El Verdugo Seguir historia

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Lucio Bruno


Jack es un aclamado verdugo del Rey, famoso por sus sangrientas decapitaciones que son un gran espectáculo en donde quiera que se ejecuten. En este relato nos vamos a introducir en la vida de Jack, que sin una máscara no es muy placentera, descubriendo un profundo secreto del que nadie sería capaz de imaginar. Disfruten de este original relato, que puede llegar a ser muy violento.


Cuento No para niños menores de 13. © Todos los derechos reservados

#misterio #secretos #medieval
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Jack el Verdugo

Se escuchaban los graznidos de los cuervos y el roce de una piedra contra un hacha doble filo mientras un hombre dictaba la sentencia frente a una muchedumbre.

—Lord Russell, acusado de urdir un plan contra su majestad, en nombre del Rey, lo sentencio a muerte —dictaba leyendo de un pergamino.

—¡TRAIDOR! —comenzaron a abuchear algunas personas— ¡Córtenle la cabeza!

El público, expectante, ansiaba con ver el espectáculo que Jack, el verdugo, estaba a punto de comenzar.

Había un joven de pelo rizado con pecas, de rodillas frente a un tronco —tenía una ligera curvatura hacia el centro, donde iba la cabeza— cuando un hombre robusto, que llevaba una capucha y unas prendas negras, se acercaba cargando un gran hacha sobre sus hombros.

«El verdugo Richard Jacquen, conocido como Jack, había forjado su reputación con las mejores decapitaciones del todo el reino y llegó a su auge máximo un día en el que decapitó a treinta personas seguidas.»

Jack se acomodó a un costado del hombre, blandió el hacha con fuerza y de un solo golpe, separó la cabeza del resto del cuerpo salpicando con sangre a varios espectadores que se encontraban cerca, al tiempo que una bandada de cuervos se elevaba en el cielo. La cabeza llena de pecas cayó en un cajón de madera y la sangre seguía saliendo del cuerpo, que daba pequeños espasmos, mientras el verdugo limpiaba el filo de su hacha con mucho cuidado. El ambiente rompió en aplausos y vítores.

—Lord Russel, ejecutado por Richard Jacquen en Lincon´s Inn Fields el 23 de julio de 1683, cumplió su condena —continuaba.

Luego de la ejecución, Jack, se decidió por ir a tomar una cerveza —como era de costumbre luego de una satisfactoria decapitación—. Entró en la taberna que tenía un ambiente acogedor; una banda tocaba las premisas medievales del momento, camareros que llevaban bandejas cargadas de cerveza y vino, mujeres siendo manoseadas por hombres medio borrachos, y un fuerte olor a pollo horneado.

—¡Eh, tú! —le gritó un hombre que parecía ser el dueño del lugar—. Vete allí y no te muevas —dijo mientras señalaba un rincón aislado con una mesa descobijada.

Jack se dirigió hacia el rincón mientras recibía miradas de asco de algunos hombres que se hallaban allí, pero nadie se atrevía a mirarlo por mucho tiempo —mirar a un verdugo mucho tiempo daba mala suerte—.

—Este maldito lugar —susurró.

Se estaba acomodando en el banco cuando un camarero se le acercó lentamente. Antes de que pudiera decir algo, Jack lo miró con sus ojos marrones:

—Tráeme una cerveza, demonios —dijo fulminándolo con la mirada.

El joven asintió y se dirigió a la cocina. Al traerle la cerveza, no tardó mas de un suspiro en vaciar la jarra, que terminó dejándola tan bruscamente en la mesa que el ruido atrajo muchas miradas curiosas. Frunció el entrecejo y emitió un leve gruñido, se levantó y se dirigió a la puerta. Estaba por salir cuando sacó unas monedas de cobre y las arrojó al suelo mientras el camarero disimulaba con la mirada.

Estaba agotado y era de noche, cuando se encaminó hacia su casa; que el mismo Rey le había otorgado —estaba lejos, afuera del pueblo, entre el bosque y las granjas; pues nadie quería vivir cerca de la muerte—.

Tras un rato caminando, llegó a su casa —una choza deteriorada, a la que los niños solían arrojarles piedras—. Por dentro no estaba mal, era acogedora y un poco espaciosa.

Entró, encendió una vela y se acostó en la cama. Se quedó contemplando el techo con la mirada vacía.

«Malditos idiotas, que se pudran en el infierno.» reflexionaba hasta que lentamente fue cerrando los ojos.

Jack soñó con una niña, que estaba corriendo en un prado verde y el sol le resaltaba la sonrisa. La niña tenía ojos marrones, era linda pero en su cara sobresalía un tumor. En cambio, él solo se concentraba en respirar y en apreciar a aquella pequeña.

Mira, mira —dijo la pequeña mientras le mostraba un tulipán azul y luego se lo dio.

Sonreía y miraba la azulada flor cuando todo se puso blanco.

