La Confesión Seguir historia

A
Amilcar Fermin


Un joven poeta y pintor, acude a un sacerdote para hablar sobre el amor que siente por una dama y le plantea sus miedos e inquietudes. La juventud es una época de anhelos y sueños. El amor no se escapa a ello. Basado en el poema de Eusebio Blanco "Si usted la viera"


Romance Romance adulto joven Todo público.

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La Confesión (Basado en el poema de Eusebio Blanco “Si Usted la Viera”)

Ella. La vi tan hermosa como una doncella. Hermosa como azucena. Como flor de mayo. La vi aquel día mientras rezaba en el oficio Divino en el altar central. Bellamente vestida. Al juntar sus manos parecía una virgen. Al terminar su rezo su mirada se posó tímida sobre mí y me regaló una sonrisa. Fue suficiente para enamorarme. Y me decía a mí mismo pensando en esa noble y dulce dama: ¡Sus ojos parecen almendras! Grabé tu mirada en la mente y no te apartaste de la mía.

Era como si nos hubiésemos conocido de toda la vida. Si Miguel Ángel o Velázquez la vieran. Inmediatamente tomé unos apuntes de su rostro en mi libreta de dibujo y mi lápiz recreó humanamente su velo andaluz, su abanico de flores y el hermoso vestido que tenia. Ella me seguía mirando. Quería posar para mi libreta para que nunca olvidara su dulce y bello rostro.

Seguías posando. Y me hablaste. Nuestras manos se juntaron en aquel oficio y viste el dibujo. Quedaste muy halagada y me regalaste un beso. Al secarse la tinta no volví a ser el mismo. No dormía ni atendía mis deberes. En el pueblo comenzaban a hablar que el pintor de la cuadra estaba enamorado. Solo pensaba ¿Cuándo volveré a ver a esa hermosa dama?

Te vi de nuevo en aquella plaza y bailamos en la retreta. En aquel parque nuestros besos parecían alas de mariposa. Parecía que estaba soñando. De inmediato fui a mi confesor para contarle lo sucedido. El Padre estaba en el confesionario y el monaguillo, preparaba la Sacristía para el siguiente oficio sagrado.

El confesor me dijo que no te quisiera. Yo le insistía al sacerdote “Padre si usted la viera” yo le decía que su belleza me traía loco. Que sus besos encendían mi pasión. Que de día pienso en ella y de noche la sueño. En mi escuela dicen que estoy loco y por pensarla en voz alta, se han conjurado para bromearme. Me dicen que soy artista y loco, por una mujer. Padre, quererla no es fácil. Si usted la viera.

Padre, le juro que no es en vano. Ella es de alma pura. Hay que rezarle de rodillas ante su hermosura. Bella y radiante, como la Inmaculada de Murillo o la Maja de Goya. Es toda una doncella que bajó del olimpo. Una musa total que desciende y me inspira a crear los versos que canto y pienso. Es como si una guitarra tomara forma y se convirtiera en mujer. El sacerdote escuchaba mi confesión atentamente.

Le decía que es bella, gentil y candorosa. Que su boca es de nardos y yerbera. Que son lluvia de mayo sus rizos. Y las flores que adornaban su cabellera eran las montañas en todo su color. Sus ojos destellan. Más bien escandilan. No puedo mirarla Padre. No es cosa fácil poderla querer. Es que es tan hermosa. Es que no puedo dejar que otro quiera enamorarla y hacerla sonreir. No lo soportaría.

Es una trigueña con los ojos color del café. Son profundos. Su piel es tostada y emana un suave aroma de lavanda. Cuando me besa siento ir a las nubes. Me hace cantar, vivir y soñar…Padre si usted la viera…

El clérigo insiste que amarla era perdición. Una total condena. Yo seguía insistiendo: Padre, si usted la viera…

Le confesaba que ella era mi delirio. Que tenía el alma mía en sus ojos. El sacerdote pensaba: ¿Sera una musa de su creación o realmente tanta belleza es certera?

Yo con suave y dulce arrebato saqué mi libreta de dibujos y le mostré el boceto que hice de mi dama, cuyo rostro traté de memorizar sin perder ningún detalle. Al verlo el Cura Padre sonrió y salió una espontánea carcajada.

Me decía: Muchacho…con razón… estás así…esta mujer es realmente hermosa. ¡Esta sí que refleja santos amores! El Padre creía que estaba viendo la Virgen de los Dolores. Se decía ¡Es tan bella que su luz destella! El enamorado “imaginaba” a su noble dama coronada por los ángeles y asunta hacia las nubes. Que los coros celestiales cantaban a su hermosura…

El padre viendo los bocetos rápidos de aquella mujer en la Iglesia decía ¡Por lo que dibujaste es muy linda! Yo le respondí. Padre, es ella…

Al terminar la confesión me dijo: Es linda persona. Si es buena como hermosa, no te perturbes. Que en paz te quiera. Me devolvió el dibujo y me otorgó su bendición. Cerró el confesionario para prepararse a dar misa. Yo en mis adentros decía ¡Padre, si usted la viera!

17 de Septiembre de 2019 a las 14:05 0 Reporte Insertar 0
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