a las novecientas, wey?...jajajá

¡Órale, pendejo! Jajajá


Hay mujeres que, al despertarse, son las más hermosas del mundo. Son como aquellos paisajes de la naturaleza que nos cautivan con una panorámica magnífica y encantadora, pero que si uno hace la tarea de desmenuzar todos los componentes que conforman la gracia del cuadro, podría ser que esa sensación de maravilla – en el caso de Claudia - no sea sino la ilusión de la mirada a través del loco encandilamiento del amor.

Paulino, la contempló con ojos de adoración.

Claudia, finalmente, se despertó y le dedicó la sonrisa más amplia y feliz del mundo.

Hermosa... - dijo él colocándole el índice sobre la punta de su nariz

Bello... - exclamó ella besándole la palma de su mano
Mientras desayunaban, contemplaban furtivamente al celular sobre la mesa. Ambos, sentían la misma ansiedad de una llamada que parecía atrasarse más de la cuenta y que les hacía conjeturar cosas oscuras, siniestras, incongruentes y hasta ridículas.

¿Qué habrá pasado?...¿Se habrán enojado porque ayer no contestamos el teléfono?

Nunca lo oímos sonar – exclamó Paulino para inmediatamente soltar una risa – Claro que jamás lo hubiera contestado a esa hora...y en ese momento... – sus ojos brillaban de picardía

Te habría matado si lo hubieras hecho...jajajá

Tras ese breve lapsus de risas, se vino de vuelta la sensación incómoda y angustiante de no saber cuál era la real situación en que se encontraban.

Paulino, se levantó de la mesa y acercó a la ventana. A través de la cortina observó con detención la gente en la calle y los autos estacionados. Le pareció que el coche verde oscuro era el único que había estado en el mismo lugar desde la noche anterior. Por su cabeza se entrecruzaban imágenes de bandidos en el interior del auto y de la suya propia como un perfecto imbécil figurándose cosas, horrores y peligros.

¿Viste algo? - Claudia, podía sentir la tensión en Paulino

No...nada...Tú tranquila... - se sentó nuevamente - Creo que esto de estar pendientes de este maldito teléfono me está cansando...me está alterando...

Mi amor...¿Por qué no salimos y nos vamos a caminar por ahí para relajarnos? - acercó su mano a la de él sobre la mesa

Mi amor... - se sintió dichoso al repetir esas palabras en su mente. Los dedos de sus manos se entrelazaron en una caricia

Ok...hermosa...vamos... La amplia sonrisa de Claudia coincidía en plenitud con el intenso brillo de sus ojos
Paulino, se puso la chaqueta y palpó la Baretta en su bolsillo. Mientras esperaba que Claudia se vistiera, se paró de vuelta frente a la ventana y repasó en detalle todo lo que ocurría en la calle hasta ambos extremos de la cuadra. El coche verde oscuro seguía estacionado en el mismo lugar.

Buscó los anteojos de larga vista en el armario y ajustó el lente para enfocar con más nitidez lo que ocurría al interior del vehículo. Se alcanzaban a ver unas manos sobre el volante y un celular o quizás una aparato de radiotransmisión sobre la parte superior del tablero en el lado del copiloto

Son dos tipos – se dijo. Hizo ajustes para mejorar el enfoque y poder distinguir si era un radiotransmisor o un teléfono.

¡Foc, no se alcanza a distinguir!

¿Qué viste? - la voz inquieta de Claudia a centímetros de su espalda le hizo dar un respingo

¡Coño, mujer...no asustes!... No pasa nada...- hizo un gesto apuntando hacia el auto verde - Solo que no puedo ver bien que hay sobre el tablero del aquel coche, el verde...- le pasó los binoculares – Dime tú que ves...

Veo...un par de manos sobre el volante...y también veo...un transmisor de radio o algo parecido...

Paulino, sintió que algo se apretaba en la boca de su estómago. Hizo un esfuerzo para disimular su tensión

Muy bien, hermosa...creo que esta vez vamos a salir por atrás, por los estacionamientos...

¿Por qué?...- había ansiedad en su mirada - ¿Crees que los del auto verde están ahí por nosotros?

No, mi amor, no te pases películas – le acarició la barbilla – Solo creo que es mejor ser precavidos...


¿Aló?...¡Aló!...¡Hola, soy Exequiel Bustamante y estoy aquí esperando ¡otra vez! que llegue la grúa a buscar mi coche...¿¡Qué es lo que pasa ahora señorita!?...

Disculpe usted, señor Bustamante, pero nos hemos topado con un problema inesperado...algo que no podíamos prever – la recepcionista del taller mecánico denotaba estar muy afligida -...Pues, resulta que el chofer, yendo para allá donde está usted, se topó con la protesta de los profesores que bloqueaba toda la avenida y quedó atrapado sin poder moverse en ninguna dirección...Cuando quiso echarse para atrás, los encapuchados que estaban en el tumulto, tomaron su intento como una agresión y se le fueron encima con palos y fierros...le rompieron los vidros, los focos, los espejos...Fue algo terrible...el pobre Matías...el chofer...se salvó de que lo apalearan gracias a que llegó un contingente de la policía...y si no fuera porque...

Ok, señorita – interrumpió el hombre – entiendo su larguísima explicación y lamento lo del chofer...Pero, dígame ¿Qué hago yo entonces aquí?...¿Va a venir alguien o no?...Le recuerdo que mi coche está en este mismo lugar desde ayer...y esta es la segunda vez que venimos a esperar la grúa...

Sí, señor Bustamante, lo entiendo perfectamente..pero, le aseguro que otra grúa llegará a donde usted en cualquier momento...

¿Y qué es para usted cualquier momento, señorita?

Ehhh...15 minutos como máximo, señor Bustamante...

Ok...No quiero ser majadero, pero ¿Tiene claro cuál es la calle y el número del edificio en donde estoy estacionado?

Sí, señor

¿Y sabe de qué marca y de qué color es mi coche?

Si, señor

A ver.. ¿Me lo puede confirmar?

Calle Miramontes 386 y su coche es un Jeep Grand Cherokee de color verde oscuro, placas GH-TU-2672

Ok. Gracias...Y ¡por favor! Apure la causa lo más que pueda...

Sí, señor Bustamante...me aseguraré de que así sea...

Sí, como no... - exclamó el hombre con ironía y luego se volteó hacia su acompañante

Gabriel, toma la radio y comunícate con el jefe de obra...Dile que el primer camión cementero está por llegar...Y que no descarguen sino hasta que el ingeniero de nivelación esté con ellos...


Paulino, había ideado un plan. Ya instalados en una cafetería a dos cuadras del departamento, le costó bastante convencer a Claudia que la esperara en aquel lugar. Le contó que tenía que hacer un trámite con alguien que podía ayudarlos a salir del embrollo.

Minutos después, había llegado de vuelta a su calle para ocultarse detrás del kiosko de los periódicos en la esquina y a unos 30 metros del coche verde estacionado que había visto desde la ventana. Desde allí podía observar con cierta claridad los movimientos de las dos personas a bordo. Cuando vio que el hombre detrás del volante hablaba por teléfono y luego su acompañante hacía lo propio por el radiotransmisor, no tuvo dudas que aquel par de tipos tenían que ver con los mafiosos de la cartulina y que estaban allí para vigilar su departamento y, obviamente, esperar a que él apareciera.