El sol le iluminaba la cara a través de una rendija que funcionaba como ventana. Se despertó cubriéndose la cara con las manos mientras emitía leves gruñidos. Se levantó, tomó un poco de agua de un balde y luego se refregó la cara. Salió de su casa y se dirigió al pueblo, estaba ansioso. Pasó cerca de unas granjas donde habían hombres regando la tierra y otros cortando frutos, se acercó a la orilla y cortó un ramo de flores celestes. Al aproximarse a la aldea, se metió entre los callejones para evitar el contacto con las personas. Llegó hasta una casa, que no se diferenciaba de las demás, la rodeó y toco tres veces la puerta trasera mientras se empezó a formar una leve sonrisa en su rostro. No recibió respuesta por lo que volvió a tocar. Escuchó pasos y la puerta se abrió, una señora yacía al lado de la puerta, lo miró de reojo y desvió la mirada.

—Lo siento —dijo, y cerró la puerta.

Jack se quedó titubeando un instante mientras el ramo de flores se le deslizaba de la mano hasta caer al suelo. Se dio media vuelta y se marchó.

Esta vez caminó por la calle principal, recibiendo miradas de asco y algunos insultos que Jack ignoró por completo. Al abandonar el pueblo, se dirigió a una de las granjas, se aseguró que nadie lo estuviera viendo y agarró una soga —de las que se usaban para atar a los caballos—. Sin importarle que alguien se percatase de su presencia, salió y se encaminó hacia su casa con la soga en los hombros.

El sol estaba escondido entre las nubes cuando alcanzó a ver su casa, pero en vez de entrar, se giró hacia el bosque que estaba a unos pasos de distancia. Poco a poco se fue adentrando en el bosque mientras miraba atento a su alrededor. Tras un rato caminando entre los árboles, se apoyó en uno para descansar y recuperarse. Lo miró titubeando y entonces, lanzó la soga que llevaba en su hombro hacia una rama un poco mas angosta que el resto del árbol. Hizo unos cuantos nudos hasta que la cuerda formó un circulo, qué, colgado del árbol, parecía estar suspendido en el aire. Movió un tronco mohoso del suelo, lo acomodó junto al árbol y se subió en él. Pasó su cabeza por el aro de cuerda, se la ajustó fuertemente alrededor del cuello y suspiró. Contempló una última vez la tranquilidad de la naturaleza cuando, en medio de los árboles, notó una pequeña figura que se aproximaba hacia él, era una niña.

—¡PAPI, NO—gritó la niña y Jack la reconoció al instante.

Rápidamente se llevó las manos al cuello para desatarse la soga y de un momento a otro resbaló. Intentaba librarse de la soga mientras sus piernas pateaban el aire y su garganta comenzó a producir extraños gemidos ahogados. La niña se aproximaba mientras gritaba al ver lo que ocurría.

Su rostro comenzó a ponerse morado y una espuma se deslizaba de su boca dándole un aspecto aterrador. Poco a poco relajó los brazos y las piernas hasta dejar de moverse, cuando la niña, que rompía en sollozos, por fin había llegado —ya era tarde—. Su cuerpo daba espasmos en el medio del bosque, colgando de un árbol, en un hermoso atardecer mientras los pájaros cantaban y volaban entre las ramas de los árboles.

18 de Septiembre de 2019 a las 21:47 3 Reporte Insertar 1
Fin

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Antigeno SL Antigeno SL
Me encanto el cuento, me gusta sorprende lo de los espasmos, estudio medicina y me gusta mucho cunado la gente profundiza en detalles de patologías o cosas normales que si se utilizan bien son buenas herramientas. Una cosa difícil de conseguir es la sorpresa, cuando la hija le habla al padre antes de que el padre se caiga ya predice el resto. No soy quien, tampoco creo que debas cambiar algo, pero yo en ese caso haría una descripción bastante detallada de como el verdugo intenta luchar para no ahogarse y sacarse la soga del cuello mientras su rostro se vuelve violeta y se hincha y una niña intenta ayudar sin exito a su padre mientras grita: - ¡NO, PAPI, NO!-, Pero te repito, genial muy buen cuento corto, transmite que a pesar de ser una estrella del asesinato en su vida es marginado. La niña del tumor es su hija no?
18 de Septiembre de 2019 a las 21:43

  • Antigeno SL Antigeno SL
    no se puede editar, escribí rápido y no lei lo mal redactado que esta el comentario. Estoy en el hospital en mi descanso. Sepa disculpar, saludos 18 de Septiembre de 2019 a las 21:45
  • L B Lucio Bruno
    Muchas gracias por tu crítica y tú aporte, muy buenos la verdad. Yo traté de hacer lo más real posible la muerte del personaje (creo que me acerco un poco a la realidad) y el factor sorpresa es difícil de lograr aunque más complicado es hacerlo ameno y entendible (el echo de que decida suicidarse ya de por sí no tiene las razones muy claras). En las descripciones tengo un problema ya que me gustaría alargar más cada parte pero tampoco me quiero ir del hilo, pero sí, esa parte merece una descripción ya que sucede muy rápido. La niña del tumor es su hija, efectivamente (otra cosa que mejorar en la historia). Se entiende muy bien, te agradezco por tu tiempo y me alegro que te haya gustado. Saludos 18 de Septiembre de 2019 a las 22:06
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