La muñeca que creía sentir amor Seguir historia

joesantos Joe Santos

Una joven es encerrada en una vieja y aterradora casa acompañada por un hombre muy peligroso para ella, una mujer de aspecto lúgubre la cual guarda un oscuro secreto y decenas de muñecas de porcelana que harán su estadía allí un infierno.


Cuento No para niños menores de 13.

#terror #misterio #muerte #amor #amorenfermo
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La muñeca que creía sentir amor

Los latidos de su corazón acompañados por el tic tac del reloj era lo único que se escuchaba en el comedor. Los ojos de Micaela se posaban en el arroz contenido en un plato de porcelana, ella sabía bien que si levantaba aunque sea un poco la vista se toparía directamente con los saltones ojos de la mujer que estuvo observándola durante toda la noche.

- Debes de comer algo antes de ir a dormir- Exclamó un hombre rompiendo con el silencio.

Con una mirada tímida la muchacha se percató de lo imponente de la figura de aquel tipo. Su cuerpo era gigante comparado al de Micaela, en su cabeza llevaba un largo y enredado cabello que presentaba algunas canas mientras que en su rostro una gran barba negra le daba el aspecto de un vikingo. Sosteniendo el tenedor en su mano la chica trató de llevarlo a su boca pero antes de que este llegar a destino, la comida ya se había caído al suelo a causa de su tembloroso pulso. Luego de comer y recoger gran parte del alimento del piso, Micaela se dispuso a recorrer la casa la cual era muy antigua, grande y fría. Por alguna razón nunca encendió ninguna luz en su recorrido, tan solo era alumbrada por la luz de la luna que se colaba por las ventanas protegidas por rejas muy gruesas. Así siguió avanzando por el pasillo principal hasta conseguir la puerta de la entrada que pese a girar una y otra vez su picaporte no se abría. Las lágrimas parecían estar por salir en cualquier momento de unos ojos que se hallaban perdidos observando a través de las rejas al cielo estrellado. En ese momento Micaela advirtió un aura casi demoniaca en sus espaldas, al girarse se encontró con la mujer que minutos atrás estuvo comiendo en su misma mesa, inmóvil con un rostro inexpresivo. Su apariencia era fantasmal, Su piel pálida hacia juego con un camisón blanco que cubría todo su cuerpo en tanto que su cabeza estaba cubierta por un pelo castaño muy fino. Apuntando con su dedo índice a un reloj con forma de gato el cual marcaba las once de la noche, la siniestra mujer dio a entender a la muchacha que ya había llegado la hora de dormir.

Recostada en la cama, la chica no tardo en percatarse de que aquella habitación desentonaba bastante con las otras piezas grises de la casa ya que esta era de un color rosado. Aunque eso no era lo único fuera de lugar, no importaba hacia donde mirara, estaba rodeada de muñecas de porcelana antiguas de apariencia tétrica cubiertas por vestidos viejos y observando con sus ojos vacios a la nada. Cubriendo su cabeza con las frazadas para así no ver directamente aquellas reliquias, Micaela sintió como la puerta de la habitación se abría y alguien se mantuvo parado junto a ella en silencio por varios minutos que para la asustada joven parecieron horas.

- Buenas noches muñequita- Dijo el hombre.

Micaela deseaba profundamente que el tipo creyera que ella estaba dormida y se marchara sin hacerle nada por lo que permaneció quieta. Una larga lengua mojaba los labios del sujeto el cual no podía evitar que su boca segregara cada vez mas saliva mientras se contenía para no avanzar. Pero cuando el deseo sobrepaso los límites y se disponía a destapar a la muchacha fue interrumpido por la voz de la mujer que lo llamaba desde fuera de la habitación. El silencio se apodero de todo el cuarto hasta que transcurridos varios minutos Micaela tuvo la certeza de que podía salir de allí. Con total sigilo sus pies se movían por el pasillo con la ilusión de encontrar una salida, ilusión que no tardaría en desvanecerse cuando unos golpes resonaron fuertemente del otro lado de una puerta. Ella sabía que tenía que salir lo más rápido que pudiera de ahí pero decidió investigar. Observando a través de la cerradura se encontró con que el hombre cegado por la ira le estaba dando una paliza a la mujer.

La sangre brotaba del labio de Micaela que tumbada en el suelo lloraba desconsoladamente ante su padre quien estaba preparado para otro round. Sacando fuerzas de donde no las tenía, la joven salió huyendo de su propio hogar, corriendo tratando de alejarse de su agresor el cual no tenía ni la más mínima intención de seguirla. La brisa estremecía la piel de la joven quien en posición fetal reflejaba su dolor físico y emocional en lágrimas que mojaban la tierra. El destino quiso que un hombre que pasaba por ahí en una caminata nocturna se topara con ella y al verla golpeada y sangrando le hizo la promesa de que el la ayudaría.

- ¡Eso te pasa por mentirosa!- Gritó el tipo- ¡La porcelana no puede quedar embarazada!

Aquel grito causo que Micaela sacara el ojo de la cerradura y comenzara a correr tratando de hacer el menor ruido posible con dirección a su cuarto. Con ayuda de la almohada pudo evitar que su llanto se escuchara antes de que se quedara dormida. Aunque no tardo en ser arrebatada del mundo de los sueños por alguien que la despertó cubriéndole la boca. Se trataba de la mujer que ahora tenía su pálido rostro cubierto de moretones y sangre.

- Tranquila. Yo te liberare, pero debemos esperar hasta mañana cuando él se vaya a trabajar- susurró.

Al notar que los ojos hinchados de la mujer estaban repletos de lágrimas, un sentimiento de compasión se apoderó del corazón de la joven.

- Debes venir conmigo- Dijo Micaela.

- Ya es demasiado tarde para mi, él ya me tiene en su vitrina. Ahora duérmete, mañana necesitaras toda la energía que tengas para escapar.

Con los ojos cerrados la joven no podía evitar darle vueltas y vueltas a lo dicho por la mujer por lo que al notar que aun seguía con ella en el cuarto decidió preguntarle, pero ya no era posible. Sacando rápidamente una almohada de debajo de la cama la utilizó para presionar el rostro de la pobre Micaela que no tuvo tiempo a reaccionar antes de que su vida fuera arrebatada. Una vez que su cometido estaba cumplido la mujer no pudo evitar esbozar una sonrisa donde los dientes restantes estaban cubiertos de sangre, al tanto que su mano izquierda reposaba en su vientre tratando de sentir algo que no existía. Por fin su dueño y amado no tendría otra muñeca que no fuera ella.

16 de Septiembre de 2019 a las 15:32 0 Reporte Insertar 0
Fin

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