¡Putos cabrones! - su cuerpo y su cerebro se llenaron de ira, como una corriente eléctrica que lo cargaba de una energía oscura y violenta. En su mente se dibujó el rostro de Claudia y sintió una oleada de adrenalina en todo su cuerpo.

Sus dedos en el bolsillo de la chaqueta se aferraron a la Baretta...
Claudia, sentada en la mesa de la cafetería, bebía un expresso, mientras observaba afanosamente a la gente que entraba y salía del local... Le angustiaba la idea de que Paulino se demorara en regresar.
Paulino, decidió que lo mejor por hacer era ir hasta la calle paralela y rodear la manzana para llegar por detrás del coche.

Cuando estuvo a pocos metros de distancia del auto verde, se paralizó. El rojo haz de un láser pasó frente a sus ojos haciéndole parpadear. Le tomó un par de segundos recuperar la visión. Con su mano aferrando la culata de la pistola pudo ver el láser reflejándose en el espejo retrovisor del Grand Cherokee. Paulino, se agazapó detrás de un contenedor de basura sintiendo el loco palpitar de su corazón.

Exequiel Bustamante, estaba asombrado. A pesar de las tantas veces que vio esos artefactos en manos de los técnicos en las obras de su empresa constructora, nunca había tenido la curiosidad suficiente para examinar en detalle cómo funciona un nivelador láser profesional.

Mire, jefe – le explicaba Gabriel, su capataz de obra – este aparato funciona multidireccionalmente...¿Se fija?...Observe usted cómo los rayos láser van en cuatro direcciones diferentes...

¡Guau...qué genial¡ ¿O sea, lo colocas en cualquier parte y te da los niveles completos?

Así es, señor. Es un aparato muy útil...Más bien, imprescindible

Me vas a tener que enseñar a usarlo...

Encantado, señor...es algo muy simple


Paulino, se dijo que no sacaba nada con quedarse agazapado detrás del basurero. Tensó los músculos de sus piernas y con una agilidad pasmosa dio un par de brincos y se parapetó detrás de un coche.

La Baretta, ya estaba fuera de su bolsillo.

Varios transeúntes detuvieron su marcha cuando se percataron de la pistola en la mano del hombre y de su violento proceder ocultándose detrás de un vehículo. Otros, prefirieron correr rápidamente en dirección opuesta, y uno de ellos se agachó justo en frente del Grand Cherokee.

Exequiel y Gabriel, sorprendidos, observaron al tipo que se ocultaba en la parte delantera del coche como quien teme por su vida, al tiempo que los ojos de aquel hombre buscaban afanosamente algo que parecía estar, justamente, detrás de ellos.

Con el aparato láser aún encendido en sus manos, Gabriel se giró bruscamente para tratar de ver a través del vidrio trasero del coche algo que tuviera que ver con el rostro de temor del tipo parapetado al frente.

Un haz del láser reflejado en uno de los espejos retrovisores, dio directamente en los ojos de Paulino.

Aquello, fue la llama que desató la locura.

Paulino, saltó de su escondite y corrió hasta el Grand Cherokee. Detuvo su carrera frente a la ventana del piloto y le apuntó directamente a su cabeza.

El capataz, del susto, dejó caer el nivelador láser al piso.

Exequiel Bustamante, pensó en su hija y en que no se podía morir sin despedirse de ella.

El capataz, pensó en que no debía cargar encima la plata de la renta.

¡Escuchen, imbéciles! - puso el cañón de la pistola en la sien de Exequiel – No sé de qué se trata este juego, pero les aseguro que no me interesa para nada...Si quieren la mierda de cartulina...¡tomen, métansela por el culo! - la arrojó al pecho de Exequiel, que, del temor inicial por su vida, se había pasado a la incredulidad.

Sin embargo, no se atrevió a hacer la pregunta que en este instante se escribió a fuego en su mente: ¿De qué diablos me está hablando este tipo?

Los ojos de Paulino arrojaban rayos de cólera.

Exequiel, recordó que sostenerle la mirada a un criminal o a un loco es un gesto peligroso. Entonces, bajó la vista hacia los pedales del coche.

Cuando Paulino tomó consciencia de lo que ocurría a su alrededor, se dio cuenta que él era el centro de toda la atención de la gente en la calle y que había un gran número de personas parapetadas detrás de coches, dinteles, basureros y postes.

¡Les advierto que me dejen en paz o volveré a encontrarlos donde quiera que estén! - los apuntó indistintamente - ¿¡Oyeron cabrones!?

Los dos hombres asintieron con la cabeza inclinada hacia el piso

¡Váyanse a la mierda! - les gritó finalmente antes de salir corriendo.

De pronto, un impulso irrefrenable hizo que Paulino sintiera el ardiente deseo de dejarles a aquellos rufianes un mensaje concluyente y categórico. Detuvo su carrera, giró sobre sus pasos y se paró a un par de metros de la parte trasera del Grand Cherokee.

Con la Baretta firmemente sostenida entre sus dedos, descargó los siete balazos en contra del cristal y el maletero del coche.

En medio del griterío de la gente que corría en todas direcciones, Paulino emprendió una calculada carrera hasta doblar en la esquina y hacer el mismo recorrido que lo había llevado hasta el coche rodeando la manzana. Cuando notó que todo estaba tranquilo a su alrededor y que los transeúntes no daban cuenta de su presencia, redujo la marcha y se metió en la galería donde estaba el local de tatuajes de su amigo Braulio, el “AntraX”, quien, al verlo llegar, lo recibió con una sonrisa irónica

¿Qué pasó?...¿Ganaste algún triatlón o qué?

Paulino, jadeando, lo miró como si hubiese descubierto algo inesperado

¡Mira que idiota fui!… No se me ocurrió recurrir a ti con este puto problema...

¡Calma, hermano! - Braulio, se levantó detrás del escritorio y fue presto a su encuentro - ¿Qué mierda te pasó?

Cuando le empezó a relatar lo de los balazos y le mostró la Baretta, Braulio lo hizo callar, le quitó el arma, lo tomó por el brazo y lo llevó rápidamente al fondo del local donde había una puerta que daba al subterráneo.

¡Quédate aquí...y no te muevas! ...Voy a ver qué está pasando en la calle... - limpió la Baretta con una toalla, la metió en un cajón y salió

Paulino, hizo un rápido plan mental antes de marcar el número de Claudia

¡Aló, hermosa...perdóname pero me compliqué con un asunto y estoy algo retrasado...¿Estás bien?

Claudia, estaba histérica

¡Putamadre!...¡Al fin me llamas!...Estaba tan angustiada que no te imaginas...

¡Perdóname, mi amor, pero algunas cosas se complicaron...

¿Como qué cosas?...¿Dónde estás ahora?...¿Estás bien?...Dime...

¡Tranquila, hermosa! Todo está bien...estoy esperando a un amigo que está por venir...De aquí parto inmediatamente a buscarte....o quizás te llamo para que nos juntemos en otra parte, ¿Ok?...Tómate un café por mientras...

¿Otro?...Tengo la panza como cafetera...¿Cómo que nos juntemos en otra parte?...¿A dónde?...

Tú, no te preocupes...Pero, por favor no te muevas de ahí...A lo mejor le pido a mi amigo Braulio que vaya en tu busca mientras yo termino de arreglar algunas cosas...

¿Braulio?...¿Y quién es Braulio?...¿Por qué tanto misterio?...¿Qué cosas tienes que arreglar?...

