Guardias de la Noche: El colaborador inesperado Seguir historia

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Ludovico Serafini


Este es el inicio de una historia que parece un final, quizás lo sea en si. Pero es el comienzo de aventuras inimaginables para unos pocos. En esta historia habrá secretos, cosas inexplicables, si te llama la atención algún detalle, te pido por favor que lo recuerdes, tal vez, y solo tal vez sonrías al final.


Fantasía Épico Todo público.
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Capítulo 1: El frio Invierno del Acero

Ya se sentía el frío de los primeros días de invierno, ese frío húmedo de los lugares más alejados de los climas de dos estaciones.

Así caminaba el joven Hanzel, de 18 años por la calle desierta, era tarde, no quedaba gente en las veredas de su pueblo natal. Él no se preocupaba por su seguridad, pues el pueblo era seguro, en sus ojos existía esa confianza hasta irracional que tienen los jóvenes de su edad. “A mí nunca me lastimarían en la calle, no para robarme, quizás a otro de mi edad si, pero esas cosas solo les pasan a otras personas”, pensaba.

Los pensamientos de Hanzel en ese momento iban orientados a otro asunto, mas palpable, mas real, su amiga de toda la vida. Sara para él era más importante que cuidarse, mirar para los dos lados al cruzar una avenida venia después en sus pensamientos, de todas formas, no hay gente conduciendo a estas horas de la noche. Tenía más presente a Sara porque venía de encontrarse con ella y con su otro mejor amigo, Frederico, juntos tenían una hermandad que los remontaba a la mas profunda infancia, él era el nexo que los unía, era la persona que cruzó sus caminos y a pesar de que no le gustaba admitir, su Sara estaba enamorada de Frederico desde siempre. Él no podría competir con su amigo, era peor en todos los sentidos. Sin familia adinerada, sin importancia, con padres fallecidos, él vivía en la parte mas alejada del pueblo con su única familia viva, su abuelo.

En ese momento paso por su mente que diría su abuelo en esta situación, el llegaría muy tarde a casa, no tenía excusa, debería disculparse con su abuelo y luego pagar las consecuencias, puesto que mañana, había que volver a clases, la universidad estaba en otra ciudad y el debía levantarse muy temprano para asistir a ella a tiempo.

Frente a él se encontraba la plaza del pueblo, un monumento al concreto con una veintena de arboles desperdigados por un pasto poco cuidado. La plaza, que a pesar de intentar parecer un pulmón dentro de un pueblo chico, era mas bien una manzana de concreto con vegetación parcialmente viva. La plaza tenía sus luces mortecinas, con colores cálidos intentaba emular un ambiente acogedor sin resultados exitosos. A la luz, no le ayudaba la niebla, esa niebla húmeda y espesa casi tan característica de este lugar como los edificios de la plaza. La mitad abandonados la otra mitad cerrados, negocios pequeños a oscuras sin ningún tipo de actividad nocturna más que alojar algún murciélago dentro del toldo oxidado de sus instalaciones.

Hanzel sabía que todavía le quedaba camino por recorrer, su casa quedaba al otro lado del pueblo y estaba recién por la mitad del camino. Pasaría esa espantosa plaza, que odiaba tanto, antes era su lugar de encuentro, pero ni bien su edad fue ascendiendo empezó a ver sus horas de charla con amigos de secundaria un desperdicio. Ahora eran conocidos, sus amigos reales los había despedido hace unos minutos. Su mas profundo miedo hasta esa fecha era que lo despidieran para siempre, que Sara y Frederico se dijeran claramente sus sentimientos y lo abandonaran, él quería que fueran felices, pero, ¿Quería que fueran TAN felices?.

Apuró el paso al momento de entrar en el cuadrado de concreto que llamaban plaza, quería llegar lo antes posible, intentar dormir sus cuatro horas que le quedaban para poder ir a estudiar. Sus pasos se incrementaban en velocidad, no sabía porque motivo casi corría, pero empezó a tener miedo de lo que sucedería después, sin poder imaginar que sucedería.

Antes de darse cuenta, sintió un leve empujón en la espalda, se detuvo en seco sin poder entender quién seria la persona que lo detuvo, intento voltearse, pero tuvo una resistencia, de repente lo sintió, un dolor espantoso, tan espeluznante que jamás había sentido nada parecido, era imposible de pensar con ese dolor, era como si drenara su fuerza, fue la primera vez que sintió un frío espectral. El frío del invierno no era nada comparado con esto, su cuerpo ni siquiera pudo temblar, paso a la quietud absoluta, estaba congelado al borde de la hipotermia más aguda.

Pronto notó que sucedía, frente a sus ojos había algo alargado y anaranjado, luego hizo un descubrimiento, del objeto anaranjado había hilos de color rojizo. El objeto, curvo y puntiagudo era duro, acero, pensó, el más cruel acero que había visto. Antes de darse cuenta por completo de la situación, bajo su mirada para encontrar que el objeto anaranjado salía de su pecho, era una espada y como si un blanco de dardos se tratara había perforado su cuerpo sin piedad.

Las heridas eran imposibles de tratar, el ya no podía hablar, estaba perdido. La espada mágicamente salió de su cuerpo y un torrente de su líquido vital salió de su ser.

Hanzel se desplomo en el concreto, sus manos intentaron sin frutos sostener su peso, ya no tenia fuerzas ni siquiera para ver con claridad.

Pensó en Sara, luego pensó en la soledad de su abuelo, en su amigo su compañero de luchas, él le había enseñado a defenderse de los mas grandes, a diferencia de Frederico, él era valiente, más pequeño físicamente pero más valiente. Pensó nuevamente en Sara, en que no la volvería a ver, en que se iría de este planeta sin decirle una sola palabra honesta sobre sus sentimientos. Que estos sentimientos lo habían envenenado por dentro hasta convertirlo en una persona huraña y sarcástica. Se arrepintió de todo lo que un ser humano hizo mal en su vida y las cosas que no hizo también, las cosas que más nos arrepentimos son las cosas que no hacemos, sus lágrimas brotaron, no sabia cuanto tiempo le quedaba, pero sabía que no podría salir de esta situación. Se sorprendió cuando en su escasa visión aparecieron dos piernas y el arma homicida, claramente era su asesino, estaba viendo los pies de la persona que lo había matado.

-Ahora estamos a mano-

Dijo una voz irreconocible, era dulce, casi cariñosa, totalmente ajena a lo que había hecho. Esta voz resonaba dentro de algún objeto. Hanzel jamás se daría cuenta de su identidad, no sin que ese individuo dijera algo mas en voz alta. De repente empezó a tener sueño, estaba cansado, cansado de la vida, cansado de luchar, parecía que había luchado un milenio contra ese piso frío de concreto.

A la 1:04 de un martes, Hanzel dejó de existir, solo en la plaza de su pueblo, una muerte horrenda, brindada por un acero frío como la noche, no, más frío aún.


Todos pensaran que esto es el final de una historia, si lo es, pero es el comienzo de otra. Esto es solo el principio de una historia fantástica, donde la valentía de unos pocos, quizás y solo quizás, salven a muchos.

21 de Septiembre de 2019 a las 21:33 1 Reporte Insertar 2
Leer el siguiente capítulo Capítulo 2: Secreto en la niebla

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Lucas Almada Lucas Almada
Vaya manera de empezar, me gustó mucho. ¡Sigue así!
22 de Septiembre de 2019 a las 09:55
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