Claudia, mi amor... – pensó que lo mejor era aplicar autoridad – No hagas más preguntas. Confía en mí y quédate tranquila...Todo está bien...¿Ok?

Claudia, se dio cuenta que no era un buen momento para discutir y prefirió no insistir

Ok, mi amor...Tan solo te pido que te cuides...¿Me oyes?

Sí, hermosa...tú tranquila...Un beso...


Exequiel Bustamante, le mostró al policía , uno a uno, los siete orificios de bala en la parte trasera de su coche

Estos son los balazos que ese demente nos disparó sin razón ninguna...

Bueno, usted me va a disculpar pero, nadie descarga siete tiros sin ninguna razón, señor Bustamante

¡Sí, claro...eso lo entiendo!...Pero, ¡le juro por dios! que en este caso no encuentro razón ninguna para que alguien me dispare o nos dispare a mansalva y a lo loco...¡Un desquicio absoluto!...Además, yo no cargo ni tengo ninguna arma...ni tengo enemigos...que yo sepa...O sea...¡no entiendo nada!...

¿Tiene alguna otra referencia física u otro detalle de la ropa, anteojos, aros o algo más de la persona que les disparó?

No, sólo las referencias que ya le di...No recuerdo que tuviera aros, ni tampoco anteojos...No podría decir algo en especial sobre él...solo que su rostro estaba descompuesto, como loco...y que sus ojos eran...rojos...

¿Rojos?

O sea, estaban rojos...Pero, eran verdes o azules...No me acuerdo bien...Es que en ese preciso momento recordé un consejo que vi o leí en alguna parte...Que no se debe mirar a los ojos a un psicópata que lo apunta a uno con un arma...

Pero, usted me dijo que el tipo le puso la pistola en la cabeza

Sí, efectivamente...primero me apunto de frente y luego me puso la pistola en la sien y me empezó a gritar cosas absurdas e incoherentes...Me habló de un juego...me dijo que a él no le interesaba jugarlo, o algo parecido, y luego me tiró encima un pedazo de papel...

¿Qué tipo de papel?...¿Dónde está?

No sé...lo tenía sobre mis rodillas...Pero, de pronto, cuando empezaron los balazos, yo solo atiné a bajarme del coche como pude y salí corriendo a guarecerme en el auto de más adelante... Le grité a Gabriel que hiciera lo mismo...Al policía que me interrogó primero le dije lo del papel, pero no lo pudimos encontrar...

¿Y recuerda como era?

Parecía un pedazo de cartulina o algo así...No lo pude ver porque el tipo me apuntaba con el arma cuando me lo tiró encima...Solo sé que era una cosa pequeña, como de unos cuatro centímetros, algo doblado en dos...

Ok...Y usted me informa que su coche ha estado en este mismo lugar desde ayer...¿Seguro que no tuvo algún altercado con otro conductor, un choque o cualquier otra cosa...?

No, señor, para nada. Mi coche ha estado parado aquí porque no arranca. Puede verificar eso con la empresa que me quedó de mandar una grúa dos veces...y que aún no aparece...¡impresentable!

Bien, señor, eso será verificado, no se preocupe. Por ahora, los especialistas harán las pericias necesarias y mientras tanto, ustedes tendrán que acompañarnos a la estación para tomarles la declaración correspondiente...

¿Será necesario que llame a mi abogado?

Eso, es algo que usted tiene que decidir, señor

En otro lugar de la escena del tiroteo, un policía se agachó para recoger con unas pinzas algo en el suelo que estaba junto al neumático trasero de un coche. Le llamó la atención la refinada apariencia de la pequeña cartulina doblada en dos. La puso en el interior de una bolsa de pruebas.
En medio de un grupo de curiosos, Braulio, observaba el ajetreo de los policías y a los dos protagonistas aparentemente retenidos.

Haciéndose el desentendido, hizo preguntas a varios de los otros mirones. Todos tenían una versión diferente de los hechos y también del protagonista de los balazos.

Sí, yo lo alcancé a ver cuando estaba oculto detrás de ese auto. El tipo era flaco, muy alto y de...cabellera entre castaño...o algo rubio... Yo creo que esto fue una venganza...¿Quién le dispara a alguien una andanada de tiros y luego sale huyendo? ¿Ah?

El tipo era de estatura media...pelo castaño...o quizás café... - decía otro - ...Lo vi cuando iba corriendo....De pronto, se detuvo, se devolvió un poco y luego sacó un revólver...no muy grande...y sin decir una palabra, se puso a disparar...fueron cinco disparos...El loco era de contextura normal...o sea, ni gordo ni flaco...Llevaba unos jeans de color...así como oscuro...

Yo, vengo de la calle de allá atrás... - contaba otro - ...el tipo pasó al lado mío corriendo y con la pistola en la mano...un revólver o algo así...Después se metió en una de las galerías...en la del cine...creo...

No, en esa no puede ser porque yo estaba en la entrada y no vi llegar a nadie – dijo Braulio

Ah, entonces...no sé...tiene que haber sido en la otra galería...

Puede ser...- Braulio le habló cerca del oído - Pero, es complicado decir algo a la policía...Yo, no me quiero meter en nada porque al final te llevan a la estación y pierdes horas esperando que te tomen una declaración...Y si te equivocas en algo, te transformas en sospechoso...

Sí, es verdad...yo ni loco les digo algo a esos tipos... - dijo el hombre antes de retirarse

Braulio, tras observar cómo los dos sujetos del Grand Cherokee eran subidos al carro policial, pudo verificar que la policía no tenía testigos que pudieran señalar a alguien verdaderamente parecido a Paulino como el autor de los hechos. Entonces, regresó a su taller.

Paulino, escuchó impacientemente el relato con los resultados de su ataque de locura y se alivió de enterarse que no había matado a nadie. Sin embargo, su mente estaba llena de odios paridos en contra de aquellos “mafiosos”.

¿Viste si les incautaron sus armas o algo por el estilo?

No, en realidad a los tipos los subieron a la patrulla casi como invitándolos a ir a la estación. No iban esposados. Me da la idea que no estaban detenidos. Pienso que solo los llevaron para tomarles declaración o algo así...

Braulio le insistió en que su acto fue una estupidez sin nombre

Fue la desesperación...El láser me dio directamente en la cara...¿¡Qué podía hacer!?...¡No iba a esperar que ellos me dispararan primero!...¿¡O sí!?

Entiendo, Paulino...pero lo que no comprendo es qué querías lograr acechando a unos criminales con una estúpida Baretta del 22...¡No tenías ninguna posibilidad de salir ganando! De hecho, es un milagro que estés vivo y sin un puto rasguño...¡Guau!...

Es que solo reaccioné por instinto...Pero, no entiendo qué pasó con sus armas...Tienen que haberlas escondido en alguna parte...¿Viste si los registraron físicamente?

No, la verdad es que llegué casi justo cuando los iban a subir a la patrulla

Paulino, se sentía exhausto física y mentalmente y a la vez estaba angustiado por Claudia. Le pidió a Braulio que la fuera a buscar, al tiempo que le prometió contarle con lujo de detalles toda la historia de la estúpida cartulina.

¿Qué cartulina?

Una que trae escrita pura mierda, pero que esos cabrones la querían a morir...¡Nunca supe dónde estaba el truco con aquel pinche papel...!

¿Y qué hiciste con ella?

¡Se las tiré en la cara a esos infelices!

Entonces, algo debía tener si tanto lo querían esos fulanos...

¡Sí...!...¿¡Pero qué!?...La revisé hasta con lupa y no le encontré nada de nada...solo cosas absurdas como tomates y sandías a miles de pesos y otras pendejadas iguales...

Ok...Pero si tanto la querían...¿Por qué no se la devolviste en un principio?

Es que hay algo que no calza...Algo absurdo...Es una larga historia...

De pronto, Paulino se acordó de Claudia y prestamente tomó el celular

¡Cabrón, tengo que llamar a Claudia! ...¿Puedes ir a buscarla, verdad?... Está aquí cerca...

Dale...yo me encargo...

Paulino, le hizo un gesto con la mano para que guardara silencio. Claudia había contestado la llamada

¿¡Qué pasó!?...¿Dónde estás?... - su voz denotaba angustia

¡Hermosa, perdóname por la tardanza pero, ya todo está ok...En unos 5 o 6 minutos mi amigo Braulio te va a ir a buscar... Es un gran tipo y lo vas a reconocer de inmediato por su moño en la cabeza y el tatuaje en su cuello...¿Qué tal tú...estás bien? ¿Bien?...

¿Cómo voy a estar bien?...¿Y por qué viene él y no tú?...¿Qué pasó?...

¡Mi amor, por favor...! Todo está bien...lo único, es que yo no puedo moverme de aquí...Pero, una vez que Braulio llegue...y ya va en camino...estarás aquí conmigo en menos de 5 minutos...¿Ok?

Bueno...pero, que por favor se apure...


Una Maquinación No Apta para Tontos


John, recostó su espalda en el árbol de la plazoleta para escuchar con toda atención el plan de Alberto, que ya estaba impaciente por describirlo.

Alberto, estaba sentado frente a él sobre el pasto y con sus piernas entrecruzadas

Mira, Yiyo, el plan es bastante simple...Bueno, no tanto...Pero, es algo que...

¿Cómo es la cosa?... - interrumpió John - ¿Es simple o no es simple?

¡No seas pendejo!... Lo que quiero decir es que este plan es fácil de hacer, pero tiene sus mañas... - puso su mano abierta frente al rostro risueño de John - ¡Y no me interrumpas!

John, estaba tentado de la risa, pero prefirió poner su mejor cara de oyente

Bueno, el asunto es que no tenemos idea qué pasa con el tipo de la cartulina...¿Verdad?...Entonces, tenemos que hacer que ese cabrón conteste el teléfono o que aparezca de alguna forma... ¿Verdad?...

Verdad – exclamó John haciendo un gran esfuerzo por no reírse

¿Me estás jodiendo, pendejo?

¡No, hombre...no seas perseguido!...¡Ya, dale...!

Justo, en ese momento, un teléfono empezó a vibrar. El sonido provenía de la mochila de Alberto.

Se quedaron estáticos mirándose mutuamente por un instante. Alberto, reaccionó rápidamente, sacó el teléfono del bolso y miró la pantalla

Este número no lo conozco – exclamó

Nadie más que el tipo de la cartulina tiene el número de este móvil...Entonces, nos está llamando de otro teléfono...¿Qué hacemos?...

¡No sé!...¿Acaso no tenías un plan?

¡Sí, pendejo..pero no pensé que llamaría...Ehhhh....¿Contesto...o qué mierda...?

¡No!...Mejor cancela la llamada y apaga el teléfono...Necesitamos tiempo para pensar qué le vamos a decir...¡Hazlo, wey!

¡Espera!...Mejor tú contéstale y dile algo en mexicano...algo violento...algo como...¡Escúchame cabrón, ahora no puedo hablarte, pero... si en algo aprecias tu vida...más te vale que nos llames hoy... a las – miró su reloj – mil quinientas...!

¡Escríbelo...! ¡Rápido, cabrón! - exclamó John sacando de su mochila una libreta con el lápiz incrustado en los anillos.

Alberto, garrapateó el escrito lo más rápido que pudo

Con la libreta en la mano y una letra que a duras penas se podía entender, John repitió el mensaje en el teléfono con el tono más brutal y agresivo que pudo sacar. Inmediatamente después, cortó la comunicación.

Chocaron las palmas de sus manos en señal de triunfo

¡Esa estuvo buena, baboso!...¡Me encantó tu vocezota de charro de mierda...!

De seguro el pobre tipo habrá quedado asustado o, a lo mejor, se ha cagado en los pantalones...Jajajá...

De pronto, el teléfono empezó a sonar nuevamente

¡Putas!...¿Qué onda con este wey? - exclamó John -

Alberto, levantó su brazo con la mano abierta para señalarle que se detuviera

¡No contestes...!

¿Por qué no? - John, tomó el teléfono – A lo mejor, pasó algo importante...¿Y qué tal si después no nos llama?...

Ok...dale...

¿Qué pasa, wey? - dijo John al teléfono con su mejor vozarrón agresivo

Hola...escucha...no puedo llamarte a las...mil quinientas... tienes que darme más tiempo... - la voz sonaba temblorosa -...es que estoy muy enfermo...

Dice que está muy enfermo... - John cubría el auricular del teléfono con su mano

Mándalo a la mierda – le susurró Alberto cerca del oído

¡A las mil quiniestas o nada, wey! - exclamó John con voz amenazante

¡Espera...espera...!...¡Escúchame!...Esto te va a convenir... Solo tienes que darme algo más de información...

John, se puso el celular sobre uno de sus muslos

Dice que tenemos que darle más información... - hizo una mueca de interrogación - ¿Cómo más información...?..¿Qué mierda es eso?

¿Más información? - repitió Alberto - ¿Más información de qué...?...No entiendo...

¿Entonces..qué hacemos? - John, empezaba a presentir que algo no estaba bien

¡Corta...corta la llamada!...¡Ahora! - Alberto, le dio un golpe en el brazo

En una reacción impulsiva, John, tiró el teléfono al suelo. Lo malo fue que rebotó en una piedra, se quebró la pantalla y la batería salió volando.

¿¡Pero, qué hiciste...animal!?

John, estaba turbado - ¡No sé...fue una reacción instintiva..!

¡Qué bien, pendejo instintivo!...Ahora, no tenemos teléfono...ni víctima...ni diversión...¡ni nada!

John, recogió las piezas del celular y tras poner la batería en su lugar le dio al encendido. El teléfono, no arrancó

¡Ahora sí que jodimos!... - axclamó Alberto

¡Putamadre!...¡Qué cagada!...¡Sorri, man!...Fue sin querer...¿Y ahora...qué hacemos?...

¡Ahora...pendejo...no hacemos nada!...¡Jodimos!...Habría que ver si el chip aún sirve para ponérselo a otro teléfono...En fin...yo me voy...

Pero, Bito...¡No jodas!...¿A dónde te vas?...

¡A mi casa, pendejo! ...¡Nos cagaste el juego...y ya no hay nada que hacer! - Alberto, agarró su morral y se encaminó a la calle– Hablamos después...

Sorri, Bito... - dijo John a modo de despedida mientras lo miraba alejarse.

Después, se fue a sentar en el pasto con el teléfono entre sus piernas. Le puso la batería, sopló los restos de vidrio y plástico, acomodó lo mejor que pudo las partes quebradas del aparato y volvió a ponerle la batería. Casi sin querer le pulsó el botón del encendido y, para su total sorpresa, el teléfono se reinició.

Buscó a Alberto con la mirada, pero éste ya no estaba a la vista.

La pantalla rota dejaba entrever apenas algunas letras e iconos.

De pronto, comenzó a sonar indicando la entrada de una llamada. Dudó en contestar, pero la curiosidad y su escaso sentido común fueron más que suficientes para que su dedo índice hiciera el resto del mal juicio.

¿Hola?

¡No me cuelgues, hermano! - dijo la voz trémula – Te repito que estoy muy mal...muy enfermo y no estoy en condiciones de llegar a la hora que tú me dices...

John, tuvo dudas si esa era la voz del hombre conque había hablado la primera vez...

¿Con quién hablo? - dijo, olvidando por completo su acento mexicano

¿Aló?...¿Aló?...¿Me oyes?...¿Me oyes bien?...Es que yo apenas te escucho...parece que estás en un lugar con interferencia o algo así...¿Aló?...¿Aló?

Yo, oigo bien...

¡Ahí sí...ahora te oigo...! ...¿Me oyes bien ahora?

Sí...sí, te oigo...

¡Qué bien!...Escucha...Te pido que me des tiempo...Como te dije, estoy muy enfermo y no creo que pueda llamarte a las...mil quinientas...O sea, a la hora que tú quieres...Tengo que hacerme un examen de urgencia...

John, se quedó en silencio. Estaba seguro que esa voz no era la del tipo que había hablado con él la primera vez.

¿Hola?...¿Estás ahí...? - exclamó la voz Una señal de advertencia se avivó en el interior de su mente. Pero, tal como ocurría siempre en su vida, fue demasiado tarde

Cuando quiso reaccionar, dos policías estaban a su lado apuntándole con sus armas. ¡¡Quédate ahí donde estás y no te muevas!!


El oficial, Falcao Martínez, observaba con todo detenimiento la cartulina que había sido encontrada en el sitio del incidente de la calle Miramontes. No le encontraba ningún sentido. Primero, le pareció que aquel pedazo de papel era una de esas cosas tontas que la gente hace por pura ociosidad. Después, imaginó que era una pieza de algún juego de esos en los que se tiran los dados y que cuando uno cae en un casillero X debe recoger una ficha o una cartulina que trae un acertijo.

La escudriñó por todos lados y concluyó que su idea tenía mucho sentido.


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Pero – se dijo - si no tengo el tablero del juego, no podría saber de qué se trata el acertijo Sin embargo, cuando volvió con una humeante taza de café en su mano y observó nuevamente la cartulina sobre su escritorio, le pareció un total sinsentido que una fruta tan ridículamente cara fuera parte de algún enigma o de una especie de rompecabezas.

Finalmente, fue la ociosa tentación de llamar al número telefónico impreso en el papel lo que desencadenó resolver una parte del otro enigma: el de los siete balazos al Grand Cherokee.

Para un policía amante de las películas de ciencia ficción, de los dibujos animados y de los juegos en su consola, llegar a la conclusión de que todo este asunto de la cartulina no era sino el guión de otra mala película, no fue tan difícil. Observar uno a uno al trío de tontos sentados frente a su escritorio, era como si estuviera en su pieza, con sus grandes audífonos, la pantalla gigante conectada a su Exbox One y su mente sumida en una aventura de cartoon llena de acertijos bobos y trampas entre simplonas, retorcidas y maliciosas.

Le resultaba evidente que Bruno era el jefe de los bromistas y que el juego se había echado a perder porque – se dijo - ...La estupidez del ego, nunca considera los riesgos ni los imponderables que surgen de la nada o del carácter y el temperamento de la gente...

Tras un largo interrogatorio que incluyó una serie de trucos y zancadillas para sacar a luz toda la verdad posible de aquella trama, Falcao Martínez pudo determinar que había sido, la víctima de la cartulina, quien había hecho los disparos a tontas y a locas, y que, evidentemente, era un personaje que a duras penas sabría cómo apretar el gatillo.

Tampoco fue muy difícil rastrear su identidad través del destartalado teléfono que John tenía en sus manos cuando fue detenido.

¿Se dan cuenta ahora que han convertido a un ciudadano respetuoso de la ley en un criminal que estuvo a punto de matar ¡por nada! a un par de personas?

Bruno, estaba abrumado y exhausto. Llevaba casi dos días sin dormir, su madre no mejoraba y su padre estaba en medio de una profunda depresión. Aquello, sumado a su detención, acusado de “conspiración para engañar”, lo tenían al borde del colapso. Le daba lo mismo cualquier cosa que pasara. Lo único que ansiaba desesperadamente era dormir un rato... sin pesadillas.

Lo nuestro era solo una broma. Nada más que eso... - exclamó como hablando consigo mismo

Pues, el señor Exequiel Bustamante, al que casi matan de siete balazos, no piensa lo mismo y está dispuesto a levantar cargos por intento de asesinato – el policía lo apuntó con el dedo - … y tú vas a ser el principal responsable...

John y Alberto se miraron furtivamente. No se atrevieron a levantar la cabeza y volvieron a quedarse con la vista fija en el suelo. Estaban avergonzados. Por ellos mismos y por Bruno. Sentían la humillación de haber sido unos idiotas y haberlo echado todo a perder.


Al Final, Todos Caben en el Cielo


Exequiel Bustamante, tenía, en su hija única de 16 años, Francisca Bustamante Alemparte, el tesoro más grande que la vida pudo regalarle. Aquella chica era para él un ser de luz, un ángel lleno de inteligencia, precoz sabiduría, enorme generosidad y que, además, tenía algo que a él lo hacía emocionarse hasta las lágrimas: un profundo amor por su padre.

Ese sentimiento era evidentemente mutuo y hacía suspirar a una parte del colegio, cada mañana, cuando él la iba dejar hasta la puerta y ambos se despedían con un abrazo como si esa fuera la última vez que se verían. Para una mayoría, esa muestra de amor era una cosa bella de verse, algo hermoso que les hacía emocionarse. Para otros pocos no era más que una exageración y un alarde. Pero, Francisca no se hacía ningún problema con esos gestos malintencionados. Para ella estaba más que claro que había todo tipo de gente.

...Hay quien mata y quien socorre, quien domina y quien ofrece, quien hiere y quien cura ...Hitler, Jesús, Stalin, Ghandi ...monstruos y ángeles ...criminales ignorantes y sabios bondadosos Hay de todo allá afuera y también acá adentro” - había escrito en su diario

Cuando su padre le contó lo de los disparos a su coche y de la estúpida trama de la cartulina, Francisca, después de constatar que todo se debió a un malentendido y que él había salido ileso y sin un rasguño, quedó fascinada con la historia. De inmediato, quiso conocer del asunto y se las arregló para que su padre le contara uno que otro detalle de cómo se había gestado aquel embrollo.

Exequiel, se negó rotundamente a dejar que su hija se involucrara más en el asunto.

Pero, papá...no seas bobo... ¿Qué tiene que yo quiera saber? - le pasó la taza de café y se sentó en la mesa de centro para quedar justo frente a él recostado en el sofá - ¿No me dijiste que era un trío de chicos ociosos con ganas de hacer bromas y reírse de la gente?

¡Sí, claro...mira que casi me matan...!

¡No exageres! Me dijiste que la víctima de la broma fue el que disparó a tontas y a locas...

¿¡Y te parece poco!?

¡No, claro que no!...Pero... - en ese preciso instante imaginó a su padre tratando de esquivar las balas, y su corazón se llenó de angustia. Dejó su taza sobre la mesa y se abalanzó sobre él para abrazarlo

¡Pobrecito, mi chancho! - exclamó, mientras sus brazos lo estrechaban contra sí como si quisiera fundirse con él


María Francisca Alemparte Ortúzar, sufrió un accidente mientras intentaba romper una marca sobre su nueva bicicleta, una Protek de carbono, que era la nueva sensación entre los aficionados al mountainbike de su club.

Marifran, perdió el control de su bicicleta en una bajada a más de 40 kms por hora y se estrelló de frente en contra de un enorme tronco de ciprés. Estuvo dos días en coma y cuando finalmente, recuperó la consciencia y sus ojos azules se inundaron de amor frente a la imagen de su marido y su hija observándola embelesados, sufrió un paro respiratorio del cual no se pudo recuperar.

Ante la consternación y el dolor indescriptible de Exequiel y Francisca, Marifran dejó de existir apenas 10 minutos después de haber despertado.

Francisca, en ese entonces, tenía 14 años.

Dos días después del funeral, Exequiel y Francisca estaban tumbados en sus respectivas reposeras, con sus miradas perdidas en algún punto del mar mientras el sol se iba hundiendo en un horizonte de nubes rojas y amarillas.

Aquel crucero les llevaría por Italia, Francia, Malta y a varias islas de Grecia.

Fue la primera vez que Francisca tuvo permiso para beber. Entonces, se emborrachó, lloró, vomitó y después nuevamente lloró abrazada a su padre hasta quedar sin aliento.

El capitán de la nave quiso levantar cargos en contra de Exequiel por conducta paternal inapropiada. Pero, finalmente desechó la acusación apenas se enteró de las circunstancias detrás de tal conducta.

Tras 21 días embarcados, padre e hija regresaron al país con sus corazones en paz y más unidos que nunca.


El brutal golpe que significó la muerte de su mujer, transformó mucho de la percepción del mundo y de sí mismo que tenía Exequel y lo condujo a buscar respuestas en aquello místico y espiritual que estuviera muy lejos de lo propiamente religioso. Renegó de dioses, jesúses, marías y otros seres “divinos y alados” que aparecían en medio de todas las grandes bataholas del ser humano abriéndose camino a punta de violencia, dolor y muerte.

Su amor por Francisca y la emoción viva y dolorosa del recuerdo de Marifran, lo llevaron a “comprender” que “el espíritu es la llama eterna que habita en el alma de cada ser humano; que no hay otro infierno ni cielo ni paraíso que el propio que carga cada quien o el que uno se construye para sí mismo”.

Sumido en el recuerdo de estas reflexiones, Exequiel, no quiso seguir con la demanda en contra de Bruno y sus compinches. Su encendida consciencia le hizo hacerse cargo de sus propios errores y faltas desde sus tiempos mozos y hasta le recordó los embarazos de aquellas chica que juró amar y que nunca más se acordó de ellas; de las platas que le sacaba a escondidas a su padre cuando le hurgaba en los bolsillos de los pantalones colgados en el closet; de los pequeños robos de cigarrillos que hacía con sus amigos en los supermercados, y también le recordó otras faltas feas y estúpidas que cometió cuando ya era más adulto. Sintió vergüenza de demandar justicia y prefirió olvidarse del asunto. Además, se enteró por el oficial a cargo del caso, de la tragedia que estaba viviendo Bruno con su madre y su padre enfermos.

Creo que ya tienen suficiente castigo – se dijo pensando en Bruno y en la víctima de su absurda broma de la cartulina.


Cuando Francisca abrió la puerta de calle, se topó con el rostro demacrado de Bruno

En un principio, se asustó, luego se puso a la defensiva y finalmente lo miró con desconfianza

¿Sí?

Hola, mi nombre es Bruno Ramirez y vengo a ver al señor Exequiel Bustamante, por favor...

Ella, presintió de inmediato que aquel chico no representaba ninguna amenaza. Parecía muy abatido.

¿Él, te está esperando?

No, no... la verdad es que se me ocurrió venir a verlo...así, de repente...

A Francisca le pareció graciosa la explicación y aunque dudó en hacerlo pasar, se hizo a un lado y le mostró el camino con su mano abierta.

La sala era grande, elegante y muy espaciosa. La madre de Francisca, siempre tuvo talento para decorar y elegir cada mueble que sirviera para la comodidad del hogar y también para engalanarle. Se notaba el buen gusto por doquier.

Tras pedirle que se sentara donde quisiera, Francisca fue en busca de su padre.

Bruno, titubeó para elegir uno de los varios sofás repartidos por un living que a él le pareció el hall de un hotel de 5 estrellas. Se sentía nervioso e incómodo.

Presentía que Exequiel Bustamante se iba a alterar y ¡mucho! con su presencia.

Su tensión alcanzó el máximo cuando escuchó el sonido de los pasos acercándose

La actitud serena de Exequiel y su mano extendida, lo desconcertaron. Se puso de pie rápidamente y estrechó la mano del hombre con miedo a que todo fuera un truco o algún gesto fríamente calculado

Sin embargo, el apretón de la mano de Exequiel fue firme y cálido.

¿Cómo va lo de tu madre? Le sorprendió la pregunta y antes que alcanzara a contestar, Exequiel le hizo un gesto invitándole a sentarse.

Francisca, se instaló en el brazo del sillón que ocupaba su padre

Bueno... está muy mal...No sabemos qué va a ocurrir... - balbuceó

Lamento oir eso... - sus ojos claros transmitían genuina afabilidad

Bruno, por su parte, estaba confundido. No entendía cómo aquel hombre sabía quién era él y, al mismo tiempo, no se le ocurría cómo empezar a pedirle perdón. La mirada intensa de Francisca tampoco le ayudaba a encontrar las palabras

Creo comprender a qué has venido – la frase de Exequiel lo pilló de sorpresa – Solo puedo decirte que has sido muy imprudente...

El rostro de Bruno se transformó en algo parecido a la vergüenza y el arrepentimiento

...Has hecho un acto insensato y temerario que pudo traer muy malas consecuencias...

En ese instante, Francisca presintió algo en el tono de voz de su padre que le hizo mirar su rostro con especial atención. Inmediatamente, pudo percibir que él estaba haciendo un gran esfuerzo por parecer grave y severo. Había en sus ojos una chispa que ella conocía muy bien, pero que, dadas las circunstancias (minutos atrás, él le había contado quién era aquel chico) le pareció algo extraordinario: Se daba cuenta que él estaba luchando por ¡no ponerse a reír!

Bruno, por su parte, se esforzaba por enfrentar su culpa sosteniendo la mirada de Exequiel, pero paulatinamente, empezó a notar algo en aquel semblante que ya no le causaban tanto temor ni le hacían sentir tanta vergüenza...

Finalmente, ocurrió lo inesperado. Y fue, Francisca, la primera en empezar a reírse.

Exequiel, la miró con cara de sorpresa e inmediatamente después, una carcajada suya explotó en su boca

Bruno, se quedó perplejo por un instante y apenas atinó a hacer una mueca parecida a una sonrisa.

Por un momento, creyó que en todo aquello inesperado podía estar el perdón. Sin embargo, sintió miedo que aquella loca circunstancia no fuese sino parte de alguna trama familiar o un acto de locura previo al caos y la rabia...

Exequiel, se levantó del asiento al mismo tiempo que su hija, la abrazó y le dio un beso en la frente.

Mira, Bruno – exclamó con su brazo sobre el hombro de Francisca - no creas que lo tuyo fue tan chistoso como ahora parece... Aunque, debo reconocer que eres un tipo ingenioso...

Bruno, intuyó que aquel era un buen momento para hacer su parte.

Bueno, señor Bustamante, yo solamente vine a pedirle perdón...Nunca imaginé que mi broma podría torcerse hasta ese extremo... - a pesar de la afabilidad que percibía de parte de ambos personajes, se sentía íntimamente abrumado ante la imagen que le llegaba a su cabeza de la víctima de su broma disparándole a un tipo tan buena gente como él percibía a Exequiel.

Podías elegir mejor a tus compinches – dijo Francisca

Sí, parece que a esos los escogiste a las carreras... - agregó Exequiel – Y te lo digo porque me pareció que tu comedia pedía otro tipo de protagonistas...¿No crees?

Su primera intención fue defenderlos. Sin embargo, se daba cuenta que aquello era una tontera; que lo único importante para él era abandonar esa casa sin el agobio de la culpa. En ese instante, sentía que estaba saliendo indemne de algo que pensó le costaría muy caro. Por lo tanto, prefirió mantenerse en silencio y no demostrar otra cosa que no fuera un lenguaje corporal de arrepentimiento

Me parece bien que no quieras aporrearlos en el suelo – exclamó Exequiel con una sonrisa – Es lo que hacen todos los cómplices para salvar el pellejo

Francisca, sentía una franca simpatía por aquel abatido bromista en desgracia. Le parecía que era un chico inteligente y...apuesto.

¿Qué edad tendrá? - se preguntó

¿Quieres tomar una bebida o un café? - Bruno, titubeó ante el ofrecimiento de Exequiel, pero la imagen de su madre en una cama de hospital lo despertó abruptamente a una realidad que lo sacó de la culpa y lo regresó a la rabia en contra del cáncer

Muchas gracias, pero necesito ir a la clínica...

Exequiel, percibió su cambio de humor ¿Viniste en coche? - preguntó

No, no...Necesitaba pensar y por lo tanto me vine a pie desde mi casa... - hizo una mueca - Ufff...creo que caminé unos cuantos kilómetros...

Bueno, en ese caso, nosotros te llevamos...

Antes que alcanzara a decir algo, Exequiel caminó junto a su hija hacia el vestíbulo y tomó las llaves del coche sobre la mesita del recibidor.

Gracias, pero no quiero molestarlos... - pudo decir sin ninguna convicción

Tú, no te preocupes...No hay tiempo para ser modesto...

¿Modesto? - trató de imaginar qué quería decir Exequiel con aquello, pero prefirió guardar silencio y seguirlos hasta la cochera.

Francisca, se montó sin más trámites en el asiento trasero del Audi 4, azul oscuro.



Falcao Martínez, volvió a tocar la puerta con sus nudillos y pulsó nuevamente el botón del timbre. Tras unos segundos de espera, se resignó a creer que Paulino Cifuentes no se encontraba en su departamento. Ninguno de los vecinos de aquel piso con los que pudo hablar sabía nada de él ni lo había visto.

Creyó, entonces, que lo mejor sería dedicar su tiempo a otros casos que tenían verdadera importancia. Dado a que Exequiel Bustamante había retirado los cargos en contra de su agresor, el policía pensó que no venía al caso seguir dándole alguna prioridad a la búsqueda del tal Paulino.

Doña Berta, observaba los movimientos del agente a través de la mirilla de su puerta. Cuando lo vio retirarse hacia los ascensores, tomó la bolsa de basura y salió al pasillo en dirección al cuarto del ducto de los desperdicios que estaba justo al lado de los elevadores.

El policía la vio venir

Buenos días, señora – le mostró su placa – Soy de la policía metropolitana y quisiera preguntarle si de casualidad usted conoce al señor Paulino Cifuentes

Sí, señor...lo conozco...es mi vecino – exclamó la doña con toda naturalidad

¿Del lado o del frente, señora?

Del frente...justo al frente de su puerta

Vaya – exclamó el agente enarcando las cejas - ¿Y no oyó cuando toqué el timbre de su apartamento?

Seguramente, yo estaba en el baño. Es que cuando me ducho me quito los audífonos, señor.

Ahá...y dígame...¿Recuerda cuándo fue la última vez que vio al señor Cifuentes?

Sí, señor, lo recuerdo...Fue ayer...Paulino, vino a mi departamento a despedirse.

¿Se iba de viaje?

Sí. Me contó que se iría al sur, a la Carretera Austral...a un lugar de la Patagonia...

¿No le dijo a dónde, exactamente?

No, señor...Solo me dijo que iba a una excursión al interior de la Patagonia...creo que en el lado argentino

Ahá...¿Y él siempre se despide de usted cuando se va de viaje?

No, señor...Sólo cuando me va a dejar sus llaves y pedirme que le riegue sus plantas... - dijo con una sonrisa

Entiendo – el agente pensó en una orden de cateo o en pedirle a la dama que le abriera el apartamento de Paulino, pero inmediatamente desechó la idea. No le encontró sentido al papeleo por nada y vio más problemas que beneficios en persuadir a la doña a que le abriera el apartamento sin una orden.

Me da la impresión que esta doña no es para nada un bomboncito – se dijo

Bueno, señora, muchas gracias – le hizo un corto saludo militar antes de meterse en el ascensor

Mucho gusto, señor – exclamó ella sonriente


Doña Berta, de regreso en su departamento, corrió el largo espejo que cubría la puerta de la bodega, desde donde surgieron Paulino y Claudia.

¿Qué pasó, tía? - Paulino, la brazó y le acarició la espalda.

Nada, mijo. El hombre, dijo ser policía. Me preguntó si te había visto y luego se fue

¿Te mostró su placa?

Sí, pero, eso no quiere decir mucho. Yo, sin mis anteojos...solo puedo decir que vi algo parecido a una placa...

¿Eso fue todo? ¿No te preguntó dónde estaba yo?

Sí, le dije que te habías ido a la Patagonia argentina... jajajá

Claudia se sumó a los abrazos

¡Ay, doña Berta...qué imaginación la suya! - exclamó

Bueno – dijo Paulino con sus ojos puestos en los de Claudia – está más que claro que tendremos que partir. Ahora, el problema no sólo es con los tipos de la cartulina sino también con la policía...aparentemente.

Sí, mi amor, vámonos...¡por favor! - Claudia, lo tomó de una mano – No podemos quedarnos ni un minuto más...


Doña Berta, no era verdaderamente pariente sanguínea de Paulino, sino una viuda que vivía sola y que lo había adoptado como su sobrino un par de años atrás y desde el día en que lo encontró sentado en el pasillo, ebrio, con sus ojos llorosos y la mitad de la llave en la mano de su apartamento recién arrendado, mientras que la otra mitad estaba incrustada en la cerradura.

Un acto similar al de Paulino, había sido lo que, 30 años atrás, la había convencido del amor de su marido muerto. Recordó cuando él, pasado de copas, estuvo toda la noche frente a la puerta de su casa. En la mañana, se lo topó en el porche, dormido, sentado en el piso, con su cabeza colgando hacia adelante, con el ramo de flores aún en su mano y con el total de una facha que, primero, le dieron ganas de enfurecerse...después, de reírse...y finalmente, de sentirse feliz.

Entre la flores, asomaba un papel escrito con el puño y letra de su padre

Invítale un café a este tonto...pero después de regañarle...¡ja ja ja!


Decidieron que lo mejor era irse por tierra.

Paulino, no pudo negarse al ofrecimiento “sin derecho a negativa” de doña Berta, y con una parte del dinero que ella puso a su disposición, compró una camioneta Nissan doble cabina del 2012, a nombre de Claudia.

Escúchame, Paulino – le había dicho la doña – el dinero que me dejó mi marido no está para que se pierda...Y yo, no tengo ganas de gastarlo en estupideces ni en cosas superfluas. Esta, es una maravillosa forma de usarlo. Así que ¡por favor, no me discutas!

En aquel instante, Paulino y Claudia, se miraron y la energía que los invadió les hizo vibrar con una misma emoción y un mismo pensamiento

Tía...¿Y...por qué no te vienes con nosotros?

¡Sí, claro, doña Berta...Véngase con nosotros! - exclamó Claudia tomándola del brazo – Tómelo como que se va a unas largas y merecidas vacaciones...

¡Sí, tía...vámonos! - Paulino la abrazó y no la soltó sino hasta que la mujer, con sus ojos llorosos y un temblor en su boca pudo balbucear que sí.


Los preparativos del viaje los hicieron a mil por hora.

Doña Berta, dejó todos sus bienes en manos del que fuera el abogado de su marido durante toda su vida. La esposa del administrador del edificio se haría cargo de la mantención de su vivienda.

Paulino, hizo un convenio con su casero, quien arrendaría el departamento con todos sus muebles y enseres y le depositaría un tanto por ciento de la renta cada mes en una cuenta de ahorros.

Claudia, a su vez, no demoró demasiado en despedirse de su familia. A nadie pareció importarle mucho su repentino viaje. Estaban seguros que aquello, al igual que con su padre, era una una cosa de ir y venir.


La emoción y el temor se mezclaron al máximo cuando en la autopista se toparon con la enorme estación del peaje que era como el portal de entrada y salida de la gran metrópolis.

Varios carros policiales y unos cuantos policías estaban ahí para observar el movimiento vehicular y hacer fiscalizaciones a los coches señalados por el centro de vigilancia que tenía varias cámaras apuntando a las 15 cabinas de peaje.

Cuando el policía levantó su mano conminándoles a detenerse, sus corazones parecieron paralizarse.

Paulino, imaginó todo lo horrible que se podría venir.

Claudia, casi histérica, pensó en apretar el acelerador y no detenerse sino hasta el fin del mundo.

Doña Berta, oraba con todas sus fuerzas a su santo favorito.

Buenas tardes - dijo el agente a Claudia, extendiéndole un papel – Policía de tránsito les saluda y les quiere hacer entrega de este folleto que contiene información de los puntos de asistencia en la autopista y algunas sugerencias de manejo y seguridad para que su viaje les resulte placentero y seguro – entonces, junto con entregarle el folleto, se agachó levemente para mirarlos uno a uno – No olviden tener siempre puesto el cinturón de seguridad tal como lo llevan ahora...- una sonrisa se dibujó en su rostro - ...Cuídense y que tengan un excelente viaje...

Aún conteniendo el aliento, pagaron el peaje y cruzaron el enorme portal. Finalmente, la amplia autopista se abrió delante de ellos y los tres se miraron con los rostros encendidos por el alivio y la alegría.

¡Somos libres!...¡Upa! - exclamó a viva voz Claudia, al tiempo que los tres unieron sus manos en señal de triunfo.

Paulino, dejó que su vista se perdiera en el marco verde de una naturaleza que se extendía interminable en el horizonte de la autopista. Luego, cerró sus ojos y trató de imaginar a los mafiosos de la cartulina tratando de encontrarle. Su mente, le dijo que ese peligro ya no existía. Sus emociones, también le dijeron lo mismo. Pensó en su departamento. Y lo hizo porque durante los dos días que estuvieron ocultos donde doña Berta, turnándose con Claudia para vigilar a través de la mirilla de la puerta cualquier movimiento que pudiera ocurrir en él, le pareció muy extraño que aquellos criminales no se presentaran por ahí a buscarle. Pasaron largas horas de incertidumbre, angustia y agotamiento.

Ahora, su corazón latía sin sobresaltos.

Se giró para mirar a doña Berta y ésta le sonrió con su rostro lleno de felicidad. Cuando fijó su vista en el perfil de Claudia muy concentrada en el manejo, se dijo nuevamente que aquella era la mujer más bella del mundo y que él era el más afortunado de todos los hombres.

Claudia, intuyó la mirada de Paulino y con una pícara sonrisa, pero sin perder de vista la carretera, estiró su mano para entrelazarla con la suya.



A Bruno, la tragedia se le desencadenó como una erupción volcánica. Su madre, falleció a los pocos días de su hospitalización y su padre no se pudo recuperar de un pick de su depresión y acabó suicidándose horas después del fallecimiento de su esposa. Fue una tragedia brutal.

Había muchísima gente acompañando a Bruno en el doble funeral. Además de su familia, estaban sus compañeros de universidad, los del club de mountainbike, Alberto, John, Exequiel Bustamante y su hija Francisca.

Bruno, se veía muy tranquilo. Aquel semblante oscurecido por la rabia y rebeldía en contra de la enfermedad de su madre, había dado paso a la imagen de un hombre inmerso en la resignación y la conformidad. Finalmente, había aceptado que su madre iba a estar mucho mejor donde fuera que hubiera ido, y que su padre no podía estar en ninguna otra parte que no fuera junto a ella.

...” Mi padre y mi madre nacieron para estar juntos en esta vida y también en la otra. Me duele horriblemente que ya no estén conmigo...con nosotros, pero también me alegra que hayan decidido seguir juntos en cualquier paraíso...Yo, quiero aplaudirlos porque fueron en este mundo dos personas maravillosas que hicieron de su vida un espacio donde el amor era lo más importante...Se amaban el uno al otro, amaron a su hijo...en las buenas y en las malas...Amaban a todo ser viviente y también amaban a casi todas las cosas...Por favor, aplaudan conmigo...
Se borró de un manotazo las lágrimas que bajaban por sus mejillas, al tiempo que aplaudía y todos los presentes hacían lo mismo.

La emoción, entonces, se transformó en una fuerza magnética que ponía la piel de gallina, apretaba los corazones y hacía brotar las lágrimas abiertamente.

De pronto, Bruno sintió que la mano de Francisca aferraba la suya y se entrelazaba con ella.

Él, volteó levemente para regalarle una sutil sonrisa. Sus dedos acariciaron los de ella y Francisca le devolvió la caricia.

Exequiel Bustamante, observó, sorprendido, el gesto de su hija y estiró su mano para coger la de ella.

Francisca, levantó la vista, le sonrió y asió su mano entrelazándola también con la suya.

Exequiel, se inclinó levemente y giró su cabeza para observar el rostro de Bruno. Le gustó lo que vio en su perfil. Había una suerte de grandeza en aquel rostro triste y sereno.

Bruno, con la pena enquistada en su corazón, comenzó, entonces, a sentir algo muy parecido a la felicidad .









6 de Octubre de 2019 a las 11:24 0 Reporte Insertar 0
Fin

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Alien Carraz Escribir, es un llamado del corazón, una protesta del alma, el relato que nace del amor o la rabia o del íntimo deseo de enseñar lo que me conmueve y me hace temblar. Es fabuloso poder rebuscar en la mente hasta encontrar las palabras que mejor describen lo que siento.

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